Entrevista a David Serrano

En este mes de agosto que está a punto terminar, ha habido una comedia musical española que ha conseguido hacerse un hueco en la taquilla, llegando a ser la segunda película más vista del viernes de su estreno tras Bullet Train (David Leitch, 2022). ¿El gancho? Las canciones de los Hombres G y una vuelta a la infancia ochentera. ¿Su título? Voy a pasármelo bien. Una película sencilla, rodada en Valladolid por el hombre detrás de Hoy no me puedo levantar (2004), las adaptaciones españolas de Billy Elliot y Matilda, así como el director de Días de fútbol y de algunos episodios de Vota Juan (2019). Hoy, hablamos con David Serrano de la Peña.

P.: ¿Cómo se está recibiendo Voy a pasármelo bien?

David Serrano: Lo sorprendente es que está yendo más gente adulta de la que esperábamos, superando al público infantil que era, en un principio, el espectador potencial; y, para mí, que suceda eso es una gran sorpresa. También es verdad que está siendo recibida como nada de lo que he hecho en mi vida y las reacciones están siendo brutales. Estoy recibiendo del orden 50 a 70 mensajes diarios de personas emocionadas a través de las redes sociales y [la película] está recibiendo notas altísimas en todas las páginas [de ratings] de cine; las críticas están siendo increíbles. En resumen, hicimos una película pensando que iba a ser para chavales y… evidentemente también queríamos que los padres acudieran a verla con agrado, pero sí que es cierto que está yendo un público bastante adulto.

P.: A la sesión a la que yo fui había muchos padres con sus hijos…

D. S.: ¿En qué cine?

P.: En Cinemes de Montcada, en Barcelona.

D. S.: En Barcelona, por ejemplo, la película está funcionando muy mal. No hay ningún cine que esté dando datos buenos. En Madrid tampoco, porque hay muchas gente de vacaciones; pero en Barcelona es llamativo, que no haya ningún cine que esté dando datos positivos. A ver si se anima…

P.: En mi sesión, al menos, la gente sí disfrutaban mucho la película…

D. S.: La verdad es que estoy muy feliz porque, sinceramente, había hecho películas que no le habían gustado a nadie. Dirigí una película que se llama Días de Cine (2007) que la gente odió, literalmente. Pero, además, realicé otras dos películas como Una hora más en Canarias (2010) y Tenemos que hablar (2016) que pasaron totalmente desapercibidas; realmente a la gente le daba igual. Y, después de muchos años desde El Otro lado de la cama (2001) y Días de fútbol (2003), ha llegado Voy a pasármelo bien y siento que he hecho una película que a la gente le gusta mucho y es una sensación maravillosa.

P.: Creo que es una historia en la que casi todos, de alguna manera, nos vemos reflejados porque hemos vivido un amor similar y la tenemos ahí dentro. 

D. S.: Ojalá, lo que sí siento es que está gustando mucho y que la gente se emociona. Es una peli que tiene mucho corazón y la verdad es que le puse mucho amor porque estoy hablando de mi propia vida, de mi primer amor. Al final, es una película autobiográfica porque el chico se llama David porque soy yo porque  Layla es una chica que se llamaba Layla y que fue mi primer amor de verdad en el colegio, la chica con la que me di mi primer beso… Bueno yo creo que cuando todo lo que se hace es de verdad al final termina llegando más.

P.: El trabajo que has hecho con Zeltia Montes en la adaptación de las canciones de Hombres G y trasladarlo a la banda sonora de la película es de una gran meticulosidad.

D. S.: Sí, sí. Además, Zeltia lo tenía muy difícil porque no solo tenía que hacer los arreglos de las canciones: también tenía que hacerlos distintos, porque no íbamos a utilizar las canciones originales como banda sonora, aunque juego mucho con las originales; debía realizar estos arreglos y también tenía que hacer una música incidental de la película porque no podía ser todo música de los Hombres G,  porque no casaba con la historia estábamos contando. Por eso ha sido increíble lo que ha conseguido Zeltia, ha logrado que se entrelacen y que puedan convivir las dos músicas perfectamente. Es un gran trabajo. Y, además de los temas que ha arreglado y orquestado por ella, tenemos el tema original que ha compuesto Zeltia  que lo llamamos el tema del Layla, que personalmente, me parece que es un tema precioso y que le da una épica y un romanticismo a la película tremendo. 

