Las primeras palabras que pronuncia Elio al inicio de Call me by your name son «el impostor» para referirse al hombre que, metraje más adelante, se convertirá en su amante. Las palabras se las dice a Marzia, amiga-y-novia-informal del joven, y ese plano se termina con la joven italiana levantándose de la cama de Elio que, segundos después, quedará atribuida al impostor. Sirva este breve ejemplo, como prueba de que Luca Guadagnino siempre ha concebido las relaciones de deseo con forma triangular, incluso cuando la cinta está dedicada al estudio del mundo interior de un adolescente. Salvo en el remake de Suspiria, el realizador italiano ha mantenido esta configuración a lo largo de su filmografía. Rivales solo ha venido a sublimarlo.
En 2019, Art y Tashi están casados y tienen una hija. Ella es su entrenadora, él tiene por delante una última oportunidad para ganar un gran torneo de tenis. Ella vive el tenis, él lo hace por ella. Frente a él, en la gran final del Torneo Challenger —circuito secundario del tenis profesional—, está Patrick. 15 años antes, Patrick y Art eran inseparables. Compañeros de la misma academia de tenis, vivían juntos y juntos lo ganaban todo… hasta que ambos se enamoraron de Tashi. Así, comienza un melodrama romántico que salta en el tiempo y en el punto de vista para sumergirnos en el interior de este partido de tenis a tres raquetas.
La metáfora del tenis es obvia y, por si fuese necesario, Tashi la explicita al inicio de la película: el tenis es una relación y el buen tenis surge del respeto y la entrega máxima entre iguales. No hay mucho que escarbar en el símil a nivel temático y, sin embargo, Justin Kuritzkes y Guadagnino logran exprimirle todo el jugo melodramático para configurar un relato de emociones complejas. La propia estructura, a base de flashbacks, funciona según la forma de entender el tenis de Tashi. Los distintos saltos temporales permiten un aprendizaje escalonado sobre sus protagonistas, jugando con los propios juicios del espectador para desmentirlos y, así, profundizar más en los personajes. Los reveses se corresponden con las distintas revelaciones y giros dramáticos, generando nuevas aristas a los personajes, hasta llegar, en el clímax a un juego de corta distancia, en la red, donde ya sin secretos ni rencores, los dos tenistas y la entrenadora puedan relacionarse y entenderse.
La sensualidad veraniega de la Italia acomodada o el arrebato vampírico dan paso a un torbellino sexy capaz de identificar al espectador con la pelota o con la propia pista. Guadagnino vuelve a hacer gala de su facultades para generar una experiencia para los sentidos: ángulos de cámara extraños, montaje acelerado/distendido, cámaras lentas y, sobre todo, una profunda devoción hacia sus actores, más moldes escultóricos que intérpretes —lo que no niega su trabajo interpretativo—. En ese sentido, pese a ser una película de una narrativa visual férrea —más o menos obvia, más o menos acertada, más o menos caprichosa—, es una película que se construye sobre sus tres actores principales, sobre sus rostros y cuerpos. Mientras que las imágenes y el montaje juegan a trasladar los equilibrios y desequilibrios de poder que se establecen entre los tres protagonistas, son sus cuerpos musculados, heridos, sudados, machacados y bellos los que escriben el relato en un registro más profundo y más visceral.
Es la belleza el gran tema del cineasta italiano. Y sus múltiples formas. La belleza en tiempos de Instagram y del streaming. La belleza en tiempos de la posverdad. La belleza en tiempos del neoliberalismo. Si en Suspiria, la belleza era grotesca y, por tanto, sublime y Call me by your name era una estampa bucólica sobre el cambio y el tiempo, Rivales se erige en un punto intermedio: las esculturas clásicas que investiga el padre de Elio ya son helenísticas (Art y Patrick), mientras que Tashi recorre un camino similar al de la bailarina-bruja que interpretaba Dakota Johnson. La belleza de Rivales puede ser grotesca (el sudor, las heridas, puesta en escena ultraexpresiva), pero también puede ser elegante (los actores, las miradas, las conversaciones); es cambiante y está asociada al tiempo, al sufrimiento y a la ausencia. Es la belleza de la competición y la competición por la belleza.
Hay que reconocerle a Guadagnino unas cuantas cosas: la primera, su versatilidad y su capacidad para cambiar de registros, de tonos, de historias y de géneros sin perder el menor ápice de frescura ni una marcada y para nada transparente puesta en escena; la segunda, su carácter romántico que, pese los reveses (ideológicos) que pueda ocasionarle, le conduce por caminos arriesgados —a veces al borde del ridículo y del espanto— con una pasión y una fuerza inusitada; luego, su ojo para escoger —y elevar— a actores jóvenes como Thimothée Chalamet, Zendaya, Mike Faist o Josh O’ Connor que conforman y representan una nueva forma de estrellato; y hablando de jóvenes, hay que agradecerle al realizador italiano, en cuarto lugar, la absoluta falta de condescendencia con la que se ha aproximado a la juventud, tema absoluto de su cine; y, por último, las breves fugas al humor, que evitan un exceso de autoimportancia y seriedad que lastraría a una cinta con tendencia a la vulnerabilidad y el ridículo.
Como apuesta, la cinta tiene un doble filo y, a veces, se corta provocando un alto grado de regodeo y autocomplaciencia, cierta tendencia a la reiteración en los temas, cuando no simplificación, y algunas decisiones que parecen surgir más del capricho que de la necesidad del texto. Con todo, Rivales nos devuelve al mejor Guadagnino, al suicida, al romántico. Si es que alguna vez se fue. Y lo hace con la voz alta, con el grito en el pecho y el ojo en la red.
Título original: Challengers Duración: 131 min País: Estados Unidos, Italia Idioma: Inglés Dirección: Luca Guadagnino Guion: Justin Kuritzkes Productores: Luca Guadagnino, Rachel O’Connor, Amy Pascal, Zendaya, Kim H. Winter, Dernard Bellew, Lorenzo Milei, Kevin Ulrich Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom Montaje: Marco Costa Música: Trent Reznor & Atticus Ross Intérpretes: Zendaya, Mike Faist, John O’Connor, Darnell Appling, Bryan Doo, Shane T. Harris, Nada Despotovich, Joan Mcshane, A. J. Listet, Connor Aulson, Doria Bramante, Naheem Garcia, Alex Bancila, Jake Jensen, Hailey Gates,
Sinopsis: Ambientada en el competitivo mundo del tenis profesional, en el que una exjugadora convertida en entrenadora, Tashi, ha conseguido transformar a su marido Art en campeón de varios torneos del Grand Slam. Tras una racha de derrotas, Tashi le inscribe en un torneo ‘Challenger’ -el torneo profesional de menor nivel-, en el que se reencuentra con Patrick, su antiguo mejor amigo y exnovio de Tashi.

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