Crítica ‘El maestro que prometió el mar’

Puntuación: 3 de 5.

Patricia Font lleva a la gran pantalla, junto al guionista Albert Val, la historia real de Antoni Benaiges, un profesor originario de Tarragona que fue destinado a un pueblo de Burgos poco antes de la guerra civil española. De ideología republicana y métodos pedagógicos modernos, Benaiges fue asesinado por las milicias falangistas tras el golpe de estado del 36. El maestro que prometió el mar, basada en la novela de Francesc Escribano, previamente llevada al teatro, trata dos historias paralelas en dos momentos históricos diferentes. Por un lado tenemos a Ariadna, que, en el presente, visita la fosa común donde está enterrado su bisabuelo, y, por otro, tenemos la historia de Benaiges y su llegada a Bañuelos de Bureba, un pueblo tradicional y de profunda raigambre católica. La decisión de contar la historia desde estos dos puntos de vista funciona bien, pero cobra sentido en una película que representa una mirada al pasado desde el presente.  El maestro que prometió el mar se cuenta desde la posición de quién descubre el pasado con tristeza, hablando de lo que pudo ser y no fue, con la única satisfacción de estar sacando a la luz una historia que merecía conocerse y permanecía en silencio. 

Por encima de todo, El maestro que prometió el mar es una película emotiva, que sabe que teclas tocar para hacer vibrar al espectador. Es entrañable ver a este profesor entregado, idealista y cercano; así como la inspiración que suscita en los niños, y su ilusión por aprender y desarrollar diferentes actividades. En realidad, la película trata una experiencia más universal de lo que podría parecer en un primer momento, al contar la historia del desarrollo de una clase: de un profesor y sus alumnos. Evidentemente, fruto del contexto en que se desarrolla, esta desemboca en un final amargo que termina dando una razón de ser a la propia historia.

Hay una crítica lícita al ver la película, de aquellos que puedan ver esta emocionalidad tan evidente con ojos condescendientes o recelosos. En ocasiones, El maestro que prometió el mar guiña el ojo al espectador con demasiada complacencia y hace uso de unas herramientas demasiado obvias, lo que podría malinterpretarse como un ejercicio tramposo. Nada más lejos de la realidad, esta es una película honesta, en la que hay cierto sentido de justicia; en primer lugar por su carácter real, y en segundo por poder extrapolarse a otras historias. La película no relata un caso aislado, siendo varios los profesores republicanos de gran ímpetu político en revistas o periódicos, los que fueron fusilados tras el golpe de estado de 1936. Nos encontramos ante el tipo de película ideal para reivindicar aquellas que no deben mirarse desde el intelecto, si no desde la emoción, aquellas por las que hay que dejarse llevar. El maestro que prometió el mar cuenta una historia desde el lugar correcto, y sobre todo, de forma honesta.

Puede que el mayor punto fuerte de la película sea la elección de Enric Auquer en el papel de profesor. El actor está enorme, y logra transmitir con creces la ternura y energía del personaje. Casi parece estar hecho para el papel, ganándose completamente la simpatía del espectador. En el papel de Benaiges, Auqer tiene la ternura en la mirada de Roberto Benigni en La vida es bella, y la dulzura en una gestualidad que recuerda a Adrien Brody en Detachment (en una historia de mirada mucho más luminosa, corrompida por un final inevitable). Encarando hacia su final, la película trata de alejarse lo máximo posible de La lengua de las mariposas, de la que es imposible no acordarse. Font narra la desgracia desde un estilo seco, que logra ser violento con poco, sin llegar a ser morboso o exhibicionista. Font no elude nada, sin embargo, trabaja desde la contención formal. El dolor al ver al profesor torturado se construye desde lejos: ni siquiera le vemos la cara. El tiro no suena profundo ni grave, suena como un petardo rápido e indiferente. 

El maestro que prometió el mar se enmarca dentro de un cine con responsabilidad histórica y social, que se encarga de no dejar que estas historias caigan en el olvido. La película habla de las fosas comunes; de las abiertas y las que aún no lo están, del peligro del silencio y de la necesidad de conocer nuestro pasado: un grito por aquellos muertos que permanecen sin ser nombrados. Es triste, pero hay generaciones que están muriendo sin transmitir estas historias a la siguiente. Así mismo, El maestro que prometió el mar también habla de la herida de aquellos que no quieren hablar, por miedo o dolor, por vergüenza y culpa.

Título original: El maestro que prometió el mar Duración: 110 min País: España Idioma: Castellano Dirección: Patricia Font Guion: Albert Val Productores: Francesc Escribano, Laura Fernández Brites, Carlos Fernández, Tono Folguera, Toni Soler Fotografía: David Valldepérez Montaje: SN Música: Natasha Arizu del Valle Intérpretes: Enric Auquer, Laia Costa, Luisa Gavasa, Ramón Aguirre, Milo Taboada, Nicolás Calvo, Alba Guilera, David Climent, Laura Conejero, Gema Sala, Eduardo Ferrés, Genís Lama, Alicia Reyero, Alba Hermoso, Nicolás Calvo, Gael Aparicio.

Sinopsis: Ariadna (Laia Costa) descubre que su abuelo busca desde hace tiempo los restos de su padre, desaparecido en la Guerra Civil. Decidida a ayudarlo, viaja a Burgos, donde están exhumando una fosa común en la que podría estar enterrado. Durante su estancia allí, conocerá la historia de Antoni Benaiges (Enric Auquer), un joven maestro de Tarragona que antes de la guerra fue profesor de su abuelo. Mediante un innovador método pedagógico Antoni inspiró a sus alumnos y les hizo una promesa: llevarlos a ver el mar.


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