Uno de los debates más deslavazados del ámbito audiovisual es el referente al doblaje y el respeto a la interpretación. Se dice que es mejor consumir las obras en versión original, pues las interpretaciones se pierden. O parte de ellas. Es cierto. No vamos a discutirlo: el doblaje —una forma de actuación exclusivamente vocal— reescribe la parte sonora de la actuación, afectando incluso a la mezcla de sonido; y eso es innegable. También es innegable que cuando alguien signa, lo hace por medio expresivos puramente gestuales. Hasta ahí todos de acuerdo.
Por eso el remake de La familia Bélier, CODA, pone en jaque todos los prejuicios e incoherencias de la cinefilia. De repente, las actuaciones no verbales e incluso el respeto a las personas no-oyentes dejan de importar, pues, por encima de todo, estaba el orgullo cinéfilo. Cabe recordar que para hacer una traducción a otra lengua (inglés, español, alemán, japonés) se necesitan nuevos signos, es decir, nuevas actuaciones. Sí o sí; pues, como habíamos acordado, el lenguaje signado se hace por medios corporales. La materia de una imagen si queremos respetar las actuaciones y, sobre todo, la dignidad de las personas sordas tiene que cambiar.
En cambio la recepción se centró exclusivamente en su carácter de remake industrial. Que lo es. El orgullo cinéfilo estuvo por encima de la lucha social de una película denominada, no sin malicia, «crowd-pleaser» o «feel good movie». Sin quererlo, CODA radiografió como ningún otro producto cultural la importancia de los prestigios sociales, el prestigio social que tienen la maldad y el pisar al débil, la instrumentalización de las causas sociales por parte de las grandes empresas y agentes sociales de poder, las incoherencias identitarias en las que nos caemos y nos aferramos y un largo etcétera.
Saltamos al Festival de Málaga, donde Sorda —otro remake— es acogido con emoción y alegría. Premios para sus actores, elogios para su directora y guionista y el inicio de una larga trayectoria que culmina este fin de semana en los Premios Goya.
La ópera prima de Eva Libertad surge, como viene siendo tendencia en los últimos años, de un paradigma cultural donde los cortos son trampolines —una fase— para el largo hasta el punto que la adaptación directa es una tendencia a estudiar. También es un paradigma cultural e industrial que favorecen este tipo de historias y producciones. Ya tienen su propio grupo de haters. Pero y no hay que perder esto de vista: que haya ese caldo de cultivo no resta al hecho de que sean historias personales.
Libertad cuenta una historia de la podría ser su hermana, interpretada por su hermana. La historia de las dudas que puede despertar la maternidad en una mujer sorda. Lo hace desde un mundo propiamente oyente: la película no tiene banda sonora musical, pero tiene una rica composición sonora de carácter naturalista. Al eliminar la música, los sonidos seleccionados para oírse cogen mayor cuerpo y presencia. Así, el drama se hace más «puro», menos químico, más cercano. Pero, sobre todo, nos expone ante los privilegios de la mayoría de los espectadores.
La película, adicionalmente, está subtitulada para las partes signadas. Son decisiones comprensibles desde el punto de vista industrial y hasta social —al menos, los conflictos de su pareja oyente no se apoderan del drama central, como ocurre habitualmente con los agentes sociales que cuentan historias desde la culpa del privilegio o la condescendencia del profesor. Recordemos Barbie—, pero que nos hacen soñar por un futuro donde una película sobre personas sordas no esté filtrada por la mirada oyente.
Precisamente uno de los aciertos de Sorda es su capacidad para construir un mundo habitable para todos. Con esto no nos referimos a su carácter naturalista (luz natural, cámara en mano, ausencia de cortes, encuadres centrados en el sujeto), sino a su forma de configurarse como espacio seguro para las personas. No quita que haya violencia ni conflicto ni dudas ni discusiones ni reproches ni pasivo-agresividad. Todo eso está, pues tiene una forma narrativa más o menos convencional. Lo extraordinario está en la mirada de su directora. Esas reuniones que Ángela tiene con la asociaciones, donde puede ser ella misma sin tener que luchar, yo se trasladan a la filosofía de la cinta en sus mejores momentos. La película, por encima de su construcción narrativa y formal, irradia empatía. Eso es lo que convierte a este mundo ficticio en real y al espectador en uno más.
Para terminar un par de apuntes sobre dos elementos que me entusiasman.
En primer lugar, la escena del parto, por salirse del tono, rompe desde el naturalismo el propio realismo hasta alcanzar altos grados de expresión. La cantidad de personas en cuadro, la cercanía de la cámara, la luz artificial, el ritmo, la agresividad de los sonidos, los colores, los cortes abruptos. No encaja con el resto; parece que quiere salirse. Todo en esta escena se desmarca del resto de ambientes y transmite una gran violencia que reverberará a lo largo del metraje —cabe recordar que está en el minuto 30 de película y la hora restante se llena de violencia sugerida—. Quizá es una escena excesivamente obvia (de estas hay unas cuantas), pero no por ello menos real.
Después, la actriz, Miriam Garlo. Aguanta sobre sus hombros y sobre su expresividad corporal toda la película hasta el punto de ser ella toda la película. Sin ella, sin su rostro, sin su vulnerabilidad, sin su fortaleza, la película se caería. Sorda es una película de cuerpos, de manos y de rostros. Y Garlo los entrega en cada escena.
Parece ser que, después de todo, el naturalismo europeo aún tiene grietas por las que colarse y explorar las formas cinematográficas. Y, aunque quizá no nos exponga en nuestro privilegio tanto como CODA, siempre está bien recordar que la materia del cine es el cuerpo, no la palabra.
Título original: Sorda Duración: 99 min País: España Idioma: Español Dirección: Eva Libertad Guion: Eva Libertad Productores: Adolfo Blanco, Amalia Blanco, Gerard Marginedas, Nuria Muñoz, Miriam Porté Fotografía: Gina Ferrer Montaje: Marta Velasco Música: Aránzazu Calleja Intérpretes: Miriam Garlo, Álvaro Cervantes, Elena Irueta, Joaquín Notario
Sinopsis: Ángela, una mujer sorda, va a tener un bebé con Héctor, su pareja oyente. El embarazo hace aflorar sus miedos frente la maternidad y sobre cómo podrá comunicarse con su hija. La llegada de la niña genera una crisis en la pareja y lleva a Ángela a afrontar la crianza de su hija en un mundo que no está hecho para ella.
