El mal padre (Roberto Bueso)
Un catedrático retirado convoca a sus tres hijos de los que lleva años separados ante el avance de una enfermedad neurodegenerativa. Esta reunión en la casa de la infancia se presta a risas, riñas, arquetipos, catarsis, nostalgias, terapias y maduraciones imaginables con, claro, la paternidad eje temático principal. No se pretende inventar la rueda, sino hacer una película tan entretenida y familiar como olvidable.
Roberto Bueso continúa explorando ese concepto llamado «dramedia» que funciona como buen punto medio. Es decir, que funciona correctamente tanto como drama y como comedia, aunque no destaque en ninguno. Su humor, siempre verbal y con el personaje de Damián como saco de boxeo, termina siendo el gran aliciente, pues en el intercambio intempestivo de reproches donde más lejos consigue llegar. Algo similar ocurre con sus imágenes: en gran medida y con no poca inteligencia y oficio, están al servicio de sus actores, aunque tenga más de un momento inspirado como el walk&talk de la playa o las elipsis finales.
Entre los actores, destaca, claro, un Eduard Fernández en un papel de un antagonismo ambiguo. El actor continúa apretando como actor español más en racha del momento —recordemos que viene de Marco, El 47, Anatomía de un instante— y, aunque quizá no sea su interpretación más recordada, sí consigue una de las más humanas al dar un doble —triple, cuádruple— fondo a un personaje de entrada tan detestable y antipático sin, en ningún momento, comprometer sus errores o su carácter.
En resumidas cuentas, consigue aquello que en sus ¿humildes? intenciones se pretende: hacer una obra entretenida, divertida y familiar. Y de paso, algunos momentos, risas e imágenes que nos llevamos.
Growth of the soil (Hans Petter Moland)
En el último lustro, se han estrenado en Europa un puñado de películas, si bien diferentes, donde se busca encontrar un relato épico, eminentemente romántico, sobre el individuo en su enfrentamiento con la naturaleza. Es el caso de Las Ocho Montañas, Godland, La tierra prometida —casi podríamos meter aquí todo el cine de Pietro Marcelo, aunque no trate tanto de la naturaleza como del individuo— y, ahora, Growth of the soil. Como vemos, películas de países distintos, de dimensiones y aproximaciones diferentes, pero comparten una atracción por el mismo tipo de fotografía —entre lo épico y el cuadro de paisaje del XIX— y el espíritu de El caminante frente al mar de nubes de Caspar David Friedrich.
En el caso concreto de la película de Hans Petter Moland, se introduce el tema del monstruo como representación de lo no normativo. Isak vive en la montaña noruega con el objetivo de construirse una granja en la montaña noruega. Allí se encuentra con Inger, con quien comenzará una familia. De esta manera, se desarrolla temáticamente desde el eje Sociedad-Familia-Individuo con los vectores Hombre/Mujer atravesándolo en todo momento. En no pocas ocasiones, la herencia de la novela (a identificar Individuo exclusivamente con Isak, por ejemplo) se hace demasiado patente para hacer una lectura rigurosa en clave política/sociológica; en otras ocasiones, los temas parecen ser elementos secundarios, casi consecuencias, de la historia contada. O, quizá mejor dicho, de los cuadros a conseguir. Por ello, pese a estar dentro de ese preciado grupo, Growth of the soil resulta la más errática de las tres, aquella cuyas impresionantes imágenes menos resuenan en su historia.
Por último, no quería terminar esta reseña sin mencionar la banda sonora, pues no ha sido un año donde la banda sonora se haya prodigado en Sección Oficial. Con un motivo minimalista que, aplicado con notoriedad en determinados puntos, ajusta cuentas a los momentos donde la historia y, a veces la imagen, decaen.
Pedro en el país (Benjamín Naishtat & María Alché)
«En el país». ¿En qué país? Comienza el documental y nos encontramos con unas imágenes de archivo sobre la construcción de la Villa Olímpica en México. De hecho, nos quedaremos en México la mayor parte de la película, pues es el país donde reside el Pedro que da titulo a la película y donde se filma la entrevista.
El título, y la propia película, vienen del libro Alicia en el país, de Miguel Mazzeo, sobre Alicia Eguren, activista política argentina del Peronismo, con claras reminiscencias del libro de Lewis Carroll. En dicho libro, los cineastas descubrieron las citas continuas a este Pedro, el hijo de Alicia, y gracias al escritor consiguieron su testimonio. Eso es Pedro en el país: el testimonio filmado de Pedro Catella en México sobre las vicisitudes políticas de su familia. Pedro, y por extensión su madre y su pareja, fueron una familia desarraigada, que no vivió mucho tiempo en el mismo lugar.
Y así entramos también en una tercera lectura de «en el país»: el cine de aventuras. Más que las aventuras de Alicia o de Pedro, que también, nos referimos al propio espectador. En el contexto político actual, donde la idea de la revolución está desterrada de los argumentarios de izquierdas y la Guerra Fría es poco más que un espacio de nostalgia —a lo que habría que sumar el europeísmo colonial habitual—, el espectador actual viaja a la Argentina de los años 50 de la mano de la resistencia adquiere el carácter exótico que los tebeos de Tintín o las novelas de Julio Verne. De esta manera, este documental es casi una película de ciencia ficción.
Por último, la historia de Pedro es la de muchos en Latinoamérica y en el mundo. No importa el país, la historia de Pedro es universal.
Tender Loving Care (Mike Leigh)
I .— Los tiempos que maneja Mike Leigh no son los propios de esta época. Es normal, tiene 84 años y es un veterano cuyas grandes obras se estrenaron en el cambio de siglo. Su estilo —pausado, reflexivo, austero— que, a día de hoy, resulta refrescante precisamente porque se ha mantenido imperturbable lo que, en su día, fue una moda formal. Aunque es cierto que se siente algo deslavazado, especialmente en lo que se refiere a luz y color —más televisivo y meloso que su austeridad habitual—, Leigh mantiene un discreto, pero efectivo, control sobre los tiempos y la duración del plano, los cortes, la evolución de los valores de plano dentro de cada esfena y los elementos en cuadro. Por eso, la cinta tiene varios planos, al final de la cinta, que habrían clausurado a la perfección la obra, a destacar el travelling que cierra, doloroso, sutil y con pudor, la penúltima escena de la cinta.
II .— Los actores son la pata principal sobre la que se sustenta el cine de Mike Leigh. Actores de gran trayectoria que encuentran en las historias de Leigh un vehículo para su expresión contenida. La humanidad que aportan con su humor (británico) y pequeños gestos. En Tender Loving Care todo es gesto. Los motivos actorales son la base, casi más que el texto, de cada escena, de cada imagen. El cuerpo y el rostro, al final del todo.
III .— Todo queda en familia. Una capa más.
IV .— Su estructura es más atípica de lo que aparenta. Está construida como un proceso de abstracción donde las relaciones de cuidado —laborales, familiares, amistades, institucionales— son el centro último de todas y cada una de las escenas. No hay trama, ni siquiera un apunte de argumento. Solo un pequeño gran abanico donde la bondad y, sobre todo, la humanidad florecen pese a las adversidades. Un pequeño alegato, poco sutil, contra las políticas neoliberales al inicio de la cinta marca la estética que busca crear: una película para un Estado de Bienestar, para un proyecto humanista.
V .— Un broche dorado a una filmografía.
