Mali Twist

Ficha técnica:

Título original:

Mali Twist

Director: Robert Guédiguian

Duración: 125 min

País: Francia

Idioma: Francés

Intérpretes: Stéphane Bak,

Dioucounda Koma, Issaka

Sawadogo, Alicia Da Luz Gomes,

Bakary Diombera, Ahmed

Dramé

Caramel Films

Sinopsis: Ambientada en la Mali postcolonial de los años 60, cuando los jóvenes de Bamako bailan el rock’n’roll recién importado de Occidente y sueñan con una renovación política, ‘Mali Twist’ se centra en los personajes de Samba y Lara. Él es un joven socialista que se enamora de la enérgica Lara durante una de sus misiones en la selva. Para escapar de su matrimonio forzado, ella huye en secreto con él a la ciudad. Pero el esposo de Lara no lo permitirá y la Revolución pronto les acarreará dolorosas desilusiones mientras sueñan con un futuro juntos.

Crítica

La lengua de la revolución es el francés. Esa parece ser la conclusión a la que llega Mali Twist, la última película de Robert Guédiguian. El director francés nunca ha ocultado su compromiso político, tanto en la vida real como en sus películas. Con Mali Twist se traslada a 1960, a aquella Mali recién independizada donde las grandes aspiraciones socialistas parecían fructificar.

Quizá el mayor logro es la transmisión de la urgencia del tema, de lo inmediato de las ideas. Liderada por un magnífico Stéphane Bak, la película se despliega, jovial, como un cine comprometido con los ideales socialistas de su director. Es un cine ideológico, pero que tampoco niega la complejidad del tablero político. Ese precisamente en esos pliegues donde la cinta se mueve con mayor interés, en gran parte favorecida por la ingenuidad y la convicción del joven Samba. Esa ingenuidad tan idealista que hace que el baile sea sinónimo de liberación y de revolución y que la película sea tan contagiosa.

El gran problema, y a la vez uno de sus mayores atractivos, es la problemática colonial en la que se sumerge. La película lucha con mucha fuerza para mostrarse antiimperialista, pero termina pecando de colonialista. En Mali Twist, esa lucha antiimperialista se siente como una lucha anticapitalista, donde importa la crítica al sistema de explotación económico en detrimento de las identidades culturales. A pesar de que ambos conceptos suelen ir ligados, Guédiguian se empeña en separarlos para introducir su discurso socialista. Además, la cinta termina incurriendo en un colonialismo cultural muy profundo. Dejando de lado el ya de por sí controvertido hecho de que estamos ante una producción francesa, la visión de un director francés —hombre blanco cisthetero de clase media-alta— y protagonizada por un actor francés de ascendencia congoleña, tal y como se desarrolla la película, el cineasta termina adentrándose, con la inconsciencia de un idealista, en un debate tan engorroso como interesante. El twist, el socialismo, el francés, el feminismo… todos los elementos ideales a los que la juventud revolucionaria debe aspirar son occidentales. En las otras esquinas del triángulo político se encuentran la Federación del Comercio, que muy inteligentemente liga las antiguas aristocracias urbanas al fervor capitalismo y la cultura tradicional queda reflejada, a través de la aldea rural, como un vestigio del pasado que debe desaparecer y recalcando y caricaturizando mucho el carácter machista y retrógrado de esta cultura, dejando patente que son los occidentales el público objetivo de esta película.

A pesar de todo, la película se hace eco —conscientemente o no— del devenir histórico, de consecuencias de las colonizaciones y los posteriores procesos de descolonización y de las crisis de identidad cultural y sociales provocadas por la irrupción violenta, pero también por la dominación económica. El realizador La nieves del Kilimanjaro, por tanto, está tomando partido —conscientemente o no— de forma muy clara, e incluso simplista, en un debate complicado, donde coexisten varias verdades. Una valentía que, pese a los resultados, es de agradecer.

Porque, además, el twist aparece como una herramienta política, no como la expresión de un grupo social, dejando patente que Guédiguian vive por el limitante mantra «todo es política». Ni siquiera es un retrato de un tiempo y una geografía concretos; lo político absorbe todo el relato —y, a su vez, el relato absorbe la puesta en escena—, mientras que otros aspectos culturales quedan marginados o son inexistentes. En ese sentido, la incapacidad para profundizar y alcanzar las cotas donde se estudien las diferentes culturas en toda su complejidad no es nuevo y es propio de mucho del debate político-cultural; sin embargo, se sigue echando de menos la oportunidad perdida.

Mali Twist es un éxito en lo político y un fracaso en lo cultural. Es un éxito porque es comprometida, contagiosa, liviana, musical, compleja, refrescante…, pero un fracaso porque se adentra en unos terrenos tan interesantes como autodestructivos. Es en la búsqueda del equilibrio entre ambas partes donde encontramos lo mejor de la nueva película del incombustible Robert Guédiguian.

Caramel Films

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