A medio camino entre la telerrealidad y el rockumentary clásico, la primera incursión de Little Spain, productora hasta ahora sobresaliente en los formatos del videoclip y de la publicidad, en la industria del cine español ha sido un pequeño fenómeno: Esta ambición desmedida sigue a C. Tangana, quien no necesita presentación de nuestra parte, a lo largo de varios años, en sus momentos más apoteósicos y en los más vulnerables hasta lograr tanto un retrato humano como uno pasional. Con una producción compleja, un rodaje marcado por la fluidez de formatos y una labor de montaje titánica que ha desembocado en una película documenta y una serie de tres episodios, el documental mimetiza el espíritu del propio cantante. Hoy, hablamos con Cristina Trenas es co-directora y productora, junto a Rogelio González y Santos Bacana, —los tres son los fundadores de la productora—, del documental y algunas de sus claves, de las dificultades de sacarlo adelante, de Little Spain y su familia.
Pregunta: ¿Cómo llegas al proyecto de Esta ambición desmedida?
Cristina Trenas: Hace varios años que conozco a Pucho, a Santos y a Roge. Santos y yo vivíamos en Los Ángeles y nos venimos a España para conformar la productora Little Spain y es en ese momento cuando arrancamos con todas las piezas audiovisuales del disco El madrileño. Y digamos que, después, a raíz de estar trabajando en ese proceso, pasamos mucho tiempo trabajando con Pucho… De hecho, me remonto a cuando vivíamos en Los Ángeles, que nos fuimos a Cuba a grabar el proceso por el cual Pucho comenzaba a componer las canciones de El Madrileño, que se metió en el estudio con Eliades Ochoa, con Omara Portuondo. Estuvimos en Cuba documentando todo eso; y, en ese momento, lo que se quería hacer era muy diferente de lo que posteriormente se ha hecho. Se quería realizar algo más ficcionado, más narrativo. Nos fuimos a Cuba pensando en documentar todo el proceso de grabación de las canciones de El Madrileño y le vamos dando forma. Lo que pasa es que luego nos volvimos a España, nos metimos a hacer todos los videoclips y el proyecto se quedó un poco aparcado hasta que después lo retomamos y seguimos grabando a Pucho… pero esta vez de una forma diferente, siguiéndole en sus momentos íntimos para no reflejar tanto el proceso creativo del disco, sino reflejar al personaje y saber cómo es él. Más tarde, la tercera fase de grabación, por así decirlo, empezó en la gira y ya fue ahí donde nos metimos a grabar de lleno. Podemos decir que entramos en el proyecto sobre el 2020, antes de la pandemia y, desde entonces, ha ido evolucionando y ha ido tomando muchas formas, pero siempre ha tenido un solo sentido. Este proyecto, lo grabásemos Santos como yo como Róger —que es el orden con el que nos fuimos incorporando en el proyecto—, tenía sentido que lo hiciésemos nosotros, porque somos personas muy cercanas a Pucho y pasamos mucho tiempo con él, convivimos con él y trabajamos con él.
P.: ¿Cuál es la diferencia entre la película y la serie? ¿Lo habéis trabajado de una forma diferente?
C. T.: Siempre pensamos que la experiencia es diferente. Un par de ejemplos: en la película, no haya rótulos información sobre el personaje y en las serie sí, porque pensábamos que cuando estás en el cine te metes más en el viaje de perseguir a Pucho y no distraer al espectador intentando crear ese mapa mental de quien es quien. Pero la serie también es diferente, buscamos una experiencia más reposada, más capitular, posiblemente en la tercera parte has perdido el hilo, ves a alguien y posiblemente no recuerdas quien es. Pensamos que era más apropiado para la versión serie incluir los rótulos y para la versión de la película no. Además, hay más metraje y había la oportunidad de dar más espacio a personajes secundarios. También podíamos cerrar más tramas de una forma más intencional; por ejemplo, en la serie uno de los capítulos concluye con una llamada en la que se anuncia de que, para que la gira fuera rentable, Pucho tendría que estar de Tour por toda España por diferentes Festivales y con ese detalle podemos cerrar el capítulo de la serie arriba; mientras que en la peli, no hay el espacio para ello. En la serie, podemos incluir momentos muy vinculados al flamenco, como toda la parte de la Tana en Zaragoza. De hecho, toda la parte de Zaragoza es como una cápsula en sí misma, es súper bonita y que rompía de alguna forma el ritmo de la peli, pero que nos interesaba mucho tener en la serie. Por eso siempre hemos pensado desde el punto de vista de las dos experiencias diferentes como es sentarte en el cine 2 horas a ver una peli o estar en tu casa semana a semana viendo los episodios.
