Las mejores películas españolas de 2024

¿Cómo ha sido este 2024 para el cine español? Me atrevería a decir que parecido al 2023, aunque los protagonistas cambien y los temas varíen. Tampoco hay que vender la excepcionalidad todos los años; idea que tampoco niega que haya habido títulos extraordinarios y muy gratas sorpresas. Pero la realidad es que, como con las series, los títulos españoles se repiten en las listas de lo mejor del año.

Los datos estadísticos los dejamos para expertos mejor versados, pero es innegable que tres películas han dominado la taquilla —y sin contar las ya habituales comedias familiares de Santiago Segura, que vuelven a coronar las listas de recaudación—: La Infiltrada, Casa en llamas y El 47. Tres películas que tienen poco en común entre sí: dos cintas sobre héroes anónimos y una comedia negra sobre la disolución del modelo familiar burgués. Más difícil de calcular es el éxito en plataformas de La mesita del comedor gracias a la promoción que dio Stephen King, que convirtió a la cinta en must-see para los amantes del género.

En cambio la conversación crítica, si es que tal cosa existe, ha girado en torno a los nuevos estrenos de Pedro Almodóvar y Pilar Palomero o al carácter estelar de Segundo Premio, dejando para el postre comentarios sobre Marco, La Estrella Azul o Polvo Serán. Es más, en los dos últimos dos meses parece que las series españolas han ganado el pulso —Alauda Ruiz de Azúa, Rodrigo Sorogoyen y Diego San José & Elena Trapé mediante— al cine en cuanto a impacto en la conversación. Es cierto que 2024 ha sido un gran año para el cine español en festivales internacionales: León de Oro en Venecia para Pedro Almodóvar y Concha de Oro en San Sebastián para Albert Serra, Jonás Trueba «ganó» en la Quincena de Cineasta, mientras que la Queer Palm de la Semana de la Crítica de Cannes fue para Las novias del sur de Elena López Riera, Premio Especial del Jurado para Salve María en Locarno, el premio FIPRESCI para The Human Hibernation o el máximo galardón que Polvo Serán podría obtener al competir en la Sección Platforms del Festival de Toronto se obtuvo.

Y aún así hay grandes títulos que se siguen escapando: por ejemplo, las películas de animación siguen siendo una tarea pendiente. Buffalo Kids, por ejemplo, rindió en taquilla, pero, en cambio, Rock Bottom pasó muy desapercibida. Las nuevas películas de Rodrigo Cortés y Javier Rebollo —personalísimas y libérrimas, interesantes siempre; para bien o para mal— también han tenido una acogida difícil. Se recuperarán como cine de culto o por historiadores, igual que pasará con las películas de Celia Rico que este año estrenó sin mucho ruido Los pequeños amores. Y aún no hemos hablado de producciones pequeñas, como La Parra, Sueños y Pan o Cyborg Generation, tres cintas —y por escoger solo tres— que esconden un amplio debate y gran cine.

Aún es pronto para mirar atrás y hacer un repaso serio y rigurosos del 2024, pero como juego iniciático, de cara al 2025, vamos a repasar aquellas películas nacionales que más nos ha gustado compartir. Aunque sea solo con la esperanza de que en 2025 de que la lista tenga más bagaje.

Menciones honoríficas: Buffalo Kids, Calladita, Casa en llamas, El llanto, En la alcoba del sultán, Escape, La abadesa, La casa, La guitarra flamenca de Yerai Cortés, La mesita del comedor, La Parra, Las chicas de la estación, Los pequeños amores, Los últimos románticos, Mariposas Negras, Rock Bottom, Soy Nevenka, Sueños y Pan.


10. Marco (Jon Garaño & Aitor Arregi) & El 47 (Marcel Barrena)

Feliz coincidencia para abrir este listado: Eduard Fernández interpreta con todas las letras y convicción política a dos figuras históricas, Manolo Vital y Enric Marco. El primero fue uno de los emigrantes extremeños que fundaron el barrio de Torrebaró y que, en 1978, secuestró el autobús de la línea 47 de Barcelona, para la que trabajaba, para reivindicar la falta de asistencia municipal a la comunidad de vecinos. Una clásica historia de heroicidad vecinal que ha terminado por convertirse en uno de los grandes éxitos de taquilla del 2024.

El segundo, más reciente, es la historia de una mentira: su hacinamiento en el campo de concentración de Flössenburg. Mentira que se contó a sí mismo y al resto del mundo hasta convertirse en el presidente de una de las principales asociaciones de víctimas del Holocausto en España. Los Moriarty escogen una postura metacinematográfica, evidenciando las costuras del relato —una estructura dislocada, la claqueta inicial, los choques con documentos reales— para plantear los límites de la (pos)verdad y el poder de las ficciones para revelarla. En ese sentido, los abundantes primeros planos del rostro frontal de Enric Marco son fundamentales, pero más lo son sus contraplanos, pues ahí estamos todos. Su figura, fantasmagórica hasta el extremo, culmina en un magistral plano final.

