Entrevista al Colectivo Negu y Jone Laspiur

El colectivo Negu (conformado por Ekain Albite, Mikel Ibarguren, Adriá Roca y Nicolau Mallofré) presentó en la sección Punto de Encuentro de la 68ª edición del Seminci de Valladolid la película Negu Hurbilak, protagonizada por la ganadora del Goya a Mejor Actriz Revelación, Jone Laspiur, por Ane de David Pérez Sañudo. La película se desarrolla en 2011 y narra la historia de una joven vinculada a la izquierda abertzale que se esconde en un pueblo cercano a la frontera con Francia, esperando cruzarla, cuando ETA anuncia el cese de la actividad terrorista. Película de esperas y silencios, se desarrolla en el pueblo fronterizo de Zubieta (Navarra). Tras haber sido reconocida con una mención especial en el Festival de Locarno, Negu Hurbilak podrá disfrutarse en salas el próximo 2024.

Pregunta: ¿Cómo surgió la idea de la película? ¿Por qué quisisteis contarla? ¿Cómo disteis con ella?

Adriá Roca: En principio esto era un proyecto académico de final de grado, el TFG de nuestra universidad. En el cuarto año haces un cortometraje y te gradúas con eso. Entonces ya nos conocíamos unos cuantos de varios años estudiando juntos, habíamos hecho varios proyectos, luego conocimos a Mikel… Sí que es verdad que hacía bastante tiempo que queríamos rodar en el País Vasco. Eso era clarísimo; y la idea de tratar el tema del conflicto vasco y el cese de armas hacía años que nos rondaba por la cabeza. Fue un proceso muy gradual. Un día dijimos: «lo probamos, a ver qué pasa».

Ekain Albite: Veíamos también que había un territorio sin explorar en este tema de la huida. Por un lado, vimos que tanto el cine como la no ficción estaban cada vez más centrándose en contar este tema, pues durante años, a parte de expresiones puntuales, había habido un vacío a la hora de tratar este tema. Entonces nos pareció súper interesante poder contar eso que nos rodeaba: historias que habíamos escuchado que sabíamos que habían pasado, pero que desconocíamos en que contextos se daban. Entonces sí que notamos que existía un lugar para poder explorar, y un lugar para poder contar una historia, o algo que suponía un punto de partida para la película.

P.: ¿Y este punto de partida fue evolucionando desde la idea inicial hasta el resultado final? Contando que pasasteis por un laboratorio, ¿tuvisteis claro desde un principio cómo querías contar la historia y cómo queríais abordarla?

Mikel Ibarguren: Los laboratorios vinieron después de rodar, así que no llegaron a afectar demasiado al resultado final. Para concretar un poco, la película se ha rodado en dos partes con un margen de un año, con algunos retakes para retocar ciertas cosas que no salieron bien o con las que no quedamos tranquilos. Antes de rodar la segunda parte tuvimos un año entero para hacer los retakes, y para hacer un montaje bastante definido. O sea, la estructura de la peli ya estaba hecha, y solamente quedaban los retakes para la segunda parte, que consistían en pensar qué secuencias faltaban. Pero en este tiempo no hubo ningún cambio del tono, la atmósfera o del lenguaje.

E. A.: También ha sido un proceso en constante cambio. Es una película que sí que tenía una estructura escrita, pero no había un guion muy pactado ni cerrado en cuanto a diálogos o en cuanto acciones. Sí que había un marco escrito, dentro del que trabajábamos los ensayos que íbamos haciendo… A raíz también de lo que íbamos viendo que funcionaba. Creo que eso fue también muy interesante porque la película realmente se montó para saber qué era lo que le faltaba por rodar, como estaba comentando Miguel. Es un proceso súper interesante y que no se acostumbra a hacer, pero que a nosotros nos ayudó mucho, porque a la hora de rodar la segunda parte ya sabíamos cómo era la película, y ya sabíamos lo que queríamos. También es verdad que cada nueva vez que rodábamos se abría una nueva puerta (risas).

P.: ¿Cuáles fueron las partes que notasteis que os faltaban?

M. I.: El montador nos insistía con que hacía falta otro principio. Nosotros decíamos: qué querrá este tío… En plan, nos gustaba el principio que teníamos. Entonces se nos ocurrió una escena que podía ser un principio, que luego rodamos y nos dimos cuenta que en realidad era el intermedio que nos faltaba. También el tiempo va moldeando la película, y de repente te das cuenta que es inalcanzable y realmente terminas estando limitado por el año en que teníamos que terminar el proyecto, porque si no nos estirábamos demasiado. Pero eso, si tienes tiempo y recursos está muy guay hacer una segunda etapa de ese rodaje, porque tú no eres consciente de lo que estás haciendo mientras ruedas. Para la segunda parte entró otra productora, porque no había pasta y surgió la oportunidad de reflexionar sobre lo que estábamos haciendo y ver todas las puertas que se habían abierto con lo que teníamos para explotarlas en la segunda tanda de rodaje. También es verdad que estábamos limitados por el clima, ya que había que grabar en invierno sí o sí.

