Crítica ‘Barbie’

Puntuación: 3 de 5.

En 1906, Alice Guy-Blaché estrenó Las Consecuencias del Feminismo, un cortometraje de apenas 6 minutos donde ironizaba sobre un mundo post-feminista donde los roles de género habían desaparecido; o, mejor dicho, invertido, pues las mujeres ocupaban posiciones de poder y los hombres quedaban relegados a las tareas domésticas. O, al menos, así imaginaban los hombres de la época cómo sería ese mundo. Barbieland es ese mismo mundo. Un mundo perfecto donde las Barbies viven por y para las mujeres en un bucle continuo y los Kens solo existen si su Barbie les saluda. Pero ese mundo ultra-normativo se rompe ante la presencia de la muerte.

Como Oppenheimer, Barbie trata de articular las relaciones entre el mundo de las ideas y la realidad, entre la teoría y la práctica, las utopías/distopías y el mundo real; y ambas se canalizan a través de muertes simbólicas. En el biopic del físico norteamericano se trata de un avance —científico— que destruye la concepción del mundo anterior y da luz, por la vía de la sangre, a una nueva. En Barbie, igual, pero el avance es algo que sorprende hasta el mismísimo Nolan: la imaginación de una mujer.

A partir de ahí, Greta Gerwig sabe establecer con maestría un equilibrio nada fácil entre el cine de tesis política y una divertidísima comedia ligera veraniega. A pesar de cargar con los problemas de la obra-metáfora (se hunde en su tercer acto, cuando la metáfora inicial se agota; incongruencias y contradicciones temáticas y simbólicas) y de una realización, como poco, decepcionante, Barbie se eleva gracias al humor de Gerwig y Baumbach que abarca varios registros, a un diseño de producción excelente y a un Ryan Gosling que no deja de demostrar que es uno de los grandes actores cómicos de los últimos años hasta consagrase como una de las comedias del año —en un tiempo en el que las comedias están de capa caída—. No sorprende su éxito, pero sí que no lo compartiese No te preocupes, querida, obra hermanísima que tuvo una acogida bastante más fría.

No obstante, es triste ver cómo, en una obra sobre Barbie, ésta termina siendo eclipsada por el arco de transformación de Ken; es triste ver cómo la autoparodia y la institucionalización de «lo camp» sirven de paraguas para la legitimación del marketing como movimiento cultural, el cinismo corporativo y la precarización visual; y es triste ver cómo esta película ya estaba hecha, esencialmente, hace casi 120 años, con mucha más mala baba y en apenas seis minutos.

Para evitar la tristeza debemos situar la película y las expectativas en la perspectiva de lo que la cinta realmente es: un brand content producido para promocionar una marca que, aunque universalmente reconocida, ya no tenía la misma relevancia comercial que antes, de la mano de dos cineastas procedentes del cine independiente y reconocidos como autores. Las tensiones generadas por esta unión de intereses dispares se perciben en cada centímetro de pantalla, en cada segundo de película. Esto no apoya en absoluto la construcción de una narrativa de artistas geniales que ven su arte castrado por la industria capitalista. Al contrario. Está muy claro que Greta era plenamente consciente de que estaba produciendo un producto de marketing.

Barbie sufre para sostenerse como obra maestra cinematográfica. Por otro lado es una de las piezas de propaganda más honestas —en la línea del art pop de Andy Warhol— jamás producidas por ninguna compañía en una época en la que los blockbusters son sólo excusas para vender muñecos y camisetas estampadas. Esta honestidad extrema, con su propio carácter contradictorio, conduce a una artificialidad y superficialidad que interrumpen constantemente el placer visual y narrativo y la implicación emocional del espectador. En algunos este proceso incita a seguir consumiendo esa experiencia, en otros produce una repulsión de igual intensidad. Pero que en todos los caso configura uno de los fenómenos sociales más fascinantes de la actualidad, en un momento donde el modelo de negocios de Marvel, que incluso se buscó aplicar a otras obras como Star Wars e Indiana Jones, parece entrar en un agotamiento precipitado.

Sea por el montaje, que imprime un ritmo acelerado a la narrativa interrumpiendo momentos de contemplación; sea por el tono naif con lo cual los monólogos abordan los temas del feminismo liberal y el patriarcado; sea por la completa falta de profundidad conferida a los personajes y sus conflictos (con excepción de Ken), la cinta descoloca al espectador de una posición pasiva y, con sus fallos, le concede la oportunidad de reflexionar. Si en los melodramas norteamericanos de la posguerra, la facilidad con el que el orden en el seno familiar era restablecido subrayaba la falta de alternativas a la crisis del ideal del american way of life; en Barbie, que la resolución feliz de la muñeca protagonista sea tener una vagina en el mundo real opera en la misma clave.

Así, el mensaje empoderador te lo crees un poquito menos; y, en esta crisis de fe, aparece Will Ferrell con las caras de David Zaslav (director ejecutivo de Warner Bros. Discovery) e Ynon Kreiz (presidente y director ejecutivo de Mattel) y ese inicio distópico disfrazado-de-utópico se vuelve un poco más realidad.

Por Rafael Bürger y Jorge Sánchez


Título original: Barbie Duración: 114 min País: Estados Unidos Idioma: Inglés, español Dirección: Greta Gerwig Guion: Greta Gerwig, Noah Baumbach Productores: Tom Ackerley, Robbie Brenner, DAvid Heyman, Margot Robbie, Christine Crais, Cata Adams, Noah Baumbach, Richard Dickinson, Toby Emmerich, Greta Gerwig, Ynon Kreitz, Josey McNamara, Michael Sharp, Courtenay Valenti Fotografía: Rodrigo Prieto Montaje: Nick Houy Música: Mark Ronson, Andrew Wyatt Intérpretes: Margot Robbie, Ryan Gosling, Issa Rae, Kate McKinnon, Alexandra Shipp, Emma Mackey, Hari Nef, Dua Lipa, Emmerald Fennel, Simu Liu, Ncuti Gatwa, Scott Evans, Michael Cera, America Ferrara, Hellen Mirren, Will Ferrell, Andrew Leung

Sinopsis: Barbie lleva una vida ideal en Barbieland, allí todo es perfecto, con chupi fiestas llenas de música y color, y todos los días son el mejor día. Claro que Barbie se hace algunas preguntas, cuestiones bastante incómodas que no encajan con el mundo idílico en el que ella y las demás Barbies viven. Cuando Barbie se dé cuenta de que es capaz de apoyar los talones en el suelo, y tener los pies planos, decidirá calzarse unos zapatos sin tacones y viajar hasta el mundo real.


Warner Bros. España

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