Crítica ‘El amor de Andrea’

Puntuación: 4 de 5.

En ocasiones, el cine y las series actuales tienden a representar el mundo adolescente desde el maniqueísmo. A partir de una perspectiva algo sesgada o reduccionista, más cercana a los clichés que a una mirada honesta, varios títulos recientes han abordado esta época tan sensible al tiempo que la hilvanan con temas de salud mental. En la mayor parte de las veces esta representación se queda en una visita a las consecuencias de esta oscuridad: las drogas, la violencia, la autodestrucción… De forma inevitable, el hecho de partir de estas ideas supone un riesgo a la hora de caer en la superficialidad. En cierta medida, El amor de Andrea podría verse como una respuesta a esta forma de abordar y acercarse al mundo adolescente. Con su nueva película, Manuel Martín Cuenca adopta un tono más ligero al de sus anteriores trabajos, o más esperanzador, y encuentra espacio para los lugares seguros. El director almeriense retrata un profundo anhelo adolescente desde la naturalidad y esa escurridiza sensación de “verdad”. La historia, coescrita por Cuenca y Lola Mayo, pone el foco en lo que subyace bajo las heridas adolescentes: la desestructuración de los afectos; que, a menudo, como es el caso de esta película, tiene su origen en el núcleo familiar. 

El amor de Andrea es una película que habla sobre la necesidad de conocer, de explicar y de entender, en relación a una herida familiar. La protagonista, Andrea, anhela saber el motivo por el que su padre ya no quiere verla ni a ella ni a sus hermanos menores, tras el divorcio con su madre. El ímpetu de Andrea por hablar y entender la situación, choca con una madre dolida que no quiere saber nada de su exmarido, y así mismo tampoco quiere que Andrea indague en el tema. De alguna forma, la película reflexiona sobre cómo en ocasiones los padres pretenden que sus hijos sean extensiones de ellos mismos, más aún cuando todavía no se les considera “adultos”. Es así como la cinta sobrevuela esta negativa, este quiero y no puedo con respecto a una imperiosa necesidad de comunicación. Andrea tan solo busca una respuesta ante la desaparición repentina de su padre. En cierto modo, la película subraya la importancia de preguntarse los porqués, y de no dejar las cosas estar; algo que, a menudo, los adolescentes hacen mejor que los adultos.

Es así como, de forma paralela a la propia búsqueda de Andrea, que tiene que ingeniárselas para llegar hasta su padre por la vía legal; se da en la película un afán de hacer honor a la verdad de una mirada y un problema adolescente. El amor de Andrea triunfa a la hora de entender a su protagonista, y a la hora de convertirse en una extensión de su búsqueda y su dolor. En contraposición a la condescendencia o incluso la discriminación del mundo adulto, que trata a los adolescentes como futuros adultos y no como iguales,  esta película se toma el tiempo y las molestias de entender a Andrea, de acercarse, escucharla y arroparla. También hay implícito un mensaje reivindicativo y rebelde, por el que se llega a plantear la necesidad de que la familia y la paternidad, como núcleo más incontestable e inamovible, sea confrontado y redefinido, precisamente por aquellos que pueden mirar las cosas desde una perspectiva desnuda y con los cuestionamientos fruto de la novedad: la juventud. Es realmente estimulante que se haya colado una mirada de este tipo dentro de la cartelera actual; una mirada con una sensibilidad genuinamente joven y fresca. 

Probablemente, una de las principales razones por la que esta película se experimenta como fresca es el trabajo de los actores principales, así como por la propia elección del casting y la dirección de actores: todo el equipo artístico funciona estupendamente bien. Lupe Mateo es arrebatadora, sus dos “hermanos” pequeños actúan con naturalidad y desparpajo y los actores que interpretan a los dos padres destilan credibilidad. Además, todo ello se suma y complementa a unos diálogos muy refinados por lo naturales y sinceros que suenan. No es casualidad que el casting para la elección de los actores se alargara por un año entero: es precisa y está muy cuidada. Por otro lado, Cuenca toma otra acertada decisión al elegir actores no profesionales para la película, y esta gana fuerza precisamente por el anonimato de los rostros principales.

En el apartado formal, Cuenca se mantiene fiel al estilo sencillo que venía mostrando en algunas películas anteriores, construyendo una puesta en escena muy coherente, que funciona muy bien dentro de su propio universo y no hace alardes. El amor de Andrea es una película en la que lo realmente importante es cómo se cuenta la historia de esta adolescente, y cómo refleja a sus personajes y las dinámicas que suceden entre ellos. Tal vez el único elemento que llama la atención sobre sí mismo de forma directa es la propia presencia de la ciudad de Cádiz, que realmente se vuelve casi un personaje más de la historia. No solo resulta llamativa la elección de los espacios de la ciudad, la forma en que vibran con la narración, y la energía con la que acoge a los personajes; como el hecho de que la historia se desarrolle en invierno, de forma que experimentamos la historia desde un Cádiz no tan conocido, con una luz blanca y difuminada de una belleza especial. 

Finalmente, si hay una idea clave en la construcción de esta historia, es la decisión de que el anhelo que causa dolor en Andrea no sea lo único que direcciona la película. Cuenca y Mayo no se focalizan únicamente en el objetivo de la adolescente, y dejan que la vida penetre entre las rendijas de la trama en forma de la cotidianidad de Andrea: sus aficiones (le gusta leer e ir a la playa), el tener que cuidar de sus hermanos menores, su relación con un amigo que está enamorado de ella… El amor de Andrea encuentra lugares luminosos y espacios seguros, que conforman este fragmento en la vida de su protagonista. Es una tendencia interesante dentro del cine actual de autor la de no dejar que los dramas caigan en terrenos totalmente oscuros y encontrar espacios para cosas ligeras y amables; en esa línea, llama la atención las diferencias de tono y temas de esta película respecto a las que venía desarrollando anteriormente Martín Cuenca, y para muchos, en este sentido resultará mucho más estimulante.


Título original: El amor de Andrea Duración: 101 min País: España Idioma: Español Dirección: Manuel Martín Cuenca Guion: Lola Mayo, Manuel Martín Cuenca Productores: Luis Collar, Manuel Martín Cuenca, Jaime Ortiz de Artiñano, Gonzalo Salazar-Simpson Fotografía: Eva Díaz Montaje: Ángel Hernández Zoido Música: Vetusta Morla Intérpretes: Lupe Mateo Barredo, Jesús Ortiz, Inés Amueva, Cayetano Rodríguez Anglada, Jose M. Verdulla Otero, Fidel Sierra, Irka Lugo, Agustín Domínguez

Sinopsis: Andrea, una chica de 15 años, quiere recuperar el amor de su padre, que desapareció de sus vidas cuando se divorció de su madre. Andrea recuerda a un padre amoroso y no puede entender por qué ahora no quiere ver a sus hijos. Tomás y Fidel, sus dos hermanos pequeños, son sus compañeros infatigables en esta aventura que habla de amor, familia y desencanto. 


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