69 Seminci (VI)

Con un ojo ya puesto en la gala de clausura, el equipo de programación empieza a agotar sus últimas balas con la intención de superar lo visto el sábado 19. Black Dog, Salve María, Diamante en bruto, Harvest… Y mañana Misericordia y lo último de Olivier Assayas. La Espiga de Oro está cerca… Mientras tanto, jueves de ficciones grabadas en celuloide, con los estrenos de Black Dog y Salve María y la recuperación de Harvest, contrasta con los estrenos de documentales (Nuestra querida profesora) y poemas realizados (Caught by the tides) en un digital sin concesiones. La gran encrucijada técnico-estética de la actualidad en un solo día de la 69 Seminci.

Caught by the Tides (Jia Zhang-ke) — Punto de encuentro

Jia Zhang-ke parte de su propia filmografía, de sus obras ya rodadas, de las que recupera desde planos únicos a escenas completas, para terminar volviendo, a los mismos lugares y a los mismos personajes, en una China entre el futurismo y la pandemia. Siendo de lejos la película más abstracta de su carrera, el realizador propone una película que es difícil de aprehender, con un potencial mutable —tanto a nivel material, con nuevos montajes y grabaciones, como en la mente de los espectadores, fruto de la mezcla con los títulos originales—; por lo que es difícil hablar de ella sin caer también en abstracciones.

El espíritu del último Godard es palpable a la hora de componer este poema que sirve para unir biografía, política nacional y cine. En este caso, a diferencia del director francés, de imágenes propias o, dicho de otro modo, de momentos de realidad que, en su momento, fueron importantes, no de imágenes que marcaron. El hilo que ata todo es la búsqueda de los distintos personajes de Zhao Tao (y esposa del director); un viaje personal; una exploración del amor, con la ruptura de la incomunicación y la soledad como telón de fondo. Quizá sea una de las películas que mejor han sabido capturar un sentimiento contemporáneo (de incomunicación, de falta de conexión humana) que se ha visto intensificado tras la pandemia, cuando el mundo digital —el propio realizador se divierte con ciertas posibilidades de la imagen digital, desde Google Maps hasta la grabación con móviles— se ha impuesto sobre unas ciudades vaciadas.

La no-inclusión de Caught by the Tides, cinta ampliamente aplaudida en su paso por Cannes de un director histórico como Jia Zhang-ke, en Sección Oficial es una decisión tan polémica como valiente. O cobarde, según se mire. Si bien es cierto que es una propuesta aún más abstracta que las polémicas The Beast, Música o Samsara podría haber resultado demasiado para el público del Calderón, la revitalización que ha conseguido, junto a otros grandes títulos, para la sección Punto de Encuentro es muy saludable. Y el Zorrilla se llenó. Jorge Sánchez.

La tutoría (Halfdan Ullmann Tøndel) — Sección Oficial

Ullmann nos invita a un teatrillo escolar protagonizado por los adultos, no los niños. Y digo teatrillo por la naturaleza teatral de la película, de espacio único y tiempo reducido de acción, pero también porque los propios personajes interpretan un papel. Los padres de dos niños son convocados a una reunión ante un suceso confuso y alarmante: Armand, un niño de 6 años podría haber abusado de otro llamado Jon. La maestra trata de transmitir equilibrio y seguridad. Director y enfermera del colegio intentan guardar las apariencias y llegar a un acuerdo donde la reputación no se vea afectada. Los padres de Jon quieren transmitir calma a pesar de su profunda preocupación. La madre de Armand compone una reacción comprensiva y calmada pero, por su profesión de actriz, tiene fama de dramática y rápidamente se deja llevar por sus emociones. Los hechos son confusos y los padres no son narradores fiables ante la ausencia de los niños y su testimonio.

