Estrenada en el pasado Festival de Venecia en la sección Orizzonti, la segunda película en solitario de Laura Citarella —productora asociada a El Pampero Cine, empresa argentina que ha sacado adelante obras como La Flor o Historias Extraordinarias, ambas de Mariano Llinás; El estudiante de Santiago Mitre o el cine de Alejo Moguillansky, también montador de la cinta que nos ocupa— fue una de las sorpresas en el pasado Festival de San Sebastián, donde compitió en la sección Zabaltegi-Tabakalera. Sorpresa ratificada en los Festivales de Mar del Plata y D’A Film Festival, donde ganó, respectivamente, el Premio a Mejor Largometraje Latinoamericano y el Premio del Público.
Con sus cuatro horas largas de duración divididas en dos partes —o dos películas, depende del estreno—, Trenque Lauquen comienza con el mismo punto de partida que La Aventura de Antonioni: una mujer, Laura —magnífica y enigmática la interpretación de Laura Paredes—, ha desaparecido sin dejar de rastro. La buscan su marido y otro hombre que afirma que la conoce del trabajo, Ezekiel. Pronto, descubrimos que Laura buscaba a una mujer anónima a través de la relación epistolar que tuvo con un italiano. Ezekiel también se había enamorado de Laura. Laura, sin embargo, queda fascinada por una mujer que le pide unas flores amarillas. Y Trenque Lauquen, la ciudad de la Pampa argentina donde ocurre toda la película — y población natal de la directora—, solo tiene ojos y oídos por el misterioso ser aparecido en la laguna que da nombre al pueblo.
En Trenque Lauquen el misterio solo es abandonado por otro misterio aún mayor, un puzzle por el fantástico. Siempre sin respuestas, siempre hacia delante. Así, Citarella construye una película que es puro camino: termina porque tiene que terminar y empieza en el final. Las digresiones y un ritmo, interno y externo, evitan que el espectador pierda el interés, mientras que la duración ampara este relato líquido, que nunca camina en línea recta y, siempre que puede, toma cualquier desvío que prometa un enigma. El resultado final es una película profundamente literaria, tanto en su recreación del lugar de la palabra en la obra como en su aspiración de hibridación de tradiciones: por un lado, la novelesca, heredera de los grandes autores hispanoamericanos (Borges, García Márquez, Córtazar), y, por otro, la oral.
La cultura popular, sin embargo, ha desaparecido. Y mutado. Algunos de los autores citados, como la propia Laura Citarella y prácticamente cualquier defensor actual de la oralidad, han mantenido viva la llama de lo oral a través del apropiacionismo; intentando conjugar ese espíritu popular desde formas esencialmente antipopulares —lo que no quiere decir que sean obras inaccesibles, elitistas o pedantes, sino que surgen desde el individuo, un perfil bastante concreto, y no desde el anonimato social—, consiguen una hibridación estimulante. Trenque Lauquen no es distinta. La preeminencia de la experiencia estética, el discurso en torno al proceso de creación como parte viva de la obra o su propia estructura heredera de la novela moderna dan buena prueba de ello. Y son esos aspectos los que hacen de la segunda película de Citarella una obra tan especial, una rara avis en la producción cinematográfica mundial.
Pese a que los únicos amagos de similitud se encuentran en su propia productora, la cineasta evoca el mundo de su alrededor para otorgarle una pátina de personalidad. Su familia, sus amigos, ella misma, su ciudad, sus lugares, sus propios intereses… aparecen en la película y la conforman. Son ese universo y ese carácter familiar del proceso de producción lo que, en última instancia, permiten que la película adquiera la faceta líquida y mutable, que, por diferente que sean dos momentos, siempre se sienten propios. Esto se ve bien la división que hace la propia película en dos partes bien diferenciadas. Si en la primera es Ezekiel quien guía la narración (es la eterna pregunta), en la segunda es la propia Laura la que confiesa su desaparición (la respuesta que lleva a otras preguntas o la pregunta como respuesta) y relata lo que la llevó a tomar esa decisión, con la radio como excusa; algo que se traslada a las propias imágenes y las largas secuencias de búsqueda y diálogo dejan paso a una mayor importancia del montaje y de los propios personajes.
En última instancia, Trenque Lauquen es el testimonio de una forma de trabajar, de unas ideas estéticas compartidas por un grupo de personas concretas; y, como tal, finaliza porque, como decía el pintor, «los cuadros no se terminan, te abandonan». Esta vívida sensación de viveza es la que logra que la cinta trascienda la ficción y sea un lugar accesible, casi habitable, una experiencia estética de primer orden. Y una de las películas más reivindicables de este 2023.
Título original: Trenque Lauquen Duración: 260 min (128 + 132 min) País: Argentina Idioma: Español Dirección: Laura Citarella Guion: Laura Citarella, Laura Paredes Productores: Laura Citarella, Ezequiel Pierri, Agustin Mendilaharzu, Alejo Moguillansky, Mariano Millás, Ingrid Pokropek, Stefan Butzmühlen, Patrick Horn, Mikosch Horn Fotografía: Yarara Rodriguez, Agustin Mendilaharzu, Inés Duacastella Montaje: Miguel Zuviria, Alejo Moguillansky Música: Gabriel Chwojnik Intérpretes: Laura Paredes, Ezequiel Pierri, Rafael Spregelburd, Elisa Carricajo, Juliana Muras, Verónica Llinás, Cecilia Romero, Cecilia Rainero
Sinopsis: Una mujer desaparece. Dos hombres salen en su busca: ambos la aman. ¿Por qué se fue? Cada uno de ellos tiene su propia sospecha, y la oculta al otro que -misteriosamente- nunca llega a ser su rival. Ninguno tiene razón, pero, ¿alguien la tiene? Esa huida repentina se revela como el centro secreto de una serie de ficciones que el filme, sutilmente, se encarga de entretejer: el secreto del corazón de otra mujer, perdida también hace ya muchos años; el secreto de la vida de un pueblo de campo, sacudido por un acontecimiento sobrenatural que nadie parece percibir; el secreto de la llanura, que no deja de extenderse y devorarlo todo, como las sombras que inundan el mundo después del atardecer.

Un comentario en “Crítica ‘Trenque Lauquen’”