P.: ¿Cómo llegasteis a la idea de contar las dos historias y cómo hicisteis para que encajasen y fluyesen juntas?  

D. S.: Mira, ahí hemos tenido mucha suerte. La película está rodada en dos etapas: la parte infantil la rodamos en agosto del 2021, fueron 5 semanas, y la parte adulta tuvimos que esperar hasta finales de febrero a que Karla Souza pudiera rodar porque Karla Souza es una gran superestrella  y solo tenía agenda en esas fechas. Eso nos permitió montar la película de los niños. En octubre ya la tenía montada y el trabajo del montador Alberto Gutierrez era excelente porque es un auténtico genio. Y, cuando vimos la película con Alberto con el productor Enrique López Lavigne, nos dimos cuenta que lo escrito en el  guión para la parte de adulta no iba a funcionar con lo que ya teníamos rodado. El siguiente paso fue reescribir por completo, con ayuda del montaje y de Alberto, la parte adulta. Eso hizo que pudieran casar bien. Luego, ya tenía montada la parte de los niños, con lo cual yo ya sabía cómo había que rodar la parte adulta para que montara bien. Sinceramente ha sido una grandísima ventaja y nos ha ayudado a que la película fuera mejor. Estoy seguro que si la película la hubiéramos rodado en continuidad, el resultado hubiera sido mucho peor. El  cine a veces tiene estos pequeños milagros que ocurren y que te ayudan a que las cosas sean mejor. También durante el rodaje tuvimos una lesión de la niña en el tobillo [haciendo una coreografía], nada muy poquita cosa, pero nos obligó a cambiar el plan de rodaje porque durante unos días no podía bailar; sí podía interpretar, pero no bailar. Esa fue la razón por la que el último número musical lo rodamos el último día de la grabación de la película, con lo cual la emoción que tenían los niños era una emoción real, porque terminaba el rodaje, terminaban las cinco mejores semanas que habían pasado en su vida. Por eso, las miradas que tienen, esas lágrimas que les salen, por mucho que trabajes con ellos (y mira que trabajamos con ellos porque estuvimos ensayando la película durante cinco meses), pues tienen algo especial porque era el último día de rodaje; y eso pasó porque simplemente se tuvo que cambiar el plan de rodaje. Durante el rodaje han ocurrido varios pequeños «milagritos», que han hecho que la película fuera mejor

P.: La película tiene muchos momentos emotivos de pequeña lagrimita con la historia de David y Layla de mayores e incluso alguna escena con un personaje tan a priori cómico como es Luis.   

D. S.: Ese momento emotivo de Luis lo escribí porque pasó de verdad. Yo era más amigo de Antonio, que era su hermano. Luis era un año más pequeño que yo, pero tenía una pierna con hierros y nos metíamos mucho con él, pero él luchaba siempre contra el desaliento, le tiraban al suelo y se levantaba y corría y jugaba al fútbol con la pierna de hierro; era increíble el chaval. Y, por ese carácter autobiográfico de la historia me acordé de ese momento y creo que, además, le da más valor a la parte infantil, porque sino quedaría todo demasiado ñoño. A los 12 años empiezas a encontrarte con la vida, te encuentras con el amor, te encuentras con que ya tus padres no te protegen del todo y empiezas a ser libre; pero también en esa época me encontré, junto a mis amigos, con la enfermedad… e incluso con la muerte. Y cómo se reacciona a esas edades es muy complejo. Y eso tenía que estar presente.

P.: Valladolid es un personaje más de la historia y además has hecho de la Seminci un hábitat adecuado para la película.    

D. S.: Para mí era importante (además, de que saliera bonita, evidentemente) que parecía una ciudad real, y para ellos tomamos algunas decisiones como la de poner el plano en el que Raúl está esperando el autobús donde se viera que también es una ciudad urbana, y que se viera que no es una ciudad de cuento, que es una ciudad de verdad. Y luego, es que nos venía muy bien Valladolid para la película por muchas razones: tenía casco antiguo, tenía el río Pisuerga, ¡tenía el barco! El que los dos personajes estuvieran en el río dentro del barco, aireaba a la película y te llevaba a otra localización que no era la típica de otro paseo por la calle o tomando un café dentro del bar; de repente, están en el río y la sensación de libertad, sin paredes que opriman, lo agradece el espectador. Valladolid nos ha aportado un montón de cosas y luego está la Seminci. Porque, si queríamos un festival de cine para la película, qué mejor que la Seminci, un festival de verdad, importantísimo y que nos dio todo tipo de facilidades. Nos permitieron utilizar el nombre e incluso su premio, la espiga. También el Ayuntamiento Valladolid y Valladolid Film Comission nos ayudaron muchísimo, ha sido un gusto rodar allí. Pero, en realidad, solo hemos rodado en Valladolid creo que  dos semanas y media de la película, en realidad solo hay un tercio, porque los  interiores están rodados en Madrid.