Ulmann elabora un relato sobre la veracidad de un posible hecho que finalmente no revela lo sucedido. En principio esto no tendría por qué ser un problema, sin embargo, dado que tampoco quedan desarrollados los temas y solo se introducen, la cinta cojea en su desarrollo y se limita a explotar al máximo una potente puesta en escena para unos conceptos desaprovechados narrativamente. Con la complejidad que encierra de fondo la premisa y los diálogos que se abren en torno a los límites del consentimiento y la sexualidad en la infancia, la responsabilidad de las instituciones educativas y la dicotomía entre la negación o el reconocimiento de una madre frente al acto de hijo, confunde la resolución incompleta de la narrativa. Con cierta decepción respecto a que estas ideas queden diluidas en el aparato formal —donde pierden protagonismo hasta las emociones, restringidas a vehículo interpretativo y despojadas de verdad— la opera prima de Ullmann se queda a las puertas de la excelencia. María Valdizán Cuende.

Salve María (Mar Coll) — Sección Oficial

Hay mucho de terrorífico en la maternidad. Desde el propio proceso gestante y la metamorfosis del cuerpo y la mente, hasta la impotencia y la presión de tener a tu cargo un ser de tremenda fragilidad. Porque ser responsable de una vida es una de las sensaciones más asfixiantes que puede experimentar una mujer. Al fin y al cabo, responsabilidad y culpa son inseparables y la segunda pesa demasiado. Y María, por encima del amor y la felicidad que le podría dar su hijo Eric, siente culpa. Culpa por no saber que hacer a veces, por no hablarle a su hijo, por faltarle instinto, por estar agotada, por su negligencia como madre primeriza. Culpa por querer volver a su profesión de escritora. Pero especialmente, culpa por arrepentirse de ser madre y, hasta en ocasiones, desear la muerte de su hijo.

La experiencia de María es universal y es en esa completa dependencia de una pequeña criatura hacia su madre donde esta comienza a perder su identidad, y en ocasiones la cabeza. Una experiencia profundamente dramática que se agrava bajo el enfoque del terror, tratamiento que a pesar de su relación con la fantasía se acerca más a la vivencia real de la maternidad especialmente en los momentos de vulnerabilidad extrema. María se obsesiona con un reciente y mediático infanticidio, le resulta tan familiar y tan ajeno al mismo tiempo que investigar sobre el suceso y volcarlo en su escritura se convierte en la única forma de afrontar su maternidad y aceptar sus contracciones.

Mar Coll rompe con la línea de sus anteriores trabajos con una fantástica incursión en el género. Una cuidada fotografía y una espléndida banda sonora para una premisa inquietante construyen la que es fácilmente la mejor película de terror español del año pero también. María Valdizán Cuende.

Nuestra querida profesora (Ruth Beckermann) — Tiempo de Historia

Ruth Beckermann, documentalista que en 2021 firmó una de las obras más interesantes de los últimos años, Mutzenbacher, entre el documental y la performance, regresa con un documental de raíces que se hunden en el cine de Frederick Wiseman. Una profesora  vienesa y su grupo de estudiantes de primaria son el foco de atención de la realizadora austriaca como vía para adentrarse en el mundo de la instituciones educativas. A lo largo de tres años, de segundo curso al cuarto (y último de primaria), Beckermann sigue a esta clase de 25 alumnos guiados por si profesora. Juntos aprenden, se pelean, suspenden, se ríen, bailan o reflexiones tan distantes como la religión, qué es la cultura o su futuro. No obstante, la realizadora parece más preocupada por mostrar las relaciones humanas que se generan desde la escuela (profesora-alumnos, alumnos-alumnos, profesora-padres, alumnos-imán/sacerdote) que por establecer un discurso político en torno a la educación, la escuela como edificio institucional o sobre los choques culturales fruto de las diferentes procedencias/religiones de los alumnos. Son las relaciones humanas; siempre. Y, por si hubiese alguna duda, un conmovedora escena final lo subraya y refuerza.

Beckermann filma en un implacable digital con una rigurosidad admirable. Cada corte, cada plano mantenido, cada movimiento de cámara esconden, a la vez, una profunda empatía por sus personajes y una distancia objetivista. Lejos queda cualquier intento de condescendencia a los niños para los que hay solo un respeto inabarcable: la directora, montaje mediante los iguala a los adultos. No hay picados y contrapicados, solo planos a la altura de los ojos. Beckermann firma uno de los documentales del año y lo hace con la mirada más humanista posible, la de los niños. Jorge Sánchez.

