Segundo día a la sombra de la edición online del Atlàntida Film Fest, ahora con la programación completa a nuestra disposición con la incorporación de la Sección Oficial Internacional y algunos otros títulos tardíos de otras secciones, como Sasquatch Sunset, En la piel de Blanche Houellebecq o The Visitor. Además, con la edición presencial en Mallorca ya finalizada, las secciones competitivas ya han cerrado sus palmareses con títulos que podemos seguir disfrutando a lo largo de las próximas semanas de agosto.
En la Sección Oficial Internacional, La Venus de Plata, de Héléna Klotz, ganó el premio a la Mejor Película Internacional, mientras que La profesora de Literatura y First Case fueron las cintas galardonadas por el jurado de la crítica y el debut en el largometraje de la actriz Noemi Merlant, Las Balconettes, se lleví el Premios del Público. En la Sección Oficial Nacional, la Mejor Película Nacional fue a parar a manos de Juan Gautier por El aspirante, mientras que la mención del jurado fue para Davir Tornero y su Saturno.
Animal (Sofía Exarchou) – Roads
El Turismo es el sistema elegido por el capitalismo contemporáneo para consolidar su revolución silenciosa. Los logros laborales del siglo XX se han visto mermados debido a esta gran crisis que dura hace más de una década que ha derivado hacia la pérdida de condiciones económicas y políticas de la clase media trabajadora. Nuevas historias con reflejos clasistas vuelven a películas y series donde observamos la relación entre el turista y los trabajadores que permiten que los primeros disfruten de sus vacaciones sin ningún tipo de preocupación. Un nuevo género que puede abordarse desde el turismo de First class como en El Triángulo de la Tristeza o The White Lotus o de Low cost como en Vista Mare de Julia Gutweniger y Florian Kofler o Animal de Sofía Exarchou, donde el todo incluido se refleja desde el punto de vista del trabajador del sector turístico, pasando por la apreciable Light Falls, del fotógrafo de cabecera de James Mangold, Phedon Papamichael, o el reivindicable giallo adolescente, Veneciafrenia, de Álex de La Iglesia.
En estos nuevos parques de atracciones en los que se han convertido los resorts del todo el mundo, hay un grupo de personas que están contratados para garantizar que nunca se aburra el cliente, los animadores. Cada dia poniéndose el disfraz de la alegría y se entregan a su trabajos con una encomiable energía con una sonrisa ensayada para sus clientes. En esta Grecia contemporánea, Kalia es la líder del grupo de animadores que desarrollan su trabajo entre el cartón-piedra de sus decorados, el papel maché de sus complementos, el brillo de las lentejuelas de sus trajes y los bailes que año tras año en sus espectáculos sin importar el tipo de cliente que verá su espectáculo en el Hotel Mirage.
La directora de Animal, Sofía Exarchou, apoya el retrato de Kalia en una excepcional interpretación naturalista de Dimitra Vlagopoulou, una mujer atrapada en la rutina de un trabajo en el que cada día vende su alma ante el endiablado cliente anónimo. Ante su dura fachada, Katia llora y ruge en soledad mientras intenta contagiar al cliente de su falsa felicidad, porque es una artista que no permitirá que nada se interponga en su trabajo; un contraste que observamos en las dos interpretaciones que Katia hace de «Yes Sir, I Can Boogie» de Baccara, una contraposición entre su fuerza y su resquebrajamiento final.
La directora de Park contrasta la vida de los trabajadores del complejo turístico en esos lugares ocultos con servicios básicos, a la sombra de esas instalaciones que gozan los turistas donde los trabajadores del ocio son un atrezzo más de esos de los consumidores pasivos. Los animadores consiguen trabajo extra en clubes y vuelven cuando el día amanece en esas destartaladas motocicletas a sus precarias casas. A destacar la estupenda fotografía de Mónica Lenzewska que crea un mundo gris donde no se vislumbra esa imagen que tenemos de una Grecia vacacional donde destacaría la luz brillante de su sol reflejada en el cliché de sus paredes blancas, prefiere mostrarnos una isla helena abstracta, oscura y donde las playas están deshabitadas, reflejando en todo momento las diferentes fases por las que van transcurriendo el arco de sus protagonistas gracias a la contemplación de sus expresiones y gestos.
Animal de Sofía Exarchou es una obra que reflexiona sobre este nuevo mundo lleno de contradicciones inquietantes, la explotación del ocio en paisajes paradisiacos, un nuevo triunfo del capitalismo sobre el individualismo critico. Carlos Garries.
Calor brutal (Albert Hospodarsky) – Sección Oficial
Un enorme trozo del Sol se ha desprendido y se dirige hacia la Tierra, en un futuro cercano puede colisionar con nuestro planeta o pasar de largo. A medida que se aproxima, el calor aumenta y también afecta a la vida de los habitantes. Vincent, un adolescente solitario que vive con un padre distante, recibe la llamada de sus amigos para pasar unos el campo, pero el viaje no va según lo planificado y se tiene que enfrentar a una galería de personajes. Esta es la propuesta de Calor Brutal, el primer largometraje del checo Albert Hospodářský.
