Entrevista a Mark Cousins

Siempre me he imaginado la mente de Mark Cousins como una pequeña sala de montaje al final de una filmoteca kilométrica, donde unos oompa loompas trabajan a toda velocidad encontrando la escena adecuada de la película correcta. Divulgador, historiador, presentador y director norirlandés, hemos podido entrever los entresijos de su mente gracias a su obra documental. Saltó a la fama en 2011 con La Historia del Cine: Una odisea, un documental de 15 horas que condensa los 110 años que tenía el arte cinematográfico. Antes ya había entrevistado a grandes directores en Scene by scene y había llevado un cine ambulante por Escocia con Tilda Swinton; después vendrían Women make film, La mirada de Orson Welles o The Story of looking. Siempre con una mirada apasionada y desprejuicida, capaz de relacionar a Tarkovski y Marina Abramovic con Pokemon Go!, el cine de Cousins es un cine de imágenes; y de viajes. Hace unos días estuvo en Barcelona presentando su nueva road movie, Jeremy Thomas, una vida de cine, en el marco del BCN Film Fest y tuvimos la oportunidad de hablar con él.

Pregunta.: Para empezar, ¿qué tal la operación de cataratas? ¿Está mejor?

Mark Cousins.: Me siento mejor y los ojos están mejor. Ahora puedo ver con más claridad. No obstante, cuando te cambian la lente tienes una distancia focal diferente, entonces llamo a mi ojo izquierdo “el ojo Robert Altman” y al derecho “el ojo Orson Welles” (risas).

P.: ¿Y sigue viendo cine igual?

M. C.: Sí, cuando te haces una operación de cataratas, tu ojo está borroso. Mi amigo, el director de fotografía Christopher Doyle, también tuvo que pasar por una. Así que hemos estado hablando que es como si el mundo pasase de frío a caliente, como si leyésemos de izquierda a derecha.

P.: The Story of looking, La Historia del Cine: una nueva generación, Jeremy Thomas, una vida en cine… ¿Cuándo descansa?

M. C.: No lo hago (risas). Hago unas tres películas al año. Es mi pasión y estoy enamorado de ese proceso. Es una especie de adicción, también. Empecé a dirigir cuando las cámaras eran enormes y necesitabas mucho equipo. Pero ahora simplemente tengo mi cámara y eso significa que puedo grabar todos los días.

P.: Precisamente quería hablar de ese proceso. Women Make Film o La Historia del Cine: Una odisea son diferentes a La mirada de Orson Welles o el documental sobre Jeremy Thomas. ¿Cómo es ese proceso? ¿Cuales son las diferencias a la hora de planificar estas películas?

M. C.: Veo que has visto muchas de mis películas, lo agradezco. Mi planificación… nunca uso un ordenador, sino una gran hoja de papel. [Saca un largo folio que casi llega hasta el suelo; en él, breves anotaciones a mano] Este es el papel de Jeremy Thomas… El guión, por así decirlo. Y puedes ver “coches”, “sexo, “política”… Y lo seguimos bastante. Y luego en la sala de edición, es como escribir un artículo, que tienes que saber exactamente donde estás, y esto me ayuda a saber donde estoy.

P.: El papel salía en The story of looking

M. C.: Sí, y en las películas más grandes era enorme, de unos 20 metros (risas).

P.: Sus películas son trayectos sensoriales, ¿qué importancia tienen el viaje y la mirada en tu cine?

M. C.: Cuando estás sentado en una habitación, tu mente se adapta a la habitación. Cuando estás en una carretera, es un (auto)descubrimiento constante. Una de las novelas más famosas, Don Quijote, es una novela que se va desnudando y terminas viendo que Don [Quijote]y Sancho Panza son dos caras de la misma moneda… Ese sentido del camino que te obliga a desnudarte. Las carreteras son buenos sitios y he atravesado caminando las grandes ciudades del mundo Los Ángeles, Moscú, Pekín, Mexico City. Y, al hacer eso, consigo escaparme de la correa.

