El lunes se abre con otra nueva tanda de cine español en Sección Oficial, aderezada con el estreno nacional de Desconocidos, la esperada cinta del británico Andrew Haigh que une a los fervores de la juventud cinéfila actual, Paul Mescal (Aftersun) y Andrew Scott (Fleabag, Sherlock) en un historia de amor, sexo y soledad. Por su parte, Martín Cuenca y Paula Ortiz estrenan mundialmente sus películas en esta 68 Seminci, dos títulos, El amor de Andrea y Teresa, que pueden estar muy presentes en los próximos Premios Goya. La presentación de la adaptación de la obra de teatro de Juan Mayorga fue la excusa —o viceversa— para la entrega de la Espiga de Honor a la actriz Blanca Portillo, que tuvo lugar ayer en la Gala en el Teatro Calderón.
Ayer fue también el día del estreno en la sección Tiempo de Historia de Youth (Spring) del documentalista chino Wang Bing que vuelve a la carga con otra cinta dedicada a inspeccionar la realidad china, en este caso, poniendo el foco en la juventud. Además, tras su paso por el Festival de San Sebastián, se ha podido ver en Valladolid, Cielo rojo, la nueva película de uno de los grandes defensores del melodrama contemporáneo y uno de los grandes directores alemanes del momento, Christian Petzold.
El amor de Andrea (Manuel Martín Cuenca) – Sección Oficial
El director Manuel Martín Cuenca, que se inició en el audiovisual a través del documental, alcanzó el prestigio crítico y el éxito del público, con sus thrillers fríos o comedias negras sobre personajes de moralidad ambigua. Su última película, La Hija, un quirúrgico thriller sobre la gestación subrogada y las relaciones de poder se estrenó en San Sebastián en 2021. Con El amor de Andrea, el director andaluz da un giro de de 180º para ofrecer una pequeña joya intimista llena de emoción.
Andrea es una adolescente que va a primero de bachiller, cuida de sus dos hermanos pequeños porque su madre trabaja y le gusta leer Juan Salvador Gaviota. También le gusta Abel, un compañero suyo del instituto. Su familia está dividida tras la marcha de su padre. Ella solo quiere el amor de su padre, una familia normal.
Rodada en orden cronológico, sin que los actores tuvieran el guion hasta el mismo día de rodaje y con una puesta en escena sencilla —los contados paneos suponen una ruptura del hieratismo geométrico del cuadro—, pero estilizada, El amor de Andrea es una hermosa coming of age sobre la familia escogida, la necesidad de ser queridos y cierta tendencia a la autodestrucción. En el centro de todo, la debutante Lupe Mateo —espléndida— canaliza la necesidad de afecto, la frustración y la madurez de quien se ha hecho adulto antes de tiempo, pero también la luminosidad, el optimismo, las ganas vivir y las bondades de querer y ser querido. Las rebabas de su método de trabajo, particularmente en el trabajo actoral de los más jóvenes, se sienten en todo momento como muescas de honor, imperfecciones que poco importan en el último experimento de un director en constante cambio. No será la gran película de su carrera, pero quizá sea la que nos recuerde lo viva que está su filmografía como hecho artístico. Jorge Sánchez.
Teresa (Paula Ortiz) – Sección Oficial (Fuera de Concurso)
Al igual que el personaje histórico del que trata, Teresa es una película con muchas aristas. Puede que el mayor afán de la misma sea esa búsqueda espiritual conducida por el estilo sensorial de Paula Ortiz. A su vez, esta espiritualidad es entendida como la capacidad para mirarse a uno mismo desde dentro, desde la fría disección sin piedad, en una película que se sostiene bajo un largo juicio. No es un juicio legal, sino una conversación en el espacio cerrado del convento, en el que solo participan Teresa y su inquisidor.
Es así como se hace un repaso a una vida compleja y llena de contradicciones. En la posterior rueda de prensa, Paula Ortiz señalaba el carácter complejo de Teresa de Jesús como lo que le atrajo a la idea de contar de nuevo su historia (que ya ha sido llevada al cine previamente), considerando que es una de esas figuras inabarcables que pueden abordarse una y otra vez, adquiriendo importancia por diferentes motivos según el contexto social, político y cultural que se vive. Puede que lo más interesante que propone Teresa, y su propuesta diferente al resto de películas que tratan su vida, sea la idea de que no deje de lado su parte oscura, siendo así la propia película un instante congelado donde le asaltan las dudas: la propia Teresa no sabe si está en el camino correcto, o si ha obrado bien en el pasado.
Basada en la obra de teatro La lengua en pedazos, Teresa mantiene su tono poético y elevado en los diálogos. En realidad, parece que Paula Ortiz era la directora para esta historia, pues su estilo, que lleva todos los aspectos de sus películas al máximo nivel, consigue dar una estética que calza perfectamente con el texto en el que se basa y los escritos de Teresa de Jesús. En ocasiones, la zaragozana lleva la película a terrenos realmente interesantes. Por decir, transita hasta el terror, en una película que resulta un viaje, como una noche entera sin pegar ojo a solas con tus pensamientos. Carlos Cousillas.