BTEAM Pictures

9. Polvo Serán (Carlos Marqués-Marcet)

Promocionado como un musical sobre la eutanasia, la nueva película de Carlos Marqués-Marcet va más allá de ese sugerente descripción. Los números musicales de danza contemporánea irrumpen en la imagen realista y se coordinan con la teatralidad de Ángela Molina —que ya no sabe qué es actuación y qué es vida— para conformar una de las más estimulantes apuestas del audiovisual español. Y, pese a que las apariencias intimistas de su filmografía anterior pudiesen parecer ajenas a este tipo de obra, Polvo Serán solo es la radicalización de una semilla que siempre ha estado en ahí: la imagen —el arte— participando de la vida en una experiencia recíproca. Ahora, solo ha alcanzado niveles barrocos —el fantasma de Juan Valdés Leal asoma tras los créditos y en cada fotograma— y plásticos más hondos. Es el arte frente a la Muerte, la performatividad de la vida y la importancia del Otro en cada viaje realizado.

Elastica Films

8. Nina (Andrea Jaurrieta)

Uno de los rape & revenge más sugerentes de los últimos años —en una época en la que el subgénero está siendo revisitado con relativa frecuencia bajo las ópticas feministas— corre a cargo de Andrea Jaurrieta. La opera prima de la cineasta navarra es una contrapartida irregular al arquetipo de Lolita, exponiendo las consecuencias en la vida adulta. Las dudas, las inseguridades y los miedos que genera, la incapacidad de romper la escultura que Pigmalión esculpió durante su infancia.

Nina, ya una actriz éxito, regresa a su pueblo natal con una escopeta bajo el brazo para vengarse del escritor que le arruinó la vida en su preadolescencia. De afectos herederos del western —la sombra de Nicholas Ray y, sobre todo, su Johnny Guitar es alargada— y con un imperante, pero resbaladizo uso del rojo, la palabra (o su ausencia) adquiere una importancia capital: la necesidad de decir lo indecible, de expresarse, escuchar y ser escuchado; en definitiva, de purgarse.

BTEAM Pictures

7. La estrella azul (Javier Macipe)

El primero de los dos biopics musicales que han revolucionado el subgénero en España es un homenaje a la canción popular (latinoamericana y, en particular, argentina). En plena crisis existencial/creativa y con problemas de adicciones, Mauricio Aznar, cantante de Más Birras, emprende un viaje a Argentina para «reconectar» con su vocación. No exenta de cierto primitivismo y, por extensión, exoticismo colonial, La estrella azul es un canto al viaje artístico, al proceso, a los maestros y a los paisajes, a los acompañantes. Como en el cine de Isaki Lacuesta y Marco, fantasía, droga y realidad se funden hasta hacer presentes las huellas del relato, comentando el propio proceso de la película —en una escena final emparentada con El Sol del Futuro de Nanni Moretti—. Es en ese viaje donde se supera la muerte.

Wanda Visión

6. La habitación de al lado (Pedro Almodóvar)

Pedro Almodóvar continua la trayectoria de depuración y abstracción formal en el primer largometraje en inglés. Tilda Swinton y Julianne Moore interpretan a una periodista retirada y a un escritora amigas que el tiempo distanció y el cáncer terminal de la primera reunió.

Alejado de cualquier rastro de «españolidad», el director manchego se adentra en la imagen neoyorquina con alto grado de romanticismo: la herencia del cine de la ciudad —es difícil no pensar en ciertos pasajes de la filmografía de Woody Allen—, pero también del MoMA —las relaciones con la pintura norteamericana del siglo XX son sustanciales—, de las librerías y cafeterías de Manhattan o de las pasarelas de moda. Todo ello para relacionarse, en lo profundo, con Dublineses de James Joyce y, posteriormente, de John Huston. Con esa profunda melancolía optimista, La habitación de al lado puede ser la película más seria de Almodóvar, pero también la más lírica; y una de sus mejores obras hasta la fecha.

