Entrevista a Alba Cros y Nora Haddad

Este viernes llega a Filmin Alteritats, un retrato real, diverso y sobre todo positivo del movimiento lésbico en este país. Muy pocas veces se nos muestra en pantalla las vivencias reales de una persona o pareja de lesbianas de diferentes procedencias y condiciones. La cámara fija de Alba Cros y Nora Haddad nos lleva hasta los testimonios de una gran potencia de diferentes mujeres lesbianas que nos acompañaran a conocer la verdadera realidad caleidoscópica del colectivo a través de Manoly, una mujer trans; Mo, que se identifica como persona no binaria y apuesta por el cambio constante; Fatou Diagne, una modelo senegalesa asentada en Cataluña; o Kali, mujer india que ejerce como trabajadora sexual. Alteritats abre los ojos a una sociedad heterosexual que siempre ha invisibilizado las historias sobre el lesbianismo que se encuentra muchas veces en tu propio hogar. Las directoras pintan un verdadero fresco actual a través del relato de sus protagonistas, dando un matiz a cada una de sus realidades diferenciadoras, a su alteridad, a su concepción del mundo y, en definitiva, a su apuesta de vida.

Alteritats bien puede ser el complemento ideal para La amiga de mi amiga de Zayda Carmona; o viceversa. No solo porque Alba Cros, que actuaba en dicha película, codirija, junto a Nora Haddad —quien, hasta ahora, había formado parte de equipos de sonido— el documental; sino porque en el baile entre ficción y no ficción se puede revelar una mirada común, festiva y vitalista hacia el colectivo.

P: ¿Cómo fue ayer el estreno? Las redes estaban llenas de felicitaciones y también vimos una larga cola para entrar en la sala del CCCB. ¿Esperabais este recibimiento de la peli?

Alba Cros: En parte sí, en parte no. Fue muy apasionante, había muchísimo caliu porque venían muchas amistades. Fue todo como un gran aquelarre.

Nora Haddad: ¡Bueno, hubo sold out! Esperábamos que viniera mucha gente, pero no tanta. Fue maravillosa la energía que transmitieron durante el pase.

A. C.: La gente reía, aplaudía.

P.: ¿Cuál fue el criterio para elegir a las protagonistas?

A. C.: Fue un proceso muy laborioso… un año y medio haciendo entrevistas. Primero empezamos a rodar a nuestras amigas, porque nosotras somos lesbianas y queríamos hablar sobre la identidad lesbiana como tal. Teníamos claro el recorrido intergeneracional, porque, si somos algo, es gracias a todas las que han abierto el paso con anterioridad. No queríamos que fuese solo un documental de lesbianas o bolleras jóvenes; y, a partir de aquí, cruzamos varios intereses propios: yo soy de un pequeño pueblo de Lleida y me interesaba enfocarlo desde allí y a ella le interesaba el tema de la religión. Teníamos el interés feminista de hacerlo y había que ir una pantalla más allá. Comenzamos a hablar con gente fuimos viendo cómo iba tomando dimensión. Es entonces cuando percibimos hasta dónde podíamos llegar. Sinceramente, nosotras mismas no esperábamos tanto, debíamos superar el cómo se ha mostrado la identidad lesbiana en muchas ocasiones; queríamos ampliar hacia fuera sabiendo que esa forma era mucho mas infinita.

P.: Vuestra película es una amalgama de la diversidad, pero desde un punto de vista muy didáctico. ¿Ese era uno de vuestros objetivos?

N. H.: No queríamos que fuese un film muy teórico: queríamos que fuese un paso más hacia la pregunta «¿Qué es el lesbianismo?» y que todo el mundo pudiese entender la respuestas a las preguntas que les formulamos a las seis protagonistas. Tampoco queríamos hablar de narrativas pasadas; por ejemplo: no buscábamos que todas ellas nos explicaran cómo habían salido del armario o lo mal que lo habían pasado durante ese tránsito. Queríamos que nos explicaran el presente, el ahora mismo con sus propias palabras y de una forma muy llana, porque precisamente, la intención de este documental es llegar a todo el mundo posible, y evidentemente, al colectivo lésbico en toda su máxima amplitud. Creo que hubo una especie de magia cuando hablábamos con las seis protagonistas, ellas se expresan con muchísima naturalidad y, cuando estás allí con ellas, las entiendes.

