‘Superman’, ‘Muy Lejos’, ‘Grand Theft Hamlet’ y Maurice Pialat

Superman (James Gunn)

Hay una escena al inicio de la nueva etapa cinematográfica del hombre de acero en la que se condensa toda la esencia de la película: Clark Kent permite que Lois Lane le entreviste como Superman. Lo significativo es cómo se desarrolla dicha conversación. La periodista le cuestiona sobre la ética de sus acciones individuales a la hora de impedir una invasión y las consecuencias geopolíticas que puede provocar; Kent, en cambio, no deja de repetir que iban a morir personas. Los dos tienen razón y, sin embargo, el alienígena es el único que habla una verdad universal.

Hay algo a priori infantiloide en esta nueva iteración del personaje. Desde su traje —alejado del realismo, mucho más colorido— hasta los temas desarrollados en su argumento —la plutocracia como villanía— remiten a los primeros tebeos del personaje, aunque estén tratados con mayor relieve que entonces. El fondo sigue siendo el mismo. Es más, James Gunn subvierte una de las críticas más comunes que ha recibido Superman desde sus inicios: el héroe que salva gatos. El director de Guardianes de la Galaxia se detiene no pocas veces a ver cómo el superhéroe salva a distintas personas y, sobre todo, animales. Esta indiscriminación y atención al detalle (porque está llena de detalles), junto con un tono de comedia ligera —con una considerable cantidad de chistes visuales— y una voluntad logra una complejidad poco transitada por el cine de superhéroes

El otro gran acierto es su estructura. O, mejor dicho, cómo Superman cede su protagonismo individual para, poco a poco, convertirlo en colectivo; y todo ello con una escena donde el desafío individual (la crisis de identidad de Superman) funciona como pilar al que se van sumando personajes (Krypto, Lois Lane, la Justice Gang, Jimmy Olsen y el resto del Daily Planet). Porque la película va sobre eso, sobre dar la mano, sobre ser vulnerable y, por encima todo, sobre confiar en el prójimo. El reverso (tenebroso) sería el propio Lex Luthor, alguien que, por puro miedo, decide dominar y destruir a sus iguales. Superman es, igual que lo fueron Jon y Martha Kent, inspiración, más incluso que un héroe que solventa problemas; y esa inspiración en la película de Gunn está imbricada hasta la médula.

Más que infantil, convengamos después de esta diatriba, sería encantadoramente ingenua. Pero de no de una ingenuidad que huye de la complejidad, sino de una ingenuidad radical, de una forma de habitar el mundo que rehuye de cinismos y retóricas para abrazar la humanidad más pura. Por eso durante la entrevista Clark Kent solo puede repetir que iban a morir personas. Esa es la realidad, lo demás es solo ficción. Ahora solo queda ver si la propia película, que mira con recelo a Warner Bros y a su presidente, se queda o no en la retórica.

Warner Bros España

Muy lejos (Gerard Oms)

Ahora vamos a hablar de una de mis películas favoritas de lo que llevamos de año y, junto con La Quinta Portuguesa y La buena letra, la punta de lanza de una añada de cine español que aún tiene los ojos puestos en los festivales otoñales. Comento esto exclusivamente con la intención de transmitir la pasión que me ha despertado y de excusarme por ser escueto: no quiero desvelar mucho para aquellos que vayan a descubrirla por primera vez y tampoco puedo encuentro con facilidad las palabras.

Utrecht, 2008. Sergio, un fantático del Espanyol que ha viajado a la ciudad holandesa para apoyar a su equipo, entra en pánico a la hora coger el avión de vuelta y decide quedarse para buscarse la vida allí: aprender el idioma, encontrar un alquiler económico, buscar trabajo, generar nuevos contactos sociales,… Gerard Oms configura una película sobre la identidad, sobre verse desde fuera del grupo y sobre aceptarse; y sobre todas las violencias que todo ellos conlleva. Es una obra en la que apenas se levanta la voz y que, cuando lo hace, la cotidianidad limpia cualquier épica y tremendismo y que, sin embargo, encierra una gran violencia, una violencia inusitada, la violencia del silencio y de los otros. Mario Casas lleva en su cuerpo, en su compostura, en cómo se encoge ante el mundo y cómo, más tarde, se expande una pesadumbre y un dolor que es capaz de transmitir al espectador sin aspavientos. Es más, el propio Oms con la ayuda de Edu Canet traslada esa opresión a la luz y el color de la cinta, aprovechándose de los límites de las cámaras digitales para rodar una película encapotada, gris y muy, muy oscura.

Deja boquiabierto esa coherencia en la mirada a la hora de desarrollar con sutileza al personaje y sus conflictos, a la hora de establecer un tono justo y a la hora de establecer una mirada empática, cercana al personaje incluso en sus momentos más antipáticos. Impresiona porque no es habitual ese rigor y porque se trata de la ópera prima de Oms, hasta ahora (des)conocido por su trabajo de acting coach de, entre otros intérpretes, Mario Casas. El actor es, según han contado en diversas entrevistas, el catalizador que llevó a Oms a dar el salto a la escritura y la dirección con la promesa de protagonizar su debut. Es decir, que Muy Lejos no solo nos ha entregado una de las mejores interpretaciones de Mario Casas, actor que en los últimos años ha sabido desprenderse de la mala fama que atesoró al inicio de su carrera, sino también a un cineasta con una mirada a tener en cuenta. Agradecido es poco.

