66 SEMINCI – Crónica #4

La cuarta jornada de la nueva edición de la 66 edición de la SEMINCI estuvo marcada por la entrega de las Espigas de Honor a los actores José Coronado y Mercedes Sampietro, al director de fotografía José Luis Alcaine y el director Álex De La Iglesia y la masterclass de este último.

La proyección de películas, sin embargo, no paraba a reconocimientos y a primera hora de la mañana tenía lugar la presentación Seis días corrientes de la directora catalana Neus Ballús. Aplicando una mentalidad de documental (no en vano la cinta surge del Máster Documental de Creación la Pompeu Fabra) a una forma puramente narrativa (se aleja de la cámara en mano para dar una mirada más dirigida y clara a base de planos fijos donde las simetrías juegan un papel importante), logra aprovechar las situaciones cómicas que el día a día de estos tres fontaneros (que se interpretan a si mismos fabulosamente, de no ser por los créditos seguiría pensando que son actores profesionales), si bien el humor está virado hacia la caricatura de Ibáñez (Pepe Gotera y Otilio, Trece Rue del Percebe). No obstante, sabe desarrollar la historia lo suficiente, y con el suficiente buen corazón como para profundizar más en esa imagen de la clase obrera, paleta y conservadora, para crear un relato diverso, acogedor y más cercano a la realidad, un relato de aprendizaje y contra los prejuicios, un relato humano.

Por otro lado, el esperado regreso del director palestino Hany Abu-Assad tras su incursión en el cine hollywoodiense con La montaña entre nosotros (2017) es un thriller político que busca poner a los daños colaterales en el epicentro. Quizá porque no busca mojarse mucho en materia política, al final termina siendo un relato de los desastres de la guerra, de cómo en ambos bandos se cometen amoralidades (intentando arreglar un mal con un mal) y aquellos que terminan pagando los platos rotos son siempre las personas de a pie. Al tiempo, realiza un alegato a favor de la emancipación de la mujer en el mundo árabe importante, pero no muy desarrollado. No obstante, más interesante resulta la construcción de la acción, haciendo uso de los contrarrelojes, dos tramas paralelas y un buen ritmo, y evitando los cortes cuando fuese posible. De esta forma, consigue ser un thriller bastante competente, si bien lo temático no es más que una excusa para el desarrollo de la acción.

Mientras tanto en la sección Punto de Encuentro, Borrando a Frank introducía a los espectadores españoles a su director, el húngaro Gábor Fabricius. Su opera prima busca reflexionar sobre la relación entre regímenes autoritarios y el arte, a través de la censura y de la locura, si bien, más allá de la espiral de enajenación que vive el protagonista, no tiene mayor desarrollo (y sí pivota sobre sí misma durante sus 103 minutos). Con influencia lejana de El Odio (Mathieu Kassovitz), la fotografía en blanco y negro oprime y niega la esperanza, mientras que los pocos cortes buscan «captar la realidad» sin intromisiones. Narrada con sabiduría y fluidez, es el excesivo foco sobre el protagonista aquello que provoca, sumándose al ya citado carácter reiterativo de la cinta, que la película tenga tramos confusos y que provoque el espectador se pierda.

Suele ser habitual que el arte y los artistas se muestren contrarios a la tecnología. Es una tendencia milenaria (Prometeo y el fuego, Frankenstein y la electricidad, 2001: Una odisea en el espacio y las IA, hasta el propio cine tardó varias décadas en ser considerado arte por su carácter de juego tecnológico. O el criticado uso del CGI y los cromas) que nace del miedo a lo desconocido, a aquello puede dejarnos dejar de ser. De esa tendencia ludita se aleja I’m your man, el nuevo largometraje de Maria Schrader que compite en Sección Oficial, y por eso es especialmente refrescante. La directora alemana embarra el debate mostrando el lado positivo de las IA y los algoritmos, al igual que el negativo, hasta crear un debate sobre qué significa ser humano. Todo ello sustentado por un germano-parlante (y terrorífico) Dan Stevens y una impresionante Maren Eggert que, con mucho humor y un poco de melodrama, dan vida a una de las películas que más desapercibida va a pasar en este nuevo curso cinematográfico.

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