La Maternal

Ficha técnica:

Título original:

La Maternal

Director: Pilar Palomero

Duración: 100 min.

País: España

Idioma: Español

Intérpretes: Carla Quílez,

Àngela Cervantes, Jordan

Dumes, Pepe Lorente,

Olga Hueso, Rubén

Martínez, Gal-la Sabaté,

Neus Pàmies.

BTEAM Pictures

Sinopsis: Carla tiene 14 años y es una joven desafiante y rebelde. Vive en un viejo restaurante de carretera en las afueras de un pueblo con su joven madre soltera mientras falta a clase y pasa las horas con su amigo Efraín. Cuando la trabajadora social se da cuenta de que está embarazada de cinco meses, Carla ingresa en ‘La Maternal’, un centro para madres menores de edad donde comparte su día a día con otras jóvenes como ella. Juntas con sus bebés, se enfrentarán a este nuevo mundo de adultos para el que no les ha dado tiempo a prepararse.

Crítica:

Ocurre a veces que la maldición de una obra es lanzarse al público a la sombra de otra similar o de una tendencia más generalizada que, en vez de servir de paraguas, sirve como peso que la hunde aún más. Con circunstancias que le son ajenas y que no se pueden controlar. En La Maternal ocurre esto.

La segunda película de Pilar Palomero, tras coronarse en la gala pandémica de Los Goya con su ópera prima, parece servir como continuación directa de la vida de Celia. Si en Las Niñas, la cineasta se centraba en la preadolescencia y los primeros pasos del despertar sexual, en La Maternal descubrimos a Carla, una adolescente de catorce años que vive con su madre en un pueblo de los Monegros (el bar y el campo de fútbol de Jamón, Jamón de Bigas Luna) y que, tras quedar embarazada de su mejor amigo, se mudará a un centro para madres menores de edad en Barcelona. De entrada, o más bien de telón de fondo —como en Las Niñas—, se sugiere un comentario de clase que, con mayor o menor fortuna, se queda como paisaje clave, imponiendo las condiciones de salida de la carrera de obstáculos que está a punto de comenzar.

La carrera, sin embargo, adoptará otras vías, más personales e íntimas, colocando a las relaciones maternofiliales como eje transversal. De esta forma, se recupera ese estado líquido, donde una es madre sin dejar de ser hija, que este año también hemos visto en Cinco Lobitos de Alaúda Ruiz de Azúa. Sendas películas recorren caminos similares, utilizando la maternidad como forma de comprensión a las progenitoras (la relación madre-hija en ambas se prefigura complicada y termina, al darse cuenta ambas que se encuentran en la misma posición, y no enfrentadas, en buenos términos), estableciendo cadenas maternofiliales que sugieren una realidad histórica y global e incidiendo en la importancia de lo oral (en la cinta vasca, la nana que le da título; en la catalana, «Tu calorro» de Estopa). En La Maternal, no obstante, Pilar Palomero decide hacer un retrato más superficial de la maternidad, pero también uno más concreto y de vocación social, el de las realidades de las madres adolescentes. Con mucha vocación documentalista, la cineasta zaragozana toma las historias de Sheila Baños, Estel Collado, Claudia Dalmau, Claudia Medina y Jamila Bengharda, que se interpretan a sí mismas en la cinta, y las torna ficción (en el futuro veremos cómo envejece esta tendencia no tan reciente de los actores no profesionales y sus voces; ilusiona, eso sí, que la realización de una película pueda ser un acto terapéutico), exceptuando una larga y dolorosa escena donde ellas relatan los problemas que han tenido durante su adolescencia, una escena que bien podría ser el resumen de la película, tierno y oscuro.

Palomero filma muy de cerca, como ya hizo en sus trabajos anteriores, a sus personajes, atenta a los más mínimos detalles de sus rostros, buscando la mirada interior y la mueca invisible. Y logra resultados. Tanto con Ángela Cervantes como la debutante Carla Quílez se muestran inmensas, haciendo de los pequeños gestos grandes momentos. Compuesta por escenas seleccionadas (la realizadora juega fuerte con las elipsis), esta estética, si bien coherente y propia (no está muy distanciado de la búsqueda del sello autoral de Rodrigo Sorogoyen, a base de grandes angulares y primeros planos), se vuelve plana y secundaria.

Pilar Palomero ha demostrado que la mirada que presentó hace unos años, sigue ahí y no se evaporó con la autoficción ni con la novedad (la palabra que se ha usado y abusado estos días es «confirmación»). Con sus virtudes y sus vicios. Las apuestas la nombran favorita a la Concha de Oro. Veremos.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s