ArteKino Festival 2021

Desde el 1 de diciembre, como todos los años desde 2016, en la página web de Arte, el canal cultural de televisión franco-alemán que está detrás de muchos de los títulos importantes del cine europeo contemporáneo, se desarrolla el ArteKino Festival. Este modesto festival -una selección de 12 obras de jóvenes realizadores europeos con el único premio otorgado por votación popular- surge con la idea de dar a conocer nuevos nombres de cineastas europeos, rescatando películas que pasaron desapercibidas y proyectándolas gratuitamente en su web y canal de Youtube a lo largo del mes de diciembre.

Petit Samedi (Paloma Sermon-Daï) Bélgica, 2020

De muchas maneras se ha narrado la adicción en la historia del cine, pero pocas veces de esta forma. Una película documental narrada con lenguajes propios de la ficción, donde la hibridación entre los dos géneros fluye de manera orgánica y coherente. Pausada, intimista y reflexiva, la cinta sigue a Damien, un hombre cuya vida ha quedado marcada por el abuso de la heroína. En el lugar central de la narración, se sitúa la relación de Damien con su madre, siempre pilar y apoyo incondicional del protagonista que —después de varios intentos con sus respectivas recaídas—, decide iniciar su desintoxicación acompañado de terapia psicológica. La cámara resulta cercana, como si de la presencia de un familiar que observa se tratara; y es que la directora es la propia hermana de Damien; la película parece un elemento más de ese proceso terapéutico tan necesitado por el protagonista. Con el cariño, la comprensión y las breves dosis de humor que se desprenden de la figura de la madre, se nos invita a acompañar la rehabilitación de Damien, preocupado no solo por su salud, si no por las consecuencias sociales de su drogadicción. María Valdizán Cuende

Sami, Joe and I (Karin Heberlein) Suiza, 2020

La directora suiza, Karin Heberlein, nos presenta un drama a través de la visión de tres amigas de dieciséis años que se enfrentan a la pérdida de la inocencia, adentrándose en la dura realidad de convertirse en adultas. Destruyendo la fragilidad de la niñez, esta película te introduce en un mundo lejano desde una perspectiva dura y triste. Estas tres chicas y su relación de amistad son el centro de la historia, encajan en un rol de heroínas modernas que se enfrentan a sus inquietudes, sus problemas y circunstancias familiares, a la necesidad de creer en algo y de escapar. Una dura batalla entre la responsabilidad adulta y la necesidad de seguir siendo niñas. Esta película va de menos a más intensidad, con un gran punto de inflexión en la mitad del film, contado por medio de un impactante fuera de campo. La gravedad de este suceso en la vida de una de las chicas supone un apagón total del resto, que pasa completamente a un segundo plano, al espectador dejan de importarle las otras dos chicas y el interés deja de ser equitativo. Judith Pérez

The Last to See Them (Sara Summa) Alemania, 2019

Sara Summa narra el último día de la familia Durati: sus cuatro miembros conviven en casa sin saber que no despertarán a la mañana siguiente. Se podría clasificar como una película de observación por su ritmo lento y pausado, respetando los tiempos y las emociones de cada personaje, en base a los cuales se construye el film, junto a las relaciones interpersonales entre ellos, sus preocupaciones, sus intereses; todo dentro de la cotidianidad de un día cualquiera, aunque estas pierden un poco de valor por la falta de credibilidad de algunas interpretaciones. El montaje busca ser original y comienza mostrándonos los mismos sucesos desde diferentes puntos de vista, pero este recurso carece de interés al no tener un sentido narrativo ni seguir un patrón coherente. Lo más cautivador del film se encuentra en el hilo conductor que forman los planos del recorrido por la carretera que conduce a la casa familiar, acompañados de una inquietante banda sonora, que intercalados a lo largo de la película en diferentes momentos, presagian la tragedia que nos anuncian al comienzo de la misma. Judith Pérez

Uppercase Print (Radu Jude) Rumanía, 2020

Radu Jude construye una mezcla única de documental, basado en documentos oficiales del régimen comunista de Rumanía, y una ficción de puesta en escena teatral, unidas por fragmentos de publicidad y programación televisiva. Partiendo del acto revolucionario del joven Mugur Calinescu, que, en las madrugadas del año de 1981, empezó a escribir manifiestos contra el totalitarismo de la dictadura de Nicolae Ceausescu en las paredes del Comité del Partido Comunista, la película narra las investigaciones de la policía, la prisión de Calinescu, su interrogatorio y las pesadas consecuencias que el joven de 16 años vivió tras la confesión de su culpa. La construcción poco convencional de la narrativa busca poner en evidencia la ficcionalización presente en el propio proceso histórico. El resultado es una estructura formal que potencia de manera creativa el drama vivido por el personaje histórico retratado; asimismo, aborda de manera compleja las relaciones entre ciudadanos y el estado opresivo. Rafael Bürger

