Crítica ‘The Idol’

Puntuación: 2 de 5.

Si llegaste a esta crítica, es altamente probable que seas bien consciente de toda la infamia y el aura de controversias que rodean la más reciente producción de Sam Levinson, The Idol. Con una de las peores valoraciones de la historia en los agregadores de crítica especializada, el show viene coleccionando haters desde antes de su estreno en HBO, incluso antes de su presentación de gala en el Festival de Cannes; un reconocimiento que ninguna producción para la televisión había tenido hasta entonces. La magnitud de este revuelo sorprende, ya que la cadena es conocida por la alta calidad de sus producciones y Levinson, como Abel Tesfaye (The Weeknd), siendo personas muy bien queridas por una gran parte del público al que va dirigido. Pero la intención parece haber sido exactamente esta: utilizar la controversia y la mala recepción para instigar el público y llegar, así como fidelizar, a una base de fans que defenderán el show independientemente de todo.

Estrategia semejante la emplea la protagonista de la trama, Jocelyn (Lily Rose-Depp), una joven popstar que se enfrenta a los buitres de la industria fonográfica para recuperar el control creativo de su carrera tras el trauma y el colapso emocional y psicológico causado por la muerte de su madre. En su plan Joss, como recurrentemente la llaman, se lanza sin red a las manos de Tedros (interpretado por el propio músico, caracterizado de la manera más cringe posible), dueño de un club nocturno en Los Angeles con un pasado criminal violento y líder de un culto de artistas jóvenes con mucho talento. Ella se coloca en una posición vulnerable, a merced de las criticas y reproches de sus empresarios y inversores, así como de los medios, enfrentando el riesgo de destruir su carrera fonográfica para siempre con su comportamiento extremo, porque, al final, ella sabe que tiene la adoración impertérrita de sus angels, como llama a sus fans.

Ni tan genial como tampoco tan provocativo (la propia HBO ya ha hecho producciones mucho más adoradas y de igual, o más, controvertidas que esta), a medio camino entre el romanticismo y la sátira, el discurso que queda es la queja de un artista (sea Joss, sea Levinson, sea The Weeknd) que se presenta como un rehén de la industria y los medios, a quienes culpa de no producir algo «que dure y sea significativo y no sea una puta broma«, como afirma Joss en el piloto.

Algo que llama la atención cuando prestamos atención a sus imágenes, más centradas en exhibir las facultades visuales de su director que en ser significativas, pues construye un apartado formal creado a mayor gloria de su creador. Y, lo peor de todo, es que el barroquismo visual que acostumbra a enarbolar Levinson aquí están descafeinado, entre la ironía camp y una solemnidad victimista. Al fin y al cabo, The Idol es una fantasía, un fetiche cinematográfico; pero una fantasía que lucha en cada plano por volverse realidad.

Salvando escenas concretas, es en los instantes finales cuando la serie se vuelve verdaderamente interesante, muy a su pesar. El giro que da la serie, encumbrando a Jocelyn como una mujer manipuladora, fría e inteligente que, en todo momento, mantuvo la sartén por el mango, y dejando a Tedros como un objeto y una víctima, es rompe con cualquier elemento satírico que pudiese acoger The Idol. En su lugar hay adoración a la figura de la cantante, una rendición. Y es en esa problemática sumisión a este personaje tan perversamente empoderado —en la medida que puede empoderar una femme fatale— donde la serie se muestra más estimulante, porque, más allá del fetiche, esa «oscuridad» puede llevar al espectador a espacios poco transitados en la televisión mainstream.

Y es una pena que para ello tengan que destruir todo lo anterior. Las tramas de Rob, de Leia, de Dyanne o de la secta de Tedros no cierran (o lo hacen apresuradamente) para poder dejar espacio a la principal y cualquier crítica satírica a la industria o al romanticismo creativo y personal, que ya de por sí estaba infradesarrollada, queda anulada al revelarse que Jocelyn no estaba siendo explotada, sino que lo tenía todo bajo control. Es una pena que los cuerpos desnudos solo interesen a los creadores en tanto objetos de degradación y no de reivindicación.Es una pena lo mucho que cojea hacia ciertos discursos románticos y reaccionarios. Es una pena que el talento audiovisual de Sam Levinson quede desperdiciado en una puesta escena vacua (y es una pena que se nos haya sido negada la mirada Amy Seimetz). Es una pena que, al final, solo importe el fetiche.

Por Rafael Bürger y Jorge Sánchez


Título original: The Idol Duración: 5 eps x 60 min País: Estados Unidos Idioma: Inglés Dirección: Sam Levinson Guion: Reza Fahim, Sam Levinson, The Weeknd (Creadores), Nick Bilton, Howard A. Rodman, Marlis Yurcisin, Clara Mamet Productores: Joe Epstein, Reza Fahin, Aaron L. Gilber, Ashley Levinson, Kevin Turen, The Weeknd, Sara E. White, Heidi Bivens, Harrinson Kreiss, Robert Parigi, Julio C. Perez IV, Amy Schmidt, David Davioli, Wassin Sal Slaiby, Lamar C. Taylor, Mary Laws Fotografía: Marcell Rév, Arseni Khachaturan, Drew Daniels Montaje: Nikola Boyanov, Aaron I. Butler, Aleshka, Ferrero, Julio C. Perez IV, Julie Cohen Música: Mike Dean, Sam Levinson, The Weeknd Intérpretes: Lily-Rose Depp, The Weeknd, Suzanna Son, Troye Sivan, Jane Adams, Jennie Kim, Rachel Sennott, Hari Nef, Moses Sumney, Ramsey, Hank Azaria, Mitch Modes, Bianca Ghezzi, Eli Roth, Sophie Mudd, Mike Dean, Karl Glusman,

Sinopsis: La superestrella pop Jocelyn comienza una relación con el enigmático empresario de la noche Tedros, alguien cargado de secretos.


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