Sitges 2021. Crónica #6

Tras su paso por los festivales de Venecia y Toronto, donde fue recibida con cariño, y su estreno el martes en Sitges, donde se acogió con menos entusiasmo, recuperamos en el Prado el primer largometraje de ficción de Juanjo Giménez Peña, Tres. El director de 58 años, ganador de la Palma de Oro en 2016 por su cortometraje Timecode, recupera de este su idea de viaje temporal, esta vez articulado a través de la desincronización auditiva que sufre C. (Marta Nieto). Por ello, toda su atención formal se acentúa en una faceta tan fundamental como desconocida: el sonido. Este deseo de reivindicar un oficio menospreciado se consagra gracias a este relato metacinematográfico donde una montadora y diseñadora de sonido pierde la audición. Una película tan sensible y sencilla como compleja y revisitable, cuyo mayor pecado es extenderse demasiado, que habla de la necesidad de amarse a uno mismo y de conocerse.

La actriz Alice Krige, premio Máquina del Temps, protagoniza She Will, debut cinematográfico de la artista multidisciplinar Charlotte Colbert. Ambiciosa de más, llega el punto donde no dice nada; sin embargo, es en los pocos momentos donde ese deseo inabarcable fructifica donde la cinta alcanza. Fría y gris en su puesta en escena (como la propia Escocia donde se localiza), resulta más interesante leerla como un híbrido entre una película de brujas apócrifa y un rape & revenge histórico.

Para finalizar la jornada se proyectaron dos de las grandes comedias del festival. En primer lugar, Tokyo Dragon Chef, proyectada en el marco de la sección Brigadoon, es una divertida película sobre un yakuza retirado monta un restaurante de ramen. Se trata de una cinta de baja calidad pero que resulta más que disfrutable para los amantes del cine de serie B, con mucho humor visual y basado en clichés típicos del anime. Por otro lado, Barbaque, que competía en sección oficial. Con una fotografía luminosa propia de la comedia, se nos presenta una premisa mucho más oscura, una pareja de carniceros comienzan a matar veganos y vender su carne para salvar su negocio. A lo largo de la proyección hubo un ambiente excepcional, carcajadas y aplausos llenaron la sala en muchas ocasiones. Plagada de humor negro e irreverencia, sin duda se trata de la propuesta más divertida de esta edición del festival de Sitges.

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