Crítica ‘A hundred flowers’

Puntuación: 4 de 5.

A hundred flowers es el primer largometraje como director de Genki Kawamura, productor de varios títulos de películas anime de los conocidos Makoto Shinkai y Mamoru Hosoda. Dada su trayectoria, es natural encontrarnos la sensación constante de estar ante un anime de imagen real. Retomando elementos formales del cine de animación japonés, su sensibilidad y dramatismo y un sentido de la temporalidad profundamente marcado recuerda a varias películas de romance y ciencia ficción de los directores mencionados, sustituyendo el habitual motivo romántico de dichos animes estudiantiles por una compleja relación materno-filial plagada de matices y emociones contradictorias, por un melodrama sobre la culpa, la memoria y la identidad.

Mientras Yuriko va perdiéndose en la ciudad y en su propia memoria. Su hijo Izumi se aferra a una herida abierta causada por el abandono. Entre escenas rodadas en plano secuencia e insertos que juegan con el tiempo del relato, acompañamos a hijo y madre en un viaje que rememora su relación y su vida. La delicadeza de los diálogos establece el tono melancólico, pero son los pequeños gestos y detalles los que verdaderamente retratan la enfermedad del ladrón de recuerdos. Conforme avanza la edad y el deterioro mental de Yuriko, sus ropas amarillas se van desaturando hasta teñirse de blanco. Las flores acompañan a los planos secuencia funcionando como motores de la memoria y detonando una culpa invisible no olvidada por Yuriko que germina de golpe junto a sus difusos recuerdos. Kawamura aborda el dolor de la pérdida y del abandono: ese momento tan difícil donde un hijo deja de reconocer a su madre y un viaje que, sin embargo, le ayuda a experimentar un proceso de reconexión.

El director nipón apela a su propia experiencia con su abuela, fallecida al término del proceso de escritura de la novela homónima que adapta esta cinta —en ese sentido, Mieko Harada es la actriz idónea para el papel de Yuriko, no solo por su amplio recorrido y trabajo con directores de la talla de Kurosawa que avalan un magnífico trabajo interpretativo, si no por su propia experiencia con su madre, de la cual ha traslado gestos y motivos que observó durante su enfermedad.—; no obstante, A hundred flowers se elabora como un ejercicio de montaje que evidencia el proceso y el interés de comprensión del propio director hacia la memoria, abordando la cotidianeidad de la enfermedad a través de su traducción a imágenes —mejores representantes que las palabras de aquellos procesos relacionados con la memoria y nuestra percepción de la misma. El protagonismo de los sentimientos transforma este ejercicio formal en un melodrama desgarrador caracterizado por ese tratamiento poético de la cotidianeidad y de lo social propio del cine japonés, donde a menudo confluyen sueño, recuerdos y realidad. Su tesis sobre la identidad habla no solo de la memoria, si no del olvido. Ambos elementos esenciales en la condición humana. Este idea se reitera en un desenlace con trazos de ciencia ficción —aunque abordando la actualidad y el futuro inmediato— que pretende ir más allá en su reflexión sobre los recuerdos y su participación en la construcción de la identidad, pero que, sin embargo, queda descolgado del resto de la narración.

No es de extrañar que este delicado y prometedor debut consiguiera que Kawamura se alzase con la Concha de Plata a Mejor Dirección en la 70ª edición del Festival de San Sebastián. Genki Kawamura construye un puzzle sobre la memoria y la identidad con una puesta en escena sencilla pero precisa, que resulta familiar y conocida, subrayando la omnipresencia de las enfermedades de la memoria en la sociedad actual, incluyendo todas las emociones y frustraciones que conlleva para sus acompañantes, de sobra conocidas por cualquier espectador. Con todo, es una película emotiva y formalmente interesante que puede mejorar en un segundo o tercer visionado pero que agota rápidamente su recorrido.

A hundred flowers es una delicada película bañada por los códigos de la animación japonesa y cuyo cariño en su realización se hace presente en todo su metraje. En dicha hibridación residen sus mayores virtudes, pero también es la responsable de que se genere una sensación demasiado familiar en su forma, limitando la huella del autor a su motivación personal: el impulso casi sanador y de compresión de su propia experiencia.


Título original: Hyakka (百花) Duración: 104 min País: Japón Idioma: Japonés Dirección: Genki Kawamura Guion: Genki Kawamura, Hirase Kentaro Productores: Taichi Itô, Kenji Yamada Fotografía: Keisuke Imamura Montaje: Sakura Seya Música: Shohei Amimori Intérpretes: Mieko Harada, Yuka Itaya, Misuzu Kanno, Yumi Kawai, Yukiya Kitamura, Masami Nagasawa, Masatoshi Nagase, Keishi Nagatsuka, Amane Okayama, Masaki Suda

Sinopsis: La mente de Yuriko comienza a deteriorarse rápidamente, ya que padece de demencia. Sin embargo, para su hijo Izumi, los recuerdos de su madre permanecen tan nítidos como cuando vivió la experiencia que los originó. El recuerdo de una vivencia lo persigue y atormenta especialmente: cuando pensó que ella había desaparecido.


Avalon

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