Thor: Love and thunder

Ficha técnica:

Título original:

Thor: Love and thunder

Director: Taika Waititi

Duración: 119 min

País: Estados Unidos

Idioma: Inglés

Intérpretes: Chris

Hemsworth, Natalie

Portman, Christian Bale,

Tessa Thompson, Russell

Crowe, Taika Waititi, Chris

Pratt, Jaimie Alexander.

The Walt Disney Company

Sinopsis: El Dios del Trueno emprende un viaje que no se parece en nada a lo que se ha enfrentado hasta ahora: una búsqueda de la paz interior. Pero el retiro de Thor se ve interrumpido por un asesino galáctico conocido como Gorr el Carnicero de Dioses, que busca la extinción de los dioses.

Crítica:

En Thor: Love and Thunder coexisten dos películas. Una coexistencia hermética y contradictoria, donde los temas y las formas de cada parte no confluyen entre sí; una coexistencia que se salta la dictadura del relato necesaria para el desarrollo fructífero de un universo compartido; y una coexistencia pacífica, pero que impide agitar el cóctel explosivo que era Thor:Ragnarok.

En la primera, la que más potencial revolucionario esconde, Taika Waititi nos introduce en un aparato camp, donde, con la autoparodia por bandera, promete explosionar cualquier gravitas, enraizándolo con el propio discurso ateo que parece que se desarrollará a través de las temas de Gorr, de Zeus y de sendos Thors. Con el primero, El Carnicero de Dioses —interpretado por un magnífico Christian Bale, cuya interpretación se encuentra entre lo mejor que nos ha ofrecido la Fase 4—, se aborda un existencialismo trágico, donde el nihilismo autodestructivo es la última salida al abandono de los dioses, a la mentira de El Más Allá y al sinsentido del sufrimiento; es el punto de vista de un mortal. En cambio, con Zeus —un Russell Crowe que vuelve a demostrar la valía de su vena cómica— se adopta el mismo conflicto desde la visión de un dios, es decir, la visión de la existencia mortal como una pequeña gran broma. Es en el manejo de esta dialéctica donde Waititi (quién, además, se posiciona a favor de los dioses-superhéroes) demuestra la poca seriedad y la dejadez con las que aborda esta comedia superheroica. Un relato anti-trascendental que podría dinamitar los presupuestos estéticos más profundos que han marcado el devenir del arte en los últimos siglos a través del humor y la autoparodia, pero que, sin embargo, en su segunda mitad se traiciona a sí mismo para dar un último tercio memorable.

La segunda película es una película dramática, casi trágica, que se toma muy en serio a sí misma. Prueba de ello, son el emocionante clímax final y la secuencia en blanco y negro en el Planeta de las Sombras, donde la evocación al cine de Zack Snyder, cineasta maximalista que se ha esforzado por comprender a los superhéroes como nuevos dioses, es clara y termina con las mismas virtudes (esteticismo plástico excepcional) y defectos (lo vacuo y la pretenciosidad). En esta segunda parte, los personajes se dejan de sentir caricaturas de sí mismos y el (poco) humor se alcanza desde el contexto y no desde los propios personajes comportándose de forma chistosa. Es también en esta segunda parte cuando el arco de Jane Foster cobra una mayor relevancia y peso dramático y la película comienza a adentrarse en el terreno del amor redentor.

No deja de sorprender que los temas y las formas de las últimas tres películas de Marvel (Spiderman: No Way Home, Doctor Strange en el multiverso de la locura) aparezcan, y con un tratamiento mucho más maduro, inteligente y profundo, en Todo a la vez en todas partes. En la película de los Daniels encontramos un mejor tratamiento de la maternidad, de la vida ordinaria, del nihilismo y del amor redentor, pero también la revolución humorística antitrascendencia a la que Waititi no se atreve a apuntarse. En última instancia, el poso que deja Thor Love and Thunder es el de un desaprovechamiento de ideas, pese al acierto de no pocas. El arco de Jane, la referencia a Zack Snyder y la posibilidad del tratamiento de los superhéroes como nuevos dioses, la propuesta camp, el team-up con los Guardianes de la Galaxia o la innovación tecnológica son elementos secundarios en esta obra que podrían y merecían desarrollarse más. Quizá el caso más flagrante sea el uso de La poderosa Thor como una mera anécdota, como una nota al pie, como una pieza del puzzle más que hace evolucionar a Thor Odinson; una prueba más, pese a las posibilidades que se esbozan en la propia película, de que en Marvel Studios no parecen muy inclinados a apostar por un feminismo profundo, que vaya más allá de su versión pop, cuya única finalidad es la comercial.

Thor: Love and Thunder es una película tan imperfecta como disfrutable, tanto por la comedia de su primera parte (el humor físico, el running gag de Rompetormentas, el mejor homenaje a Meliès desde La invención de Hugo) como por la plasticidad de su segunda mitad. Si bien no cumple todas las promesas que hace, Taika Waititi entrega un popurrí entretenido, divertido y espectacular. Esperemos que no sea una representación del futuro del Universo Marvel.

The Walt Disney Company

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