Sitges 2021. Crónica #5

La quinta jornada, más tranquila que las anteriores tras el estreno multitudinario de Halloween Kills, tuvo lugar la discreta proyección de Rose: A Love Story. Aunque mantiene componentes de terror, se encuentra más cercana al drama romántico. Una pareja vive aislada en el bosque, donde establecen una estricta rutina para poder lidiar con la dura enfermedad de Rose. Con fantásticas interpretaciones y mucha presencia del tema del aislamiento, la película trata sobre el cuidado de la enfermedad dentro de la relación de pareja y el desgaste y dificultades que esto produce. Introduce de forma delicada el desarrollo, sugiriendo sin nombrar y resulta interesante como revisión de una mitología muy usada y respecto a la construcción de la relación de los protagonistas. Una pena que no haya tenido más asistencia.

A esto le siguió una intensa sesión de cortos de animación, la última de esta edición. Entre ellos destacaron Autumn Leaves (Wojciech Ostrycharz), un breve y delicado relato donde música y movimiento cobran verdadera importancia y Other Half (Lina Kalcheva) sobre el amor propio. Estas dos obras fueron algunas las propuestas más amables, mientras que otras tantas abordaron temas o estéticas más oscuras como el relato sobre la avaricia de People in Motion (Christoph Lauenstein) y la inquietante y sangrienta propuesta de Night Bus (Joe Hsieh). Una selección donde se demostró el talento de las nuevas (y no tan nuevas) generaciones de animadores, nacionales e internacionales, de las formas más diversas.

La última película del día, Freaks Out, fue una de las sorpresas del Festival (si bien su paso por Venecia debería habernos servido como advertencia)recoge la historia de unos artistas de circo con superpoderes en la Italia de la Segunda Guerra Mundial. Hilarante tanto en diálogos como con gags visuales y cuidada en los efectos especiales, presenta una interesante mezcla de géneros donde predomina la comedia al mismo tiempo que se tratan temas como el sentimiento de pertenencia. Gabriele Mainetti crea unos personajes divertidos y entrañables y saca lo mejor de Franz Rogowski en su papel de pianista psicópata nazi con seis dedos por mano. Considero, por tanto, que es una película que, tanto por su exquisita faceta cómica como su gran manejo de las emociones, se convertirá en un clásico de la comedia europea.

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