P.: ¿Cómo llegaste a contextualizar los 80 en la película? ¿Y cómo conseguiste la colección de ripios con frases de aquella época?

D. S.: Había un riesgo en la película que se transformara en un “Yo también fui de las generación de EGB”. Fui quitando cosas porque en las primeras versiones de guión estaba mucho más presente los 80: el videoclub, el teléfono con el que todos teníamos que llamar y nunca te lo cogían, el teléfono comunicando. Había más elementos como estos, pero los fui eliminando porque al final en la película tienes que contar una historia de amor y no podía durar más de lo que dura. Hay gente que me ha comentado «un número musical más», pero creo que eso hubiera sido un error para la trama, creo que habría sufrido con un número musical más. Porque, al final los números musicales, no dejan de ser siempre un pequeño parón en la trama. A no ser que hagas Los Miserables que van cantando lo que les va ocurriendo, pero eso ya es una ópera, no es un musical cinematográfico. Yo ahí le robe la idea de la estructura a La La Land (Damien Chazelle, 2016), que tiene exactamente esta estructura: cuatro números musicales grandes y el resto son pequeñas canciones de un minuto, 10 segundos,… y La La Land dura 2 horas.  Pero yo no podía hacer una película de 2 horas: no teníamos ni tiempo, ni presupuesto, ni era buena idea que durara tanto tiempo, por eso un número más, tampoco nos hubiera ayudado y tampoco nos ayudaba meter más elementos de los 80, lo importante era contar la historia y que los elementos se sintieran presentes, que estuvieran ahí. 

Y frases, pues me dejé alguna que yo quería meter como “Alucina vecina”, que la decíamos todo el rato, y “el que sabe, Saba”. Es que hablamos con anuncios. La publicidad tenía “Busque y compare y, si encuentra algo mejor, cómprelo”; eso lo decíamos todo el día. Hubo uno que no puede quitar «¿Qué hora es? La hora 103» porque era tan absurdo que debía salir y ese lo decíamos todos. Al final fui hacia los que me parecían más graciosos y también repetí alguno porque tampoco es una colección que se van diciendo todos distintos y que se repita alguno, no pasa nada. Y mejor solo con un personaje, pero que los otros de vez en cuando también lo dijeran. ¡Pero es que hablábamos así! Eso sí, hubieron  algunos no me acordaba y los tuve que buscar como aquel de “Señoras y Señores en el culo tengo flores”.

P.: ¿Cómo rodaste los números musicales? 

D. S.: Es otra de las cosas que hablé con Enrique. La realidad es que nosotros tenemos presupuestos en España reducidos, hemos tenido el dinero que hemos tenido y es infinitamente inferior a La La Land. Pues lo que hable con Enrique desde el principio es “centrémonos en hacer tres grandes números” y en el “ te quiero” hacemos una mediación que esté bien, pero que no sea tan grande; y que eso nos permita meter el dinero en tres números que queden bien y que se note.  Porque, al final, para hacer un número que quede bien se necesitan muchos bailarines, y muchos bailarines es mucho dinero. Tener a más de 100 personas en un solo plano, significa que a esas 100 personas hay que pagarles un sueldo y la seguridad social. Tener ahí a 100 personas… pues a lo mejor son solamente en una jornada de rodaje 80.000 €, y eso es una barbaridad. Y así que apostamos por que los números fueran grandes. Además, nosotros teníamos un problema grande con la película que son los horarios en los que pueden rodar los niños, sobre todo Izan que está en todos los planos de la película. Esta circunstancia nos limitaba a un horario de rodaje de 7 horas al día, que es poquísimo, así que lo que hicimos fue tenerlo todo muy preparado, muy planificado y sabíamos perfectamente lo que se debía hacer. Habíamos rodado incluso las localizaciones el fin de semana anterior al inicio del rodaje, también rodamos los números musicales con una cámara de vídeo. Todo estaba muy preparado y muy trabajado tanto con Iker Karrer, el coreógrafo, como con Kike de la Rica [director de fotografía], y lo llevamos todo muy estudiado. Solo en el número del colegio hicimos un poquito de improvisación con la cámara. El último número el de «Dos imanes», que yo creo que es el mejor, como era muy peculiar estuvimos trabajando y acabando de planificar el día rodaje, pero ese número se rodó en un día, el número 17 está rodando en dos días, el día del colegio está rodado en un día y medio; o sea que lo pudimos hacer porque lo teníamos todo muy estudiado.