When the Trees Fall (Marysia Nikitiuk) Ucrania, Polonia, 2018

En un escenario post-soviético, Marysia Nikitiuk narra tres historias: la pequeña Vitka que empieza a descubrir la vida a los cinco años de edad; su prima Larysa que se encuntra en la encrucijada entre quedarse en el pueblo y aceptar las tradiciones o huir a la ciudad donde cree que encontrará su libertad; la tercera es la de Scar, el joven del cual Larysa se enamora y comparte el deseo de irse a la ciudad. Esta última, enfocada en la vida de crimen que el joven lleva para poder realizar su sueño acaba funcionando de manera desconectada a las otras dos. El abordaje desde el realismo mágico es una decisión muy acertada y concede a la temática, ya muy recorrida por el cine ucraniano, un aire de originalidad. Rafael Bürger

Wood and Water (Jonas Bak) Alemania, 2021

Madera y agua, según un astrólogo de Hong Kong, son elementos opuestos y sobre esa dialéctica de contrarios se construye la película. Alemania vs Hong Kong, calma vs agitación, burguesía vs movimiento estudiantil, madre vs. hijo, bosques vs urbanismo. Todo ello se conecta a través del cine, con un poderoso corte invisible que une, en la oscuridad de un túnel, los dos países. Con imágenes impregnadas de nostalgia que recuerdan a Tarkvosky, Walter Ruttman o Jonathan Glazer, es el tratamiento del espacio, que se convierte en la representación del estado de ánimo de la protagonista, aquello que hace especial a la mirada de Jonas Bak. Una representación de la soledad en la vejez, de la maternidad perdida y de la capacidad para reencontrarse a través de un túnel. Jorge Sánchez

Oasis (Ivan Ikic) Serbia, Países Bajos, Eslovenia, Bosniay Herzegovina, Francia, 2020

El ambiente de un instituto para jóvenes con discapacidades mentales parece de primeras un escenario poco probable para una historia de amor, pero es exactamente a eso lo que busca subvertir la película de Ivan Ikic. Lo más notable no es el triángulo amoroso vivido por Marija, Robert y Dragana, sino la manera como son representados: individuos con deseos autónomos, capaces de hacer el bien y el mal los unos a los otros, de apasionarse pero también de sentir envidia y celos. Son pocas las veces que se ve una representación tan honesta y respetuosa de personas con discapacidades mentales en el cine, pues en ningún momento se les mira como víctimas por ello. A eso contribuye mucho el hecho de tener en el reparto brillantes actores que viven esta condición humana, pero también el trabajo del director de conducir la narrativa bajo esas ideas. Esto no quiere decir que la dirección sea perfecta: hay momentos donde se deja llevar por un romanticismo exagerado, pero la película apunta un movimiento de cambio positivo en la representación de personas con discapacidades en el cine. Rafael Bürger

Nocturnal (Nathalie Biancheri) Reino Unido, 2019

Quizá el mayor valor de Nocturnal sea su capacidad para subvertir las expectativas del espectador, enfrentándolo contra sus propios prejuicios y los constructos socioculturales que se han asimilado sin que nos demos cuenta. Quizá aún más interesante es su capacidad para enfrentarnos con esa tendencia pesimista nuestra, con nuestra capacidad para pensar mal y nuestra incapacidad para ver la bondad del mundo. Pese a lo que su premisa pueda aparentar (un joven treintañero de clase baja parece obsesionado con una tímida adolescente), es una tierna y dulce historia de amor sobre cómo aquello que la vista traiciona, el diálogo puede solucionarlo. La directora rueda en la intimidad de los personajes, con la cámara muy cerca de sus cuerpos, dando un aspecto semidocumental tan habitual en los últimos años. Nathalie Biancheri rodó tras el confinamiento su segundo largometraje, Wolf, que esperemos que se estrene pronto. Jorge Sánchez

