Como ya es costumbre en estas fechas del año, toca mirar atrás, hacer repaso de aquellos estrenos que más han marcado nuestras conversaciones a lo largo del curso. Una oportunidad que no nos tomamos como un evento canónico, sino como un juego.
Por pura necesidad para empezar, pues estamos lejos de haber visto las suficientes series (y, más adelante, películas): siempre hay títulos que se escapan y más teniendo tanto la cantidad de horas que hay que dedicar para ver una temporada media de una serie como la velocidad a la que plataformas y cadenas «lanzan» sus productos al mundo. Que los resultados de esta lista no sean muy distintos —como sí puede ocurrir en las listas de largometrajes— a los de otras listas revela la dificultad de escarbar en los distintos catálogos y la falta de filtros críticos —como los festivales o los premios; o la propia escasez de críticos televisivos serios (que los hay y estamos muy agradecidos a su labor) en comparación con su contrapartida cinematográfica— que tiene el mercado de las series, generando no poca endogamia en la conversación.
Por hacer unos apuntes personales, quizá equivocados, 2024 ha sido un año más para la ficción serial, pero con asteriscos. Un año marcado por las continuaciones de series ya asentadas: Feud: Capote vs the Swans, La Casa del Dragón, The Bear, Slow Horses, Industry, X-Men ’97, Bridgerton, Masters of Air… A eso se suman series nuevas que parten de IPs, como El problema de los 3 cuerpos, Shogun, El Pingüino, Ripley, Cien Años de Soledad, Mr and Mrs Smith, Fallout… La gran sorpresa viene de la mano de una Netflix que parece desgastada por su propio modelo con una comedia improbable como es Mi Reno de Peluche; éxito atípico donde los arriesgado equilibrios tonales parecían apuntar al nicho. Como ocurrió precisamente con The Curse, hija del trío Nathan Fielder, Benny Safdie y Emma Stone, llegó a España sin mucho alboroto este 2024.
Fuera del terreno de las grandes plataformas, aunque más desapercibidas, surgen varios títulos europeos a tener en cuenta. Desde el salto de la ficción televisiva de un cineasta consolidado como Thomas Vinterberg hasta la delicada Samuel, pasando por la consolidación transmedia de Xavier Giannoli como artífice de grandes relatos épicos de corte político-moral, procedimentales maduros como Blue Lights o pequeñas joyas de la ciencia ficción como Shatter Belt o de la comedia como Such Brave Girls; y otros títulos que no nos da tiempo a mencionar.
En España, Movistar ha dominado el que podría ser etiquetado como uno de los mejores años para la ficción serial patria. Querer, Los años nuevos y Celeste han formado un tridente implacable —al que se podría añadir la tercera temporada de Rapa— que ha rendido cualquier intento de oposición desde Disney Plus —Nos vemos en la otra vida, Cristobal Balenciaga, Yo, adicto, Las largas sombras—, Amazon Prime Video —En Fin, Cómo cazar a un monstruo, Reina Roja— y RTVE —Las abogadas, Dieciocho (con À Punt)—; y, como vemos, no han sido pocos los títulos que podrían entrar en la discusión individual. No obstante, la línea editorial que ha marcado el equipo liderado por Susana Herreras ha sabido equilibrar géneros —desde el drama de prestigio hasta la comedia de los Caballero, pasando por las formas independientes o los procedimientales— y apostar por una ficción adulta; de qualité.
Quien más pelea ha dado ha sido Disney Plus en el año que más series originales españolas han estrenado (un total de 7 títulos) con la adaptación de Nos vemos en la otra vida de Manuel Jabois. Otras dos adaptaciones de libros españoles —una a cargo de Aitor Gabilondo y el propio autor, Javier Giner; la otra con la ineludibles Clara Roquet tras las cámaras— y un biopic de un personaje conocido —a cargo de los Moriarty— conforman un paisaje local como principal atractivo. Dentro de su programación llama la atención, por quebrar la tónica hasta ahora de la plataforma, la apuesta por una diaria en streaming, Regreso a Las Sabinas, que a día de hoy sigue en emisión en su capítulo 64.
