Crítica ‘Ninja Turtles: Caos Mutante’

Puntuación: 4 de 5.

La animación es un refugio. No solo porque la animación, durante muchas décadas, haya hecho gala de su facilidad para imaginar mundos y desobedecer las leyes de la física y de su capacidad para readaptar las formas narrativas de los cuentos y las fábulas. No solo porque sea inherentemente escapista, disociada de la realidad. La animación es, sobre todo, un refugio para la expresión. La animación, por ser animación y no realidad registrada, consigue algo que (casi) ninguna película consigue, por mucho que debería, tener: un tablero de juego propio.

En un mundo cada vez más obsesionado con el argumento, con los personajes, con el realismo psicológico, con la verosimilutd, con el «no-me-lo-creo», la animación es un refugio donde la expresión formal es capaz de arrollar cualquier disidencia. Prueba de ello son las películas de animación manual (stop-motion, al óleo y otras técnicas similares) y durante un tiempo, en el cambio de siglo, la nueva animación computerizada, capaz de mirar allí donde la cámara no llegaba; sin embargo, con el avance de la animación en 3D ésta, bajo el paraguas de Disney, abandonó (aunque de forma parcial) la expresión en búsqueda del realismo, convirtiéndose, por así decirlo, en el estándar de la animación mainstream. Afortunadamente, en 2018 Spider-Man: Un Nuevo Universo rompió con eso y ha consolidado un nuevo estilo donde, siempre digital, se mezclan las animaciones en 3D y lo 2D y donde la expresión está en el centro de la propuesta. Y después vinieron los cortos de Alberto Mielgo, Los Mitchell contra las Máquinas, El Gato con Botas: Último Deseo, la segunda parte de Spider-Man y Ninja Turtles: Caos Mutante.

El resultado es una película con un estilo, si bien heredero, propio y único. Con una animación más fundamentada en la línea cambiante que en el color —en Un Nuevo Universo, tanto las tramas de puntos que imitaban las cuatricromías de los primeros cómics de Marvel como los «puntos Kirby» eran la base de la animación—, se aleja de la estilización para adentrarse en un expresionismo tosco, irregular y abocetado, más propio de la animación indie y underground, donde la marca del lápiz, pincel o buril (digitales todos) es visible para el espectador y es el motor del movimiento generado y de la caracterización. Pero también es un expresionismo que, en momentos clave, se permite colisionar colores a altura de la propia Un Nuevo Universo.

Ninja Turtles: Caos Mutante tiene mucho de caos y de mutante, algo de tortugas y poco de ninja. El principal foco de interés está en una palabra que en la traducción se perdió: teenage. La película cuenta no tanto como el primer contacto de nuestras adolescentes tortugas humanoides con el mundo, sino con la humanidad. (A los lectores de la Patrulla X lo siguientes les sonará familiar). Es una coming of age cuyo núcleo dramático surge de dos posturas enfrentadas para alcanzar un mismo objetivo: la aceptación del mutante. El mutante como el diferente, la reivindicación del monstruo de Frankenstein. Una moraleja común, que se puede leer como cínica, pero que cobra una gran relevancia a través de su plasmación formal. En ese sentido, solo se puede dar gracias a la animación: con la excepción de Michellangelo, Donatello, Leonardo y Raphael, todos los personajes son desproporcionados, algo deformes, algo monstruosos. El mensaje está claro. Y, por eso, que el clímax funciona tan bien en la visión humanista que los autores han querido dar a la creación de Peter Laird y Kevin Eastman.

Junto a este proceso de aprendizaje de las jóvenes tortugas también está el de los padres. De esta forma, la cinta se adscribe a la nueva corriente de introducir en las películas de animación infantiles-juveniles reflexiones sobre la paternidad que terminan por atravesar toda la cinta. Quizá este choque generacional que ocurre a nivel dramático sea el responsable de que la obra se sienta como una película de aventuras de los 80 contada con un lenguaje actual. No solo por la jerga, que roza lo forzado, y por la avalancha de referencias —con algunas de ellas que rompen la transparencia de artefacto fílmico, como la película Todo en un día o los insertos de otros tipos de dibujos—, sino por las propias imágenes, que mezclan el lenguaje de los cómics, el de las redes sociales y los videojuegos con la imaginación caótica, mutante y desprejuiciada de los niños y una animación que, como hemos visto, no puede ser más contemporánea.


Título original: Teenage Mutant Ninja Turtles: Mutant Mayhem Duración: 99 min País: Estados Unidos Idioma: Inglés Dirección: Jeff Rowe, Kyler Spears Guion: Seth Roge, Evan GoldBerg, Dan Hernandez, Benji Samit, Jeff Rowe, basados en personajes creados por Kevin Eastman y Peter Laird Productores: Evan Goldberg, Seth Rogen, James Weaver, Lucas Williams, Marie Balland, Josh Fagen, Ramsay McBean Fotografía: Kent Seki Montaje: Greg Levitan Música: Trent Reznor, Atticus Ross Intérpretes: Micah Abbey, Shamon Brown Jr. Nicolas Cantu, Brady Noon, Ayo Edebiri, Maya Rudoplh, JOhn Cena, Seth Rogen , Rose Byrne, Natasia Demetriou, Giancarlo Esposito, Jackie Chan, Ice Cube, Paul Rudd, Post Malone

Sinopsis: Después de pasar años apartados del mundo humano, los hermanos Tortuga se proponen ganarse el corazón de los habitantes de Nueva York y que les acepten como quinceañeros normales, llevando a cabo actos heroicos. Su amiga April O’Neil les ayuda a enfrentarse a un misterioso sindicato del crimen, pero pronto se ven superados ante el ataque de un ejército de mutantes que se abalanza sobre ellos.


Paramount Pictures Spain

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