En una charla con Ari Aster para Variety, Yorgos Lanthimos afirmaba que la primera decisión que tomó a la hora de adaptar el libro de Alaisdair Gray fue la de poner a Bella Baxter (Emma Stone) en el centro de la historia. Aunque la novela en la que se basa Pobres Criaturas gira en torno a este personaje, su figura se perfila de forma ambigua a partir de las opiniones y percepciones de otros que la conocieron. El director griego ha optado por desarrollar una historia dirigida por el propio personaje, que resulta muy llamativo y original, en una especie de coming of age que reinterpreta el mito del monstruo de Frankenstein. Siendo una oda al autodescubrimiento sexual femenino, la película trata acerca de un científico loco (Willem Dafoe) que resucita el cadáver de una mujer, Bella Baxter, que vuelve a la vida con el intelecto de un recién nacido y el cuerpo de una adulta. Se plantea aquí una historia acerca de una mujer liberada de los estigmas y la censura patriarcal gracias a este “segundo nacimiento”, en el marco de una sociedad victoriana-gótica-cyberpunk.
Aunque tal vez sea odioso ser categórico con el devenir artístico de un autor, por el riesgo de caer en sesgos, y sin saber tampoco si los próximos trabajos del director (ya hay anunciada otra película bajo el tándem Lanthimos-Stone) seguirán la estela de este último, sin duda alguna lo nuevo del griego es diferente a las películas que venía desarrollando anteriormente; algo que ya se intuía con La Favorita. La sensación es que Lanthimos ha terminado de aterrizar en el cine mainstream, desde una visión y estilo propios, pero siendo los rasgos autorales de Pobres Criaturas diametralmente contrarios a sus producciones griegas y otros títulos como Langosta o Sacrificio de un ciervo sagrado (producciones en las que ya se adivinaba una evolución en su estilo).
Por un lado, Pobres Criaturas no tiene nada de aquellas temáticas enfermizas y morbosas que se retrataban en Canino o Alps; sino que juega a un tipo de comedia que, aunque excéntrica y bizarra, tiene algo más de humana. Tal vez simplemente este cambio radique en una perspectiva más optimista; ya que en estas primeras y humildes películas se respiraba un fatalismo y una oscuridad que difieren de la mirada positiva de Pobres Criaturas. En esta película, Bella logra avanzar y sortear los diferentes ejemplos de mezquindad humana con los que se va topando, y termina con una evolución positiva para su personaje, que alcanza la madurez en todos los sentidos al final de la cinta. Por otro, aquel extrañamiento de la realidad desde la austeridad, la inexpresividad y la distancia ha dado paso a una película que sigue buscando una fuga de la realidad, en términos fantásticos o de género, desde un estilo barroco, expresionista y colorido, a partir de una artificialidad digital llevada hasta su máximo exponente.
El estilo de Pobres Criaturas pasa por una estilización extrema de la forma, que, en ocasiones, parece inclinarse más por el uso de sus recursos como sello estético que por el propio objetivo expresivo que tienen detrás. Por ejemplo, el uso de los grandes angulares, que ya se trabajaban en La Favorita, aparece de manera mucho más evidente y extrema, de forma que algunos planos tienen una composición completamente circular. Sin embargo, podría debatirse su uso narrativo o «práctico», más allá del puro recurso estético, ya que después de los primeros tres cuartos de hora la sensación es que, bajo toda esta estilización, solo hay vacío. Luego, por los movimientos de cámara de Pobres Criaturas (diametralmente opuestos al estatismo de sus primeras películas), el griego recuerda a ratos a Stanley Kubrick, tanto por sus largos travellings como por una forma particular de pasar de planos cerrados a abiertos (o viceversa) mediante zooms. Es especialmente reseñable el uso que se le da a la banda sonora, que suena como una caja de música desafinada, y termina de dar ese punto descoordinado y torpe a la película, en paralelo a la forma que tiene Bella de moverse al principio de la historia. Al menos de forma superficial, Pobres Criaturas está cerca de ciertos trabajos de Terry Gilliam (por su estilización colorista y naif en busca del alejamiento de la realidad) o el goticismo de Tim Burton, trayendo de vuelta un tipo de cine que parecía no tener cabida en el mercado mainstream actual. La principal diferencia, no obstante, radica en que, al contrario de la plasticidad de los autores nombrados, Pobres Criaturas trabaja desde las posibilidades de lo digital, llevándolo a extremos (visibles en el tratamiento del cielo, el mar o los “fondos” de las ciudades, muy alejados de lo realista) que despiertan una sensación de novedad. Tal vez se viera algo similar en ciertas partes de Beau is Afraid y, sobre todo Annette, aunque de forma menos enfocada.
Puede que lo más disfrutable de esta película sea lo desprejuiciada que es. Solo hace falta leer o escuchar la forma en que se habla de la trama de esta película en Internet, y ver cómo se pasa de puntillas por el miedo a decir algo que pueda sonar censurable, para darse cuenta de que es una película subversiva e incisiva en el mejor sentido de la palabra. En la historia de la película, que sigue la evolución del personaje de Bella en función de su descubrimiento del mundo y de sí misma, pasamos de ver como esta suerte de experimento-monstruo de Frankenstein, que comienza siendo una persona con (literalmente) el cerebro de un bebé, avanza hacia una transformación marcada por una profunda curiosidad por conocer la realidad que le rodea y guiada por una gran libido sexual. Tras esta etapa de autodescubrimiento, Bella terminará ejerciendo la prostitución como emancipación definitiva, estableciéndose así un paralelismo entre su progresivo acercamiento a las ideologías anarco-socialistas y el entendimiento de su cuerpo como su «propio medio de producción».
En definitiva, Pobres Criaturas son buenas noticias por muchas razones. Para el cine de autor de fantasía, no tan común en los últimos años, y un pleno en la introducción de nuevas narrativas en el cine mainstream; para aquellos que veían con malos ojos las posibilidades del digital frente a la plasticidad de la fantasía a la que estábamos más acostumbrados; y porque significa la consagración definitiva del dúo Lanthimos-Stone, que promete muchos buenos títulos futuros. Sin duda, una de las películas del año, muy a tener en cuenta.
Título original: Poor Things Duración: 141 min País: Irlanda Idioma: Inglés Dirección: Yorgos Lanthimos Guion: Tony McNamara (Novela de Alasdair Gray) Productores: Daniel Battsek, Ollie Madden Fotografía: Robbie Ryan Montaje: Yorgos Mavropsaridis Música: Jerskin Fendrix Intérpretes: Emma Stone, Willem Dafoe, Ramy Youssef, Mark Ruffalo, Vickie Pepperdine, Christopher Abbott.
Sinopsis: Bella Baxter es una joven revivida por el brillante y poco ortodoxo científico Dr. Godwin Baxter. Bajo la protección de Baxter, Bella está ansiosa por aprender. Hambrienta de la mundanidad que le falta, Bella se escapa con Duncan Wedderburn, un sofisticado y perverso abogado, en una aventura vertiginosa a través de los continentes. Libre de los prejuicios de su época, Bella se vuelve firme en su propósito de defender la igualdad y la liberación.

Para nada lo definiría como una oda al auto descubrimiento sexual femenino. Eso solo es un elemento más dentro de la gran trama que no solo tiene que ver con el desarrollo madurativo femenino sino con el masculino por igual. Es algo más universal.
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