Top 10 series de 2025

¿Cómo se hace un top de las mejores series del año? ¿A base de pilotos-primeras impresiones? ¿Con las contadas obras completas que se ven?

Los listados de series son, por naturaleza, más endogámicos que los de cine. La duración media de una serie hace que sea más fácil ver muchas películas que muchas series y, por tanto, obtener mucha variedad y, por tanto, tener más oportunidades de «calidad». A eso se suma que la oferta actual es mucho más amplia, la prescripción y la crítica mucho más limitada, los intereses de las distribuidoras influyen más, pues apenas hay premios «de prestigio» y los festivales son algo más interno que público. Todo empuja a los mismos ejemplos, el mismo boca-oreja, lo cual niega el sentido último de las listas: descubrir, jugar y fomentar la curiosidad.

Esta lista no es diferente.

Apenas hemos llegado a ver lo que todo el mundo ve, a veces incluso apenas hemos llegado más allá de los pilotos en algunos casos. Además, este año, la limitación de los votantes (3) hace que todo quede en casa, para lo bueno y para lo malo. Como hemos sido conscientes de que los títulos eran iguales que los de otros listados, hemos buscado, al menos, ofrecer una curiosa mirada sobre ellos que, quizá, ahora sí, fomente (re)descubrirlos y conseguir que esta pipa no sea esa pipa.

Menciones honoríficas: A muerte, Anatomía de un instante, Asura, Ciudad de sombras, Cuando nadie nos ve, Efectos secundarios, El dinero de otros, Érase una vez el Oeste, Fallout T2, Furia, Hal & Harper, It: Bienvenidos a Derry, La canción, La diplomática, La empresa de las sillas, La frontera, La suerte, Los ensayos T2, Mariliendre, Mussolini: hijo del siglo, Paradise, Pubertat, Sakamoto Days, Si la vida te da mandarinas, Slow Horses T5, Smiling friends, Su majestad, Task, The agency, Tierra de mafiosos, Tú siempre estuviste ahí, What it feels like for a girl.


10.— El eternauta (Bruno Stagnaro, dir; Bruno Stagnaro, Ariel Staltari, Alicia Garcias & Martín Wain, gui)

La adaptación del cómic publicado por el desaparecido Héctor German Oesterheld y Francisco Solano López quizá el más importante de la historieta Argentina del siglo XX (quizá incluso de la historia del medio en el país latinoamericano), se ha convertido en un pequeño acontecimiento audiovisual. Encabezada por Bruno Stagnaro (Okupas) y Ricardo Darín, traslada el argumento y los personajes del tebeo al presente, siendo, por lo demás, fiel al material original.

El pecado de El eternauta es también su gran virtud: es una adaptación modélica. Muere y vive por comparación con el original. El cómic ha servido de plantilla para muchas de las obras postapocalípticas que han configurado el imaginario colectivo del siglo XXI, haciendo que muchas de las situaciones que se desarrollan el serie suenen a ya vistas. Por ejemplo, es difícil imaginar Los Muertos Vivientes, cómic y serie, sin la obra de Oesterhedl y Solano. Por otro lado, la puesta en escena se adapta a los cánones y expectativas precisamente para que la historia siempre esté en primer término. Por suerte, la historia original es tan potente que se canaliza y alcanza a la propia serie, elevándola y convirtiéndola en una sólida serie de ciencia ficción. Y, claro, siempre está el agradecimiento eterno a qué no sea Estados Unidos el centro del apocalipsis.

9.— Animal (Víctor García León & Alberto de Toro, dir; Víctor García León, Araceli Álvarez de Sotomayor, Germán Aparicio, Ana Boyero & Daniel Castro, gui)

Un veterinario rural se ve obligado, entre los caciques locales y las facturas que empiezan a pesar por la subida de precios, a aceptar trabajar para su sobrina en una cadena de productos para mascotas. Esa premisa da pie a la que, si me preguntan, es la gran sorpresa del año del audiovisual seriado nacional.

