Este último año hemos sido testigos del reencuentro del cine brasileño con su propio público. Tres títulos superaron la marca del millón y medio de espectadores y Ainda Estou Aqui, de Walter Salles, llegó a los tres millones en ocho semanas, superando a grandes superproducciones como Gladiator 2 y Wicked, y consolidándose como la película brasileña más taquillera desde la brusca interrupción que la pandemia impuso a una tendencia de crecimiento de la participación de la producción nacional en el mercado de exhibición brasileño. Gracias al restablecimiento de la Ley de Cuota de Pantalla en el año anterior, la participación del cine brasileño en el total de espectadores que fueron al cine en 2024 saltó del 3% a casi el 10%, el mejor resultado en esta década.
Encabezado por la película de Salles, el cine brasileño tuvo una fuerte presencia en las selecciones de los principales festivales internacionales, teniendo en Venecia su participación más expresiva. Los guionistas Murilo Hauser y Heitor Lorega fueron galardonados con Mejor Guion por Ainda Estou Aqui, el documental Apocalipse nos Trópicos de Petra Costa fue exhibido fuera de competición, y en la Giornate degli Autori, Manas de Marianna Brennand Fortes logró el premio máximo. El cortometraje Lapso, de Caroline Cavalcanti, recibió una mención especial del jurado de la juventud en la sección Generation y Juliana Rojas fue galardonada en la Berlinale con el premio a la mejor directora en la sección Encuentros por su largometraje Cidade, Campo. También estuvieron presentes los largometrajes Betânia, de Marcelo Botta, Dormir de Olhos Abertos, de Nele Wohlatz, y el cortometraje Quebrante, de Janaina Wagner.
En Cannes, Karim Aïnouz logró volver a la Sección Oficial con Motel Destino, trás la participación con Firebrand la edición anterior, acompañado por otras cinco producciones brasileñas en las muestras paralelas: A Queda do Céu de Eryk Rocha e Gabriela Carneiro da Cunha en la Quincena de los Realizadores, Amarela de André Hayato Saito en la Competición Oficial de Cortometrajes, la restauración de Bye Bye Brasil (1979) de Carlos Diegues en la sección de Cannes Classics, el cortometraje A Menina e o Pote de Valentina Homem y (mucha atención para este) el brillante largometraje de Marcelo Caetano, Baby, en la Semana de la Critica.
Finalmente, ha sido un año muy particular en el ámbito de la preservación con la recuperación de joyas olvidadas del cine brasileño y la participación en Venecia y Locarno de versiones restauradas de títulos como A Hora e a Vez de Augusto Matraga (1965) de Roberto Santos, Mulher de Verdade (1954) de Alberto Cavalcanti (disponible online hasta 10 de enero) y la deliciosa comedia queer Onda Nova (1983), revolucionaria hasta para la contemporaneidad, y la primera de un proyecto de restauración y reposición en cines de la filmografía de los realizadores de la Boca do Lixo paulistana, Ícaro Martins y José Antonio Garcia. Sin más dilación, aquí está nuestra selección de lo mejor de entre los 182 títulos brasileños que se han estrenado en salas brasileñas en 2024, algunos que prontamente deben llegar a España en 2025:
10.- El Desafío de Sofía (Lillah Halla)
De su estreno galardonada por el FIPRESCI a la mejor película de las secciones paralelas de Cannes, la ópera prima de Lillah Halla coleccionó galardones en festivales internacionales. Más que por la urgencia de su tema, que trata de la ilegalidad de los plenos derechos reproductivos de las mujeres brasileñas, El Desafio de Sofía impresiona por la osadía de su construcción narrativa, que transita y mezcla géneros cinematográficos tan dispares, desde el coming of age al horror psicológico, del feel good movie sobre equipos deportivos al road movie. Además, se destaca por la mirada celebrativa que pone en los cuerpos de esas mujeres y por subrayar la fuerza que existe en la construcción de un colectivo diverso a partir del afecto. 7 de febrero en cines españoles.
