Sitges 2021. Crónica #8

La octava jornada se inauguró con la proyección, en el marco de la Sección Panorama, de Hellbender de la Familia Adams. Realizada casi exclusivamente por esta familia tanto en papeles creativos (actuación, guión y dirección) como en técnicos (cámara, montaje, sonido y música), siguiendo un modelo de producción en el que llevan años trabajando (Halfway to Zen, The Deeper You Dig). Bajo estas condiciones, destaca por una buena realización que sin ser excepcional, resuelve de forma efectiva sus limitaciones y sabe jugar con su esencia independiente en la construcción del relato. La película presenta una historia de brujería donde una madre mantiene a su hija aislada del resto del mundo, abordando de esta forma la maduración frente a una dependencia emocional en la relación maternofilial obsesiva de las protagonistas.

Strawberry Mansion se trata de una propuesta que destaca a nivel visual. Con unos colores llamativos y saturados y el uso del plano fijo, recuerda a Wes Anderson en arte y fotografía, aunque sin esa obsesión por la simetría. El agente Preble es enviado a realizar una auditoria a una anciana artista, en la que hallará una vitalidad y esperanza que creía perdidas; un encuentro al que los dos protagonistas parecen estar destinados. Una crítica al capitalismo exacerbado y su incursión en nuestras vidas llevada al extremo, haciendo que la publicidad acceda a la máxima privacidad e intimidad e invadiendo hasta los sueños, que son tasados para recaudar impuestos. Una historia tierna y onírica donde tienen cabida los momentos de humor, aunque en menor medida que en la anterior obra de Kentucker Audley y Albert Birney, Sylvio, donde también se encontraba ese interés por cuestiones relacionadas con los medios de comunicación, las relaciones interpersonales y el uso de personajes animales.

Para continuar asistimos a uno de los platos fuertes del festival: Last Night in Soho de Edgar Wright. Eloise, una joven estudiante recién llegada a Londres se ve transportada a su época favorita, los sesenta. Así nos presenta un maravilloso thriller psicológico con dos protagonistas femeninas a la altura Thomasin McKenzie y Anya Taylor-Joy. Sin estar tan marcado el humor y ese montaje rápido característico del director, conserva, eso sí, ese estilo en relación con la importancia de la banda sonora, así como la agudeza de sus diálogos. La película destaca en vestuario y arte en conjunción con una cuidada y colorida fotografía que colabora en la construcción de los personajes y del suspense, al tiempo que homenajea al giallo. En un relato sobre los problemas de la romantización de tiempos pasados y la cosificación de la mujer, Edgar Wright demuestra una vez más su capacidad para adaptarse y brillar en cualquier género cinematográfico.

Para cerrar el día, el director Tim Felhbaum y el director de fotografía Markus Förderer introducían su última trabajo: Tides. Presentada como la única película de ciencia ficción pura de esta edición, la película resulta interesante en su premisa más que en su desarrollo, que se hace reiterativo: cuenta la historia del colapso ecológico de la Tierra y los intentos de repoblarla. Con una fotografía gris que retrata un eterno amanecer/atardecer y poca acción, se sostiene gracias a los actores, al diseño del nuevo mundo y a un guión solvente.

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