Bajo el auspicio de Aitor Gabilondo y con Luis Zahera como principal gancho de cara al público, el equipo comandando por Víctor García León ha sabido navegar con inteligencia los requerimientos industriales y corporativos de la Gran N (esa imagen estandariza, ese regusto excesivamente formulaico, de high concept) que, en última instancia, deja un regusto fresco. Una fina escritura de situaciones y diálogos, una mirada que inunda la serie de humor, las actuaciones de Zahera y Lucía Caraballo, su química y algunas hallazgos de puesta en serie son sus herramientas principales para ganarles algunas batallas al encargo. Como decíamos, no inventa la rueda, pero la sabe hacer girar con mucha gracia: es, sin lugar a dudas, una de las series más divertidas del año.

8.— The Pitt (Damian Marcano, Amanda Marsalis, John Cameron, John Wells, Quyen Tran & Silver Tran, dir; R. Scott Gemmill, Valerie Chu, Elyssa Gershman, Joe Sachs, Noah Wyle, Simran Baidwan & Cynthia Adarkwa, gui)

La gran arrasadora de los Emmys es, cuanto menos, extraña: siguiendo más el testigo de 24 horas que de Urgencias, nos cuenta un turno de 15 horas en un hospital imaginario de Pittsburgh al que sus trabajadores llaman cariñosamente The Pitt (La Fosa). Estamos, por tanto, ante un procedimental, pero un procedimental un tanto formal, que prioriza el concepto a la industria.

Estudiantes, residentes y médicos titulares comparten espacio, tiempo y unas rapidísimos líneas de diálogo. Hora a hora, capítulo a capitulo, corte a corte, se desgastan física, mental y socialmente. Cada plano empuja al anterior para abrirse paso y cada capitulo, de entre 40 y 60 min, parece un día entero y deja exhausto; la serie, estrenada semana a semana, impresiona al pensarse del tirón, quizá de las pocas que se beneficien de dicha práctica, pues radicaliza la propuesta. Aunque no deja de ser elogiosa con los profesionales y el sistema de salud de Estados Unidos, se lanzan algunos dardos críticos —el primero y más importante de ellos es la estructura de la propia serie, seguido de las interacciones entre el doctor Robby y la directora del hospital— y sabe no eludir las imágenes y situaciones escabrosas para romantizar y dar un imagen prístina de la profesión.

El otro gran procedimental extraño de los últimos tiempos, Slow Horses, ha alcanzado su 5ª temporada y tiene previstas otras dos, una rara avis en estos tiempos en los que se reducen el número de episodios y el número de temporadas.

7.— Pluribus (Gordon Smith, Vince Gilligan, Adam Bernstein, Melissa Bernstein, Zetna Fuentes & Gandja Monteiro, dir; Vince Gilligan, Vera Blasi, Ariel Levine, Jonny Gomez, Gordon Smith, Alison Tatlock & Jenn Carroll, gui)

Pluribus irrumpe como una crónica incómoda y deliberada, una serie que avanza a contramano del consenso cultural con la seguridad de quien sabe dónde pisa. Desde su arranque, el relato se niega a pedir permiso: observa a sus personajes con ironía, expone contradicciones morales sin subrayarlas y recupera el placer de la ambigüedad. En esa apuesta resuena con fuerza la huella de Vince Gilligan, el mismo que en Breaking Bad convirtió la degradación ética en espectáculo incómodo: aquí, como entonces, no hay héroes blindados ni moralejas tranquilizadoras, sino individuos empujados a revelar lo peor —y lo más humano— de sí mismos.

No es casual que, en este gesto, Pluribus dialogue de manera soterrada con La invasión de los ultracuerpos: el verdadero horror no proviene de un enemigo visible, sino de la progresiva homogeneización de las conductas, de la sospecha de que algo esencial se pierde cuando la diferencia se vuelve amenaza. Gilligan pone a dialogar posturas opuestas y deja que el espectador cargue con el peso del juicio, reivindicando la incomodidad como motor dramático y la libertad creativa como valor irrenunciable. En tiempos de ficciones diseñadas para no ofender, esta continuidad autoral recuerda que el riesgo —moral y narrativo— sigue siendo la mejor forma de verdad, y que tal vez el mayor acto de resistencia sea negarse a ser reemplazado por una versión más aceptable de uno mismo.