Youth (Spring) (Wang Bing) – Tiempo de Historia
Documentalista experimentado, Wang Bing durante más de dos décadas ha registrado en grandes obras monumentales la realidad china como pocos. Como nadie. Su trabajos de corte observacional se dedican a captar la realidad de la forma más objetiva posible, sin interferir en ella. Ese principio estético se mantiene en su nuevo largometraje (el primero de una serie de cuatro, a priori, dedicada a cada una de las cuatro estaciones). Youth (Spring) se centra en los jóvenes de entre 16 y 32 años que trabajan en talleres textiles en condiciones de explotación. Somos testigos de su condiciones de trabajo y vivienda, de su alimentación, de su rutina laboral, de sus luchas, de sus amores, de su sueños confesados, de sus negociaciones por subir las tasas, a sus familia; y a la negación.de todo ello. Así asistimos a varias decenas de talleres, todos iguales, regentados por el mismo tipo de dueños y por los mismo jóvenes. Imágenes políticas y humanizadoras, que se tiñen de cansancio y cierta melancolía en los últimos minutos; un puñetazo en la mesa; una interrogación para comprender el capitalismo salvaje de un país de retórica comunista y de un mundo cada vez más abandonada al vórtice neoliberal.
Contraviniendo su naturaleza observacional, la película, como el trabajo taylorista que observa, se repite una y otra vez y se extiende hasta la extenuación, sin prolijarse en matices no desarrollos. Lo que sería una osadía estética en cualquier otra obra termina por romper muchos de los postulados documentales radicales que definían, a priori, las imágenes de Bing, pues el cineasta estaría interviniendo el material para hacer un argumento político. Algo similar ocurre con «sus actores», que tienen una relación con la cámara de pacto ficcional impostado que nunca termina de funcionar. Pero quizá las preguntas más acuciantes son: ¿qué ha llevado a casi 100 personas, que en su circuito comercial no verían este título en su estreno, a acudir a este documental de casi 4 horas en el marco de un festival como la Seminci? Y, ¿qué película veremos mañana? Jorge Sánchez.
One last evening (Lukas Nathrath) – Punto de encuentro
Lukas Nathrath acude a una premisa arquetípica para su ópera prima, que grabó durante la pandemia en una sola semana (cosa a tener en cuenta para valorar esta película). Al estilo de Celebración, Un dios salvaje o The party, One last evening trata sobre lo falso, lo hipócrita y lo corrupto de una sociedad europea que subyace bajo una aparente cordialidad y civismo. De forma dolorosamente honesta, a veces malévola, también explorando en torno a la salud mental, esta película trata acerca de un grupo de amigos y desconocidos que se junta para cenar. A lo largo del evento se darán unas tensiones que irán en aumento y acabarán desembocando en una serie de hostilidades y agresiones reprimidas, mostrando la verdadera cara de los presentes.
La cámara en mano, habitual en este tipo de películas que suceden en una sola localización, ayuda a alejarnos de la teatralidad, y aporta garra y pulso, así como una sensación de inmersión en los conflictos asfixiantes de estos personajes. Aunque a veces peca de guion un poco forzado, obligando de forma poco natural a decir y hacer cosas a unos personajes en ocasiones ligeramente estereotipados, se sostiene bajo unas interpretaciones realmente notables. One last evening es una película vertiginosamente disfrutable, que sabe poner el dedo en la llaga. Carlos Cousillas.
Desconocidos (Andrew Haigh) – Sección Oficial
Desconocidos es una de esas películas de premisa tan potente e interesante que consigue atraparte desde el primer momento. La película de Andrew Haigh trata sobre un hombre solitario que, al regresar a la casa de su infancia, descubre que sus padres siguen vivos, pese a que habían muerto cuando él todavía era un niño. Ahora tiene la misma edad que sus padres, y el tiempo para conocerlos realmente por primera vez, y pudiendo salir del armario con ellos, cosa que no pudo hacer en su infancia.
Bajo esta sugerente premisa, Haigh construye una serie de escenas muy estimulante, donde el protagonista conversa con sus padres, poniendo el diálogo el presente y el pasado. Además, esta trama se complementa y entrelaza con una en la que conoce a un chico con el que comienza una relación. Desconocidos es una película en la que es difícil entrar al juego que propone, ya que, aunque emocional, tampoco tiene interés en ser accesible para el espectador. En el caso de que lo logre, es una obra lacrimógena que promete regalar momentos donde realmente emocione. Desconocidos es una película sobre la aceptación y gestión de los traumas sin resolver, orquestada por un reparto de actores británicos de primer nivel. Carlos Cousillas.
Cielo Rojo (Christian Petzold) – EFA
Un par de amigos, Leon y Félix, se van a la casa vacacional junto al mar de la madre de uno de ellos para concentrarse en la edición de su último manuscrito el primero y en un portfolio fotográfico para la entrada en una escuela de arte el segundo; por despiste, también la madre prestó también la estancia a una mujer amiga de la familia, Nadja, de quién el joven novelista se enamorará apasionadamente.
Christian Petzold, director nacido Hilden que ha hecho resurgir el melodrama alemán hasta llevarlo a pantallas de los festivales internacionales de mayor prestigio, presentó en la pasada Berlinale esta nueva historia de amor y literatura, Cielo Rojo. Una obra donde el deseo, impregna casa fotograma y cada corte e imposibilita la acción melodramática. Como The Beast in the jungle, presentada en Punto de encuentro, estamos ante una película sobre el no-hacer y la no-vida, sobre la pasión correspondida que nunca deja de ser una idea, sobre el narcisismo del artista y la falta de empatía, sobre el aislamiento moderno, sobre la incomunicación y el individualismo contemporáneos. Sobre la muerte y el amor. Una obra precisa, quirúrgica en su disección de la psicología de Leon y tan llena de emociones contenidas (amor, deseo, inseguridad, narcisismo) que abruma. Una película, quizá, digna de los grandes poetas románticos. Jorge Sánchez.
