En el ecuador de esta 69 Seminci ya podemos afirmar que la gran apuesta del festival de diversificar los títulos y propuestas a lo largo de diferentes secciones es uno de los grandes aciertos de esta nueva cúpula. El martes se presentó en Punto de Encuentro la ganadora del último Leopardo de Oro en Locarno, Toxic, mientras que la Sección Oficial ofrecía los estrenos de la ópera prima del nieto de Liv Ullman e Ingmar Bergman, La tutoría, y una de las sensaciones del último Festival de Cannes, Tres kilómetros del fin del mundo. Por otro lado, en Tiempo de Historia asistíamos a la última proyección de la trilogía Youth del documentalista chino Wang Bing, un titánico proyecto para denunciar la situación de los jóvenes emigrantes en la industria textil del país asiático. Que títulos que se mueven en frecuencias tan distintas se vean en un solo día solo es positivo para el crecimiento del festival y, sobre todo, para crear un mejor marco para los espectadores, donde las combinaciones imposibles puedan dar frutos y conexiones imposibles.
Fin de fiesta (Elena Manrique) — Sección Oficial
Hay, desde luego, una voluntad interesante en el debut en el largometraje de Elena Manrique. La de abordar el tema (porque no es ni debate) sobre la inmigración desde un punto de vista diferente. Para empezar, estamos ante una comedia que bien podría ser mainstream —y, si no lo fuese, deberíamos conseguir que lo fuese— que aborda un tema de conversación controvertido sin ningún tipo de miedo; una cinta que se permite el lujo de evitar epifanías moralistas que alivien la conciencia de los espectadores; una obra que reafirma que, al final, nada importa, todo sigue igual.
Bilal, un inmigrante senegalés, llega al palacete de una señorita divorciada, Carmina. Cuando esta lo descubre, lo convierte en su secreto, su compañía y su liberación de la conciencia. Pero ni en el libreto ni mucho menos en su puesta en escena plana consiguen subvertir los estereotipos que se propone resolver. Bilal sigue siendo un personaje pasivo al que salvar, Carmina personaliza la histeria femenina y la imagen popular de una pija andaluza y Lupe, en la que el espectador medio debería proyectarse, termina resultando más un comodín argumental que un personaje. El espectador se ríe de Carmina porque la película lo quiere así, porque es más fácil burlarse de un personaje tan caricaturizado obviando que, en el fondo, somos más Carmina que Bilal. Jorge Sánchez.
Youth (Hard Times) & Youth (Homecoming) (Wang Bing) — Tiempo de Historia
Tras la proyección el año pasado de la obra que abría el tríptico, Youth (Spring), esta 69 edición de la Seminci recoge la segunda y tercera entrega de la gran obra de Wang Bing de esta década, presentadas respectivamente en Locarno y Venecia este mismo 2024. Con el mundo (talleres privados de ropa infantil) y algunos personajes presentados en la primera parte, Hard Times y Homecoming continúan en la tónica para explora aún más a fondo el objeto de estudio. La segunda película, la más larga de todas, se centra las tensiones entre los trabajadores y los jefes del taller. Impagos, huelgas, recortes salariales, reivindicaciones, testimonios de brutalidad policial… El cierre con la tercera entrega, no obstante, no se permite ser catastrofista y vira el timón para mostrar las relaciones entre los pueblos y provincias de donde emigran los protagonistas y los propios centros de trabajo. La mirada humanista de Wang Bing prevalece.
Wang Bing se mantiene fiel a su ética de las imágenes. Grandes planos secuencia sin apenas cortes —cabría la posibilidad de la manipulación del montaje— rodados con una pequeña cámara digital con micrófono incorporado que le permitían a él y a sus ayudantes ser (casi) invisibles y registrar. Un trabajo titánico: 5 años para más 2000 horas de material grabado y un documental en tres partes que apenas supera las 10. Es en ese punto donde surge la primera duda razonable: ¿qué otras historias se han caído en montaje? ¿El discurso seguiría siendo el mismo? ¿Cuáles habrían sido las variaciones? ¿No habría, por tanto, un choque con la supuesta ética que «justifica» el registro sin cortes?
