69 Seminci (II)

Tercera jornada de proyecciones en Valladolid, ya pasada la resaca de la montaña rusa que supuso el segundo día de esta 69 Seminci y anticipando la nueva semana que entra. Presentación de Rita, debut en el largometraje de Paz Vega, y Christmas Eve in Miller’ Point por la mañana, mientras que por la tarde era el turno de Stranger Eyes, primera película singapurense en competir en Sección Oficial de Venecia. Aunque quizá las presentaciones del día no estuvieron tanto en la principal sección del certamen, si Tyler Taormina lo permite, como en las secciones paralelas. En Punto de Encuentro se estrena una de las grandes sorpresas de la última edición de Cannes, la vietnamita Viet And Nam, que apunta a ser uno de los grandes títulos de esta edición, mientras que en Alquimias presentaba una de los grandes títulos españoles del año, The Human Hibernation. No obstante, este pasado domingo el plato gordo se lo lleva Tiempo de Historia, con el estreno nacional del nuevo documental de Ruth Beckermann, cineasta vienesa de propuestas siempre sugerentes, y La caja de resistencia, obra de archivo de la pareja de investigadores y cineastas andaluces Concha Barquero Artés y Alejandro Alvarado Jódar que rescata —y mezcla— la vida y obra de Fernando Ruiz Vergara, cineasta maldito cuyo único largometraje fue censurado en democracia.

Who cares (Alexe Poukine) — Tiempo de historia

Unos sanitarios discuten sobre como informar de la situación de un cáncer a un paciente. El paciente está justo detrás de ellos. Pero es un actor. Who cares es un documental sobre la dramatización de la práctica médica donde jóvenes sanitarios comienzan a enfrentarse al trato con pacientes.

Las fronteras y estructuras habituales entre médico-paciente quedan diluidas en favor de un espacio de diálogo. Las experiencias y emociones de actores y futuros sanitarios estructuran este ensayo sobre empatía, una empatía reflejada en el trato honesto hacia los desconocidos pacientes, en la comunicación de malas noticias y en la huida de los prejuicios automáticos. La cámara se introduce en la escena pero los personajes no actúan para ella, si no para los compañeros sanitarios. La directora explora unas dinámicas de simulación no solo de  carácter  formativo si no que se erigen como espacios liberadores. La crudeza de la cercanía constante al  dolor y la muerte, junto a la precariedad de una plantilla insuficiente con turnos y guardias interminables generan un caldo de cultivo que convierte el burnout en una contante de los oficios del cuidado, generando un gran factor de riesgo para el suicidio. Con un valor social y político de actualidad, Poukine logra hilar los testimonios en un relato que ahonda escalonadamente en las condiciones laborales y emocionales de los profesionales de la salud. María Valdizán Cuende.

Christmas Eve in Miller’s Point (Tyler Taormina) — Sección Oficial

Alegre la coincidencia este año en Seminci con el nombre de Carlson Lund. En Punto de Encuentro se proyectará su opera prima como director, Eephus, y, en Sección Oficial, tiene su última película como director de fotografía: Christmas Eve in Miller’s Point de Tyler Taormina.

Alegre también es el inicio de la cinta: las decoraciones navideñas se abstraen hasta quedar reducidos a formas de luz y color resaltados por el grano del celuloide. Esa pasión por la luz y el color es lo único que permanece en una cinta, por lo demás, fluida en su concepción del espacio, del tiempo, de los propios personajes e incluso de la estructura. La primera parte es una reunión familiar de Nochebuena, que sigue los patrones estereotípicos de la ocasión; mientras que, una vez terminada la comida, los más jóvenes se liberan de la casa familiar para salir a la aventura. Y ese en ese momento en el que la cinta, que había hecho esfuerzos para concretarse, se libera de sí misma, siguiendo el mismo camino que la luz y el color.