P.: Esa primer número musical recuerda mucho a las entradas de los clásicos, como West Side Story (Robert Wise, 1962)

D. S.: Sí… Además, había que presentar a la ciudad y también había esa idea que debían moverse por diferentes sitios…

P.: ¿Te rogó mucho Enrique Lavigne salir cantando en la escena del karaoke?

D. S.: Hombre, es que, si tú vas a filmar en un karaoke, tiene que salir Enrique López, no había mucha posibilidad de que no saliera (risas).

P.: ¿Cómo te llevó Enrique Lavigne al proyecto? 

D. S.: Nosotros llevamos muchos años hablando de hacer un musical porque nos gusta mucho el género. Me llamó un día a finales de 2019 y me dijo “tengo los derechos de las canciones de Hombre G para hacer una peli, haber que se te ocurre”, me habló de hacer un posible biopic de los primeros años del grupo que son muy divertidos y muy graciosos, pero se me ocurrió contar esta historia tan personal. Era mi primera historia, mi primer amor, también mi primer amor por un grupo de música y fue la primera vez que decidí que un grupo me gustaba porque me gustaba a mí solo no porque le gustaba alguien que yo conocía. Coinciden ese momento en el que yo empiezo escuchar música, que me enamoró por primera vez, la historia de mis amigos. Y así se lo propuse Enrique; él se lo propuso al grupo, porque Hombres G son coproductores de la película; les pareció a todos bien, empecé a escribir el guión y se fue colocando todo de una manera muy natural. En la primera versión del guión solo salían los niños, no había la historia adulta; entonces, Sony y Enrique comentaron que la película debía crecer y no quedarse solo en la anécdota de los chavales, se merecía coger más vuelo. Y me dijeron «vamos a meter personajes adultos», justo en esas semanas yo estaba localizando a la Layla real, con la que llevaba 33 años sin hablar y con la que finalmente tuvimos dos conversaciones muy largas de casi 2 horas, hablando de nuestro primer amor y demás vivencias. Fueron muy bonitas las conversaciones y se me ocurrió “¿Qué pasaría si me reencontrara otra vez con Layla?». Así que por ahí fue por donde brotó la historia adulta y así salió. 

P.: ¿Cómo ha sido trabajar con un productor como Enrique Lavigne? 

D. S.: Muy bien, aparte a Enrique lo conozco hace 25 años, nos conocemos mucho y nos entendimos muy bien. Cuando trabajas con él siempre funciona a una gran velocidad y siempre tiene 1500 cosas en la cabeza. Pero con Enrique en dos horas hace lo que con otros productores puedes demorarte 20 o 40 horas. Con Enrique te sientas a ver la película y no hace falta verla tres veces, porque al momento te dice: “pum pum, quita esto, pon esto, mantén esto”. Tiene una inteligencia y sabe ver el cine de una manera que muy poca gente lo sabe ver. Después en el rodaje es un tipo que arriesga, que de repente te dice: «¿por qué no ruedas de aquí?”. Es un productor que te hace crecer como director, que es lo más importante, y le da igual el género porque a Enrique le gusta mucho el cine. Aunque en realidad, yo creo que a Enrique le gusta la vida. Pero le gusta mucho el cine y por eso le encanta producir, le encanta hacer películas y seguramente por eso lo que no le gusta es repetirse, porque yo creo que ahí es cuando se aburre. Recordemos que él fue quién apostó por los Javis.

P.: ¿Y ese cameo haciendo de tu padre?

D. S.: Es que es mi padre, entonces ni siquiera mi padre puede hacer de mi padre como yo puedo hacer de él a esa edad. Me pareció que no había ningún actor en España que fuera a hacer mejor ese papel que yo. A parte en la escena que tengo con Izan, se le notó mucho que le hacía mucha ilusión verme a mí delante en la escena. 

P.: ¿Musical en teatro o musical en cine, donde te encuentras más cómodo? ¿Y por qué el musical?