Así surge la segunda duda: ¿no hay en la acumulación de escenas, anécdotas y personajes diferentes, pero similares, una tendencia a la homogenización? ¿No sería eso otra forma de manipulación, de anteponer el discurso al material? ¿Cuál es la voluntad real que se esconde tras ese carácter enciclopédico?
Llegados a este punto, cabe reconocer en la obra de Wang Bing una fantástica contradicción sin respuesta: el realizador chino se esfuerza porque la realidad se convierta en imagen a través de su lente. Todo está en primer plano, en el centro de la imagen. Y, sin embargo, parece ser que las preguntas están en el fuera de campo, en los brutos sin montar, en otros espacios que quedaron fuera. Prueba de ello es, hacia el final de Hard Times, cuando un joven recuerda la represión policial que hubo en Zhili en 2011. No hay imágenes de lo sucedido y, pese a ello, adquiere una mayor presencia en pantalla. O cómo las imágenes festivas de Homecoming parecen asaltadas por la omnipresencia de la explotación laboral.
Con todo, sigue siendo uno de los documentos más importantes sobre la explotación laboral en China, pero también a nivel sistémico. Un canto humanista al futuro; a un futuro condenado a la semiesclavitud laboral y a la emigración, pero también a un posible futuro donde la situación cambie. Un enorme trabajo documental que, por desgracia, nunca saldrá del circuito de festivales y pirata. Jorge Sánchez.
Tres kilómetros al fin del mundo (Emanuele Parvu) — Sección Oficial
En una pequeña isla de pescadores en Rumanía, al joven Adrián, una noche le pegan una paliza. Pronto descubrimos que fue por besarse con otro chico, un amigo de Bucarest. El desarrollo dramático es el esperable de una película del estilo. Tensión en alza con todo momento gracias a un libreto bien construido en lo humano, consecuente y con personajes esculpidos con sutileza. Recuerda en gran medida al último cine del compatriota, Cristian Mungiu: unos guiones con una fuerza teatral, casi de cámara, derivada del choque de intereses entre los personajes y una exposición de la corrupción de las instituciones y el atraso político de Rumanía, particularmente a R.M.N.. La exposición de la homofobia es contundente, aunque sin caer en maniqueísmos.
Seguramente lo más sugerente de la cinta sea la cámara. Parvu elimina cualquier dramatismo y expresividad de la luz, aplanando la imagen en ese sentido. No obstante, apuesta todo a un formato panorámico y los posibles juegos con la composición, el movimiento de los personajes o el foco. Y el resultado es uno de los mejores trabajos con la cámara de lo que llevamos del festival. La pantalla se divide o se libera, se equilibra o rompe cualquier armonía. En la primera y en la última imagen, dos horizontes, quedan justificada la extraña decisión del formato. Una imagen amplia para contrarrestar un universo cerrado, una imagen expandida para hacer convivir y enfrentarse a los personajes en el cuadro, una imagen amplia para liberar a un personaje que se ahoga. Jorge Sánchez.
Universal Language (Matthew Rankin) — Tiempo de Historia
Winnipeg, Alberta Matinoba, Canadá. Lugar de nacimiento de Guy Maddin, pero también de Matthew Rankin que, como el director de My Winnipeg, dedica su segundo largometraje a la ciudad canadiense. En este caso, una versión imposible, alejada por completo de cualquier realidad y con el cine como principal punto de partida y de destino.