Extraño sigue siendo el caso de Netflix, que sigue produciendo bastantes títulos, pero este año solo parece haber dado con la tecla en El Caso Asunta de la manos de Bambú Producciones, dejando en la puerta, entre otros, a Oriol Paulo y Alex De la Iglesia; mientras que Amazon Prime Video busca asentarse a través de la comedia y el true crime y Skyshowtime sigue sin dar un fuerte golpe en la mesa, pese a Las Pelotaris 1926 y Mamen Mayo. Por último, hay que alegrarse por RTVE. Y no solo por dar uno de los mejores momentos de la Historia de la televisión que haría que Godard estuviese orgulloso —La Berrea del Ciervo de La Revuelta—, sino porque la nueva línea amparada por el cambio en la organización empieza a dar sus frutos: Las Abogadas y las dos colaboraciones con À Punt ofrecen un horizonte optimista para las relaciones entre televisión pública y ficción. Veremos cómo evolucionan en los próximos años.
Sin más dilación, nuestras mejores series del año.
Menciones honoríficas: Blue Lights T2, Cómo cazar un monstruo, Cristobal Balenciaga, Disclaimer, El problema de los 3 cuerpos, El simpatizante, En fin, Eric, Fallout, Familias como la nuestra, Feud: Capote vs. the Swans, La fiebre, Las abogadas, Landman, Muertos SL, No digas nada, Rapa T3, Santuario, Secret Level, Shatter Belt, Shogun, Slow Horses T4, Such brave girls, The 8 Show, The Bear T3, Yo, adicto.
10. Sangre y Dinero (Xavier Giannoli & Frédéroc Planchon, dir; Xavier Giannoli, Jean-Baptiste Delafon & Antoine Lacomblez, gui)
Xavier Giannoli, que venía de triunfar en la industria cinematográfica francesa con la adaptación de Las ilusiones perdidas de Honoré Balzac, emprende la tarea titánica de levantar una historia épica sobre «La Estafa del Siglo», un fraude sobre el impuesto de carbono que tuvo lugar entre el 2008 y el 2009 y que el gobierno francés nunca supo cifrar la cantidad de dinero defraudada.
Sangre y Dinero es una serie, con sus 12 episodios y sus dos partes, que busca la épica y la tragedia. Una obra grandilocuente que, si bien es cierto peca de reiterativa, se sustenta en un enorme Vincent Lindon. Su personaje, inventado, es la metáfora no solo de la indignación ciudadana, sino de la incapacidad de las democracias liberales para seguir los modelos salvajes y amorales del neoliberalismo; y el intérprete encarna ese dilema en su cuerpo cansado y machacado, en sus ojoso tristes y en su voz agotada. Uno de los mejores intérpretes franceses de la Historia para una obra que puede ser clave en la Historia de la televisión gala.
9. Nos vemos en la otra vida (Jorge Sánchez-Cabezudo & Borja Soler, dir; Alberto Sánchez-Cabezudo, Jorge Sánchez-Cabezudo, Guillermo Chapa, Roberto Martín Maiztegui, Daniel Remón, Pablo Remón, gui)
La nueva serie de los hermanos Cabezudo adapta las entrevistas realizadas por Manuel Jabois a Gabriel Montoya Vidal alias “Baby”, el primer condenado español por el atentado del 11M cuando era un adolescente. En 6 episodios se recogen varias líneas temporales donde somos testigos de cómo un chaval asturiano envuelto en trapicheos, llegó a ser cómplice del peor atentando en la historia de España. Con una puesta en escena calculada, pero sobria, apostando por un montaje preciso lleno de saltos temporales y un brillante trabajo actoral, Roberto Gutiérrez destaca en su primer papel, junto a un impresionante Pol López como Emilio Trashorras, convierte a Nos vemos en otra vida en una de las mejores ficciones españolas del año.
