Asentado en Florida tras su paso por UCLA y otras universidades norteamericanas, Antonio Mendez Esparza nació en Madrid. Toda su carrera profesional, tanto la cinematográfica como la docente, la ha desarrollado en Estados Unidos. Hasta ahora. Encabezada por Malena Alterio como actriz protagonista y acompañado por colaboradores de lujo en sus mejores momentos —Clara Roquet al guión, Zeltia Montes en la banda sonora—, regresa a la capital española para adaptar una novela de Juan José Millás, Que nadie duerma. Una historia onírica y fantástica sobre una informática convertida en taxista que, a priori, choca con sus trabajos previos semidocumentales. Sobre eso y más, pudimos hablar con Antonio Méndez Esparza.
Entrevista realizada junto a Xavier Marín del programa La séptima calle de Radio Gava.
Pregunta: Vives en Estados Unidos y habías grabado allí. No sé si te habrás desplazado a España…
Antonio Méndez Esparza: No, no. Sigo viviendo allí. Doy clase, de hecho.
P.: En Florida, ¿no?
A. M. E.: En Florida, sí
P.: ¿Y qué tal los alumnos?
A. M. E.: La verdad es que es fabuloso estar cerca de la gente joven, compartir sus sueños, sus frustraciones… Tratar de guiarles; no guiarles, de compartir con ellos. Es muy bonito. Eso ha mantenido también una llama del cine muy viva y muy cambiante. Creo que me ha hecho un poco más realista, de alguna manera. Porque hay ciertas películas que de buena manera no acompaño mucho, pero muchas de ellas mis alumnos las adoran. Y hay que tener una mente más abierta para poder, ¿no? Y eso me ha hecho mucho más flexible.
P.: Recuerdo que hace años Alfonso Cuarón dijo «si eres alumno de cine, no pienses que el cine lo inventó Tarantino» y hablas con alumnos y muchos no conocen referentes antiguos; y sé de directores de cine que daban clase que lo han dejado porque están decepcionados, ¿cómo lo llevas?
A. M. E.: Claro, yo aún no estoy en ese campo. Además, creo que la labor universitaria, como los festivales de cine, va de transmitir esa pasión del cine. También hay que comprobar porqué hay ciertas cosas que no conectan y por qué algunos quizá sí. A veces lo que pasa es que te tienes que cuestionar es por qué te gusta tanto a ti, y por qué lo enseñas y por qué tiene tanto valor como tu piensas o no; entonces es estar muchas veces reconsiderando cosas y revaluando. Para mi es fantástico. Creo que me hecho mejor cineasta.
P.: ¿Cómo fue adaptar la novela de Juan José Millás? ¿Y trabajar con Clara Roquet?
A. M. E.: Como fue tal arrebato, no vimos la complicación por ningún lado. Nos encantó. Tiene un personaje principal fabuloso. Tiene una parte onírica compleja, pero, como decidimos incrustarla en el realismo y abandonar la imaginación literaria, nos dio mucha libertad. Luego, él fue extremadamente generoso en cuanto no nos dio ningún tipo de directriz; que hiciéramos lo que nos pareciera bien con su obra. No colaboró, pero nos dio total libertad. Y fue un proceso muy enriquecedor, porque los guiones anteriores eran más hojas de ruta, tenían una narrativa un poco más abierta y menos disciplinada y, en este caso, tuvimos que ser estructuralmente disciplinados. Había una parte de misterio enorme que teníamos desvelar, revelar, comprender, entender un análisis psicológico casi más profundo que en otras película; y, luego, es verdad que el final de la película era algo a lo que había que llegar. En mis películas anteriores, el final sucedería y en este no: había que llegar. Eso sí que cambió la dinámica mía de entender la historia, pero ha sido un proceso muy plano en el mejor de los sentidos, muy placentero
P.: ¿Y la ha visto Millás?
A. M. E.: No, no la ha visto aún. En el estreno.
P.: ¿Cómo fue el rodaje?
A. M. E.: Rodar es fabuloso. Tengo una historia muy divertida, porque es un poco mi historia con el cine. No [Jean-Luc] Godard, pero [Philippe] Garrel, dice que sus tres, cuatro primeras películas él pensaba que Godard no tenía guión y él las hizo así. Y luego se dio cuenta de que Godard tenía un pequeño guion y se sintió estafado. La leyenda me ha engañado. Nosotros teníamos un guion, pero para mi es fundamental capturar una parte de espontaneidad y realismo; la improvisación es el método que hasta ahora me ha dado grandes sorpresas y hallazgos y ese es el camino que todos abrazamos. Luego el cine está lleno de detalles, de mucho cambio, está muy vivo. Las películas que he hecho intento que estén muy vivas y eso se consigue estando extremadamente despierto en todos los sentidos y no aceptando si crees que están mal algunas preconsideraciones.
