Crítica ‘Dream Scenario’

Puntuación: 2 de 5.

Un profesor de universidad explica la razón evolutiva tras el rayado de las cebras: el individuo resulta indistinguible del resto del grupo, facilitando así su supervivencia frente a los depredadores. Es cuando una cebra se sale de la manada, cuando el león ataca. El profesor en cuestión es Paul Matthews. Es un hombre medio, con una familia suburbana habitual y un trabajo normal donde tampoco destaca —su gran teoría científica respecto ha sido robada por una amiga suya—; sin embargo, todo cambia cuando empieza a aparecerse en los sueños de la gente.

Y aquí empieza el primer problema de Dream Scenario. «La gente». Todo su concepto, el principal atractivo de la cinta junto a Nicolas Cage, se sustenta sobre esa masa indefinida que es «la gente». La historia de Paul Matthews es una historia de individuo contra la sociedad, pero Kristoffer Borgli no concibe, sin embargo, una sociedad compleja, sino una manada animal (particularmente revelador es la escena del gimnasio donde todos los alumnos se levantan y abandonan la estancia uniformemente); una falta de complejidad que tiene su eco en la propia complejidad de la película. El resultado es una obra tan demagógica como, en el fondo, simple, «a la moda» —tan a la moda que esta postura irreverente es la postura de moda a la hora de abordar el tema de moda, todo ello producido estudio independiente de moda— y genérica.

En el interior de Borgli hay dos lobos que luchan por dominar la película: uno que quiere condenar la llamada «cultura de la cancelación» y otro que quiere explorar las nuevas dinámicas de la fama en Internet y la imagen pública. En esta segunda opción, en la línea de Sick of myself, están los hallazgos más valiosos: el deseo de fama por parte de Matthews, sus causas y consecuencias, y la falta de control, incluso propio, que tenemos de nuestra imagen en un mundo regido por imágenes. El cineasta noruego, sin embargo, parece más interesado por lo primero, por lo que provocará ruido, que por lo segundo; y juega dos cartas principalmente, tres si apuras el símil con las cebras: la pasividad dramática de Paul Matthews y una estricta separación del mundo de los sueños de la realidad a través del corte y del sonido.

Antes decía que esta es una historia del individuo contra la sociedad… Vale, es mentira. Es una historia de la sociedad contra un individuo. Este individuo solo toma dos decisiones dramáticas a lo largo de la cinta: al inicio, la decisión que desencadena todo (ir a una entrevista) y una al final (que da lugar al sueño que clausura la película); el resto del tiempo es arrastrado por otras personas. Esta pasividad provoca que el espectador, cuando la fama de Cage se tuerce de forma arbitraria —ojo a este matiz, pues el personaje no tiene responsabilidad alguna—, sienta las acciones del resto como ataques de una forma exacerbada, pues «él no hace nada». A eso se le suma la poca caracterización o importancia dramática del resto de personajes: a excepción de su mujer, bien podrían ser otros. Es un animal indefenso ante la manada bully que es la sociedad contemporánea; y, en última instancia, eso provoca la desintegración del American Way of Life, de su aburrida vida en un barrio de casas unifamiliares de dos pisos con piscina y jardín, de su matrimonio, de su familia y hasta de su trabajo.

Algo similar ocurre con la separación de los sueños de la realidad, pilar sobre el que se levanta la película: Paul Matthews no tiene control sobre su imagen pública ni sobre los sueños del resto del mundo —¡ojalá el protagonista hubiese sido activo!—. Al separar mediante corte y sonido cada sueño de la realidad, al impedir que ambas se mezclen , limita mucho el debate, si es que alguna vez llegó a serlo. Porque, claro, ¿quién no va a condenar cualquier ataque que reciba Matthews por algo estrictamente soñado por terceros? En cambio, si la realidad y el sueño se hubiesen mezclado, el debate sería más arriesgado, complejo y lleno de matices, porque es en ese momento donde las dudas morales se vuelven más resbaladizas.

Esta querencia por el corte —como elemento separador y no agregador— termina revelando el mayor escollo contra el que choca Borgli: la falta de diálogo real con su público, pues Dream Scenario está hecha para predicar a conversos. Se necesita fe para tomarse en serio este sueño húmedo del alt right norteamericano —no hay que perder la perspectiva de que todas estas «guerras culturales» son exportadas—. Su carácter de cautionary tale es cristalino. «El siguiente podrías ser tú», parece querer decir con un moralismo hipócrita. O bien, «no entres en el espacio público», que puede leerse también. «El problema lo tienes tú».

A pesar de todo hay varias líneas de fuga que merecen la pena seguir: en primer lugar, la introducción del capitalismo en la ecuación, aunque sea como consecuencia y no como causa (el detonante es individual, narcisista; no sistémico), es de agradecer, pues era un elemento sospechosamente ausente de toda esta cuestión. Aunque Kentucker Audley y Albert Birney lo hiciesen mejor en Strawberry Mansion (2021). Después, las actuaciones de Julianne Nicholson y Nicolas Cage, quien está volviendo a vivir una época dorada. Tercero, el tema de la propia imagen pública/privada es una veta de oro que, aunque no termina de estar explotada, puede dar momentos e ideas interesantes. Luego, el carácter meta que rodea toda la cinta: la elección de Nicolas Cage y otros actores, la concepción de algunas escenas parece estar pensada para redes sociales. Y, por último, el mismo punto de partida, el concepto que vendió la película: todos sueñan con Nicolas Cage.

Kristoffer Borgli revela sin querer varios de los pilares de esta narrativa transnacional: la primacía capitalista de lo único como valor social por encima de la igualdad; la falta de humildad a la hora de considerarse diferente al resto de la sociedad y sus modas (un observador externo); y la condescendencia de no individualizar al resto, de considerarlos masa uniforme, es decir, inferiores a ti. Y es este desnivel en la mirada el que condena a Dream Scenario a una entelequia, a un sueño propio que, mediante corte, está desligado de la realidad.


Título original: Dream Scenario Duración: 96 min País: Estados Unidos Idioma: Inglés Dirección: Kristoffer Borgli Guion: Kristoffer Borgli Productores: Ari Aster, Nicolas Cage, Tyler Campellone, Jacon Jaffke, Lars Knudsen Fotografía: Benjamin Loeb Montaje: Kristoffer Borgli Música: Owen Pallett Intérpretes: Nicolas Cage, Julianne Nicholson, Lily Bird, Jessica Clement, Star Slade, David Klein, Kaleb Horn, Tim Meadows, Michael Cera.

Sinopsis: Paul Matthews, un desventurado padre de familia, ve cómo su vida da un vuelco cuando millones de extraños empiezan a verle en sueños. Pero cuando sus apariciones nocturnas toman un giro de pesadilla, Paul se ve obligado a navegar por su nuevo estrellato


Vértigo Films

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