Esta es una gran historia coral, salvo lo de historia. Pieza sinfónica, donde los personajes habitan un mundo que ni empieza ni acaba, donde el montaje une hilos —ni siquiera tramas—, escenas momentos e instantes. A veces con más acierto, a veces con menos. Emily, bisagra entre el mundo infantil/juvenil y el adulto, esa quién termina asumiendo un papel más principal, aunque nunca protagonista. También bisagra entre la primera parte y la segunda. Conflictos familiares, rebeldías adolescentes, una peculiar pareja de policías, borracheras, árboles de navidad, regalos, relaciones maternofiliales. Todo es su propia representación pop, un simulacro de temas e iconos, que se comentan a sí mismos, que se autodestruyen hasta quedar en nada y, entonces, Tyler Taormina los reubica con extraña poesía.

Irremediablemente triste es, no obstante, el poso de la cinta: unos personajes abocados a cierta soledad, a una amargura existencial que navega toda la cinta. Como Eephus, parece estar contemplando los últimos momentos de un mundo, de un imaginario, de un paisaje… Quizá solo sea el ennui adolescente de Emily dejando de serlo. Quizá es que todos estemos muertos. Y no es una tristeza absoluta, sino más bien una tragicomedia abiertamente nostálgica. Quizá esa tristeza viene de que el mundo al que nos invita es pura imagen, nunca existió, ni existe ni existiría. Una suerte de fantasía pop que dura lo mismo que la película. Un sueño, una maqueta, una forma de luz y color. Jorge Sánchez.

Punter (Jason Adam Maselle) — Sección Oficial Internacional de Cortometrajes

Bajo el augurio de Spike Lee, el joven sudafricano retoma un drama familiar autoficcionado para crear una pequeña fábula (a)moral sobre la ludopatía y la paternidad. Un corto que se sabe corto y lo explota al máximo. Es decir, de todos los cortos del pase es el que mejor aprovecha su tiempo y sus recuerdos y, aunque también es el que más se siente como trabajo intermedio entre la escuela y el largometraje profesional. Con una escritura clásica impecable (de manual, en todos los sentidos) y una dirección de actores excelente, la película sigue los caminos de Diamantes en bruto en sus imágenes granuladas y movidas, montaje acelerado y la introducción de elementos (y actores) cómicos como medida de profundización en el drama. Recuerda, con menos humor y dureza contra las masculinidades, a alguno de los primeros cortos de Nacho Vigalondo. Veremos cómo progresa Jason Adam Maselle. Jorge Sánchez.

Baldilocks (Marthe Peters) — Sección Oficial Internacional de Cortometrajes

Baldilocks es un autorretrato de la identidad fragmentada de la directora, marcada por el dolor, el humor, la soledad y el juego. A través de imágenes de archivo familiar, Marthe Peters analiza su infancia para comprender su presente y una personalidad construida a base de contradicciones, fruto del enfrentamiento a la enfermedad. La jovencísima cineasta incluye imágenes actuales propias donde no se muestra a sí misma, a pesar de su continua presencia; degradados abstractos de color, su cuerpo fragmentado o los garabatos de una pintura amarilla se entrelazan con su voz en off para hablar de la Marthe actual. Baldilocks se adscribe en ese género de películas arteterapeúticas, donde la reflexión a partir de la autorrepresentación audiovisual forma parte de los procesos de duelo ante situaciones traumáticas que marcan a un individuo y su autoimagen. Un talento emergente a cuyo recorrido sin duda deberemos permanecer atentos. María Valdizán Cuende.

El cambio de rueda (Begoña Arostegui) — Sección Oficial Internacional de Cortometrajes

Artista del departamento de animación de la multipremiada Robot  Dreams y con Fernando Franco como mentor, productor y montador, Begoña Arostegui parte de un poema de Bertold Bretch de impacto adolescente para animar el sinsentido de la vida, el hastío existencial que conduce al absurdo. De referencias personales y, quizá, terapéuticas, la animación (en rotoscopia) se descubre como el vehículo ideal para mostrar plásticamente la soledad y la desconexión con el entorno, para explorar el pasado; en definitiva, para mostrar lo latente de cada persona. Aunque la narración del poema original termine siendo redundante y subrayando en exceso lo mostrado en imágenes. En última instancia, la conversión a historia del poema, con su consiguiente sensación de Metáfora Importante constante, no terminan de hacer justicia a un fantástico trabajo de animación. Jorge Sánchez.