P.: Siempre logra una intimidad sorprendente dentro de los coches, que es otro de los elementos indispensables en su cine… ¿por qué?

M. C.: He trabajado mucho en Irán y en Irán, especialmente en las películas de Abbas Kiarostami, hay muchos coches. Y eso me encanta. Y en esta película sobre Jeremy podría haber tenido un segundo coche siguiéndonos o un dron que nos grabase desde arriba, pero pensé “mejor quédate en el coche”. No habría ni director de fotografía ni sonidista, nada. Solo dos personas en un coche.

P.: Y en Women make film

M. C.: Conducir, conducir, conducir…

P.: Pero diferente. Cada paisaje es un sentimiento diferente…

M. C.: Gracias. Es porque quiero que te sientas que estás conduciendo alrededor del mundo.

P.: ¿De donde surge este nuevo proyecto con Jeremy Thomas?

M. C.: No fue mi idea. Dos productores me ofrecieron hacer una película sobre Jeremy Thomas. Le había admirado durante mucho tiempo por esa capacidad transgresora de su obra; el hecho de que quisiese mostrar no solo los menos aspectos agradables del ser humano, sino también los más terroríficos. Entonces dije que sí y, como sabía que conduciría a Cannes, le pregunté si podía acompañarle. Él sabía que quería ir a algunos sitios y yo también, pero también improvisamos un poco.

P.: ¿Por qué habla de Jeremy Thomas como un príncipe?

M. C.: Porque el proviene de una contexto muy adinerado. Su padre y su tío eran de la realeza en la industria cinematográfica británica. Cuando escribí la primera frase “Érase una vez un príncipe, un príncipe del cine”, me dijo “sí, soy un príncipe”.

P.: ¿Qué importancia tiene el cine de Jeremy Thomas en el cine europeo?

M. C.: En primer lugar, es muy internacional. No tiene barreras. Eso es muy importante. Segundo, sus ideas sobre el arte cinematográfico que se formaron en los años 50 y 60, inspiradas en la Nouvelle Vague, etc. Y él trajo eso a los años 80. Aquí, pasaron buenas cosas en los 80, pero también malas. Nuestro gobierno viró a la derecha, por ejemplo. Y él se enfrentó a esos tabúes, se enfrentó al conservadurismo del Reino Unido de Thatcher y el Estados Unidos de Reagan y dijo que esas ideologías basadas en la familia eran muy complacientes. Él se atrevió a levantarse contra eso por auteurs como [David] Cronenberg, Nicolas Roeg o [Bernardo] Bertolluci. Se le daba bien defender, era como una gran muralla. Él preservó un mercado para ellos y los amparó del tsunami.

P.: Es uno de los productores más importante de los 80 y los 90, siempre desde un punto de vista independiente, realmente es Historia del Cine…

M. C.: Absolutamente. Y a día de hoy sigue trabajando con Takashi Miike. Diría que es un independiente operático, porque no es “micro-independiente”, sino que logra una independencia a gran escala. Y eso es difícil.

P.: El último emperador es casi la última superproducción independiente…

M. C.: Es alucinante, sí. Y Jeremy ha producido mejores películas…

P.: Sí, pero quiero decir que no se ha vuelto a hacer este tipo de producción a lo David Lean, una superproducción de autor…

M. C.: Sí, sí. Eso sí. Parte de la receta de Jeremy era trabajar con grandes superestrellas como Marlon Brando. Así que parte de esta “independencia operática” es trabajar con grandes nombres porque le garantizaba cierta visibilidad.

P.: Trabaja mucho el documental, ¿cree que el cine documental se está volviendo cine de ficción y el cine de ficción, documental?

M. C.: Sí, en cierto sentido. Las fronteras se difuminan, pero llevan así desde hace tiempo. A finales de los años 90, al documental no le iba bien, pero entonces hubo algunos éxitos y probó la gran pantalla por primera vez. Y ahora cada vez más películas están borrando esa línea que separa la poesía y la prosa.

A Contracorriente Films

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