Uno de los días más esperados de esta edición del festival era el estreno nacional del último título de una de las grandes directoras europeas del momento, Alice Rohrwacher y su La quimera. Pero, antes había que adentrarse en otro universo fantasmagórico, el de la debutante (pero no primeriza) Laura Ferrés, quien había presentado su película mundialmente en la Sección Oficial competitiva de Locarno. La Sección Oficial del día se cerraba con la china The Shadowless Tower, mientras que, de otras secciones, recuperábamos lo último de Lav Díaz y la restauración de cuatro películas de Man Ray bajo la batuta de Jim Jarmusch.
La imatge permanent (Laura Ferrés) – Sección Oficial
En un universo cinematográfico entre Antonioni, Ulrich Seidl y Chema García Ibarra, el debut en el largometraje de Laura Ferrés narra la búsqueda de una historia, de un personaje, de una imagen. En un prólogo de unos 20 minutos, nos presentan a Antonia, una joven andaluza que se queda embarazada en la posguerra española; tras un salto de tiempo indeterminado, pero que nos lleva a la actualidad —spots publicitarios de Albert Rivera, Pedro Sánchez o Gabriel Rufián sirven de anclas temporales— nos encontramos con Carmen, una mujer que trabaja para castings para publicidad política y que se enamorará de Antonia. Así se inicia una historia de fantasmas, de fuerte carácter metacinematográfico, donde se rastrea la mano de Carlos Vermut en la co-escritura del guion. Son estos pasajes y las imágenes destinadas a esa búsqueda lo más interesante de una película que se queda, voluntariamente, en tierra de nadie; o en el mar de todos.
Los actores marcadamente no profesionales y una imagen hierática, de composición subrayadamente lineal, le sirven para revelar el dispositivo cinematográfico. De vez en cuando, más al principio que al final, un humor cotidiano, cercano al absurdo, rompe con la frialdad y permite que la humanidad entre en la imagen. Como ocurre en El agua de Elena López-Riera, la mezcla de lo popular, de lo oral, de lo antropológico encaja mal con una visión autoral, contemporánea y ‘artística’ del cine, un matrimonio de mal gusto que, aunque revela formas y productos estimulantes, traiciona la conciencia de clase de lo primero y favorece su desaparición. Con toda su irregularidad (o líquidez), La imagnet permanent de Laura Ferrés parece confirmar una nueva escuela estética en el cine español, alejándose del realismo social que se había consolidado en los últimos años, reflexionando sobre él y enrareciéndolo. Jorge Sánchez.
La quimera (Alice Rohrwacher) – Sección Oficial
Con La Quimera, Alice Rohrwacher vuelve a demostrar que es una de las autoras internacionales más especiales y únicas del panorama actual. Bajo la apariencia de una fábula moderna, estilo que ya exploraba en sus anteriores trabajos, la película trata una historia de asaltadores de tumbas etruscas en la Italia de los ochenta. En La Quimera, Rohrwacher vuelve a retratar una serie de personajes desde un retrato esencial y humanista, con un estilo que recuerda a las obras de siglos pasados. Con su nuevo guion, la directora italiana habla del cinismo de unos personajes materialistas que solo dan importancia al dinero, en una comunidad en la que ya no se cree en nada. El culto de los muertos, como paradigma de lo sagrado, ha perdido su significado, según expresan los propios personajes: “los muertos no lo necesitan para nada”. Al igual que Lazzaro se redimía de la mezquindad que le rodeaba en Lazzaro feliz, siendo una persona pura e inocente entre un enjambre de personajes egoístas y crueles; en La Quimera, el antihéroe vagabundo y huraño interpretado por Josh O´Connor se distancia del comportamiento del resto de ladrones de tumbas: él, igual que ellos, roba; sin embargo, lo hace bajo la esperanza de encontrar una puerta antigua que se dice, permite conectar a los vivos y a los muertos; de esta forma pretende reencontrarse con un amor fallecido.
En lo formal, Rohrwacher vuelve a transitar un realismo de época que, a través de una fotografía luminosa y de brillo casi mágico, consigue dar la sensación de mundo de fantasía, como ya vimos en El país de las maravillas. Los personajes de La Quimera se mueven por una serie de espacios desiertos e indeterminados que parecen de cuento: una estación en ruinas en la que vive una madre con sus hijas, un paisaje a las afueras de una ciudad junto a un lago y una fábrica luminosa y distante… Probablemente sea la mayor virtud de Rohrwacher la de lograr crear mundos maravillosos donde, a pesar de que en ocasiones retratan miserias y tristezas, casi gustaría visitarlos. Carlos Cousillas.