6.— Yakarta (Elena Trapé, Javier Cámara, & Fernando Delgado-Hierro, dir; Diego San José, Daniel Castro & Fernando Delgado-Hierro, gui)

Con lo cotidiano por bandera, Diego San José nos regala otra historia de gente corriente y, como hizo con su inmediata predecesora, lo hace a través de un tono dramático, sin por ello olvidar la comedia de sus inicios. Elena Trapé mantiene un estilo bastante invisible, acorde a la línea general de producción de Movistar, aunque no por ello menos preciso en su puesta en escena. Si en algo destaca en silencio, es en el maravilloso uso de las localizaciones, lugares de paso que reflejan la pérdida de identidad de los protagonistas. A través de la mediocridad y lo anónimo, Yakarta nos arroja a una historia de apariencias que disecciona los abusos que se esconden en los edificios abandonados.

Impoluta en guion y precisión narrativa a través de la construcción de personajes, Yakarta resuelve con sutileza la complejidad de sus personajes y el equilibrio de sus temas. El dúo que forman Javier Cámara y Carla Quílez como entrenador y pupila funciona a la perfección, en una relación de roles intercambiados que crea un equilibrio impecable entre ambos.

5.— Poquita Fe T2 (Pepón Montero, dir; Juan Maidagán y Pepón Montero, gui)

La primera temporada de Poquita Fe coronó nuestro listado del año 2023: la mezcla de falso documental (el uso de los bustos parlantes), los actores en estado de gracia y la escritura de Maidagán y Montero de situaciones cotidianas llevadas al límite formaron, a lo largo de 12 episodios para 12 meses, un cóctel imbatible y un soplo de aire fresco para la comedia televisiva española.

En esta segunda temporada, la serie parece que se pliega un poco más a lo convencional (el concepto, la radicalidad, la estructura) sin que ello percuta en los pilares básicos: los malentendidos familiares de José Ramón y Berta, interpretados por unos grandísimos Raúl Cimas y Esperanza Pedreño, y una fina escritura de escenas del día a día. En esta segunda, temporada, el gran acierto es concentrar su trama central en torno a la crisis de la vivienda con gran ligereza sin comprometer las pinceladas políticas. Puede saber a menos que su primera temporada, pero es solo la resaca: sigue siendo la mejor comedia serial española.

4.— Separación T2 (Ben Stiller, Uta Briesewitz, Samuel Donovan & Jessica Lee Gagné Erickson, dir; Dan Erickson, Anna Ouyang Moench, Adam Countee, Mohamad El Masri, Mark Friedman, K. C. Perry, Megan Ritchie, Erin Wagoner & Wei-Ning Yu, gui)

Era muy difícil estar a la altura de la primera temporada pero Dan Erikson lo ha conseguido, tras una larga espera y un gran cliffhanger. La implicación de los espectadores no se ha visto mermada por el espacio entre las temporadas; las redes sociales se llenaron de contenidos, fiestas temáticas incluidas, porque argumento, personajes y estética siguen atrapando igual que hace tres años.

La segunda temporada continúa con la crítica a la alienación laboral que perpetúan algunas empresas y corporaciones, esta vez de manera expandida. Erickson y Stiller apuestan por una mayor coralidad, sacándole jugo a otros personajes más allá de Mark, dentro de la oficina, sí, pero esta vez también fuera. Si de algo nos quedamos con ganas en la primera temporada era justamente de eso, saber más de Helly, Dylan e Irving y de otros personajazos no ‘separados’ como Milchick y Devon. Y conforme se amplia el mundo a otros personajes y se trata de resolver la gran pregunta que se lanzó al final de la primera temporada, se incorporan nuevos espacios que no hacen otra cosa que incidir en el extrañamiento por el que apuesta serie. La que se comenzó describiendo como una mezcla entre The Office y Black Mirror, cada vez se va pareciendo más a Perdidos por los misterios y preguntas que va generando.

Solo nos queda esperar a la tercera entrega, cuya espera promete ser menor.

