No te preocupes, querida

Ficha técnica:

Título original:

Don’t worry darling

Director: Olivia Wilde

Duración: 122 min

País: Estados Unidos

Idioma: Inglés

Intérpretes: Florence Pugh,

Harry Styles, Chris Pine,

Nick Kroll, Gemma Chan,

Kiki Layne, Douglas Smith

Warner Bros. Pictures España

Sinopsis: Alice y Jack tienen la suerte de vivir en la comunidad idealizada de Victoria, una ciudad experimental de la compañía en donde los hombres que trabajan para el Proyecto Victoria de alto secreto viven con sus familias. El optimismo por el estilo de vida de la sociedad en los años 50 que tiene el Director General, Frank, visionario corporativo y Coach Motivacional de Estilo de Vida, ancla todos los aspectos utópicos de la vida diaria y unida en el desierto.

Crítica:

«Hay belleza en el control.» y «El enemigo del progreso es el caos.» son dos frases que usa Frank, el fundador del Proyecto Victoria como eslogan político de su dictadura machista ambientada en los años 50. Y son dos frases hablan del propio argumento pero también desvelan las debilidades de la película. Olivia Wilde crea una cinta, cuanto menos, caótica, con cuestionables decisiones de puesta en escena, cambios de plano innecesarios, secuencias que se extienden demasiado e imágenes de una pesadilla que, a pesar de tener su razón argumental, no encajan lo suficiente.

Carey y Shane Van Dyke realizaron un primer guion de Don’t Worry Darling que entró en la Lista Negra en 2019. Cuando Olivia Wilde apostó por la historia, encargó cambios a Katie Silberman, con quien también trabajó en Súper empollonas (2019). Ya sea por la modificación del guion, las dificultades del ambiente del rodaje que han estado en el punto de mira mediático o por cualquier otro motivo, el resultado final es bastante pobre. Si bien es una película disfrutable, con una magnífica interpretación protagonista y un cuidadoso trabajo del departamento de arte, prima la sensación de que se trata de un proyecto que tenía mucho potencial y que no ha terminado de explotar. Con un desarrollo lento, donde se hace hincapié en el dolor y la supuesta locura de Alice, no encontramos una construcción psicológica detallada del resto de personajes y de sus relaciones con la protagonista —destacando la rivalidad con el Director General que casi resulta anecdótica— y culmina en un final abrupto donde se trata de dar respuesta a las cuestiones abiertas de forma apresurada. La película dura ya dos horas, pero se echa en falta un poco más de desarrollo sobre la vida fuera del Proyecto Victoria (si el interior es una distopía para las mujeres, ¿lo de fuera?), que tenía otros matices en la versión de los Van Dyke —que tampoco contenía las innecesarias secuencias oníricas.

Florence Pugh interpreta a Alice, una ama de casa que vive junto a su marido Jack (Harry Styles) en el Proyecto Victoria. Todos los días se parecen, Alice prepara el desayuno y cuando su esposo marcha a trabajar, ella se dedica a limpiar la casa y cocinar hasta su regreso. Como una mezcla entre Matrix (Lily y Lana Watchowski, 1999), El show de Truman (Peter Weir, 1998) y The Stepford Wives (Bryan Forbes, 1975, y Frank Oz, 2004), la película tiene una premisa potente tras la que hay una clara denuncia a la violencia machista y al American Way of Life —cabría preguntarse cuál es el propósito de realizar esta denuncia desde el presente, si se trata de una postura comercial o de un interés feminista verdadero. Vestuario y maquillaje recrean la imagen de una mujer perfecta de los años 50, siempre impecable. Una imagen que esconde la alineación y estereotipos patriarcales, sobre los cuales Alice comienza a interrogarse. El Proyecto Victoria —más allá de su naturaleza de ciencia ficción— no es otra cosa que una metáfora de la sociedad, una sociedad por supuesto construida por y para los hombres y donde, las mujeres tienen que luchar por su libertad. Dentro de ese canto (o más bien grito) por la libertad, se introduce uno de los aspectos más interesantes y peor tratados de la película: el del placer femenino. Lo que en inicio pretendía ser una reivindicación —a Wilde se le ha llenado la boca durante la promoción diciendo que en su película ningún hombre alcanza el clímax— queda completamente minimizado por el hecho de que gran parte de la cinta recae en el sufrimiento de Alice.

Florence Pugh es uno de los iconos del momento —también presente en El prodigio (Sebastián Lelio, 2022), que se estrenará a finales de este año, y preparando entre otros proyectos la segunda parte de Dune (Denis Villeneuve, 2021) y la nueva película de Nolan, Oppenheimer—, Wilde sabía que era una gran decisión apostar por ella como su protagonista; de hecho, está espléndida. El problema es justamente ese: la actriz destaca demasiado en una película que resulta torpe e incluso caprichosa en ocasiones. Florence Pugh contra el mundo. No sólo por su argumento y por su temática, sorprendentemente individualista, si no por el peso que cae sobre sus hombros. Sin ella, la película no podría sostenerse. Wilde aprovecha y desaprovecha el gran trabajo actoral de Pugh; y entristece que el resto de película no esté a su altura.

Puede que por las expectativas depositadas en su premisa o su discurso feminista, porque la actriz principal es Florence Pugh o porque la primera película de Wilde es fantástica, pero desgraciadamente No te preocupes, querida deja una sensación extraña, casi de rabia, por lo que podría haber sido y no es. Siempre nos quedara Súper empollonas.

Warner Bros. Pictures España

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