Atlàntida Film Fest 2023 (IV)

Con esta última tanda de reseñas, cerramos la cobertura de esta edición online del Atlàntida Film Fest. Una edición cuyos títulos mejoran las nada desdeñables plantillas de otros años. Desde la macabra Falcon Lake hasta la política Chiara, pasando por Dalva, la triunfal Safe Place o la sensual Thunder, han dado ejemplo desde la Sección Oficial; mientras que la Sección Memoria histórica ha estado candente con obras como La Marcha sobre Roma o las abajo reseñadas Lola, Disturbios o Human flowers of flesh, o la Sección Climatics con obras tan varios pintas como La paradoja de Antares, Burning Days o Flux Gourment. En resumen, títulos del circuito de festivales que, si bien son sonados dentro de esos círculos, no están en la primera línea de conversación; y, junto a ellos, una retrospectiva del siempre reivindicable director alemán Rainer Werner Fassbinder que incluye las restauraciones de sus grandes películas y series.

Disturbios (Cyril Schäublin) – Memoria histórica

A finales del siglo XIX, el cartógrafo y pensador ruso Piotr Kropotkin visista una comunidad relojera en Suiza donde entra en contacto con el anarquismo. Así comienza una historia más cercana a la pintura que al cine narrativo (la trama es mínima y los personajes, marionetas); un relato que es más ensayo conceptual que historia. En el centro de la película está el estudio de las relaciones entre mercado y estado y cómo el anarquismo (o el socialismo) puede marcar una diferencia; sin embargo, en última instancia, Disturbios reconoce la imposibilidad del cine para ser anticapitalista, pues en el reconocimiento de la invisibilidad como la única forma de combate genuina (pero individual) contra un sistema que se alimenta de la conversación política y de la representación.

Cyril Schäublin rueda con precisión en tres grandes grupos de planos: los planos generales, distanciados, de composiciones centrífugas y de herencia pictórica, captura a los personajes como meros engranajes de una maquinaria que funciona a la perfección; los planos medios muestra a los personajes hablando de política; y los planos detalles están reservados para los relojes, causa última de la alienación del pueblo. Disturbios es iconódula e iconoclasta, pausada y violenta, anarquista y capitalista chick, decimonónica y del siglo XXI. Al abrazar estas contradicciones, el realizador suizo alcanza un grado de honestidad inusual en el cine político y, por ello, quizá deba ser considerada una de las grandes películas del 2023. Jorge Sánchez.

Flux Gourmet (Peter Strickland) – Climatic

Un grupo de «catering sónico» —es decir, un colectivo artísitco dedicado a la perfomance musical donde los sonidos se extraen directamente de la comida— entra a formar parte de una prestigiosa residencia artística a cargo de Jan Stevens, la mecenas interpretada por una faustiana Gwendoline Christie. Peter Strickland, el gran heredero de Peter Greenway, pone su particular sentido del humor para realizar una sátira de las esferas del arte contemporáneo (hay algo del movimiento Fluxus en la concepción del catering sónico), sobre los juegos de poder, los egos y los traumas. Narrada por un «documentalista» externo, la cinta se empeña en generar, a través de la ironía y de la extravagante dirección de arte y vestuario, un distanciamiento entre los personajes y el espectador, al tiempo que el sonido busca la inmersión. El resultado es una película extraña, graciosa a ratos y, en ocasiones, aburrida y reiterativa. Jorge Sánchez.

Human flowers of flesh (Helena Wittmann) – Domestic

En los últimos años han salido de Alemania una serie de películas crípticas, opacas y bellas, lideradas por La chica y la araña (2020) y Estaba en casa pero… (2019). A sendos títulos se une Human flowers of flesh, junto al anterior largometraje de Helena Wittmann Drift, para conformar un triunvirato de. A diferencia de las otras dos cintas, el segundo largometraje de Helena Wittman es una obra más sensorial y experencial, más sustentada en la forma cinematográfica pura que en el mínimo drama. Sus encuadres, sus luces, sus cortes o su ausencia, sus diferentes texturas, sus imágenes de la fauna y flora submarina, sus colores cálidos y azules componen una serie de hermosas veladuras que, en última instancia, ocultan una aventura colonialista con ecos al cine de Claire Denis. Unas veladuras que terminan por revelarse, sin embargo, como el auténtico fondo de la película. Jorge Sánchez.