Hundiendo sus raíces en la estructura de ¿Dónde está la casa de mi amigo? de Abbas Kiarostami (un niño ha perdido sus gafas y el profesor no retomará las clases en la escuela hasta que pueda ver correctamente) y una estética que recuerda al último Wes Anderson (principio de simetría, niños genios, colores pastel, ciudades-decorado, diálogos ingeniosos, celuloide visible), Rankin convierte Winnipeg en un pequeño crisol de lenguas, siendo la mas importante, la única universal, el cine. Si bien es cierto que el realismo poético de Kiarostami no dialoga apenas con la artificiosidad artesanal de Anderson más allá de los guiños (algo que se siente como una fantástica oportunidad perdida), confieren una base puramente cinematográfica para que el espectador acepte el pacto y entre en el absurdo que se plantea. En su contra está una irregularidad estructural, al introducir demasiados elementos dramáticos que no terminan de funcionar del todo y, sobre todo, al no saber renovarse tras la primera impresión inicial. La película se estanca —solo hay que comparar la implicación del público en los primeros minutos y en los últimos—, gira sobre sí misma y, salvo pequeños momentos de destellos, no logra ni impresionar como al principio ni expandirse hacia otros territorios.
Con todo, Universal Language es una pequeña película, cálida y agradable de ver, sobre el cine y su función cohesiva; una obra que no aspira a mucho y que, así, encuentra su gran valor. Jorge Sánchez.
A real pain (Jesse Eisenberg) — Punto de encuentro
Segunda peli en la dirección del ya consagrado actor estadounidense Jesse Eisenberg. Aprovenchando al máximo su imagen compulsiva y neurótica y secombinándola con el carisma y la desconsideración del personaje de Kieran Culkin, Eisenerg construye una buddy movie con uno de los mejores dúos tragicómicos de los últimos años. Una película con todo el espíritu de Sundance que fue ganadora del premio a mejor guion.
David y Benji se embarcan en una peregrinación a Polonia, lugar de nacimiento de su recientemente fallecida abuela. Allí hacen un recorrido turístico sobre el Holocausto, con el fin de conectar con sus raíces judías. Pero su viaje es un tour de grupo reducido, lo que hará que su experiencia quede marcada también por su convivencia con los otros. Es en esa manera de relacionarse con el mundo donde se hacen patentes las grandes diferencias entre los dos primos: David reservado, neurótico y lógico, Benji extrovertido, intenso y sin filtro. Dos personajes totalmente opuestos que sin embargo encierran dolores y frustraciones comunes. Un título polisémico para una película sensible, divertida, reflexiva y dinámica. El dolor de la película es el del holocausto, el de la muerte de una abuela, de la depresión, de una personalidad compulsiva o de la envidia hacia alguien que puede ser un completo pain in the ass pero también sea capaz de iluminar un lugar con su carisma. Una película que hace patente diferentes dolores del mundo y las contradicciones que surgen frente al privilegio. Y siempre que podamos disfrutar de ese privilegio y distanciamiento, Eisenberg lo tiene claro, lo mejor es mirar el dolor con humor. María Valdizán Cuende.
El llanto (Pedro Martín Calero) — Proyecciones especiales
La formación de Martín Calero como director de fotografía impregna su primer largometraje en la dirección, en una película de luces estroposcópicas, iluminación con mecheros y la obsesión por la imagen. Habiendo desarrollado su trayectoria también en guion y en la realización de cortometrajes, videoclips y publicidad, combina todas sus áreas de experiencia.
El director vallisoletano destaca gratamente en la dirección de actrices, ganando la Concha de Plata a dirección en San Sebastián. Se confirma lo que ya auguraba Venus, a Ester Expósito le sienta muy bien el género, esperando que una buena parte de su carrera se desarrolle en el terror.
El llanto explora los lugares comunes del terror donde conviven dos representaciones de la imagen, una fresca y actual a través de las pantallas de móviles y portátiles y otra retro con la nostalgia del vídeo. Ambas ligadas a la cotidianeidad y a los espacios domésticos, lugares de vulnerabilidad donde el terror queda acentuado. Martín Calero coescribe con Isabel Peña la historia de tres mujeres (más una, de carácter epilogar) acechadas por un ente que amenaza su seguridad. De fondo encontramos una lectura feminista sobre el dolor y la opresión del patriarcado, una lectura que, si bien interesante queda desdibujada frente a los elementos de género, echando en falta un mayor desarrollado. Sin embargo, es en su ensayo sobre la mirada, elemento bastante común en el terror, donde puede resultar más interesante. María Valdizán Cuende.