Essential truth of the lake (Lav Díaz) – Alquimias
Lav Díaz se estrena en Valladolid con la segunda parte de una trilogía sobre el inspector Hermes Papauran que comenzó con When the waves are gone, estrenada en España en el pasado D’A Film Fest. Un cadáver arrastrado por las olas del enorme lago, que hace las veces de telón de fondo omnipresente y amenazador, trae a la memoria del detective un caso de una joven desaparecida en 2005, durante el gobierno de Rodrigo Duterte (terminado en 2022). La película de Díaz es, como su título indica, una búsqueda de la verdad de lo ocurrido durante los años del imperio familiar, de las desapariciones y muertes. Algo imposible, pues, como el lago, es inabarcable y profundo. Esa imposibilidad llevará al inspector, el mejor de toda Filipinas según se afirma en la cinta, a entrar en una espiral de obsesión, pesadillas y recuerdos. Serán estos momentos de ensoñación y delirio febril, junto con alguna conversación y las imágenes grabadas para una película de ficción sobre el caso, que rompen por completo la estética pausada, contemplativa y de violencia soterrada de Díaz, los que nos den los mejores momentos de la cinta.
El director filipino, a través de su planificación y la extensión de su metraje, obliga al espectador a jugar en su tablero. La mezcla entre pasado y presente sin apenas solución de continuidad (¿el cambio del digital al celuloide?) añade miga a la extrañeza y a la violencia soterrada que terminan por aflorar gracias a los largos planos fijos, en blanco y negro y en gran angular, marca de la casa del autor. Díaz grita con rabia e impotencia, cabreado contra la familia Duterte y la imposibilidad del cine de hallar respuestas. Jorge Sánchez.
The shadowless tower (Zhang Lu) – Sección Oficial
Con una dilatada experiencia en festivales de cine de autor, como Locarno, Cannes, la Berlinale o el Festival de Busán, y más de diez películas a la espalda, Zhang Lu vuelve a Seminci con una película que transita lugares y momentos triviales para hablar de lo más esencial, serio y profundo: las relaciones humanas, la soledad y la pérdida. Su última obra trata acerca de un escritor divorciado que se gana la vida como crítico gastronómico llamado Gu Wentong. Al comienzo de la película, Gu, que lleva una vida gris desde hace tiempo, conoce a un fotógrafo que le anima a recuperar la relación con su padre, con el que no habla desde hace cuarenta años. Al mismo tiempo, Gu iniciará una amistad con una chica mucho más joven que él.
The Shadowless Tower es el revelador título de una película de sentimiento triste, que no desesperado, donde una vida solitaria y vacía se muestra con sosiego y sutileza, al tiempo que encuentra tiempo para la bondad y los actos de amor desinteresados. Los personajes de la película beben y lloran por sus penas y sus soledades, pero lo hacen en compañía; las amarguras duelen, pero no derriban; muestra un mundo indiferente y hostil, en el que hay lugar para la solidaridad.
La película habla de una torre sin sombra, y lo que no da sombra es lo que no está ahí. The Shadowless Tower retrata el sentimiento de alienación, o más bien de cómo el protagonista trata de deshacerse de él. Y es que Gu Wentong se pasa desde bien entrada la película intentando “reconectar”. En general, todos los personajes de esta película, tenues, de figura translúcida, buscan conexión: la gravedad suficiente como para quedar clavados a tierra y así lograr proyectar sombra. Carlos Cousillas.
Return to reason (Man Ray) – Memoria y Utopía
Como complemento a las jornadas sobre restauración y conservación del patrimonio fílmico que han tenido lugar bajo el auspicio de Seminci, se han proyectado una serie de restauraciones con una marcada diversidad geográfica. Entre ellas, destacaba, por ser la única muda, Return to reason, largometraje de 70 min que compila las cuatro películas realizadas por Man Ray entre 1923 y 1929 con una banda sonora original compuesta por Sqürl, nombre artístico del dúo formado por el cineasta Jim Jarmusch y Carter Logan.
En un orden que no es fácil de entender, asistimos al despliegue de luces, sombras, figuras, clavos, volúmenes, ángulos y movimientos que conformaron el universo visual del fotógrafo francés. Solo quedan dos dudas: la primera, si esta restauración no tendrá que ver con la entrada inminente de los títulos en el dominio público y una nueva capitalización (en España la distribuirá Filmin) de la obra centenaria; y, la segunda cuestión viene heredada del recibimiento en este mismo festival de Música, The Beast y Samsara: ¿hemos perdido, entre tanto realismo y verosimilitud, entre tanta narración, la vocación y la capacidad poéticas? Jorge Sánchez.