9.- A Batalha da Rua Maria Antonia (Vera Egito)
Cuando resurge esta idea nostálgica de que el cine ha muerto, nos referimos, en la gran mayoría de ocasiones, a nuestra propia ausencia de juventud, pero es cierto que es difícil encontrar películas, buenas o malas, que vibren con la fuerza que solo la juventud da. En gran parte por un modelo de A Batalha lo hace. No la convierte eso en una película «perfecta», pues es irregular en su narrativa, tiene ticks festivaleros que parece ir en contra del espíritu revulsivo —16mm, blanco y negro, la obsesión por el plano secuencia—y una apuesta formal que en varios momentos ahoga a la propia cinta. Pero sí en una película admirable. Más que su mensaje político inmediato —el panorama político brasileño antes, durante y después de Bolsonaro, pero también las relaciones entre paramilitares y el espectro conservador—, es el metafísico donde la ópera prima de Vera Egito coge fuerza: imperfecta y voluntariosa, participa de ese espíritu —quizá también nostálgico; y solo espíritu, pues no termina de configurarse en forma cinematográfica— que marcaron los cambios de la modernidad política y artística en los años 60.
8.- Sem Coração (Nara Normande, Tião)
Siguiendo el rastro de narrativas de una juventud llenas de energía y emociones a flor de piel que poblaron el cine brasileño este año, la ópera prima de la pareja de directores expande la narrativa del cortometraje homónimo de 2014 y motivada en el sentido de reconstituir en pantalla el sentimiento de existir en un sitio especifico en un determinado tiempo, la playa de Guaxuma en los años 90. Partiendo de las memorias de infancia de los realizadores y través de un guion caleidoscópico, compuesto por una serie de momentos efímeros, de las vivencias y descubrimientos de ese momento de salida de la infancia, Sem Coração teje un paisaje emocional nostálgico, un retrato colectivo de los dolores y las bellezas de ser quien se es en ese lugar y momento.
7.- Motel Destino (Karim Aïnouz)
Tras dar un giro tropical al género del melodrama en La vida invisible de Euridice Gusmão, el director cearense transporta el noir a las playas de su tierra natal con tintes de thriller erótico. Aïnouz logra construir esta atmósfera particular de forma magistral, con especial relevancia a la preciosa fotografía bañada en colores vivos y luces de neón de Hélène Louvart, en su tercera colaboración con el director. Apesar de alabada y destacada desde Cannes por la manera que articula el sexo y las relaciones de poder, queda al final una cierta insatisfacción por no romper la heteronormatividad del triángulo amoroso clásico, principalmente por el histórico queer del director. Aún si, las interpretaciones de Iago Xavier, Nataly Rocha y Fabio Assunção conforman un núcleo sólido y cautivante que, junto al destacado labor de puesta en escena de Aïnouz, mantiene al especator atento y atada a la silla del primer segundo hasta la última linea de los créditos finales.
6.- Crowrã: A Flor do Buriti (Renée Nader Messora, João Salaviza)
A medio caballo entre el documental y el sueño, el cine es, aquí, solo un soporte que cristaliza el imaginario del pueblo Krahô y la memoria de su trayectoria de décadas de resistencia a los intentos de aniquilación por parte del avance colonial brasileño sobre sus tierras. Messora y Salaviza unen imágenes documentales de la movilización cotidiana de los indígenas para sumarse a la gran movilización de los pueblos indígenas en oposición a la destrucción de las políticas de protección y apoyo por parte del Estado brasileño (perpetrada por el gobierno de Jair Bolsonaro en 2021) con escenificaciones de momentos y acontecimientos del pasado de aquel pueblo; y la película gana fuerza cuando se presenta más como un ritual performativo que desvela en película de 16 mm una historiografía al modo particular de los krahô, que cuando se reduce a un régimen de imágenes más vinculado al documental naturalista.
5.- Greice (Leonardo Mouramateus)
En su tercer largometraje, el director brasileño radicado en Lisboa crea un juego de ficciones y representaciones que desafía constantemente el espectador a descifrar su personaje titular. Greice se presenta como una joven brasileña estudiante de Bellas Artes en Lisboa. Investigada como responsable de la quema de un cuadro perteneciente a la colección de la universidad durante una fiesta, regresa a Brasil, enredando una compleja red de verdaderas mentiras y falsas verdades dondequiera que vaya. Con un guion sólido y una interpretación llena de vida de Amandyra, que se deleita sin trabas en las bufonadas amorales del personaje que interpreta, la película apunta a una alentadora posibilidad de renovación en el panorama cinematográfico brasileño.