Warner Bros Pictures España

5. La virgen roja (Paula Ortiz)

La historia de Hildegart Rodríguez y su madre Aurora vuelve a las pantallas españolas tras la película de Fernando Fernán Gómez de la mano de Paula Ortiz. Aunque decepcionan la falta de brío visual —acostumbrados al poderío que suele desplegar la directora de La novia o Teresa— y ciertos lugares comunes, tanto estéticos como narrativos, el poder de su discurso no solo es innegable, sino que resuena con eco en la actualidad política y social. Los arquetipos de Frankenstein y Pigmalión se ven transformados en una profunda reflexión sobre los proyectos políticos utópicos —desde el marxismo hasta el fascismo, pasando por el neoliberalismo o el nacionalcatolicismo— y la violencia que necesitan ejercer para establecerse y mantenerse en control. Frente a eso, surge el deseo y la imperfección moral que conforman la base conceptual de las democracias. Por último, todo se reviste con imaginería religiosa para elevar la muerte de Hildergart a relato mítico.

Elastica Films

4. Salve María (Mar Coll)

Quizá la gran sorpresa de este top. El tercer largometraje de Mar Coll es otra cinta que también participa de cierta imaginería religiosa —ya desde el título y el póster— para subvertir el concepto de mujer establecido por la cultura judeocristiana. María es una escritora con un hijo recién nacido que se topa con una noticia que la sacude: una madre mató a sus dos hijos de 10 meses en la bañera, ¿por qué?

Giro oscuro a las películas sobre la maternidad, Salve María es un cuento gótico en la Barcelona actual, donde el piso de la protagonista se retuerce hasta oprimirla. La banda sonora de Zeltia Montes enaltece la alucinación y el éxtasis, mientras que una enorme Laura Weissmahr da cuerpo al martirio. Como ocurre en Nina, La habitación de al lado o en Los Destellos, es la necesidad de hablar, de comunicarse, de decir lo indecible para evitar la enfermedad y la muerte. La ausencia de la palabra en el centro de la puesta en escena.

Elastica Films

3. Segundo Premio (Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez)

Largometraje concebido como un álbum conceptual, lo más milagroso de esta película es su existencia: desde cambios de equipos creativos hasta tragedias familiares, la accidentada producción consiguió llegar no solo a buen puerto, sino a uno de los mejores: gran premiada del Festival de Málaga, selección para representar a España en los Oscar y una de las favoritas en los Goya 2025.

Segunda parte del díptico improvisado que ha revolucionado este año el biopic musical, esta es la historia del disco que casi separa a Los Planetas, o de su leyenda como reza el comienzo de la cinta. Fugas hacia la alucinación y la fantasía, múltiples puntos de vista que se contradicen (o no), pero que desde luego dudan y una estructura musical donde cada canción es un capítulo. Muchas de estas ideas estaban ya en los trabajos previos de Isaki Lacuesta sobre Camarón o François Augiéras, pero aquí adquieren una contundencia y accesibilidad mayores, más alejadas del videoarte o un cine más radical para habitar un espacio entre artes único.

BTEAM Pictures

2. Los destellos (Pilar Palomero)

Tras dos película ancladas en la cámara en mano y un estilo pseudo-documental, adapta el relato Un corazón demasiado grande de Eider Rodríguez el que ha sido el gran tema del cine español este año: los cuidados del Otro y la muerte digna. Palomero representa una tercera vía, diferente a la teatralidad barroca de Carlos Marqués-Marcet y al esteticismo pictórico de Almodóvar, la vía del naturalismo extremo, la de la luz. Ese es el gran tema de la cinta y su sustancia. Con uno de los mejores tratamientos de la luz que ha dado el cine español en los últimos años y una cámara empeñada en dar forma a las complejidades humanas, la directora de Las Niñas teje su mejor película hasta la fecha. No solo es la película que mejor desarrolla la cadena de cuidados como acto político —Isabel cuida a Ramón, en gran medida, porque sí, porque hay que hacerlo—, sino que, al alejarse del testimonio, adquiere una fuerza poética imparable.

Caramel Films

1. Volveréis (Jonás Trueba)

La comedia romántica del año es una película sobre la ruptura. Jonás Trueba firma junto con los dos actores principales Itsaso Arana y Vito Sanz el guion de una obra que desprende amor. Amor por el cine, por los procesos del cine, por la vida y, sobre todo, el amor que queda en una pareja que rompe pero está bien, que celebra los años juntos en vez de llorar la ruptura. Y es que Volveréis es eso, la historia de Ale y Alex, una pareja que va a organizar una fiesta de ruptura. Con los diálogos dubitativos, las citas literarias y el metacine por bandera, Jonás Trueba se plantea una película más juguetona en sus formas, rompiendo con cierta austeridad aparente que traslucía, como si la influencia de Itsaso Arana se hiciese más presente. Siendo plenamente consciente de sus problemas —su carácter burgués y privilegiado, su «pedantería», su aislamiento de la realidad—, los integran con humor y honestidad, evitando la ironía cínica; el resultado es una obra que se siente verdadera, donde la vida fluye, quizá falsamente, entre los resquicios del cine.

Elastica Films

Deja un comentario