Crítica ‘Close’

Puntuación: 3 de 5.

El viernes 25 de noviembre, la cartelera española fue testigo de cómo los fantasmas del siglo XIX volvían a embrujar los estrenos. No es que no estuviese acostumbrada ya, teniendo en cuenta las películas que han llegado a las salas en los últimos años, pero sí se ha dado lugar una conjunción. Ese viernes se estrenaron Close, flamante ganadora del Gran Premio del Jurado en el pasado Festival de Cannes (ex-aequo con EO), y Hasta los huesos, ganadora de los premios a Mejor Actriz emergente y Mejor Dirección en la última edición del Festival de Venecia.

Da la casualidad (o no) que ambas cuentan la misma historia —el relato de un joven (pre)adolescente que entra en el mundo adulto y choque de lleno con él—, con la casualidad de abordar los mismos temas —la marginalización de lo queer, la imposibilidad del amor, las primeras relaciones con la muerte, la masculinidad tóxica, la Arcadia feliz de la infancia—. Es innegable, eso sí, que difieren en argumentos, géneros, tonos, miradas… y estéticas.

De igual forma que Luca Guadadgnino postulaba una estética que bebía del Romanticismo, Lukas Dhont se enmarca dentro de los nuevos realismos europeos (junto a autores como los hermanos Dardenne, Alice Rohrwacher o Carla Simón, por mencionar unos pocos) que se inspiran, en mayor o menor grado, de las estéticas realistas y naturalistas decimonónicas. Como aquellas, estos movimientos cinematográficos buscan, aprovechando el carácter registral del cine, su capacidad para capturar la realidad (sería interesante estudiar la evolución de esta pulsión mimética y cómo reacciona a Hollywood), un compromiso político y moral con la realidad social de su tiempo a través de la búsqueda de la objetividad como objetivo estético último. Eso se traduce en localizaciones naturales, actores no profesionales, interpretaciones naturales, iluminación natural, poca expresividad formal, cámaras al hombro, proximidad con el documental,…

El cine de Dhont es de un naturalismo suave. La cámara al hombro, los encuadres siempre centrados, la iluminación natural (al límite esto, con algunas secuencias con una luz muy esteta) o la naturalidad de los actores son algunos de los rasgos formales que le enraízan con esta estética, pues su cine los híbrida con el melodrama. El uso de los colores que recuerda, con las distancias de precaución necesarias, a Almodóvar o a Sirk, la importancia de la música y el peso de la emoción y de la subjetividad lo emparentan con una tradición más sentimental. Es más, es una película que se sostiene sobre la la emoción que el cineasta imprime a cada escena. Una emoción que llega desde diversos aspectos, pero que coge forma gracias a las magníficas interpretaciones de Eden Dambrine y Gustav De Waele; sin embargo, esa emoción en su segunda parte se vuelve menos concreta y más ambigua (¿es culpa? ¿es tristeza? ¿es el duelo?), desequilibrando la cinta a un nivel narrativo y espiritual.

Lukas Dhont adopta un punto de vista extraño. Su protagonista no es aquel que sufre más, sino aquel que, en cierta medida, provoca ese sufrimiento. Como James Gray en Armageddon Time, cuyo trasunto es un niño de familia bien que ve cómo su mejor amigo es discriminado por raza y clase. Pero la conclusión a la que llega el cineasta belga no está tan meditada —es curioso cómo la película ambientada en la actualidad es más nostálgica que la autoficción—como la del director estadounidense: Close es una película sobre los riesgos que pueden asumir las personas de nuestro alrededor más cercano por nuestra indefinición personal. Una idea que, teniendo en cuenta que los personajes protagonistas son dos preadolescentes, da mucho vértigo. ¿Estamos, entonces, también ante una película que purgue alguna culpa que Dhont arrastre desde la infancia?

La gran maldición de Close es el haberse estrenado junto a dos coming of age magníficas, como son Hasta los huesos y Armageddon Time. Si bien su sensibilidad y su emoción no tiene nada que envidiar a las otras dos cintas e, incluso, puede ser superior, su trasfondo poco meditado y su adscripción a una estética que no termina de encajar con su mensaje terminan por lastrar una cinta que, por lo demás, es muy notable. Está claro que no terminamos de salir del siglo XIX.

Título original: Close Duración: 105 min País: Bélgica, Países Bajos, Francia Idioma: Francés, flamenco, holandés Director: Lukas Dhont Guión: Lukas Dhont, Angelo Tijssens Productores: Michiel Dhont, Dirk Impens, Michel Saint-Jean, Jacques-Henru Bronckart, Arnol Heslenfeld, Laurette Schillings, Frans van Gestel Fotografía: Frank van den Eeden Montaje: Alain Dessauvage Música: Valentin Hadjadj Intérpretes: Eden Dambrine, Gustav De Waele, Émilie Dequenne, Léa Drucker, Igor von Dessel, Kevin Janssens, Marc Weiss

Sinopsis: Léo y Rémi, de 13 años, son amigos de toda la vida. Hasta que un suceso impensable los separa. Léo se acerca entonces a Sophie, la madre de Rémi, para tratar de entender.


Vértigo Films

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