Construido como la entrada traumática del joven Vincent en un mundo adulto que parece haber perdido el rumbo. Desde maquinistas que se olvidan de las paradas, a mujeres maduras que se acercan al joven para pedirle sexo o turbas de hombres violentos que desfiguran el rostro de Vincent. Pese a todo, permanece impasible durante buena parte de su periplo. Calor Brutal no oculta el carácter metafórico del evento cósmico, es más que evidente que nos habla del cambio climático y, además, cuestiona cómo la generación Z se ve envuelta en crisis constantes, sufriendo las consecuencias de las pasadas y a la expectativa, sin esperanza, de las venideras sumidos en la más absoluta resignación.
La película de Hospodářský emparenta con la ciencia ficción de Melancolía de Von Trier, donde el contexto de un evento planetario catastrófico es una excusa para el drama interior de los personajes. Frente al pesimismo del director danés que encontraba un “final feliz” en la inevitable destrucción del mundo, Calor Brutal plantea lo contrario, ese trozo de Sol como elemento capaz de generar una ola de empatía y bondad sin precedentes, convirtiendo una posible catástrofe en un reverso positivo. Las carencias en el guion y el montaje, incapaz de dotar de cohesión a todas las escenas, junto a unas interpretaciones que en algunos momentos dan la sensación de tener un carácter amateur, provoca que, pese a los conceptos tan interesantes de la propuesta, no quede poso. David Castro García.
El juicio a Eichmann (Elliot Levitt) – Tiempos de guerra
De un tiempo a esta parte, han empezado a proliferar documentales que parten del material de archivo para aproximarse a un hecho histórico: El Caso Padilla sacaba a la luz imágenes de la comparencia ante el gremio de escritores del poeta cubano Heberto Padilla en un «acto de autocrítica» tras su encarcelación por los comentarios contra el gobierno castrista; El juicio resume las horas de material grabado durante el juicio a las Juntas Militares argentinas; y ahora llega El juicio a Eichmann, para contar uno de los eventos clave del siglo XX. Por desgracia, la película no está a la altura del evento.
El material de archivo es interesante, desde luego, sobre todo en su parte dedicada a las reacciones y declaraciones de Adolf Eichmann. Sus gestos, sus muecas, su rostro imperturbable, su voz. Son documentos históricos y humanos de primer nivel. Pero, como aquellas, adolece de presentismo formal a la hora de abordar el montaje que distrae más que ayuda. Particularmente en aquellos momentos en los que el cineasta insiste en recrearse en las reacciones del publico mediante encabalgamientos de planos del público de dudoso rigor documental. No obstante, el gran pecado, a diferencia de aquellas, es precisamente la falta de conexiones con el presente. Tanto la cinta argentina como la cubana hablan del presente de esos países, de los valores democráticos y lo mucho que costó conseguirlos en la primera y la libertad de expresión en la segunda. En cambio, este documental es incapaz de hablar, por ejemplo sobre un concepto que se acuñó en ese mismo juicio, como es La banalidad del mal y, que se ha repetido hasta la saciedad, a la hora de comentar una película reciente sobre nuestro presente como es La Zona de Interés. Quizá porque sus temas —antisemitismo, sionismo, genocidio, el mirar a otro lado— son más controvertidos en la actualidad, cuándo si no. Algo que, por otro lado, también adolece a la propia sección del Festival, que parece más concebida para un compromiso fugaz, de dos horas, que para uno real. Jorge Sánchez.
The Rapture (Iris Kaltenbäck) – Roads
The Rapture de Iris Kaltenbäck es un trayecto inquietante hacia la agonía, tanto de la protagonista como del espectador. Lydia es una comadrona entregada a su trabajo que sufre una ruptura sentimental a la vez que su mejor amiga le anuncia que está embarazada. El mundo de Lydia cambiará en el momento que Salome dará a luz a su hijo con su ayuda y a la vez conocerá, esa misma noche, a Milos.
Trama con tres personajes y un desarrollo aparentemente sencillo donde la protagonista nos irá introduciendo en su mundo de mentiras. Pero de una manera sencilla. Desarrollado desde la lógica de Lydia con la que, en algunos momentos, el espectador puede llegar a empatizar, aunque nos demos cuenta que se trata de una mentira que ocultara a otra mentira imperdonable. Su directora reflexiona sobre temas muy actuales como la maternidad, las parejas del siglo XXI, la soledad del nuevo individuo, la necesidad de la aprobación del resto de la sociedad, no poder afrontar los problemas y la incapacidad de resolverlos sin ahondar en la mentira. Lydia, desde esa maternidad, será capaz de buscar el nombre de la hija de su amiga “Esmere” que significa “Amada” y eso es lo que busca ella desesperadamente, el amor desde sus diferentes vertientes como el romántico, el maternal y el de amistad el único que mantenía al que traicionara y perderá definitivamente.