Lola (Andrew Legge) – Memoria Histórica

Lola de Andrew Legge es volar hacia un tiempo donde nadie conocía la técnica del found footage; cuando se apagaban la luces del cine y te dejabas asombrar por las historias, como las de Leonard Zelig. Aunque esta vez la capacidad sobrenatural no será para cambiar la apariencia y poder convivir con las figuras cruciales del siglo XX; esta vez las hermanas Thomasina y Martha nos llevarán hacia una ingeniosa distopía a través de una máquina que permite recibir transmisiones del futuro.

Volvamos al peligro que supone el conocimiento del futuro y el peligro de poder modificarlo. Gracias a LOLA, Martha y Thomasina descubrieron a Stanley Kubrick, se enamoraron de las canciones de David Bowie, recitaron a Bob Dylan y descubrieron la liberación de la mujer de principios de los 70 en un periodo donde el cliché era la época machista y puritana derivada del mundo victoriano inglés. Todo ello lo descubriremos a través de las grabaciones caseras de las dos hermanas, encontradas en su casa de campo. La estructura y la puesta escena de la película vendrán marcadas, junto a los noticiarios de la época, por esas cintas; con una estupenda fotografía de Oona Menges en un blanco y negro expresivo y con imágenes con bordes perforados y desgaste de las filmaciones, Legge llega a dotar a la película de dos ritmos claramente diferenciados.

Esa primera parte del descubrimiento, de la alegría del nuevo conocimiento que desbordan sus increíbles protagonistas, buscando ese futuro en el presente donde están viviendo, un caos metafísico donde merece la pena vivir. Pero es en esa segunda mitad donde la cinta descubre definitivamente sus cartas. Aquí es donde la ciencia ficción nos sacude con su argumento y donde el drama de la historia buscará una alternativa escalofriante, oscureciendo el relato cuando las intervenciones temporales tienen consecuencias imprevistas. Es ahí donde Andrew Legge nos sorprende con esa paradoja temporal, arriesgándose a agregar presunción en el espacio donde normalmente reside la caracterización. Lola nos lleva hacia una fábula distópica donde la manipulación de los mensajes de una máquina, que nos trae imágenes y grabaciones del futuro, puede afectar al transcurso de nuestro presente, tal como Martha explica al comienzo de sus grabaciones: «Quiero mostrarles cómo se puede hacer y deshacer la historia». Carlos Garries.

Marx puede esperar (Marco Bellocchio) – Domestic

Y el Marco Bellocchio director abrió de par en par las puertas de su alma para mostrarnos a la persona que vive atormentada por el dolor que represento el suicidio de su hermano gemelo hace mas de 50 años. Y lo hace desde la complejidad y la sencillez de su cine, reconstruyendo una parte de la historia, pero esta vez la de su propia familia, a través de conversaciones íntimas con sus familiares, amigos, material de archivo, películas familiares, desde donde descubriremos esos fantasmas que en tantas ocasiones hemos percibido en sus films.

Su hermano gemelo Camilo se suicidó a los 29 años de edad en el 1968 y el fantasma de su muerte ha perseguido a toda la familia Bellocchio desde entonces. A través de las entrevistas con sus hermanos (Letizia , Pier Giorgio, María Luisa y Alberto) intentarán buscar explicación a ese trágico hecho que les marcó tan profundamente. Y como si fuera la propia investigación de Exterior Noche iremos conociendo como el dolor de la pérdida ha llegado a cada uno de sus hermanos; sin embargo, gracias a esa catarsis que ha supuesto la realización de la película descubriremos muchos de esos secretos que el silencio de la familia no permite, en muchísimas ocasiones, aflorar y que, otras veces, quedaran dentro de la tragedia vital del colectivo familiar.