LOMO: The Language of many others (Julia Langhof) Alemania, 2017

“Vivimos en uno de estos dos estados: inconsciencia o pánico”. Sobre esta premisa se sustenta la película de Julia Langhof. Karl es un chico que escribe un blog anónimo en el que se hace llamar LOMO. Esto comienza siendo un entretenimiento y termina convirtiéndose en una atadura que controla todos los aspectos de su vida. La intrusión de un plano colocado boca abajo marca el comienzo de la unión entre la realidad virtual y la vida real, y del problema de Karl para distinguir entre ambas. Mostrando su vida a modo de reality, sutilmente va perdiendo el control de la misma dejándola en manos de simples espectadores que no saben o no quieren diferenciar entre juego y realidad. Tanto en la esencia como en el mensaje a interpretar, recuerda a Nerve, un juego sin reglas (2016) de Ariel Schulman y Henry Joost. Con esta película, Julia Langhof, nos muestra el control que las nuevas tecnologías pueden tener sobre nosotros, el peligro de las redes sociales y de exponer ante desconocidos tu privacidad, del uso de internet como un siniestro escaparate. La presión que actualmente ejercen las redes sociales en la sociedad en la que vivimos puede no llegar a ser percatada de manera consciente, pero los comentarios, los likes, las personas a las que seguimos, pueden influir en la manera en la que nos comportamos y si no reparamos en ello, esto puede llegar a ser peligroso. Judith Pérez

Jiyan (Süheyla Schwenk) Alemania, 2019

La casa es, al mismo tiempo, un refugio y una prisión. Narrado desde el punto de vista de Hayat, nos muestra cómo intenta, junto a su marido, crear una familia y rehacer su vida en Europa, concretamente en Alemania, pero cómo solo se encuentra con barreras: el idioma, la falta de trabajo que lleva a la pobreza, la precariedad, los prejuicios, la tradición. Todo ello aparece sin excesivo desarrollo debido a su corta duración y su ritmo pausado. Pero todo forma parte de una visión más grande que sí se desarrolla a través de cada uno de esos elementos: sus vidas están marcadas por su condición de refugiados y esa es una prisión invisible, pero igual de poderosa y paralizante. De esta forma, el manejo que se hace del espacio -pues la casa es casi el único lugar donde transcurre la película- resulta fundamental para generar el aprisionamiento que siente la protagonista, si bien nunca termina de ser claustrofóbico. La directora rueda con sencillez -a veces en exceso, pues más que un desarrollo de escenas se asemeja a una concatenación de cuadros, como las películas primitivas-, con una puesta en escena observacional e invisible. Jorge Sánchez

Inner wars (Masha Kondakova) Ucrania, Francia, 2020

El conflicto surgido en Ucrania en 2014 contextualiza este emotivo documental donde las guerras interiores quedan por encima de las externas. Kondakova —retomando la misma cuestión que su anterior película Buttercup, Thatcher, Witch & Lera at War (2018)— sigue el día a día y las experiencias vividas por tres mujeres con un trabajo en común: luchar en primera línea de guerra. Lera, Bruja e Ira comparten con la directora su intimidad, cada una con su propia historia y perspectiva, elaborando un retrato de los motivos que llevan a una mujer a decidir alistarse, de su situación en dicha posición y del dolor de la pérdida intrínseco a la guerra. La muerte de una pareja, separarse de sus hijos y la discriminación sufrida en el frente junto con la posterior al quedar mutilada por la explosión de una mina, son sus pérdidas, sus guerras personales. La imagen, inestable como el propio conflicto, recoge con realismo y empatía la crudeza de las vidas de las tres mujeres, que quedan entretejidas en la narración. “A día de hoy, la guerra no ha terminado” son las palabras con las que finaliza la cinta, donde se recoge no sólo el conflicto bélico —de cuyo posicionamiento político trata de alejarse—, si no también la lucha por la igualdad de género y contra los roles preestablecidos. María Valdizán Cuende

Call me Marianna (Karolina Bielawska) Polonia, 2015

Marianna es una mujer transgénero de 40 años en una búsqueda desesperada de su identidad y de la construcción de la misma. El documental polaco bucea en los sentimientos de la protagonista, que se ve en la necesidad de demandar a sus padres para poder llevar a cabo una operación de reasignación de género (ya que requiere de su consentimento). La presencia de actores, el trabajo de montaje y el devenir de la narración, en ocasiones hacen dudar de su condición documental, que a veces parece ficcionalizada —aunque no por ello resulta deshonesta con el viaje personal de la protagonista. La experiencia de autoconstrucción se entreteje con vídeos caseros del pasado de Marianna (antes de reconocer su propia identidad), con un escenario teatral donde la mujer trata de revisitar conversaciones significativas para ella, y con continuas llamadas telefónicas a su madre y exesposa, ansiando su aprobación y ayuda. A pesar de que ha encontrado una amistad que la comprende, una pareja y apoyo en sus procesos médicos y judiciales, Marianna se siente desamparada, como quedará registrado en la película, donde se suceden las secuencias que remarcan su profundo sentimiento de soledad. A pesar de los golpes de la vida y la enorme frustración fruto de la relación con sus padres, no perderá la esperanza y las ganas de luchar. María Valdizán Cuende

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