Apoyado en las excelentes interpretaciones de sus dos protagonistas —atención a la estupenda Hafsia Herzi— viviremos situaciones surrealistas que por momentos nos lleva a los mundos de Aki Kaurismäski, parejas a las que se manipulan por el miedo a la indiferencia y a la falta de atención de los demás. Carlos Garries.
The Uncle (Andrija Mardesic y David Kapac) – Domestic
Drama, drama psicológico, comedia negra. Thriller, thriller psicológico, home invasion. Estos son algunos de los géneros cinematográficos en los que se clasifican Canino y Funny Games respectivamente, películas con las que se ha comparado a The Uncle. Aunque también podríamos decir que son películas de terror. Por eso no es de extrañar que The Uncle se estrenase en Sitges tras su paso por el festival de Karlovy Vary. Los directores proponen un macabro cuento navideño, un Atrapado en el tiempo con la incomodidad y sordidez propias de Lanthimos y Haneke, manteniendo la familia como elemento principal para analizar las dinámicas de poder y sumisión.
Una familia se prepara para la cena de Nochebuena. Como cualquier familia en dicha fecha, tratan de que sea todo perfecto, especialmente la madre que, como buena ama de casa de los 80, es la encargada de la mayoría de los preparativos. El ambiente es tenso y extraño antes de la llegada del tío que va a compartir con ellos la velada, pero se intensifica con su presencia. Todo tiene que ser perfecto, aunque la propia figura del tío ya hace la celebración desagradable. Pronto se hace patente el extrañamiento, un hijo adulto tratado como un niño, diálogos forzados y expresiones constantes de desagrado, preocupación y miedo. La familia vive unas Navidades infinitas. El uso del metraje de una videocámara incide aún más en la extrañeza y la asfixia y siembra las primeras pistas para entender lo que sucede. Una videocámara que pone a la familia en el punto de mira subrayando la sumisión que sufren frente al tío y que registra un saludo a una hermana ausente en la celebración, razón por la que la familia soporta el aislamiento del mundo, el tedio de una rutina replicada hasta la saciedad y las vejaciones de ese hombre que se hace llamar tío y que dice venir de Alemania.
La pareja de realizadores croatas elaboran una puesta en escena, si bien no excepcional, sí detallada. El ritmo lento y la reiteración dialogan con la agonía de una realidad no desvelada al espectador en un comienzo, es una interrupción anacrónica la que confirma que el contexto aparente no es tal. No estamos ante una narrativa especialmente original, múltiples elementos recuerdan a otros autores. Sin embargo, Mardesic y Kapac se presenta con un debut cuidado que equilibra hábilmente elementos de género con el cine de autor, con la alegoría política de la desintegración de Yugoslavia como fondo y el humor negro siempre latente, los directores firman una cinta cuanto menos interesante. María Valdizán Cuende.
The Visitor (Bruce LaBruce) – Queers
El director, fotógrafo y artista canadiense Bruce LaBruce regresa al Pasolini de Teorema para amoldarlo a… ¿al presente? ¿el universo personal de LaBruce? Un inmigrante, al que conocemos como El Visitante, Es precisamente en sus diálogos con Pasolini donde peor funciona: no solo porque Teorema volase más alto, sino porque los ecos de Salò no juegan a favor de obra. Además, el cineasta decide (o se ve obligado) explotar los puntos débiles del cineasta italiano: no juega a explorar el carácter sugerentemente político y filosófico de Teorema, sino que se queda en las contradicciones de clase que atormentaban a Pasolini como a cualquier pensador/intelectual con vocaciones marxistas. Y se queda con ellas no para corregirlas, sino para radicalizarlas y exacerbarlas. Para olvidarse de ellas.
Todo el subtexto se pone en primer plano, sea actúa con exageración, se verbaliza, se escribe en neón en pantalla hasta conformar un artefacto camp orgulloso de su propia superficialidad, de su carácter estrictamente panfletario. Y es que The Visitor, como gran parte del arte contemporáneo post-Warhol, está tan sumergido en su propia autoimportancia conceptual —que suele trasladarse a lo formal de forma pobre y obvia— que ahoga, por un lado, cualquier sentido del humor autoparódico y, por otro, un carácter subversivo real, no solo autopercibido. Que se programase en una Berlinale marcada por su postura frente a Palestina y a la ultraderecha debería ser muestra de ello. Porque, en el fondo, The Visitor es un épater le bourgois, un concepto tan pasado de moda que sabe añejo ya, pero que sirve para constatar qué públicos se acercan a este tipo de productos artísticos —no solo en el cine— y con qué dinámicas políticas. A diferencia de Teorema, que es una película sobre la ruptura del modelo existencial burgués relativamente accesible a cualquier público, la nueva «»transgresión»» de LaBruce es tan acomodada como la familia que pretende destruir. Porque, recordemos, que pecar solo es divertido si crees en el pecado, no si lo aboles. Incluso lo más interesante de la película —su reivindicación de los cuerpos, de los géneros y del sexo— se ve contaminado por esta idea de herencia judeocristiana que sigue estando patente en nuestra sociedad. Jorge Sánchez.