4.- Malu (Pedro Freire)
Una de las grandes sorpresas del cine brasileño en 2024, la primera película de Pedro Freire se estrenó con una calurosa acogida en el gélido Festival de Sundance. Inspirado en la historia de los últimos años de la vida de la madre del director, la actriz Malu Rocha, el guion equilibra como pocos el drama familiar, la autoficción y el comentario político. Malu resulta también un tour de force de tres actrices – Yara de Novaes, Carol Duarte y Juliana Carnerio da Cunha —en su mejor forma, interpretando a tres generaciones de mujeres de una misma familia. Una película dura y cruda, al mismo tiempo sensible y emocionalmente poderosa, sin miedo a revelar sus contradicciones. Una joya muy especial en la filmografía brasileña.
3.- Ainda Estou Aqui (Walter Salles)
Resulta un poco injusto incluir esta película en una lista, porque este último trabajo de Salles —tras un parón de 12 años— reúne las cualidades del tipo de película que trasciende las clasificaciones. Ciertamente, que esto se debe a que el cineasta se ha concedido el lujo de reunir a su alrededor a lo mejor disponible en la industria cinematográfica brasileña para producir una obra de excelencia en todos sus aspectos. No obstante, en medio de todo ese aparato técnico, emerge una Fernanda Torres contenida, minimalista y que, por eso mismo, se impone en cada centímetro del fotograma con una interpretación dramática que, sin duda, define su carrera y la eleva a un nuevo escalón en la historia del cine brasileño. Aún Estoy Aquí es la candidata oficial de Brasil a los Oscar y a los Goya, y nunca hubo dudas de que era la elección más acertada para romper un paréntesis de décadas en los Oscar y el tabú de no haber tenido nunca un representante del país en la categoría de mejor película iberoamericana en la gala española. Es una prueba fehaciente de que cuando se invierten los recursos necesarios, especialmente en distribución, es posible que una película brasileña alcance y cautive a un gran público, incluso aunque se trate de un drama histórico-político de más de dos horas de duración. 21 de Febrero en cines españoles.
2.- Retrato de um Certo Oriente (Marcelo Gomes)
Es un hecho documentado que la diáspora libanesa en Brasil fue tan grande que hoy en día hay más descendientes en el país que en el propio Líbano. Adaptando la novela Relato de um Certo Oriente de Milton Hatoum, Marcelo Gomes invierte la lógica narrativa, apropiándose del carácter objetivo y documental de la imagen cinematográfica para crear un retrato del encuentro entre Oriente y Occidente: tres inmigrantes libaneses, que huyen de la guerra civil de 1949, emprenden un largo viaje al corazón de la selva amazónica en busca de un hogar, del amor y de su propia identidad. En este sentido, es muy particular la forma en que Gomes fusiona la trama del milenario antagonismo entre cristianos y musulmanes con una representación del occidente amazónico igualmente milenaria y ancestral, a través de los pueblos y comunidades ribereñas de la cuenca del Amazonas, del encuentro con sus conocimientos, creencias y culturas.
1.- A Paixão Segundo G.H. (Luiz Fernando Carvalho)
Es sin duda la película menos cinematográfica de esta lista y, por tanto, la primera. Es el resultado de la misión suicida del cineasta, ya acostumbrado a la labor de llevar a la pantalla lo que se oculta tras las palabras, al proponerse transponer al cine la obra literaria de Clarice Lispector (autora citada constantemente por Cate Blanchett a lo largo del último año), ampliamente considerada como inadaptable. Luiz Fernando lo hace desde un lugar de gran resonancia por el texto de Clarice, y en lugar de buscar dramatizarlo y traducirlo, reconoce su naturaleza intrínsecamente cinematográfica y dirige su adaptación simplemente a hacerlo concreto. Así, el texto literario se convierte en un texto fílmico que es un cuerpo, o más bien un rostro, una G.H. encarnada y fragmentada en la actriz Maria Fernanda Cândido. Al rechazar un enfoque dramático naturalista, Carvalho consigue el resultado opuesto: ser, más que representar, una obra fundada en la contradicción metafísica.

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