Pero si había una persona que necesitaba realizar esta película era el propio Marco Bellocchio. Narrado desde su voz en off, el director nos lleva hacia escenas de sus propias películas que realmente son retazos de su propia historia vital. En films como Las manos en los bolsillos (1965), Salto al vacío (1980), Los ojos, la boca (1982) o La sonrisa de mi madre (2002), vemos como siempre en ellos ha tratado temas como el suicidio, la locura, la religiosidad y las relaciones entre madres e hijos que tanto marcaron su vida. Marco Bellochio intenta luchar contra aquellos indicios que revelaban la depresión de Camilo, pero que, tan absorto estaba en su carrera de cineasta, fue incapaz de darse cuenta. En varias ocasiones entraremos en esas fases de arrepentimiento, de vergüenza y de autoflagelación por no haber sido capaz de ayudarle en esos momentos trascendentales de su vida. Pero si hay un momento donde el director se desnuda totalmente es en su conversación con el Padre Virgilio Fantuzzi cuando le comenta “Con tus películas me diste la oportunidad de ver algunas cosas dentro de ti… Yo me ocupo de tu profundidad, tal vez no lo sepas, pero eres mi penitente a través de la pantalla. Como si fuera la reja de un confesionario y escuchara lo que me decías como penitencia… y podría darte la absolución porque ya habías realizado la confesión“. Carlos Garries.

The Gravity (Cédric Ido) – Sección Oficial

En su primera película en solitario, Cédric Ido mezcla el realismo social en forma de lucha de bandas con la ciencia ficción cósmica. Al comienzo de la historia se nos presenta un inminente alineamiento de los planetas del sistema solar, con consecuencias desconocidas por los expertos. Sin embargo, será un elemento presente solamente en la radio y la televisión, estando los personajes de la historia centrados en problemas concretos y urgentes fruto de las dinámicas de la lucha de bandas, quedando relegado así a un segundo plano, y prometiendo explotar en el clímax de la película.

El protagonista, Daniel, es un atleta de alto nivel que no puede evitar formar parte del “barrio” y, por ende, del tráfico de drogas. Todos los elementos que caracterizan a dicho personaje resuenan con esa voluntad escapista, siendo un corredor profesional, y una persona con dificultad para comunicarse con sus seres queridos: en este caso, su novia y su hermano. Por otro lado, empiezan a tomar sentido desde un principio las vetas de ciencia ficción cósmica, por los deseos de Daniel por “viajar lejos”, mostrándose como un personaje que mira al cielo con anhelo.

Es así como la ciencia ficción aparece como elemento casi metafórico, donde la gravedad acaba significando esa fuerza invisible que mantiene a Daniel anclado a su barrio, a su vida de siempre, a su hermano y a la venta de drogas; pero al mismo tiempo es gracias a ella que se puede mantener firme sobre el suelo. Al mismo tiempo, el color rojo que va tiñendo el cielo progresivamente presagia violencia entre los nuevos jóvenes que controlan el barrio y los antiguos traficantes (entre los que se encuentran Daniel y su hermano), que trata de sobreponerse al cambio generacional, en un barrio que, poco a poco, los deja atrás. Carlos Cousillas.

The Ordinaries (Sophie Linnenbaum) – Controversia

Paula vive en una distopía de lo más extravagante que segrega a sus ciudadanos en en tres clases sociales: personajes protagonistas, secundarios y outtakes. Toda su vida se basa en función de su papel en las películas. Los outtakes son marginados, trabajan en la fabrica de foley, trafican con sonidos o son criadas para los personajes principales. Los secundarios tienen su pequeño espacio en los filmes, pero siempre aparecen de fondo. Los protagonistas son los privilegiados de la sociedad y los únicos con derecho a expresar sus sentimientos a través de un lector de corazón que crea una banda sonora acorde a dichas emociones. Paula es una secundaria, como su madre, pero sueña con ser una protagonista, como su difunto padre.