P.: ¿Cómo planificasteis las entrevistas? ¿Cómo lograsteis que las protagonistas se abrieran con tanta sinceridad?

A. C.: El dispositivo era muy pequeño: Nora se encargaba del sonido, yo era cámara y directora de foto y había una persona de producción, Mariana, que nos acompañaba en los rodajes. Al ser un dispositivo tan pequeño, cuando hablamos con ellas, había como una especie de pacto de hacer un retrato conjunto, como de implicarnos también con ellas porque, al final, nosotras sabemos lo que es estar y salir del armario, porque cada una lo vive de una manera diferente. Queríamos hacerlo desde la manera más respetuosa posible, había como esta cosa de generar una confianza de “No venimos a robar nada, sino venimos a construir juntas un retrato” y, en este sentido, ellas se abrían mucho cuando decían que sí. En el casting hubo mucha gente que dijo que no quería salir y se respetaba, pero cuando decían que sí, se abrían muchísimo. Estuvimos conviviendo con ellas y, cuando explicaban su historias las entendíamos, porque muchas eran nuestras experiencias porque nosotras no es que seamos diferentes a ellas. Hubieron muchísimas conversaciones fuera de cámara que nos llevó a una relación personal con todas ellas, cuando Nora y yo ponemos la cámara quedaba esa verdad retratada.

P.: Vuestra película es positiva, indudablemente hay mucho camino que andar, pero es como si se comenzara a vislumbrar una pequeña luz muy al fondo.

N. H.: Sí que apostamos mucho porque fuera una película jovial, porque todo el cine documental que existe alrededor del colectivo, hasta ahora, siempre ha tenido la tendencia de entrar más en el dramatismo, en lo negativo, sobre un oscuro pasado y siempre desde una memoria negativa. Indudablemente hay un momento en el cual siempre lo pasas mal, pero pensamos que iríamos hacia lo contrario. La película debía de ser festiva, porque ellas también lo eran. Aunque Manoly estuviera hablando de cómo salió del armario por su madre, te lo explica de una manera que te diviertes con ella. En la película, se acaban creando unos referentes superpositivos para generaciones futuras desde Manoly, pasando por Mo y su opción binaria, acabando con las más veteranas que son un símbolo de la lucha por el lesbianismo separatista.

A. C.: Nora y yo habíamos pensado mucho hacia lo que queríamos explicar y hacia dónde queríamos llegar. Cuando llegábamos a ellas, nos demostraban que eran un pozo de sabiduría, que tenían mucho contenido y que, además, era un momento de mucha celebración y hacia allí era donde queríamos llevar el documental. El estreno fue muy bonito porque todas las amigas bolleras que vinieron nos comentaron que sabían que venían a ver un documental, pero que pensaban que sería de un tono más serio y, al final, lo recibieron como un abrazo. Todavía muchas nos escribían comentando que se habían sentido reconfortadas con las historias. El dolor ya lo conocemos, ya lo vivimos cada día, entonces para que recrearnos en este dolor, ya nos hace bastante mal. Entonces vamos a buscar en la luz y la posibilidad.

P.: Cuando veía a Dolors y Nuria, me venían imágenes de The Archivettes, y dejan patente que desde la positividad hay que continuar con la lucha. ¿Cómo es nuestro The Archivettes?

A. C.: Bueno, está allí, lo tenemos que hacer. Nos lo merecemos nosotras y ellas también porque al final es como el archivo de cada mujer y es el trabajo que hizo Gretel Ammann junto a Dolors Majoral, que han dejado un archivo gigante en La Casa de La Dona. Todo el trabajo que se está haciendo allí y de alguna manera también se está realizando un trabajo como el que se ve en The Archivettes, hay mucho archivo. Mostrar a Dolors y Nuria era como plasmar la militancia bollera que había aquí. Dolors ha trabajado mucho por la ciudad, por nosotras y por todo el colectivo. La Dolors Majoral es un monumento dentro del movimiento.

Deja un comentario