Un deshollinador cuenta a un compañero suyo un sueño que tuvo sobre David Bowie; su compañero le responde que ayer tuvo el deseo de acostarse con su hombre. Sus mujeres no entienden nada. Ese es el planteamiento de Sex, una divertida comedia noruega para replantear la sexualidad y librarnos de corsés que nos impidan ser quienes somos. Primera parte de una trilogía que se distribuida en salas por Filmin y cuyas dos últimas entregas se presentarán en festivales a lo largo del 2025. De momento, Sex ya se encuentra en salas comerciales y próximamente llegará a la plataforma. Con el motivo de su estreno en Seminci, donde los actores protagonistas fueron premiados, hablamos vía Zoom con su director y guionista, Dag Johan Haugerud.
Pregunta: ¿Cómo es proponerse una escritura con solo dos personajes y que el resto se vean arrastrados por esos dos personajes?
Dag Johan Haugerud: Empezó con los actores. Porque quería hacer una película para estos dos actores. Escribí el guión para ellos que les pudiese parecer un desafío. Una vez que lo tenía claro, porque ya había trabajado con ellos, lo leen, les gusta, lo quieren hacer y es lógico que en ese momento quieren incorporarse otros personajes: las mujeres, los hijos y poco a poco añadiendo otras voces, porque esto es una gran discusión sobre la sexualidad. Entonces, por ejemplo es un papel pequeño, pero muy importante, como la profesora de canto y de la doctor. Poco a poco se van incorporando otras voces y otros puntos de vista.
P.: Se habla mucho de homosexualidad, pero no se hace mención a la bisexualidad, ¿cómo se camina esa fina línea?
D. J. H.: Es una conversación realmente sobre si existe la posibilidad de tener una sexualidad distinta sin que tengas que «etiquetarte» con una identidad sexual. entonces quería explorar si puedes ser heterosexual… O una persona sexual, mejor dicho, sin tener que decir «yo soy gay» o «yo soy bisexual». La comunidad gay, y con toda la razón, tiene que tener sitios seguros para salir del armario, pero, al mismo tiempo, queríamos una sexualidad que estuviera fuera de esa categorías. Y esa sexualidad es tan difícil definir, porque es difícil definir cualquier sexualidad, definir hacia quién nos sentimos atraídos y definir cómo nos vemos y cómo queremos ser. Y hay muchas demandas tanto desde el exterior como del interior, de nuestros sentimientos y necesidades. Era un conflicto que queríamos explorar: ¿se puede ser todo a la vez sin tener que definirse? Espero que le veas el sentido a lo que estoy diciendo (risas).
P.: Mi siguiente pregunta iba por ahí: ¿cómo lo íntimo y lo social toca lo político?
D. J. H.: Efectivamente es muy difícil porque cuando nos plantemos un dilema siempre es a través de categorías o de reglas, según el enfoque que le demos. Y si no lo hacemos nos entra cierta inseguridad… Porque no tenemos a un amigo o a alguien con quien compartir, así que quizá sí necesitamos esas categorías para entender al otro o a nosotros mismos. Pero no deja de ser un prejuicio, que puede ser un desafío para algunos, que también es algo que necesitamos. Al final se trata de conocernos mejor y diversificar la sociedad… y también entender qué es la homofobia, si es una amenaza contra la masculinidad, si es por miedo a la identidad… También es una película sobre la masculinidad, claro: ¿qué es lo que identificamos como masculino? ¿y qué podría ser la masculinidad?
P.: Los personajes no tienen nombre…
D. J. H.: Eso fue un desafío para los actores, porque te identificas mucho con tu nombre y la gente tiene unas expectativas sobre si el tipo de persona eres encaja o no con el nombre. Y lo único que sabes que los dos hombres son deshollinadores. Tampoco tienen nombres sus esposas, solo tienen el trabajo.
P.: Ya ha trabajado con estos actores, los planos son largos y con mucho peso del diálogo, ¿deja espacio para la improvisación de los intérpretes?
D. J. H.: No, en absoluto. No hubo nada de improvisación. Como escribí para estos dos actores, les mandé la primera versión del guión para que lo leyeran, para lo pensaran, que vieran si tenía sentido y que vieran si estaban cómodos en el papel. Hubo algún cambio por alguna línea de diálogo o por cómo se decía, que era una desafío interesante el pensar el por qué, pero a la hora de rodar ha sido todo guión.
P.: ¿Y cómo fue trabajar con ellos en rodaje?
D. J. H.: Ensayamos mucho. Bastante. Los tres alrededor de una mesa, hablando de todo y leyendo el guión. Para entender el guión lo mejor posible. Porque te crees que lo entiendo y no es así, no profundamente. Dedicamos mucho tiempo a hacer eso e incorporamos al resto de los actores en esas conversaciones sobre lo que se estaba hablando. Y en cuanto al rodaje, en los interiores, era todo muy tranquilo, muy calmado, mucho silencio y ahí podemos dedicar bastante tiempo. Donde hubo más problemas para seguir con esa quietud fue con los exteriores. Cuando estaban en el tejado me hubiera gustado dedicarle un poco más de tiempo, pero estaban cuestiones presupuestarias, las obras en el centro de la ciudad y el tiempo, claro. Pero siempre dando lugar al reposo para que haya pensamiento. Me habría gustado tener más tiempo, pero fue así. He de añadir que los actores no siempre entendían todo lo que estaba en el guión. Entonces, fue una gran prueba de confianza hacia él porque un actor para poder hacer su papel tiene que saber todo y entenderlo todo y buscar dentro de sí para expresarlo. Pero aquí no lo hicieron y jugaron. Confiando en el guión y estando abiertos y siendo honestos. A los actores no les gusta, pero es un poco como la vida real, que no entendemos todo y seguimos haciendo. Demandaba mucha confianza y confiaron mucho en mí.
P.: Tiene una fotografía con mucha luz y una planificación muy elaborada, ¿cómo trabajaste ese aspecto de la película con el director de fotografía?
D. J. H.: Fue un proceso meticuloso con el director de fotografía. De horas y horas para cada plano. El director lo que quería hacer es una película blanca, porque es en primavera, cuando empieza a salir la luz, las cosas empiezan a crecer a brotar y la vida vuelve. Está también la construcción. Es un barrio antiguo de Oslo, muy cerca del centro. Es un barrio bastante gris y oscuro, y está construyendo edificios de apartamentos que son más bien oscuros. Puedes experimentar esta película como una bastante oscura y compleja, aunque no creo que lo sea, pero era importante que viésemos que la luz alrededor. Era importante para nosotros que fuese una película casi blanca.
