‘Lo que encontraron’ y ‘Eight postcards from Utopia’

Lo que encontraron (Sam Mendes)

En Lo que encontraron, Sam Mendes, director británico de trayectoria curiosa —comenzó con American Beauty y desde entonces su obra ha discurrido entre el cine negro, el melodrama, el bélico o dos incursiones en la filmografía de James Bond—, da el salto al documental, y lo hace  en un pequeño mediometraje (39 minutos) con material exclusivamente de archivo. Unas imágenes filmadas por durante la liberación del campo de concentración de Belsen.

Decía Jean-Luc Godard que la gran deuda del cine con la Historia fue no entrar en las cámaras de gas. De dicha afirmación, se desprende la insuficiencia del material filmado durante la liberación de los campos, pues documentan las consecuencias, no el hecho en sí ni su magnitud, y podrían propiciar relatos autoindulgentes en lo humano  y propagandísticos en lo político.

El documental de Mendes se podría enmarcar ya desde el propio título en esta segunda parte. Lo que encontraron. La atención del sujeto está referida a los operadores, a la liberación, a la narrativa del choque entre civilización (el ejército británico) y barbarie (las SS nazi), mientras que los prisioneros quedan relegados a una masa uniforme despersonalizada. También incide en la novedad, pues la hubo en la búsqueda de una eficiente industrialización de la muerte; sin embargo, podría también estar externalizando los pasados y presentes problemáticos de Reino Unido y el resto de potencias aliadas, aunque la intención de Mendes parece orientarse en dirección contraria.

No obstante, es en este mismo titulo donde se encuentra la clave para descifrar el gran interés formal de la obra, más allá del propio documento. ‘Lo que encontraron’ es una frase que revela la imposibilidad de poner en palabras la barbarie y el horror. Se intenta, claro, a través de las entrevistas a los propios operadores conducidas casi 40 años después, pero aún así, hay momentos donde la voz en off se calla y deja que sean las imágenes quienes describan y expresen lo innombrable. ¿Son las imágenes el último acto de resistencia ante la barbarie? ¿Ante la palabra? Una postura bastante poco común en un clima donde las teologías de la imagen —siempre iconoclastas— operan de forma mayoritariamente escondida, especialmente en lo referido a la Shoah; una postura, por tanto, a agradecer por aquellos iconódulos ateos que no comulgamos. Resulta un soplo de aire fresco.

La gran duda que queda es: viendo cómo se han desarrollado los siglos XX y XXI, viendo el genocidio de Palestina a manos de Israel o la ocupación del Sáhara Occidental, viendo las tendencias autoritarias, ¿cómo operan estas imágenes en el contexto actual? ¿Sirve de algo la presunta denuncia política de Mendes cuando las cámaras no solo han entrado en las cámaras de gas, sino que las llevan retransmitiendo 24 horas a la semana a durante los últimos 2 años?

Eight postcards from Utopia (Radu Jude, Christian Ferencz-Flatz)

En su última aventura cinematográfica, Radu Jude se une a Christian Ferencz-Flatz, filósofo y académico rumano cuya principal línea investigación está centrada en la publicidad post-soviética, para hacer un análisis de la Rumanía post-soviética a través de su publicidad televisiva: un montaje de cientos de anuncios del cambio de siglo.

La tesis de la cinta es la siguiente: los años de comunismo han provocado una reacción tan visceral que se ha abrazado con entusiasmo excesivo la presupuesta libertad del neoliberalismo y esto se ha traslado a los anuncios. Por decirlo en otras palabras: los anuncios han vendido un proyecto político unilateral a través de productos cotidianos; una forma de fascismo sibilina, como aseguraba Pier Paolo Pasolini. Se vende a través de conceptos tan abstractos como irreales y breves, como una postal en el sentido plástico del término. Algunos a los que estamos acostumbrados. como puede ser el sexo o la masculinidad, pero también otros nuevos como la libertad, la diferenciación o el crecimiento económico que están más anclados en la conyutura sociocultural del país. Los propios autores los agrupan en 8 grandes segmentos temáticos donde los anuncios exploran conceptos similares.

No obstante, me surge la duda. Hay una clara selección de los anuncios con una evidente intención discursiva: ¿hasta qué punto la muestra es honesta? ¿Hasta qué punto no se trata de un montaje tramposo? No es una cuestión baladí, pues es lo que marca la diferencia entre un ensayo fílmico de rigor y un discurso vacío que, como máximo, puede aspirar a ser propagandístico y, con suerte, acertado. Su faceta antropológica, que es a la que aspiran los autores —especialmente teniendo en cuenta la línea de investigación de uno de ellos—, sería cuanto menos cuestionable. Sería, en su definición más metafórica y peyorativa, una postal.

Quiero matizar, si fuese esto último, no le quita valor alguno: Radu Jude ha sido el gran heredero del último Godard —el acto de montar imágenes para darles un nuevo significado como acto subversivo—, actualizándolo a las nuevas formas audivisuales (publicidad, redes sociales, internet) y Eight postcards from Utopia sería un maravilloso cóctel Molotov de gran potencia —por su aparente sencillez y su rabioso sarcasmo— lanzado a espectadores de festivales, plataformas especializadas y académicos.

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