Bajo la crítica social de la trama, The Ordinaries es una carta de amor al cine que conjuga perfectamente contenido y forma exprimiendo al máximo todos los elementos posibles tanto a nivel de guion como de puesta en escena. En especial destacan las localizaciones y decorados, así como la experimentación con la banda sonora que adquiere un sentido cómico y gran protagonismo a nivel narrativo. Las constantes referencias metacinematográficas y un muy creativo uso del montaje —con divertidas y originales formas de usar la pantalla partida, la voz en off, el jumpcut e incluso la censura— hacen de ella una película entretenida sobre el séptimo arte. Además, al integrar todos esos elementos más propios de un cine de arte y ensayo con una narrativa bastante sencilla conjuran una obra interesante formalmente a la par que accesible. María Valdizán Cuende.

Soy vertical pero me gustaría ser horizontal (María Antón Cabot) – Arties

¿Qué pueden tener en común Sylvia Plath y Belén Esteban? Mucho más de lo que imaginamos. No solo porque Sylvia también lució una melena rubia durante una época, sino porque ambas tuvieron matrimonios infelices. Introspectivas, de carácter fuerte, hechas a sí mismas, contradictorias; dos temas han dirigido sus vidas: los hombres y la salud mental. Pero ambas deben su éxito a su trabajo confesional, una como poeta y otra como colaboradora de Telecinco; ambas tomaron la decisión de contar sus propias vidas. Y ambas fueron felices en Benidorm.

María Antón Gabot dirige este mediometraje con título de poema de Plath bajo una premisa de lo más poderosa. Durante su luna de miel en Benidorm, Sylvia se traslada al presente y conoce a Belén en una playa. Soy vertical tiene un concepto muy potente, pero su ejecución es particular. Con una fotografía a cargo de Daniela Cajías que varía en función del personaje y una longitud demasiado larga para su contenido narrativo. Las largas narraciones en off de Sylvia y el spanglish de Belén funciona como gran contraste de los dos personajes. Es una propuesta arriesgada pero de gran valor, que con humor, elegancia, costumbrismo y poesía reflexiona sobre feminismo y sororidad a través de dos mujeres que se entenderían mucho mejor de lo que podría aparentar. María Valdizán Cuende.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant (R. W. Fassbinder) – Ciclo Fassbinder

Escrita como una pieza teatral en cuatro actos, Las amargas lágrimas de Petra von Kant es sin duda la máxima expresión del melodrama de R. W. Fassbinder y una de sus obras más conocidas, adaptadas y referenciadas hasta nuestros días. Petra von Kant, una diseñadora de moda de prestigio interpretada por Margit Carstensen, es la pieza central de un reparto exclusivamente femenino. Alrededor de Petra orbitan su ayudante Marlene, interpretada por una muda, pero extremadamente expresiva, Irm Hermann, su amiga Sidonie y una joven modelo llamada Karin, interpretada por Hanna Schygulla, musa de Fassbinder de largo recorrido.

Fassbinder utiliza la trama para explorar temas como la obsesión amorosa, la sumisión, el aislamiento emocional y la dinámica de poder en la sociedad patriarcal. La película examina las complejas y a veces destructivas interacciones que pueden surgir cuando la búsqueda del amor y el control se entrecruzan, formando relaciones narcisistas de dependencia emocional. Todas las acciones de la trama se circunscriben al piso de Petra, que está trabajado estéticamente como algo más que un espacio donde los personajes están físicamente atrapados, sino como un microcosmos donde se exterioriza el yo interior y emocional de los personajes. Los extravagantes trajes y pelucas que llevan los personajes funcionan de manera similar, no sólo revelando el trabajo creativo de Petra y Marlene, sino también siendo esenciales en la construcción de la sensación de un personaje rodeado por un mundo construido por él para sí mismo: un individuo ahogado en su propio ego artístico.

Al igual que los melodramas clásicos de Douglas Sirk, esta obra de Rainer Werner Fassbinder sigue teniendo un profundo impacto en el público e inspirando a otros autores hasta nuestros días. Además de las numerosas producciones teatrales del texto en todo el mundo, cineastas como Olivier Assayas y Peter Strickland ya han reconocido la influencia de esta obra en sus películas, pero François Ozon ha ido más allá. En Peter on Kant, el cineasta francés adapta el texto reimaginando a la protagonista de la película para hacer un claro homenaje a la imagen del autor de la obra original. Rafael Bürger.

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