D. S.: A mí desde muy pequeño me gustó muchísimo cine musical, no sé porqué, pero me encantaba. Veía Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly & Stanley Donen, 1952), que fue el primer musical del que fui consciente que me gustaba, y bueno también Granujas a todo ritmo (John Landis, 1980), que también es un musical muy peculiar porque también solo tiene cinco números; es antecesora de La La Land, porque solo tiene esos cinco números y porque combina lo extradiegético con lo diegético y su parte musical también era muy novedosa. Siempre me gustaron muchísimo los musicales, sobre todo en cine, de siempre. Y llegó al teatro musical más tarde, de hecho cuando me ofrecen escribir Hoy no me puedo levantar, me lo ofrecen porque yo había escrito El otro lado de la cama. Creo que en esa época solo había visto un musical en teatro, a raíz de que me ofrecieron hacerlo, empecé a ver musicales en teatro y me fui enamorando del género, así que ha sido un amor más tardío, pero más profundo. Te diría que a mí lo que más me gusta hacer es musicales en teatro. Además, es donde yo creo que me manejo con más con más soltura y una manera más natural y me siento más ligero; más que en el cine, que siempre me hace pasar más angustia y lo paso peor porque los rodajes son siempre muy duros, pero bueno ojalá pueda combinar las dos disciplinas. 

P.: Parece que llevamos dos años en los que poco a poco volvemos a ver musicales y, además, de diferentes estilos: clásicos como West Side Story (Steven Spielberg, 2021), Tick, tick… Boom! (Lin-Manuel Mirada, 2021), rompedores como Annette (Leos Carax, 2021), o divertidos como Tra la la (Jean-Marie Larrieu, Arnaud Larrieu, 2022). 

D. S.: Ojalá. A mi me gustan mucho y ojalá la gente se anime a verlos. En este caso creo que está bien que en los musicales no pongan 25 canciones, que agoten al espectador. Pero más que por eso, porque, si no te gustan los musicales no vayas a ver musicales, pero por lo que te decía antes: creo que cuando metes muchas canciones, la trama termina sufriendo y hace perder un poco de ritmo; y, finalmente, terminas perdiendo cosas, incluso en Cantando bajo la lluvia. En La La Land no sobra ninguno porque al ser pocos, entran mucho mejor. Creo que con menos números los musicales también funcionan. 

P.: Este año han coincidido tres películas de ficción real de cine familiar en la que los niños no son tratados como tontos y se les ofrece un producto digno. Hablo de films Llenos de Gracia de Roberto Bueso, Héroes de Barrio de Ángeles Reine y el tuyo, en los que parece que la industria cinematográfica empieza a apostar.

D. S.: Pero la taquilla de las dos películas que me has comentado… no son taquillas importantes. Por supuesto, hay que hacerlas, pero los padres aquí también tienen una responsabilidad para que sus hijos vean buen cine. Honestamente pienso que, como tienen la responsabilidad de que coman bien y que no se alimenten solo de bollos y hamburguesas o de que sus hijos lean y conozcan mundo, los padres también deberían informarse un poco y llevar a sus hijos a ver buen cine, o por lo menos cine decente. No voy a soñar con que un padre lleve a su hijo a la Filmoteca a ver Cantando bajo la lluvia, eso va a pasar con muy poca gente. Pero, hombre, pueden ir a ver buen cine familiar, como tú acabas de decir. Se tienen que informar y llevar a sus hijos al cine; que viendo mejor cine sus hijos, van a ser más inteligente. Es como, si leen mejores libros o si se les enseña a comer bien, estoy seguro de que cuando tengan 40 años disfrutarán mucho más. Son cosas en las que los padres tienen una responsabilidad. Y sí, me gustaría que este tipo de producciones en este país tuviera más éxito y que se comenzara a ir por ese camino también. Espero que también se extienda hacia la ficción televisiva, haciendo unas series que puedan gustar a todo el mundo y que tengan calidad. Que no se trate de la serie chorra o la serie escandalosa para chavales que también se está dando mucho. 

P.: Hablando de series, ¿cómo fue tu experiencia con una serie como Vota Juan?

D. S.: Sí, trabajé en la primera temporada haciendo los primeros cuatro capítulos y, de alguna manera, sentando un poco las bases de la serie, del estilo,… Estuve trabajando un mes con los actores para cerrar un poco los personajes y trabajando muy a gusto en esa primera temporada

P.: Una comedia inteligente que habla sobre política desde un punto de vista irónico, muy original en este país

D. S.: Sí, había gente muy talentosa del guión como Diego San José, Víctor García León y Juan Cavestany. Eran guiones que yo creo que evidentemente tenían mucho interés y había un buen elenco. Estoy muy contento del capítulo 2 y el 4. Me parece que eran muy graciosos.