8. Samuel (Émile Tronche, dir; Émile Tronche, gui)
Esta pequeña serie franco-española irrumpe en nuestro top de manera inesperada. 21 capítulos de apenas 4 minutos con dibujos en blanco y negro componen esta serie infantil sobre las pequeñas anécdotas que Samuel va registrando en su diario. En el microcosmos de Samuel se cruzan juegos de niños, destellos de madurez y pasajes musicales. Una serie sobre niños que equilibra un espacio infantil y otro nostálgico, evocando la infancia de la década de los 2000. Con cariño y mimo absolutos el trazo infantil remite a una etapa vital donde las preocupaciones eran otras. Le habría gustado a Jonas Mekas.
7. Mi reno de peluche (Weronika Tofilska & Josephine Bornebusch, dir; Richard Gadd, gui)
La gran sorpresa del año. Richard Gadd reinterpreta su propia experiencia a través de la carne del personaje de Donny, un joven comediante acosado por una mujer madura. Una comedia negra ácida e incómoda donde su creador se desnuda completamente en un acto terapéutico: parece estar contándose a sí, adueñándose poco a poco de su propio relato mientras los espectadores estamos invitados a mirar. Quizá ahí esté la clave de su éxito: los equilibrios de tono, ritmo e información no dejan de ilustrar las dificultades de habitar un mundo agresivo —donde los vectores salud mental y experiencia queer entran con fueza—, de contarse a sí mismo.
6. Arcane Temporada 2 (Pascal Charrue, Arnaud Delord, Barth Maunoury, Marietta Ren, Christelle Abgrall & Etienne Mattera, dir; Alex Yee, Christian Linke, Kristina Felske, Henry G. M. Jones, Nick Luddington, Graham McNeill, Amanda Overton & Giovanna Sarquis, gui)
La segunda y última temporada de Arcane deja un regusto agridulce. En primer lugar, por el inevitable final y, segundo, porque el cierre se siente precipitado, con varios arcos argumentales que podrían expandirse a lo largo de varias temporadas. Pese a esta narrativa confusa —y a cierta tendencia a pausar un capítulo para incluir un videoclip con otra técnica de animación diferente—, la continuación da exactamente la talla en lo que termina por importar: su poderío visual sigue intacto, quizá incluso reforzado. Y ya solo con eso se convierten en una experiencia que merece la pena.
5. Ripley (Steven Zailian, dir; Steve Zailian, gui)
La nueva adaptación de la novela A pleno sol (El talento de Mr Ripley) de Patricia Higgsmith se estrenó solo unos meses antes de que falleciese el actor que dio vida a Tom Ripley en su primera adaptación audiovisual: Alain Delon. Esta nueva adaptación corre a cargo de Steven Zailian, guionista de prestigio por títulos como El Irlandés, La Lista de Schindler, Misión:Imposible o The Night Of. Él escribe y dirige los 8 episodios en los que un ascendente Andrew Scott toma el traje de Ripley. La puesta en escena compositivamente extraordinaria estiliza la imagen para ilustrar el mundo de elegancia y belleza de la alta burguesía y aristocracia que Ripley quiere habitar. Eso se complementa con un blanco y negro que, a la vez, colabora en esa estilización y introduce al espectador en los (antiguos y, por tanto, revisitados) códigos del género negro; un limpio claroscuro que habla de la violencia moral y política del mundo que los personajes transitan sin llegar a ocuparlos.
4. Celeste (Elena Trapé, dir; Diego San José, Daniel Castro & Oriol Puig Playà, gui)
El segundo thriller tributario en este top es una serie de comedia que no es comedia. El guionista Diego San José y la realizadora Elena Trapé cuentan la historia de la última inspección tributaria de Sara, «una de las gordas», contra una cantante reconocida con ecos claros, ya desde la propia promoción, a Shakira. Como en sus sátiras políticas previas, el trazo de San José es muy fino y su mirada inevitablemente humorística al mundo se filtra a la hora de componer un thriller de corte clásico, pero frío, sugerente y extraño. Carmen Machi encaja, por tanto, como anillo al dedo en esta mezcla homogénea de registros y tonos y el resultado es una serie política sin política y una comedia sin comedia. Una joya.
