Crítica ‘El techo amarillo’

Puntuación: 3 de 5.

No sé cuantas veces he tragado saliva al ver este documental, pero no he sido capaz de llorar. La dureza de los hechos es asfixiante, sin embargo, Coixet maneja la emoción justa para no convertir el documental en un melodrama marcado por el morbo o el sensacionalismo. La trayectoria de la realizadora catalana avala no solo el proyecto si no su proyección en salas, que habría sido improbable sin su firma. Isabel Coixet es un altavoz gracias al cual estas mujeres cuentan su historia. El techo amarillo funciona como un estudio y análisis de las estrategias de un abusador, la invalidación emocional, la seducción, la culpa y la vergüenza… pero también narra unos hechos concretos.

Entre 2001 y 2008, Antonio Gómez, profesor del Aula de Teatre de Lleida, abusó sexualmente de las protagonistas de este documental con otro profesor, Rubén Escartín, como cómplice. Ellas denunciaron en 2018 pero el crimen había prescrito y quedó archivado. La dirección de la propia aula de teatro hizo oídos sordos a unos abusos que eran un secreto a gritos, incluso permitiendo que el profesor fuera el jefe de estudios del centro de 2009 a 2017. En 2019 fue despedido del aula de teatro con la cuantiosa indemnización de 59.000 euros. Coixet se enteró de la historia de estas mujeres en 2020, cuando leyó el reportaje al respecto de Albert Llimós y Núria Juanico para el diario ARA. De ahí en adelante, lo que sucedió es este documental.

El techo amarillo tiene un marcado carácter ensayístico, lo que permite que las mujeres que lo protagonizan adquieran en todo momento un papel activo, subvirtiendo la imagen colectiva de la víctima como alguien vulnerable y miserable. Las protagonistas se reencuentran con su propia imagen, en un espejo del aula de teatro y en todas las imágenes y videos de archivo de aquellos años. Se topan con unas chicas que se veían maduras para su edad, que se creían especiales y afortunadas por ser las escogidas por su brillante profesor. Testimonios se intercalan con noticias, vídeo y fotografías de archivo, estructurando un relato difícil de digerir. Las adolescentes ahora adultas admiraban a un hombre creativo e innovador, con gran carisma. Estaba creando un grupo de jóvenes que pretendía ser un lugar personal para ellos, pero en el que él mismo se incluía. El clima sexualizado de los talleres y obras de teatro normalizó este tipo de violencia contra las jóvenes, alimentando a que los estudiantes masculinos la continuaran perpetuando como legado de Antonio. Así, la directora y sus protagonistas reflexionan sobre los métodos de seducción del depredador y sobre el complejo proceso de identificación con el papel de víctima, siempre con cuidado de no caer en los procesos de revictimización que se suelen potenciar a través de los medios y los procesos judiciales. La cinta es denuncia y visibilización, es arte creado desde el dolor, pero ante todo, es un proceso terapéutico y sanador para sus protagonistas.

Isabel Coixet narra con corrección técnica permitiendo a las protagonistas serlo, destacando un gran trabajo de estructuración donde el montaje cobra un papel fundamental. Con delicadeza y poética en la narrativa de sus imágenes, Coixet estructura en nueve capítulos un análisis minucioso de todos los elementos necesarios para entender como se perpetuaron los abusos: Él, El aula, La inestable, Los viajes, Los rumores, El director, El silencio, La denuncia, Ellas. Una de las protagonistas relata el abuso que da nombre a la película, recordándose incómoda y paralizada, mirando el techo amarillo de la habitación de hotel que el profesor había amañado para que tuvieran que dormir juntos. Y recuerda lo que él le dijo «No debería haber dejado que pasara», haciéndola partícipe de algo sobre lo que no tuvo ningún poder de decisión. Así se retrata la falta de consentimiento —no solo no es no—, donde impera el abuso de poder y la manipulación mediadas por la culpa. Una culpa que las protagonistas trabajan poco a poco por eliminar, hasta volver ellas mismas al Aula de Teatre, devolviendo la culpa a quien le corresponde.

El documental de Coixet desprende empatía y verdad. Se está resaltando mucho lo necesario de la cinta. Sin duda lo es. Pero sin Isabel Coixet no podríamos hablar de un mismo resultado, ya no estético o de calidad cinematográfica si no de repercusión social. A pesar de que la historia llegó a los medios, no habría conseguido alcanzar las salas de cine si no es por su directora, ¿cuántas veces hemos visto un documental de estas características proyectado en la gran pantalla? Pero más allá de eso, hay otras repercusiones de incluso mayor importancia. El propósito de la cinta era volver a denunciar públicamente lo que se les negó por vía judicial, buscando la justicia por su mano. El caso del Aula de Teatre se ha reabierto gracias al documental. Y la abogada del caso ha presentado una nueva prueba: 94 minutos de documental en un pendrive amarillo.


Título original: El sostre groc Duración: 94 min País: España Idioma: Catalán, español Directora: Isabel Coixet Guión: Isabel Coixet, Laura Ferrero Productores: Isabel Coixet, Carla Sospedra Fotografía: Nadia Zafra Montaje: Mariona Solé Música: Chop Suey Apariciones: Aida Flix, Núria Juanico, Goretti Narcís, Violeta Porta, Miriam Fuentes, Albert Llimós, Marta Pachón

Sinopsis: En 2018 un grupo de nueve mujeres presentaron una denuncia contra dos de sus profesores del Aula de Teatro de Lleida por abusos sexuales ocurridos entre los años 2001 y 2008, cuando eran unas adolescentes. Fue demasiado tarde. Por miedo, por vergüenza, porque tardaron mucho tiempo en entender y digerir lo que había pasado, la denuncia llegó cuando el caso ya había prescrito y se archivó. Lo que no sabían es que, a pesar de que el caso había prescrito, sus testimonios estaban abriendo una puerta en la que, tal vez, no todo estaba perdido.


BTEAM Pictures

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