Crítica ‘La Cena’

Puntuación: 3 de 5.

1939. El teniente Medina y el maître del Hotel Palace, reconvertido en hospital durante la Guerra Civil, reciben la orden de organizar una cena para Franco para conmemorar el fin del conflicto, pero no tienen cocineros: están todos en la cárcel por rojos. Esa es la premisa de La cena de los generales, obra teatral de Jose Luis Alonso Santos que adapta Manuel Gómez Pereira junto a Yolanda García Serrano y Joaquín Oristrell.

La cena es una película extraña dentro del mainstream español. En primer lugar, por ser mainstream. Aunque no tenga la fuerza de otros nombres en taquilla, el cartel de protagonistas —por mucho que estos se empeñen en bajar a lo independiente y periférico cada vez que pueden; recordemos esa joya llamada Muy Lejos— es capaz de mover, más que espectadores, las posibles inversiones que permitan la financiación de la película. En el pasado de los responsables también encontramos estos equilibrios entre lo mainstream (Telecinco) y lo indie (Isaki Lacuesta), siendo casi siempre un viaje donde lo indie se aproxima a lo mainstream.

En el caso de La cena, hay un espíritu próximo a Animalario introducido en una esfera más domesticada. La presencia de Alberto San Juan no ayuda a evitar las comparaciones con la compañía de teatro. Ese carácter corrosivo de acercarse a la Guerra Civil no lo es tanto como podríamos soñar, pero, en el contexto en el que vivimos resulta valioso. Solo hay que mirar un estreno que hubo por aquellas fechas como es La Tregua, película de grandes imágenes y luces a cargo del equipo dirigido por Miguel Ángel Vivas que incidía en el discurso «todos somos perdedores» mientras establece un marco donde «comunismo» y «totalitarismo» son sinónimos sin posibilidad de matiz.

Que el falangista Alonso sea una caricatura de Millán Astray, que las caricaturas caigan siempre del bando golpista cuando los trazos para dibujar a los republicanos, si bien igual de gruesos, son más amables y tiernos, que más allá de Medina y Chapero (¡y la Guardia Mora!) no haya mucha humanidad o matiz entre los «vencedores» es un logro insospechado de un cine que, en lo referido a estos temas, ha preferido siempre dar una de cal y otra de arena. Por si acaso.

Se le puede achacar toda la tibieza del mundo, pero, insistimos, vivimos en un país donde sistemáticamente se niega el duelo a los familiares de un bando y los herederos directos del otro tienen representación política mayoritaria. Cualquier gramo que aporte es bienvenido. Y más si lo hace desde la comedia (que tanto les duele) y desde una tradición muy española de comedias teatrales que, a través del término «españolada» han devenido en imaginario reaccionario. Pocas comedias antifascistas tenemos, conviene valorarla.

La película, eso sí, tiene las limitaciones del producto que pretende ser: personajes arque(estereo)tipados, roles y situaciones esperables (idiotas, borrachos, adulterios, gays, autoridades en la inopia, malvados malvadísimos, lucha de clases), un uso del espacio desaprovechado (¡el Palace!), un diseño de producción y luz que encaja en la historia de nuestra televisión, una dirección funcional al servicio del guión, un guión más centrado en los diálogos y la comedia que la estructuras y los personajes,… ¡Pero qué diálogos! ¡Y qué divertida es la película!

La escritura fluye, escena a escena, línea a línea; el montaje aporta el ritmo preciso; y los actores bajan a tierra todo lo escrito.

Porque qué divertido está Mario Casas y qué divertido puede llegar a estar. Y qué divertido es Alberto San Juan y qué elegante y divertido puede llegar a ser. Los gestos sutiles, las dudas y la inacción del primero; lo que oculta, lo que no dice y lo que sugiere el segundo. Una pareja creada desde el contraste y cuya química está construida deliciosamente escena a escena. El pilar sobre el que se sostiene la película.

Sorprende su nominación, pues ha sido una de las obras menos discutidas y premiadas del año de las cinco seleccionadas; sorprende por ser comedia; sorprende por no aceptar el discurso establecido respecto a la Guerra Civil. Duelen, claro, otras joyas que apenas han rascado nominaciones. Dentro de la injusticia quedarán Alberto San Juan y Mario Casas para cocinas una cena y hacerte reir.


Título original: La cena Duración: 106 min País: España, Francia Idioma: Español Dirección: Manuel Gómez Pereira Guion: Manuel Gómez Pereira, Joaquín Oristrell & Yolanda García Serrano, adaptando la obra La cena de los generales de José Luis Alonso de Santos Productores: Lina Badenes, Roberto Butragueño, Cristobal García, Alexandra Lebret, Andrea Martelli, Edmon Roch, Javier Ugarte, Ana Camaho, Laura Castro Otero Fotografía: Aitor Mantxola Montaje: Vanessa Marimbert Música: Anne-Sophie Versnaeyen Intérpretes: Mario Casas, Alberto San Juan, Asier Etxeandia, Nora Hernández, Elvira Mínguez, Óscar Lasarte, Martín Páez, Toni Agustí, Ferran Gadea, Elezear Ortiz, Xavi Francés, Carlos Serrano, Carmen Balagué.

Sinopsis: Dos semanas después de acabar la Guerra Civil, Franco solicita una cena de celebración en el Hotel Palace. Un joven teniente, un maître meticuloso y un grupo de prisioneros republicanos expertos en cocina, deben preparar un banquete impecable en tiempo récord. Todo parece ir sobre ruedas, pero en la cocina se trama algo más que un menú.


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