P.: El tono no viene de una buena planificación, como podría parecer a priori, sino de improvisaciones, como en la escena de la comisaría…
A. M. E.: Siempre he tenido vértigo a las escenas. La escena que sea. Va a sonreir la hija a su padre con amor; o, más evidente, va a llorar con sinceridad. Creo que un director siempre tiene cierto vértigo y yo ese vértigo se lo traslado mucho a los actores: qué va a pasar ahora, vamos a llegar a encontrar ese vislumbramiento de Lucía. Y es verdad que acojo mucho la sorpresa y la utilizo. La escena que comentas nos metimos en ese lugar y hasta el actor se bajó y entró en comisaría… Pudimos filmar una toma y no más (risas)
P.: A parte del Turandot, la música tiene mucha importancia…
A. M. E.: Es vedad que todo es una construcción por capas. En la novela, la música es fundamental, pero no la escuchas, solo lees lo que provoca al personaje. Y siempre Nessum Dorma. Pronto pensamos que eso no iba a funcionar en la película y que teníamos que crear una música contemporánea y clásica que diera fuerza a la película. Luego, poco a poco, fue surgiendo esta idea de una tragedia griega con un coro. Toda esa colaboración casi en rodaje, Zeltia [Montes] la abraza y crea un banda sonora que es espectacular, mágica, le da un tono a la película y la eleva a un lugar que no estaba antes. Es un trabajo riquísimo y tiene que ver con dar libertad. Yo no tengo ni idea de música, no tengo ni idea de eso, pero ese clima abstracto, como una esperanza de llegar a un lugar, Zeltia lo abrazó y ha quedado una banda sonora magistral.
P.: A la hora de documentarte, ¿buscaste información independiente de la novela, por ejemplo, del mundo del taxi?
A. M. E.: Les pedí a los productores una preproducción muy larga. Yo tenía una obsesión que es bajar la novela a ras de suelo y todas las decisiones están tomadas en ese sentido. Centrar la acción en un barrio madrileño, cerca del río, pero al otro lado de la M-30, elegimos Usera: porque era un barrio con una presencia china que podíamos jugar, que luego no jugaba tanto, pero también era un barrio de trabajadores, que ahora se ha convertido en un barrio más de inmigrantes. Nos permitía preguntarnos cuál era el lugar de Lucía en este mundo que cambia. Todo eso no está, pero era parte de la idea. Luego, fuimos eligiendo que lugares que estaban cerca; la escuela de música es una escuela de música de Usera. Con los taxis estuvimos dos meses entrevistando a taxistas; el abogado nos contó un poco la historia y la insertamos; la obra de teatro colaboramos con un escritor, José Troncoso, que creó la obra de teatro, que luego está un poco limitada. Tuvimos que cubrirnos de gente que a mi me diera la sensación que esto es real.
P.: En las anteriores películas siempre has retratado la realidad y en esta, aunque es ficción, tienes el mismo tipo de aproximación…
A. M. E.: Tuve muchas dudas de esa manera de trabajar, porque pensaba que iba a ser más complicada. No se si de alguna manera me iban a dejar, pero es la manera en la que yo entiendo el cine, entonces no pude abandonarla. Entonces tuve la enorme fortuna de que pudimos trabajar así y creo que a la película le da un contexto cierto, verdadero y realista.
P.: ¿No considerasteis llevar la película a un festival de cine fantástico, como Sitges?
A. M. E.: No. Valladolid como está [José Luis] Cienfuegos la abrazó muy bien y estuvimos muy a gusto. Tampoco miramos mucho más. Por la fecha de estreno, pero también nos vino bien.
P.: ¿Cuál es tu proximo proyecto? ¿En España o en Estados Unidos?
A. M. E.: Pues no lo sé. Ojalá sea un proyecto fantástico. Me encantaría rodar aquí, pero es difícil: mi familia está allí, mis hijos, me gusta dar clase. No sé, estoy en un momento, que llevo diez años, que estoy entre los dos sitios.
P.: ¿Cambia mucho rodar en España que en Estados Unidos?
A. M. E.: Aquí he rodado en una condiciones muy distintas, con un equipo muy profesional. Las otras con equipos muy pequeños, todo mucho más artesanal. Es cierto que no lo hemos perdido en esta, hemos tenido que ha entendido muy bien esa manera de entender el cine muy cuidadosa y muy exigente; muy exigente, por decir esto sí, ahora no. No se han rendido a la incertidumbre.
P.: Una de Marvel…
A. M. E.: Tengo una historia curiosa. Estaba yo en de jurado en Miami. Había un chico puertoriqueño supersimpático, supercool, fuerte como una roca, supertatuado, fantástico. Luego él hizo otra peli [Los reyes de Baltimore] que aquí creo que no se ha estrenado de moteros en Baltimore, estilo Fast and Furious con motos de cross pero realista e indie. Ese [Ángel Manuel Soto] ha sido el que ha hecho Blue Beetle. Pero bueno, está muy alejado. Y luego creo que esas películas tienes libertad. No sé ni como es. Yo que me dejen hacer más peliculas
