Y Lois Patiño conmocionó Valladolid. Con el estreno de Samsara (nos reservamos el comentario para hacerlo más adelante y en más profundidad), el cineasta gallego presentó en Sección Oficial su nuevo dispositivo formal con «opiniones encontradas» en el público y la crítica. Algo similar, quizá más sorprendente y radical, ocurrió en el primer pase de la esperada The Beast de Bertrand Bonello, donde la crítica y el público la recibió con el mismo entusiasmo que el comité de selección de Cannes. Con estos dos títulos el festival da un puñetazo en la mesa y se distancia de la anterior organización, apostando por cine quizá más de nicho, quizá más arriesgado. Quizá mejor.
Le acompañaron, bastante mejor recibidas, en la Sección Oficial, los estrenos nacionales de Sala de profesores, la gran ganadora en la temporada de premios alemana y, fuera de concurso, Mamacruz, que conmemorará la Espiga de Oro de su actriz protagonista. Asimismo, se cierra el ciclo en honor a la Academia del Cine Europeo con la finlandesa Fallen Leaves de Aki Kaurismäki y, de Punto de encuentro, recuperamos Critical Zone, último Leopardo de Oro que no pudo proyectarse en Locarno por motivos políticos en su país de origen.
Sala de profesores (İlker Çatak) – Sección Oficial
Leonie Benesch interpreta a una profesora que comienza su primer trabajo en una escuela secundaria en la película alemana candidata para Mejor Película Internacional en los Óscar. Sala de profesores sigue la tipología de película de protagonista idealista que se ve enfrentada a todo un sistema implacable —en este caso el mundo de la enseñanza y los institutos— en el que una serie de problemas de pequeña escala pueden conducir a lugares realmente hostiles, aflorando las mezquindades humanas.
İlker Çatak firma junto a Johannes Duncker un guion cargado de veracidad, que entiende el comportamiento humano y que propone una escalada de tensión en un instituto alemán, de forma que una serie de pequeños hurtos suponen el detonante para una serie de conflictos en aumento que terminan en un caos entre profesores, alumnos y padres; en el que la profesora es el centro de todo. Çatak plantea una dirección de cámara nerviosa, que transmite la ansiedad que sufre la protagonista, con la que nos identificamos completamente como espectadores. El pulso y ritmo rápido de montaje termina por configurar esta sensación creciente de nervios y tensión contenida que pretende transmitir la película. De la misma forma, Sala de profesores reflexiona sobre algunas realidades inmediatas y problemas de primer mundo: las noticias falsas y poco rigurosas y el daño que provocan, los paralelismos que se dan entre los comportamientos negativos de los padres y de los hijos, la condescendencia con que en ocasiones se trata a los niños, y su posterior rebeldía, etc.
Sala de profesores se suma al grupo de películas europeas que retratan las miserias y ansiedades del primer mundo mediante una serie de elementos formales extremos: pequeños conflictos que se acaban sobredimensionando y dejan aflorar lo que subyace. Carlos Cousillas.
Critical Zone (Ali Ahmadzadeh) – Alquimias
Tras haber ganado el Leopardo de Oro de Locarno, y sin poder haber sido proyectada en ese mismo festival por la prohibición de las autoridades iraníes, llega a Seminici Critical Zone, que trata acerca de un camello, y toma relevancia por su carácter rebelde en el contexto represivo iraní. Siendo la tercera película de Ali Ahmadzadeh, este sigue en la línea desafiante que mantenía en sus anteriores trabajos.
En una película que muestra el ambiente alicaído y deprimente de las afueras de Teherán, conocemos a un personaje sin rumbo ni motivación, que se limita a drogarse y conducir. Critical Zone puede ser una especie de road movie sin destino claro, en la que el personaje va topándose con diferentes personas, y que aún encuentra espacio para la ternura y las bromas (aunque a veces estas vengan de la mano de realidades dolorosas).
Puede que la película de Ahmadzadeh presente el mejor uso que se le ha dado a Google Maps y su voz robótica en el cine de los últimos años, de cara a representar esa sensación de desamparo y no saber a dónde ir: el protagonista se pasa la película conduciendo y siguiendo las instrucciones del GPS: gira a la derecha, gira a la izquierda… En un mundo perdido, Google Maps marca el camino. En general, hay en Critical Zone un sentimiento sosegado y triste, mientras acompañamos al personaje en su deambular. Sin embargo, encuentra espacios para saltar con alaridos de intensidad enloquecida, y opta por hacer durar estas escenas hasta llegar a paroxismos de incomodidad. Retazos de vida en esta película moribunda. Por otro lado, no sería tan reveladora una película que incide tanto en las cotidianidades de un camello si no fuera por que se ha hecho en el país que se ha hecho. Carlos Cousillas.