3. Los años nuevos (Rodrigo Sorogoyen, David Martín de los Santos, Sandra Romero Acevedo, dir; Sara Cano, Paula Fabra, Rodrigo Sorogoyen, Marina Rodríguez Colás & Antonio Rojano, gui)
10 episodios, 10 Nocheviejas. Eso es lo que les sirve a Sara Cano, Paula Fabra y Rodrigo Sorogoyen para construir una historia de amor que desgarra e ilumina. La historia de Óscar, que cumple 30 años el día de Nochevieja, y Ana, que cumple 30 años el día de Año Nuevo, a lo largo de esa década de transición. Los altos y bajos de su relación. Los amigos. Las fiestas. La familia. Todo ello con una apuesta por el realismo baziniano, de largos planos secuencias, con la palabra (o su ausencia) en el centro de la imagen y unos actores, Iria del Rio y Franceso Carril, que operan en un registro menos interpretativo que transperente. Por ello, es inevitable sentir tristeza en los momentos felices; por suerte, también lo es alegrarse en los momentos tristes.
2. Querer (Alauda Ruiz de Azúa, dir; Júlia de Paz, Alauda Ruiz de Azúa & Eduard Sola, gui)
Tras una ópera prima portentosa y una segundo película de espíritu alimenticio, Alauda Ruiz de Azúa da el golpe definitivo sobre la mesa: es una de las grandes voces del audiovisual nacional, y lo demuestra con una pieza de cámara sobre una mujer, Miren, que abandona el matrimonio donde ha pasado los últimos 32 años con una denuncia por violación contra su marido. Apenas se vale de ese núcleo familiar y algunos secundarios allegados para construir una de las historias tan demoledora como conmovedoras.
Querer, como Los años nuevos, es un serie. Parece una obviedad, pero el provecho que sacan los guionistas de la estructura serial merece ser subrayado. 4 episodios que son cuatro pasajes en la vida de los protagonistas (la denuncia, la revictimización y las vida posterior, las declaraciones, las consecuencias). No en vano, uno de los elementos narrativos más interesantes —que se suma a la ya demostrada capacidad de Azúa para imprimir expresividad dentro de los marcos del naturalismo— es cómo juega con las elipsis y los fuera de campo, tanto en planificación como en guion.
1. The Curse (Nathan Fielder, David Zellner, Nathan Zellner, dir; Nathan Fielder, Benny Safdie, Carrie Kemper, Carmen Cristopher & Alexander Huggins, gui)
Quizá uno de los personajes más interesantes del Hollywood actual es Emma Stone, tanto en su faceta de actriz como de productora —no solo produce esta serie y Pobres Criaturas, sino también los segundos largometrajes de Jane Schoenbrun y Jesse Eisenberg—. La actriz que ganó el Oscar por La La Land se une a Benny Safdie y a Nathan Fiedler para hacer una parodia de la telerrealidad: una pareja protagoniza un reality gracias su negocio de casa ecológicas en Nuevo México. Con tono extraño, entre lo alienígena y lo cotidiano, entre lo alucinado y lo telúrico, los tres creativos —también los tres actores protagonistas— llevan tan al extremo la propuesta hasta convertirla en una de los grandes comentaristas de la imagen y la realidad contemporáneas. La imagen aplanada de los teleobjetivos y la música son los pilares audiovisuales para una propuesta que nace desde el universo Fielder, donde comedia, documental y realidad se funden con organicidad para revelar las contradicciones cotidianas. Carne de televisión de culto, tiene desde ya uno de los mejores episodios de cierre.