On the way (Samir Karahoda) — Sección Oficial Internacional de Cortometrajes

Un padre y un hijo realizan un viaje por carretera en busca de un regalo enviado para el niño. El hijo del director participa como actor y coguionista en este cortometraje-anécdota biográfico que también se presenta como comentario sobre la industria cinematográfica. Karohada, que tuvo presencia en Cannes, Toronto y Sundance con su anterior cortometraje Displaced, comparte su experiencia como creador en un país con una doble moral hacia la cultura. Una cuidada fotografía —además de dirigir y escribir, Karahoda también firma la dirección de fotografía—, acompaña una road movie que se compone de un comentario sobre la guerra, una parada autorreferencial en el lugar de la imagen del poster del corto, y el verdadero destino del viaje: el regalo del hijo no es el móvil prometido al inicio de la cintasi no acompañar a su padre en la creación cinematográfica. Como manifestación de ello, la recogida del premio que recibió en Sundance, un premio que los políticos enarbolaron por colocar Kosovo en el mapa, pero cuya burocracia le impone unas tasas de aduanas para recibir aquello que le pertenece. María Valdizán Cuende.

An urban allegory (Alice Rohrwacher, JR) — Sección Oficial Internacional de Cortometrajes

Con el mito de Platón como referencia, en otra sensación de Metáfora Importante constante —lo reconoce desde el título—, el artista visual JR y Alice Rohrwacher colaboran en en un punto intermedio entre sus respectivos ámbitos. Esa mirada infantil hacia el arte y las historias —una mirada siempre despierta—, la misma mirada es escondía tras La Quimera o Le Pupille, se une con el trabajo fotográfico que, la gente del cine, ya vimos en Caras, Lugares de Agnes Varda y, ya puestos, con la presencia de Leos Carax como actor. Así, el equipo, patrocinado por Chanel —no deja de ser curioso repasar los medios de cada uno de estos cortos, porque todos tienen instituciones o personajes importantes a sus espaldas—, anima a mirar más allá. Como filosofía de vida. Más allá de la pantalla, más allá de lo que vemos por la calle, más allá de nuestras rutinas. Trabajo decididamente menor dentro de la obra de sus directores y actores; sin embargo, lo más sugerente de todo ello vuelve a ser ese amor genuino de Rohrwacher, que se siente tras los personajes e imágenes, que siempre ha traspasado la pantalla. Jorge Sánchez.

Stranger Eyes (Yeo Siew Hua) — Sección Oficial

Película extraña, dividida en tres partes por sus correspondientes fundidos a negro. Lo primero que vemos es un vídeo casera, una grabación de dos padres con su hija aún pequeña. Una voz fuera de cuadro anuncia la desaparición del bebé. Así comienza un melodrama sobre la paternidad y la incomunicación bajo la máscara de thriller sobre la mirada. Con una imagen digital limpia, enrarecida por un tratamiento de la luz aparentemente en bruto —¿por decisión propia?—, que recuerda lejanamente al Kim Ki-Duk del cambio de siglo, la película da vueltas a su argumento hasta confundirlo.

Stranger Eyes redunda en exceso en su discurso sobre la mirada como eje central de las relaciones interpersonales. Vuelve una y otra vez sobre lo mismo sin ofrecer matices ni contradicciones. Los puntos de vista cambian a voluntad de su creador para hacer avanzar el relato a duras penas. Las imágenes digitales chocan con el vídeo y las cámaras de videovigilancia, buscando ofrecer nuevas perspectivas sobre el misterio o sobre los personajes. Sin éxito. La sensación última es que las imágenes no importan más allá de lo contado, que el vórtice argumental es más bien una pirotecnia que tiene su correspondencia audiovisual. Y que en una película sobre lo latente de las imágenes, sobre aquello que resbala por los bordes y se esconde tras los píxeles la incapacidad para que sus imágenes dejen de ser patentes y que el montaje resuelva los huecos es un pecado mayor.