P.: ¿Cómo se divide el trabajo en Little Spain?
C. T.: Bueno, es algo que me encanta de nuestra productora, no están tan delimitadas las funciones del director, del productor, y, al final, todos hacemos un poco de todo. Nos gusta decir que que trabajamos como un ecosistema creativo, porque todos participamos de todo y todos nos ayudamos. Obviamente asumimos más peso en determinadas cosas. En este proyecto también estaba llevando la producción ejecutiva y por eso he tenido mucho peso en toda esa parte, pero sí que trabajamos de forma muy colaborativa. No sé si es porque empezamos siendo amigos. O porque seguimos siendo amigos; pero no existen los roles delimitados y por eso no podemos marcar donde empieza el trabajo de uno y donde acaba el trabajo del otro.
P.: ¿En qué momento os disteis cuenta que este material era diferente, que vuestra película y serie documental, tenía un camino muy particular?
C. T.: Pues yo creo que siempre, a mí por lo menos, me parece fascinante el personaje de Pucho. Es fascinante su proceso creativo y su forma de trabajar, cómo se rodea. He realizado videoclips durante muchos años y he trabajado con muchísimos artistas y creo que hay algo muy particular en él, en su forma de crear, en su forma de trabajar. Quizás sea es porque es al que más he visto de cerca, por eso siempre he pensado que ahí había un personaje interesante y que no solo iba a ser algo para los fans, sino que se podía hacer algo más allá porque, al final, habla de cosas que creo que te interesan, seas fan o no.
P.: Yo mismo no soy fan de C. Tangana, pero me gusta cómo habéis desnudado a la persona y al personaje delante de la cámara. Se han captado esos momentos de sinceridad de un artista, que muy pocas veces se ven reflejados en imágenes.
C. T.: Bueno, también se debe a la generosidad que él ha tenido y que, además, nos ha permitido: nunca nos ha puesto ninguna línea roja. Hemos estado siempre que hemos considerado que merecía la pena estar, después, en la sala de vídeo hemos tenido libertad para realizar lo que queríamos. Nos interesaba también mostrar esa vulnerabilidad, eso que no se ve, porque cuando ves a una persona de éxito en documentales, rara vez tienes la oportunidad de ver todo lo que hay detrás, todo el sacrificio, todo el trabajo, las disputas, los momentos difíciles… Es complicado porque tiene un coste muy elevado, pero nos interesaba enseñar eso.
P.: La grandeza del documental reside en captar la personalidad de Pucho, su fragilidad, su inestabilidad, su locura.
C. T.: También él está sometido a una presión y yo lo admiro muchísimo.
P.: Hay reflexiones sobre un trabajador de la industria musical que, por llevar a cabo un sueño de una experiencia musical, acaba embarcado en una gira por toda España…
C. T.: Claro, porque ahí es donde vemos el precio que debe pagar Pucho por llevar a cabo su sueño. Lo vemos reflexionar diciendo “Mira, yo quería hacer este show, para llevar esta creatividad hasta el extremo y para que sea viable este es el precio a pagar”.