P.: En tu caso, Jone, ¿desde dónde abordaste el papel? ¿Cuál fue el trabajo previo al rodaje?

Jone Laspiur: El trabajo previo fueron los ensayos mismos, yo diría. Lo que pasa es que el personaje de Jone es Jone pero también podría ser cualquier otra persona, y yo creo que lo interesante es también un poco eso. Es una persona anónima, digamos. En ningún momento hacemos referencias muy individuales sobre ella, es un personaje muy universal. Y bueno, ellos sí que entrevistaron a varias personas que tuvieron vivencias parecidas. Y, a partir de estos relatos, se construyó el personaje. Pero sobre todo tiramos de los ensayos, y también de procesos un poco más intuitivos: estímulos que nos daban los lugares y las personas con las que trabajábamos. Sobre todo fue el pueblo y el trabajo previo que hicimos en él.

P.: ¿Cómo encontrasteis el pueblo? ¿Y porqué decidisteis que era el indicado para grabar?

A. R.: Queríamos rodar cerca de la frontera porque queríamos que el pueblo tuviera en sí mismo el tema del que habla la película. Entonces vimos que habían muchas opciones y fue un proceso de ir con el coche arriba y abajo, bajándonos, hablando con la gente… Pero siempre había una recomendación más…

M. I.: Y entonces apareció este pueblo, que tenía una cosa muy particular. Todos estos pueblos de la frontera que habíamos visitado estaban entrecruzados por la carretera nacional, y de repente nos topamos con un pueblo en el que tenías que cruzar un puente, separado por un río. Al ser todos los pueblos tan parecidos, un detalle tan pequeño como este nos llamó mucho la atención. Es decir, de repente hay un lugar que está fuera de este transcurso. Nos pareció que esta idea reflejaba bien la idea que teníamos de la película.

E. A.: Y, luego, también fue que, al llegar y ver el frontón en medio del pueblo y que todo el pueblo estaba construido alrededor, generaba una especie de teatro o de estadio o de circo… Aquel detalle, al menos para mí personalmente, fue clave para decir realmente me crea una inquietud. Había algo de la red popular: la plaza, el lugar de encuentro…

M. I.: Luego, para mí, personalmente, el pueblo tiene algo especial. Y es que, aún hoy, cuando vamos, tiene algo de atemporal. Es decir, vas a ese pueblo hoy, y no sabes qué año es: todos los trabajos que tienen, cómo se visten… No sé hay una energía que te hace sentir en una indeterminación temporal muy fuerte.

P.: ¿La gente del pueblo se animó a participar en la película sin reparos?

E. A.: Sí, bueno. Una vez teníamos el pueblo, conseguimos un contacto que nos presentó a la gente de allí. Y una vez nos abrieron las puertas de sus casas y nos enseñaron cuál era su forma de vivir: una forma de vivir tradicional. Una forma de vivir que existe en muy pocos lugares. El carnaval rural que se ve al final de la película, y no ha sido heredado por otros sitios, no es casualidad. Hay una voluntad de guardar, de que un tesoro se tiene que guardar de alguna manera. Con todas las consecuencias que ello implica: toda la relación que hay con la montaña, todos los trabajos… Y, sin embargo, no hay despoblación, es muy curioso. Ahora vas y hay como 50 niños. Hay algo que tiene que ver con la preservación que es muy importante. Y ese guardar tenía mucho que ver con la película.

M. I.: A la vez teníamos todas las papeletas para perder. Nos avisaron de que en ese pueblo era imposible rodar. Hemos tenido la suerte de que nos han permitido entrar y nos han permitido estar durante años haciendo un proceso. Si no, esta película sería otra película. Entonces estamos eternamente agradecidos por la propia experiencia que hemos vivido.

E. A.: La conclusión para mí es que fuimos a buscar un escenario bonito y nos acabamos encontrando con un pueblo que transformó la película y nos transformó a nosotros mismos. Nos hizo descubrir una forma de vida y de las tradiciones. También creo que la película tiene un componente filosófico en ese sentido. Y no nos lo esperábamos. Hubiera sido muy inútil de nuestra parte no adaptar la película a eso que nos estaban dando.

Begin Again

Un comentario en “Entrevista al Colectivo Negu y Jone Laspiur

Deja un comentario