Black dog (Guan Hu) — Sección Oficial

Son las líneas horizontales las que marcan Black Dog, ópera prima de Gen Hu que ganó el Premio de la Sección Un Certain Regard en Cannes. El horizonte en el desierto del Gobi, los paneos descriptivos, el propio uso del gran angular, la horizontalidad de los edificios. Un mundo en calma, incluso ante su propia desaparición; un western en la víspera de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.

Black Dog es la historia de un exconvicto y su amistad con un perro marginal al que todos acusan de tener la rabia. Personaje y película de pocas palabras, apuesta casi todo a un excelente trabajo de planificación y ambientación fantasmagórica y el resultado es conmovedor. La sensibilidad con la que se compone recuerda a la melancólica poesía de los grandes personajes del western. Ethan Edwards, William Munny, sheriff Chane, Tom Doniphoon o Pat Garret, pero también Yojimbo y Barbarroja, los personajes de Nicolas Winding Refn (con quien conecta en esos paneos horizontales con una cámara independiente de sus personajes) y, sobre todo, los ascetas inexpresivos de Robert Bresson que solo buscan la liberación espiritual en un mundo de decadencia material.

Algunas decisiones formales (cortes de más en una narrativa austera, cambios de valor de plano innecesarias, abandono de los paneos descriptivos a medida que avanza la cinta)y narrativas (la cinta abre demasiadas ramas, que no siempre aportan y generando varios finales consecutivos), al menos en un primer visionado, no encajan, pero el rigor con el que Hu maneja la cámara, la colocación de personajes en cuadro, las texturas, los tiempos, el color o a los propios actores genera, y más teniendo en cuenta que se trata de un debut, una fuerte impresión. Esperemos que no se quede en un one-hit wonder y podamos disfrutar muchos años más. Jorge Sánchez.

Harvest (Athina Rachel Tsangari) — Sección Oficial

Anti-western disfrazado de drama ruralista a finales de la Baja Edad Media, Harvest es una oda al hombre pre-moderno tan romántica como su uso del celuloide. Lo primero que vemos es un hombre asalvajado, corriendo por bosque y comiendo la corteza de los árboles. Luego, el incendio de un granero y toda una aldea colaborando para apagarlo. Luego, la cosecha y su celebración y la llegada de un cartógrafo para dibujar un mapa de la zona.

A lo largo de las dos horas largas que dura la película presenciamos los últimos días antes de la llegada de la modernidad. Dos estandartes tiene la nueva era: el señor feudal, que viste burgués y está solo interesado en el beneficio de la tierra y el cartógrafo que, parafraseando al protagonista, quita la vida del lugar al representarlo, al hacerlo plano —la cristalización de la información de la que hablábamos con Vermiglio y La Marsellesa de los borrachos—. La reivindicación de la Arcadia primitiva/paraíso perdido es extraña, pues nunca se muestra esa armonía corrupta, solo hay un individuo de principios férreos —en un concepto irónicamente burgués, moderno y capitalista— que defiende la vida pastoral. Solo asistimos a su fantasma, ya sea en este hombre a cada minuto más desubicado o en el eterno atardecer que fotografía Sean Price Williams (director de The Sweet East, película también granulada, apocalíptica y de espíritu fuertemente individualista). El propio uso del celuloide es un mero fantasma, tanto en su materialidad (perdida frente al auge del digital) como en recuerdo de texturas y colores como las de El hombre tranquilo o La legión invencible.

Está confusión temática y conceptual va de la mano de una confusión narrativa. Quizá por una coralidad excesiva, quizá por un protagonista lacónico y pasivo hasta la desesperación y seguramente de forma premeditada, la cinta termina adentrándose en un impresionismo estructural árido y no siempre controlado que emplaza a una segunda lectura y mejor análisis. Jorge Sánchez.

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