P.: Durante muchos momentos vemos a C. Tangana en pleno proceso creativo, como en el documental The Beatles: Get Back de Peter Jackson de los Beatles…
C. T.: Ojalá hubieran más momentos como estos porque Pucho en el estudio es interesantísimo en esa fase creativa. Siempre, en las reuniones, ponía el ejemplo del documental de The Beatles donde vivimos esas fases del proceso creativo de un artista y, en Esta Ambición Desmedida también lo contiene. Pero creo que, para mí, no se ve lo suficiente, porque dejamos momentos muy interesantes como fue el montaje monumental del primer show, que fue un trabajo titánico. También tengo que decir que mucha gente, muchos de los implicados en la gira no ven su trabajo reflejado en el documental porque es muy difícil. Aquello ha sido muy grande, de mucha envergadura, muy complejo, de muchísimos meses, de infinidad de llamadas, reuniones, quebraderos de cabeza, y es muy difícil de reflejar de forma visual en un proyecto como este, pero sí que ha habido un trabajo espectacular detrás, es difícil y complejo hacerles justicia a todos .
P.: ¿Cómo se consigue la continuidad de la película y que la línea argumental vaya discurriendo tan fluidamente, habiendo grabado material durante más de cuatro años?
C. T.: Bueno, eso ha sido principalmente un trabajo de la sala de montaje. Tanto Roge como Santos como yo hemos metido muchísimo tiempo y realmente hemos encontrado ese punto de equilibrio. Hemos grabado durante mucho tiempo y en muchas ocasiones de forma improvisada y en muchos formatos: se ha grabado en 16 mm, con [cámaras ARRI] Amira, tenemos el material de las modycams de los conciertos, de la realización del show, material de móvil, material de handycam… En la sala de edit ha habido un trabajo importante por encontrar una coherencia, de que no hubieran cosas que sucedieran de forma gratuita; no meterte algo en 16 mm porque sí, sino que se estableciera un lenguaje que tuviera sentido. Ha sido mucho trabajo, creo que el color, la textura, también ha ayudado. Las normas, por así decirlo, las hemos ido desarrollando con el tiempo: en 16 mm grabamos lo que nosotros llamamos los momentos oníricos, que son como momentos más poéticos que los momentos de más adrenalina de ir siguiendo lo que está pasando, con la steadycam o los momentos más de reflexión, como ese momento de llevarse al niño de Elche a un campo de cardos y que se ponga a divagar, o irte a casa de Yeray y grabar como se arregla las uñas con el pegamento, que se salen un poco… Estas cápsulas que se salen un poco de la trama más «reality», por así llamarlo, las rodamos en 16 mm. Con las Amiras rodábamos las entrevistas, los momentos de seguimiento de personaje durante los conciertos en el backstage, las conversaciones como todo lo que era como más preparado. Después, siempre teníamos a mano de una handycam. Los móviles se utilizaban para los momentos más íntimos… incluso la pareja de Pucho ha grabado con el móvil, eran esos momentos donde lo importante no es la calidad de la imagen, sino el acceso y el estar ahí grabándolo. Pero, en todo estos formatos, se ha buscado un color que uniera toda la película y ese ha sido un trabajo que Roger y Santos podrían hablar mejor de esto, pero, en definitiva, se ha buscado encontrar una forma de que todos los formatos pudieran convivir y fueran muy orgánicos para pasar de uno a otro.
P.: ¿Gran fotografía de Diego Trenas?
C. T.: Sí, superbien. (risas) Le llamamos «El Soldado», porque siempre estaba dispuesto a empuñar su cámara e ir allí donde hacía falta. Por ejemplo, en la gira de Latinoamérica fue solo con la [cámara Arriflex] SR3, con la Amira, con todo el material de cámara, él solo sin ayuda y sin auxiliar. Siempre está por la labor, tiene una energía increíble y además tiene muy buen gusto. La verdad es que Diego ha sido esencial para este proyecto.