Mamacruz (Patricia Ortega) – Sección Oficial (Fuera de Concurso)
La sexualidad y el deseo femenino, que ha existido siempre en el cine, llevan unos años en primera línea, ganando una visibilidad merecida. Algo más rezagada está la representación del deseo femenino fuera de los cuerpos de la juventud, pero empieza a coger carrerilla. Prueba de ello es Mamacruz, la segunda película de la ganadora de la Espiga Arco Iris en 2018 por Yo, imposible, Patricia Ortega, una comedia intimista sobre una mujer de avanzada edad que empieza a descubrir su sexualidad.
Proyecto de escuela de cine, tanto en su guion (clásico, previsible y bastante verde) como en su realización —hermosa fotografía, espaciosa y rectilínea de Fran Fernández-Prado, eso sí—, juega a la narrativa de pez fuera del agua sin, al final, sumergirse nunca, sin mojarse. Ni en la subtrama religiosa, ni en la de la nieta, ni en las amiga con cáncer, ni la del marido y, lo que es peor de todo, ni en la trama principal sobre la sexualidad y el cuerpo propios. Un desarrollo excesivamente lento, al principio, y precipitado, al final, pone el último clavo sobre el ataúd de una película más centrada en el didactismo a través de la comedia sencilla (algo muy loable), pero que termina por cortarse las alas a sí misma. Una pena, porque el tema, actriz (Espiga de Honor de este año, razón de la programación de esta película en Seminci) y el tono de comedia ligera daban juego para mucho más. Jorge Sánchez.
The Beast (Bertrand Bonello) – Sección Oficial
Inclasificable película, de parte del inclasificable director Bertrand Bonello. Es difícil desprenderse de la sensación de que tras ver The Beast, en realidad has experimentado más de una sola película. Desde saltos de época, saltos de tono y de historias hasta saltos formales; el único hilo conductor de la película es la magnífica interpretación de Léa Seydoux que, de forma reveladora, se mantiene igual pese a los cambios a su alrededor. En The Beast, vamos a la deriva junto al personaje de Seydoux, en una película que se puede vivir de dos formas: o bien cerrándote al momento en que sus rarezas te impiden entrar en ella, o bien dejándote llevar por una historia laberíntica, obsesiva, loca y apasionante.
The Beast se ubica en un futuro cercano, en un mundo conquistado por las inteligencias artificiales, donde las emociones han dejado de tener sentido. Ahí entra el personaje de Gabrielle, que comienza a vivir alguna de sus vidas pasadas (en 1910 y 2014) conectándose a una máquina de “realidad virtual”. Es así como realidad y ficción, y las diferentes épocas se entremezclan en una película que adapta de manera libre la novela de Henry James La bestia en la jungla (casualidad, que junto a la de Patric Chiha, sean dos las películas que adaptan esta obra en esta edición del festival).
En esta historia donde predomina una sensación de necesidad de huida, se suceden una gran cantidad de ideas geniales, como si la propia película tuviese su propia constelación idiosincrásica de realidades que explorar. También es una obra de corte kafkiano, de miedos ocultos y amenazas en la sombra, con escenas tan sugerentes como una en la que la Gabrielle de 2014, que es actriz, tiene que fingir asustarse por algo que no está ahí, en una sala de croma totalmente vacía.
Tal vez The Beast sea una película destinada a ser incomprendida, al menos a juzgar por la cantidad de gente que abandonó la sala a lo largo de la película; pero sin duda es una obra fruto de su tiempo, de su hipertextualidad y su anhedonia. Tal vez quede como clásico, y sea una de esas películas premonitorias a las que se dan la importancia que merecen una vez han pasado los años. Carlos Cousillas.
Fallen Leaves (Aki Kaurismäki) – EFA
Aki Kaurismäki cierra el ciclo dedicado a la Academia del Cine Europeo por todo lo alto. Para aquellos familiarizados con el director finlandés, Fallen Leaves, condecorada como la Mejor Película del Año por la FIPRESCI, no ofrece nada nuevo. Solo una nueva reafirmación en su estilo, en sus temas y en su capacidad para realizar grandes pequeñas joyas como esta. Vuelven sus personajes hieráticos, poco habladores, proletarios, su humor cinematográfico, su aproximación a la realidad social, sus tempo pausado, sus largos planos y sus colores que dan algo de alegría a un mundo, por lo demás, gris e industrial. En Fallen Leaves atendemos a una pequeña historia de amor entre un hombre y una mujer solitarios y explotados (él en la metalurgia/albañilería; ella en distintos sectores). La grandeza de la cinta reside, como en el resto del cine del finlandés, en su maestría narrativa, en sus imágenes silenciosas que cuenta todo como quien no quiere la cosa —esas imágenes que parecen de otro tiempo, de cuando Fassbinder aún vivía—, en su humanismo que ilumina cada escena, es su comedia seca, en su concepción del cine como bálsamo social y espiritual, son los pequeños gestos. El amor y el cine, pese a todo. Jorge Sánchez.
