Crítica ‘Maestro’

Puntuación: 2 de 5.

La recién nacida estrella de Hollywood Bradley Cooper para empezar su última película recurrió a una cita de la propia personalidad que la película pretende retratar, conductor y compositor estadounidense Leonard Bernstein: «Una obra de arte no responde a preguntas, las provoca; y su significado esencial está en la tensión entre las respuestas contradictorias». El uso de tales palabras justo al principio suena como una advertencia al espectador, una promesa de desplazarle de su posición pasiva con una experiencia provocadora, emocionalmente compleja y singular; una promesa que no se cumple en los más de 120 minutos de película que siguen. Maestro fracasa terriblemente a la hora de dirigir las preguntas que provoca, desembocando en una obra de arte con poco que decir a través de las contradicciones huecas y las tensiones superficiales sobre las que se construye.

Abarcando los acontecimientos de la vida del músico desde 1943 hasta 1987, los coguionistas Josh Singer y Bradley Cooper dirigen la narración a través de la relación romántica entre Bernstein y su compañera de toda la vida, la actriz costarricense-chilena Felicia Montealegre (interpretada por la londinense Carey Mulligan). La importancia y el impacto de Felicia en la vida del supuesto protagonista son evidentes ya en el prólogo de la película, donde un Bernstein envejecido describe a un equipo de televisión cómo siente la presencia de su esposa observándole, incluso después de su muerte. En su primer acto, rodado en blanco y negro evocando los dramas del Hollywood clásico, encontramos las tensiones y contradicciones más logradas de la película. El joven Bernstein es lanzado rápidamente de un puesto de simple asistente al estrellato como conductor de la Filarmónica de Nueva York. Dividido entre dos pasiones, la música y los hombres (más precisamente en aquel momento en la piel del guapísimo clarinetista David Oppenheim de Matt Bomer), Bernstein elige una tercera pasión, una mujer, con la cual puede (aparentemente) no abrir mano de las otras dos. En un momento único en la película, este juego de fuerzas contradictorias que tensionan la persona del maestro es bellísimamente puesto en pantalla: la escena donde Bernstein y Felicia se juntan al homoerótico baile de los marineros de Fancy Free. Pasado ese primer acto, mientras adentramos el territorio en color del matrimonio de los Montealegre-Bernstein, el maestro desaparece poco a poco para dar paso al drama de una actriz. Sendero este sin retorno.

Lejos de plantearse como una narración sobre Leonard a través de los ojos de Felicia, la película se pierde en su discurso al no lograr reconocer su verdadero objeto de interés y el punto de vista desde el que se le observa. Para cuando se anuncia el destino de Montealegre en la segunda mitad de los años 1970, y de la película, ya es demasiado tarde para que la narrativa de Bernstein y la interpretación de Cooper recuperen gran parte del espacio que se le había concedido a ella. La interpretación de Carey Mulligan brilla entonces con luz propia, apoderándose de cada centímetro de la pantalla que le faltaba dominar anteriormente, pero, ¿cómo no iba a hacerlo? Bernstein abre camino y se deja convertirse en un accesorio de su propia biografía, así como Cooper cede el protagonismo como actor para convertirse en el punto de vista, que nunca se establece claramente como el de su personaje, sino más bien como una mirada externa, la de un director orgulloso de su virtuosismo que observa cómo se desarrolla ante su cámara el drama que ha edificado.

De hecho, como director, Cooper construye grandes escenas. Ancladas en las trayectorias emocionales de la música de Bernstein, las imágenes tienen un poderoso impacto en el espectador. Sin embargo, este impacto se desvanece rápidamente ante la falta de sustancia del drama. La sensación es que hay un profundo y genuino interés por reproducir fielmente la armazón superficial de Bernstein y su universo, pero una imposibilidad, o tal vez faltea interés, de sumergirse plenamente en él. Si las pasiones de Bernstein por la música y los hombres le convirtieron en un hombre único, en la narración de Maestro son tratadas como mero atrezzo, distracciones que le impidieron ser plenamente el marido y el padre que su mujer y sus hijos necesitaban. La atención se centra en las cosas que él pierde o de las que se desprende, el amor de su mujer y sus hijos, para poder vivir plenamente sus deseos. Así, los dados están viciados desde el principio, y no hay suficiente contradicción para elaborar unas tensiones, pues nunca llegan a establecerse realmente.


Título original: Maestro Duración: 129 min País: EEUU Idioma: Inglés Dirección: Bradley Cooper Guion: Bradley Cooper, Josh Singer Productores: Fred Berner, Bradley Cooper, Amy Durning, Kristie Macosko Krieger, Martin Scorsese, Steven Spielberg Fotografía: Matthew Libatique Montaje: Michelle Tesoro Música: Leonard Bernstein, Bradley Cooper, Yannick Nézet-Séguin Intérpretes: Bradley Cooper, Carey Mulligan, Matt Bomer, Maya Hawke, Sarah Silverman, Michael Urie, Brian Klugman, Gideon Glick, Miriam Shor.

Sinopsis: Biopic sobre el legendario Leonard Bernstein, compositor, pianista y director de orquesta estadounidense.


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