Crítica ‘R.M.N.’

Puntuación: 4 de 5.

Un pueblo grisáceo y frío es el centro de una historia donde los desvíos de la democracia se esconden bajo su mismo nombre. Cristian Mungiu (4 meses, 3 semanas, 2 días) pone sobre la mesa los problemas de una Europa racista y xenófoba en una cinta donde, a pesar de su indiscutible carácter dramático, es en los pequeños momentos de humor negro donde más luce.

Al igual que As bestas, la película está basada en un caso real: el germen es una grabación de una asamblea vecinal para la discusión sobre la expulsión, o no, de unos trabajadores extranjeros —momento que se termina convirtiendo en una de las escenas más destacadas de la cinta—; sin embargo, mientras Sorogoyen se centraba en sus personajes principales, Mungiu radiografía todo un pueblo transilvano. No obstante, el director rumano comparte con el español la construcción de una relación de opuestos entre Matthias, más inclinado al conflicto, y Csilla, que aboga por el diálogo y la aceptación, que a pesar de ser radicalmente diferentes se atraen. Durante todo el metraje el espectador se pregunta qué ve Csilla en Matthias y termina traspasando la responsabilidad a Csilla quién, aun condenando las ideas de Matthias, sigue conservando atracción hacia él, como si guardara cierta fascinación hacia el lado salvaje de la humanidad.

La mencionada escena de la asamblea, rodada en un asfixiante largo plano secuencia de cámara estática, le sirve al cineasta para mostrar la desviación de la democracia. Como en la torre de Babel, cada uno con su idioma, los asistentes discuten centrándose en su opinión, pero sin buscar el entendimiento; pero, además, incide en cómo los pensamientos xenófobos, de naturaleza antidemocrática, se escudan en ciertos principios democráticos para subsistir y expandirse, destapando con humor y una fina escritura las hipocresías de dichos discursos —una hipocresía que se acrecenta al salir del pueblo y ver cómo aquellos que dentro mantienen discursos racistas sufren la discriminación de los países del Europa del Oeste y no aprenden. Asimismo, el realizador rumano defiende la igualad como condición sin la cual no se puede hablar de salud democrática y cómo el feminismo y otros movimientos sociales son necesarios para evitar una democracia en falso, una democracia que protege a los de siempre. Ahí es cuando entra en juego la educación. Cristian Mungiu, profesor antes que cineasta, reflexiona sobre la importancia de la educación y cómo cualquier medida política o social (el tema de «lo políticamente correcto» tiene gran presencia en la cinta) es en vano si la misma sociedad perpetúa este tipo de educación.

El título de la película, R. M. N., hace referencia a la resonancia magnética nuclear a la que se somete el padre de Matthias para detectar un tumor en su cabeza. La metáfora está clara: el racismo y la xenofobia como cáncer cerebral de nuestra sociedad. Pero también puede interpretarse directamente como Rumanía: Mungiu retrata su patria de forma crítica, pero comprensiva, intentando entender lo que opera tras este pensamiento y descubriendo, en ese camino, la parte más salvaje de la naturaleza humana. En el fondo, no deja de ser la eterna lucha entre razón e instinto, con el odio, tanto en su faceta racista como en la machista, como acto de supervivencia, y la democracia como paladín de la razón. O dicho de otro modo, el odio como reacción individualista y la democracia como la supervivencia a través de lo social. Mungiu cree en el ser humano como animal social, con todas sus paradojas.

Esas contradicciones también están presentes en la misma película. De apariencia cínica (su estética gris entronca con una corriente realista, muy característica de algunas cinematografías de Europa del Este, y oprime al pueblo), su corazón es humanista y, sin embargo, la amargura y el desencanto también son palpables. Con la intención de hacer un retrato, termina entrando en una espiral sobre la misma idea consiguiendo que la cinta puede sentirse reiterativa y, como sus personajes, incapaz de crecer. Quizá sea esa la idea. El final es abierto. Parece que el futuro depende de nosotros.


Título original: R.M.N. Duración: 125 min País: Rumanía Idioma: Rumano, húngaro, alemán, inglés, francés y cingalés Director: Cristian Mungiu Guion: Cristian Mungiu Productores: SN Fotografía: Tudor Vladimir Panduru Montaje: Mircea Olteanu Intérpretes: Marin Grigore, Judith State, Macrina Barladeanu, Orsolya Moldován, Rácz Endre, József Bíró, Ovidiu Crisan, ZoltánDeák, Cerasela Iosifescu, Andrei Finti

Sinopsis: Unos días antes de Navidad, Matthias vuelve a su pueblo natal, una localidad multiétnica de Transilvania, tras dejar su trabajo en Alemania. Está preocupado por su hijo, Rudi, que ha crecido sin él, y por su padre, Otto, que se había quedado solo, y desea volver a ver a Csilla, su exnovia. Trata de implicarse más en la educación del niño, que ha pasado demasiado tiempo a cargo de su madre, Ana, y quiere ayudarle a superar sus miedos irracionales. Cuando la fábrica que Csilla dirige decide contratar a empleados extranjeros, la paz de esta pequeña comunidad se verá perturbada, y las inquietudes afectarán también a los adultos. Las frustraciones, los conflictos y las pasiones volverán a aflorar, rompiendo la paz aparente de la comunidad.


Caramel Films / BTEAM Pictures

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