P.: Os viene de familia, vuestro padre es Historia del cine español, el director de fotografía Tote Trenas…
C. T.: Desde siempre en mi casa se ha vivido a través del cine. Tengo que decir que a mi padre le hubiera encantado que yo fuera directora de fotografía. Me interesó durante un tiempo, pero luego fui evolucionando hacia otro rol en la industria del cine. Y luego ya llegó el momento en el que Diego le tomó el relevo. La verdad es que a mi me encanta trabajar con Diego. Te aseguro que una de las cosas por las que me gusta haber vuelto a España desde Los Ángeles, es poder trabajar con mi hermano. Trabajamos muy bien y es un placer porque Diego siempre está siempre a favor de obra y hace todo que parezca muy fácil. En este documental ha habido muchísima improvisación, se planificaba siempre de hoy para mañana, había que grabar todo eso y ha sido muy duro y muchas horas de trabajo. No siempre teníamos claro lo que íbamos a rodar y cómo lo íbamos a rodar. Por eso hacía falta un grado de predisposición y de flexibilidad muy grande y Diego nos ha ayudado mucho porque siempre estaba ahí con nosotros para lo que fuese.
P.: ¿En algún momento pensaste que no acabaríais la película?
C. T.: En un montón porque han habido momentos muy difíciles, de desesperación, de decir que no encontrábamos la historia, de muchísimo material… pero es que también somos tres directores que tienen su parte, hay que buscar un consenso, hay que alinear la visión de cada uno. Íbamos tirando hacia adelante y, de repente, nos cogieron en San Sebastián, que fue un aliciente muy importante porque sobre todo nos dio una fecha límite real de decir: “hay que tenerlo terminado para esta fecha porque vamos a San Sebastián.” Realmente nos estructuró mucho porque, si no, hubiéramos seguido editando toda la vida.
P.: ¿Ese viaje a Latinoamérica fue toda una aventura?
C. T.: Sí, fue increíble, la verdad que sí. Nosotros en un principio no íbamos a ir, pero después pensamos que iba a ser importante, que teníamos que grabarlo. En ese viaje pasó de todo, era una versión reducida del show, no había dado tiempo a prepararlo lo suficientemente bien y aquello era una carrera de obstáculos. Y a nosotros nos vino genial porque cada vez que habían problemas, para nosotros era perfecto, para que el documental fuera interesante; tenía que haber conflicto. Hay cosas que no salen, hubo un huracán, se canceló el primer concierto, se perdió la carga, parte del equipo pillo COVID y se quedó atrapada en México… Bueno, pasaba de todo todo el tiempo y eso era increíble para nosotros, no dio mucho material.
P.: ¿Cuánto duró esa gira?
C. T.: Se hicieron dos tours por Latinoamérica; el primero fue el de festivales, que es el que grabamos y el segundo ya fue por arenas y eran conciertos propios de C. Tangana, que fue un exitazo absoluto. En México, por ejemplo, en dos conciertos se vendieron (creo que) 40.000 entradas en cuestión de horas. La segunda gira ya fue la de la conquista, tras la primera que fue la de los festivales en la que hubieron más obstáculos. Aunque fue un éxito y tuvo unas críticas espectaculares, a pesar de las dificultades. Fue la consolidación para el segundo tour.
P: ¿En qué proyectos estás trabajando ahora?
C. T.: En muchos casos, estamos siempre con el agua al cuello (Risas). Esta ambición desmedida ha sido el proyecto con el que Little Spain se estrena en la industria del cine. Nosotros hemos hecho muchísimos videoclips y mucha publicidad y seguimos realizándolos, pero tenemos también proyectos de ficción: estamos desarrollando un par de series, tenemos documentales y tenemos otras pelis. Ideas y proyectos, tenemos un montón, ahora estamos organizándolo para poder hacerlo todo. La película es una experiencia de lo más gratificante porque sentimos que ya formamos parte de la industria cinematográfica española y más con la nominación al Goya. Es un aliciente para sacar mas de sacar más cosas. Pero también sentimos que ahora hay mucha expectativa con nuestros siguientes trabajos.
P.: ¿Y con Pucho seguireis colaborando?
C. T.: Sí, bueno, Pucho es integrante de Little Spain y está en mayor o menor medida en todos nuestros proyectos. Él también está dirigiendo su propio documental y tiene muchas cosas dirigidas, como el videoclip del himno del Celta. Su capacidad de trabajo y su determinación siempre será excelente, seguro.