3.— Superestar (Nacho Vigalondo & Claudia Costafreda, dir; Nacho Vigalondo, María Bastarós, Paco Bezerra & Claudia Costafreda, gui)

¿Puede ser que esta serie, encargo libre de Los Javis para Netflix, pueda ser la obra más personal de Nacho Vigalondo? El director cántabro, que ya adelantamos que se ha colado también en el listado de películas españolas, es el único que puede responder a esa pregunta, pero, desde luego, se parece a su imagen pública: cariñosa, divertida, inteligente, metaficcional, reflexiva en torno a la condición de la imagen y la narrativa, multireferencial… Incluso su narrativa parece responder en cierta manera al TDAH del que ha hablado públicamente el cineasta o, más seguramente, a su curiosidad desbordada.

El gran acierto de la serie no es, sin embargo, eso (que es algo a celebrar por improbable) sino algo mucho más complicado: hacer una serie sobre unos personajes extravagantes sin reírse de ellos y sin alabarlos, una serie sobre el tamarismo y la telebasura sin condescendencia. Un imposible, vaya. Nos cuenta la historia de Tamara/Yurena, pero también de Leonardo Dantés, Pacos Porras y otros personajes que hicieron fama en Crónicas marcianas en el comienzo del siglo y lo hace dedicando cada episodio a uno de sus personajes y sus quimeras: ello permite explorar no sólo las partes oscuras y luminosas de cada personaje, sino explotar la forma de la serie donde todo parece posible. Una fantasía, construida desde la imaginación y la licencia poética, desde un lúdico rechazo al realismo.

Y claro, no podemos terminar este breve texto sin hablar de los intérpretes: Ingrid García-Jonsson, Secun de la Rosa, Carlos Areces, Julián Villagrán, Natalia de Molina, Pepón Nieto, el propio Nacho Vigalondo y, sobre todo, Rocío Ibañez, la presencia en pantalla con más fuerza vista en este 2025.

2.— Adolescencia (Philip Barantini, dir;Jack Thorn & Stephen Graham, gui)

Adolescencia tiene la suerte de ser imperfecta: en cierta medida, es tremendista y tendenciosa frente a los temas que trata. No hay que tomársela demasiado en profundo. También ayuda que su gran atractivo de marketing, el uso de un plano secuencia sin cortes para cada episodio, se ha hablado y debatido hasta la saciedad. Es un éxito, desde luego, desde el punto de vista de producción. Ha cumplido su cometido, la ha puesto en el foco. Adolescencia está en el podio de este año precisamente por todo lo que sucede en los márgenes: las actuaciones, ciertos hallazgos de escritura, ciertas decisiones de puesta en escena. Y nunca son los momentos grandilocuentes. Solo cuando nos olvidamos del ruido y miramos con detalle demuestra que es una gran serie.

1.— The Studio (Evan Goldberg & Seth Rogen, dir; Evan Goldberg, Seth Rogen,Alex Gregory, Peter Huyck & Frida Perez)

The Studio es una rara avis en el mundo de la comedia televisiva norteamericana porque surge de los estratos más mainstream: Seth Rogen y Evan Golderg, Apple TV, metaficción y muchos cameos de «gente del mundillo», desde Martin Scorsese a Ron Howard, pasando por Zac Efron o Dave Franco.

Las vicisitudes de un ejecutivo en el Hollywood actual, que quiere hacer el arte que le llevó a querer dedicarse a ello, pero tiene que lidiar con sus jefes, objetivos y obligaciones que le conducen en el sentido opuesto, no darían para mucha novedad. Y novedad, es cierto, que no es lo que busca ofrecer. Es un propuesta, sin embargo, tan fresca porque su comedia en inusitadamente compleja: humor físico, verbal, formal, metanarrativo, de fumetas, cinéfilo,… Las risas pueden golpearte desde cualquier ángulo y nivel, pues está cargada de chistes que en ningún momento se acumulan, más bien se distribuyen por capas entre las cuales los creadores se deslizan orgánicamente. Con un piloto donde se hace llorar a Martin Scorsese, no puede defraudar.

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