BTEAM Pictures / Filmin

Grand Theft Auto (Sam Crane, Pinny Grylls)

¿Se puede organizar una función de Hamlet en el GTA V Online? Esa es la pregunta que se hacen los actores británicos en paro Sam Crane y Pinny Grylls cuando, en mitad del confinamiento, se encuentran dentro del juego de Rockstar con una gran escenario al aire libre y esa es la pregunta que vehicula el documental que deciden montar con imágenes sacadas del propio videojuego.

Así empieza una primera fase de casting, donde buscan a otros jugadores para interpretar los distintos roles, y los perfiles más variopintos de personalidades pasan por delante de los actores, desde aficionadas a Shakespeare que usan la cuenta de su sobrino a un tunecino-finlandés con skin de alien que hará las veces de segurata. Después, seguirán los ensayos, localización y, en el último tramo, la representación de la obra. Todo ello con un obstáculo mayúsculo: las propias dinámicas del juego que incitan a las relaciones violentas que terminan en interrupciones por muerte y asesinato. El gran pero que se le puede achacar es precisamente que narrativamente se vuelve reiterativo y pierde rápidamente la fascinación que queda en los. El otro gran fallo es, precisamente, no finalizar en alto mostrando la actuación, sino quedarse en una suerte de making of.

Sin embargo, el gran acierto —y es un gran acierto— es que, en última instancia, Grand Theft Hamlet es, más que una alegoría sobre la imposibilidad del arte en un mundo violento —me habría gustado saber qué habría pensado Theodor Adorno de esta cinta—, un testimonio sobre la soledad humana. A lo largo de los 90 min, lo personal traspasa los personajes y la propia imagen de videojuego y asistimos a problemas de pareja, salidas del armario, dificultades económicas o laborales. Y ahí nos encontramos con otro tipo de violencia que puede interrumpir tanto la creación artística —recordemos: actores en paro— como el propio flujo vital, pero también con su frágil remedio: amistad y arte, puntos de encuentro. Y se muestra una de las grandes paradojas del siglo XXI: pese a tanta conectividad, nunca nos hemos pensado más solos.

Mubi

Retrospectiva Maurice Pialat

Este mes de julio, la distribuidora Atalante ha llevado a salas escogidas (Golem, Numax, Duplex, Zumzeig) una retrospectiva compuesta por 10 largometrajes y una sesión de cortos por el centenario del nacimiento de Maurice Pialat. Como no había visto nada del francés, tarea que llevaba pendiente desde hace varios años, me acerqué para iniciarme en su filmografía; en concreto, vi La infancia desnuda, A nuestros amores, Policía, Bajo el sol de Satán y Van Gogh, es decir, el grueso de la segunda mitad de su obra.

El cine de Maurice Pialat es extraño, a medio camino entre muchos y sin pertenecer a nadie más que a sí mismo. Visionar gran parte de su obra casi seguida permite ver más claridad los temas y estilemas compartidos y los desechados, permite entender cómo La infancia desnuda y Van Gogh se conectan por una mirada común e invariable. Si la primera se puede relacionar con el Jean Eustache que buscaba violentar el espíritu de François Truffaut y Jean-Pierre Leaud, la segunda es una respuesta contundente a los lugares comunes de los biopics hagiográficos, un estudio sobre la muerte en vida. Es más, casi todas las cintas que he visto se pueden leer como respuestas géneros y directores concretos: Robert Bresson (Bajo el sol de Satán) o el polar (Policía). Siempre con la misma mirada: buscar la violencia y la desesperación existencial y moral que lleva al nihilismo más absoluto.

Ese es el gran tema de su cine, algo que se traslada con gran coherencia y dolor a sus formas. En primer lugar, las propias estructuras narrativas deshilachadas, conformadas por momentos de emoción condensada y duras elipsis; luego, un trabajo de cámara que fue perfeccionándose con los años, volviéndose más quieta y formalista y abandonando las herencias documentales —esa perfección puede alcanzar su cumbre en Van Gogh: una obra fotografiada siguiendo las estelas impresionistas, donde la luz y las localizaciones exteriores encierran uno de los relatos más tétricos, claustrofóbicos y desperanzados—; y, por último, una dedicación absoluta por el trabajo actoral. Son los intérpretes la pieza central de su cine —él mismo ha realizado papeles secundarios en algunos de sus obras, así como para otros autores como Jean Eustache—, aquello que da sentido a la puesta en escena y al propio montaje; incluso al texto, pues Pialat adquirió la costumbre de manejar sets con grado alto de improvisación actoral.

A raíz del estreno de Van Gogh, Miguel Marías escribía: «Para mí, se trata de la mejor obra de un cineasta que es hoy, con Godard, el más interesante en activo de Europa, y por lo tanto del mundo.» La fecha es 1993 y entonces estaba levantando la que terminaría siendo su última película, El niño. No sé si comparto la afirmación del crítico, pero desde luego que la comprendo. Lo mejor es que aún quedan películas de Pialat para (re)descubrir.

Atalante Cinema

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