Con todo, la actualización del cuadro hopperiano al Singapur actual, con el melodrama del simulacro en su epicentro, hacen de la obra una obra a la que merece la pena acercarse, aunque ese interés dure poco. Jorge Sánchez.

Aparato de vuelo rasante (Solveig Norlund, 2002) — Memoria y utopías

La sociedad humana tal y como la conocemos está a punto de extinguirse, la población mundial ha descendido drásticamente y la mayoría de embarazos son ZOTES, bebés mutantes exterminados por el estado y las autoridades. 

Esta digitalización realizada por la Cinemateca Portuguesa rescata una de las pocas producciones portuguesas de ciencia-ficción, una obra de culto con un trabajo de guion que enriquece el cuento de James G. Ballard en el que se basa e interpretaciones estelares por parte de los protagonistas Margarida Marinho y Miguel Guilherme. Solveig Norlund trabaja con mimo todo el apartado artístico en una distopía acrónica localizada en un hotel semiabandonado con particulares ornamentos eróticos, que aluden a la urgencia reproductiva. El cine de autor y las convenciones de la ciencia ficción se dan la mano en una rara avis sobre la eugenesia en una sociedad que ni puede ni quiere traer hijos al mundo. Una situación que resuena bastante en una sociedad con una población envejecida y una precariedad juvenil que merma la natalidad.

Bajo una premisa y universo interesante, personajes con carácter, planos con tendencia expresionista y una crítica a los totalitarismos, Norlund no deja de lado el humor, dando como resultado una divertida y dramática historia distópica. María Valdizán Cuende.

The human hibernation (Anna Cornudella Castro) — Alquimias

Convendría entusiasmarse más de la cuenta con el debut de Anna Cornudella, The Human Hibernation. Presentada en la Berlinale y ahora estrenada en España en la sección Alquimias de la Seminci, la película tiene muchos de los ticks de gran parte del arte contemporáneo (donde lo extraordinario y lo obtuso tienden a confundirse con elementos que aportan profundidad intelectual), algunas herencias visuales de la escuela de cine propias de los alumnos «experimentales» y que no son difíciles de rastrear en el circuito de cortometrajes y???.

Anna Cornudella y su equipo logran algo difícil: durante 90 minutos, sus imágenes y sonidos son rotundamente fascinantes. Sin apenas diálogos (y, cuando los hay, son monólogos a plano fijo), la realizadora catalana nos traslada a un mundo de estricta ciencia ficción que se desarrolla lentamente desde los márgenes hasta el centro de la imagen: la humanidad se ha visto obligada a hibernar durante tres meses, quedando desplazada de la cúspide de la pirámide ecológica y desarrollándose como una criatura más. Así, un buen centenar de animales, plantas e insectos conviven en la pantalla con los pocos humanos y lo restante de sus infraestructuras. Poco a poco, cuando la desaparición de su hermano por un despertar prematuro, los atisbos de una civilización van fructificando y la muerte —tanto la aparente de Erin como esa larga noche a la que se ven abocados— se erige centro absoluto de lo social: creencias o vínculos afectivos son algunas de las esferas de otro orden social que explora Cornudella.

Y todo ello, aunque sumamente sugerente, no termina de explicar la fascinación absoluta que provocan sus imágenes. El mimo en cada encuadre, los tiempos cómicos, el trabajo de arte entre Tarkovski y la pintura barroca española, la precisión del sonido o el control sobre el montaje y los tiempos cinematográficos —ningún plano parece ser demasiado largo, ni demasiado corto— ayudan a desentrañar una parte de esa fascinación y, desde luego, a admirar el trabajo de Cornudella, quien ha firmado una de las películas españolas más insólitas y, por ello, a tener en cuenta en lo que llevamos de siglo. Solo queda esperar que, tras el debido tiempo de gestación, vuelva con un nuevo proyecto a nuestras pantallas. Mientras tanto, The Human Hibernation será nuestro refugio invernal. Jorge Sánchez.

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