P.: Se te ve disfrutar en las comedias, incluso en películas como Una hora más en Canarias.  

D. S.: Yo creo que ahí nos quedamos un poco a medias, un quiero y no puedo. Una hora más en Canarias tenía muchos problemas de guion, su estructura no está bien y hubieron muchos fallos en esa película. Realmente no estaba para realizar ese guion, me equivoqué con muchas decisiones que tomé en esa película. Tiene cosas que eran bonitas… visualmente la sacamos muy bonita: el vestuario era de Paco Delgado, que ha estado dos veces nominado al Óscar, y la fotografía de Carlos Serum, un director de fotografía argentino que murió hace dos o tres años; y visualmente sacamos una película que era preciosa, pero el guion había que trabajarlo más. Lo más interesante es que se descubrió que Quim Gutiérrez era un grandísimo actor de comedia, porque esa fue su primera comedia. Estuvimos trabajando mucho tiempo para crear el personaje y creo que el trabajo de Quim es espectacular en la película. Y también el de Eduardo Blanco, que siempre da gusto verle en cualquier película.

P.: ¿Cómo llegasteis a realizar un musical de Pantaleón y las Visitadoras, adaptando la novela de Vargas Llosa? ¿Y dónde se puede ver?

D. S.: Esta obra no se ha visto en España, la hice para Perú. Se vio solo en Lima y no se va a estrenar en España. Pues me lo propuso un amigo, el director del teatro peruano Juan Carlos Fishe,  que es uno de los directores más importantes en Perú, al que yo conocía porque había dirigido Billy Elliot en Perú. Me propuso hacerlo, porque yo en ese momento estaba en Lima y la novela me hacía mucha gracia. Siempre que me llaman para trabajar fuera  siempre digo que sí porque es una manera de conocer a fondo un país. Estuve yendo durante un año y medio a Lima, realice cuatro viajes muy largos. E hicimos una adaptación, la música la hice con los colaboradores de los musicales que siempre realizo en España con Gaby Goldman, el director musical de Billy Elliot y de Matilda, con Joan Miquel Pérez, el director musical de Grease, y con mi hermano Alejandro, que es músico y es con el que hago las adaptaciones de las canciones. Son mi equipo de los musicales y los tres son compositores, así que  a cada uno les dije los tres temas que quería que compusieran. Y salió bien e hicimos un musical basado en la novela, que a Vargas Llosa le encantó, incluso me escribió  una dedicatoria muy bonita en el ejemplar que tengo de Pantaleón. Lo que pasa es que es un proyecto que no va a verse en España, porque es inviable. No tendrá un recorrido fuera de Perú… Pero está en YouTube. Lo mas gracioso de la novela es el uso del lenguaje y eso lo respetamos mucho consiguiendo que tuvieras ese lenguaje de Pantaleón tan especial estuviera ahí. Esos informes graciosísimos que manda Pantaleón a a sus jefes en Lima, pues están hechos como pequeñas escenas que son muy divertidas; y creo que quedó muy bien.

P.: ¿Tienes algún proyecto en mente? 

D. S.: Sí, voy a seguir colaborando con Enrique López. Actualmente estamos hablando de una serie infantil, porque tengo un talento en bruto en Matilda, que es espectacular. Llevo un año y pico trabajando con un grupo de 60 niñas entre 9 y 10 años que están… a un nivel Broadway no, por encima. Entonces estamos preparando una serie con ellas. Y luego, algún proyecto que también le gustó mucho a Enrique, ya más adulto que podría ser mi siguiente película. Y por último seguiré haciendo teatro musical, porque creo que no voy a hacer en próximos años teatro de texto, por ahora voy a descansar porque es lo que más me he dedicado en  los últimos 5 años; y enicma los teatros públicos en Madrid están programados y dirigidos de una manera con la que no estoy muy de acuerdo y el tipo de teatro que me gusta a mi no va a tener mucho hueco. Así que me centraré en hacer musicales en teatro, tengo otro aparte de Matilda para el año que viene. Y a trabajar con Enrique.

Foto cabecera: Jorge Alvariño

Sony Pictures España

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