The Humans

Ficha técnica:

Título original:

The Humans

Director:

Duración: 108 min

País: Estados Unidos

Idioma: Inglés

Intérpretes: Richard Jenkins,

Jayne Houdyshell, Amy

Schumer, Beannie Feldstein,

Steven Yeun, June Squibb.

Filmin

Sinopsis: Ambientada en un dúplex de antes de la guerra en Manhattan. La familia Blake se reúne con normalidad para celebrar el Día de Acción de Gracias hasta que la oscuridad se cierne sobre el edificio y empiezan a suceder cosas extrañas.

Crítica:

Cuando Neil Gaiman presentó la adaptación a formato audiolibro de The Sandman, el cómic más conocido que ha guionizado y una de las obras cumbres de su obra, mucha gente se extrañó e indignó. La explicación que dio el autor británico fue que era algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer, desde el inicio de la publicación en 1989, pues, de esta forma, facilitaría el acceso a la historia que estaba contando a otras personas que por diversos motivos no podían acercarse al cómic. La misma motivación tras la serie de Netflix —y la misma lógica opera (no en solitario) en CODA: los sonidos del silencio (Siân Heder), el remake de La familia Belier (Éric Lartigau, 2014): estar atentos a los pequeños detalles de accesibilidad que, por el privilegio solemos tener, nos olvidamos de su existencia. Neil Gaiman, no obstante, opera a un nivel más profundo, pues es un cuentacuentos, un bardo antiguo, alguien que ama con tanta pasión las historias que las entiende como lo que son: cambiaformas que se adaptan al medio idóneo para que la información que esconden y guardan se transmita. Y a cuanta más gente, mejor.

Claro está que Stephen Karam no es Neil Gaiman y no tiene ni las mismas motivaciones ni la misma concepción de las historias, pero esa idea del «cuanta más gente, mejor» está en The Humans. Basada en la obra de teatro homónima (ganadora de un Tony) escrita por el propio Karam, solo se ha representado en un puñado de ciudades seleccionadas de Estados Unidos y en Londres (y actualmente no cuenta con ninguna producción abierta); de esta forma, la película actuaría como canalizador de una historia hacia nuevas audiencias, con el beneficio (o no) de permanecer siempre inmutable, enlatada. El relato no solo puede evolucionar gracias al lenguaje del nuevo medio, sino que seguramente llegue más lejos de lo que haría, en el mundo actual, la obra de teatro.

La obra narra una reunión familiar en Acción de Gracias. Como suele ser habitual, los rencores, las riñas y los secretos, pero también los abrazos y las sorpresas harán de la velada un recuerdo poliédrico. Como telón de fondo, el Estados Unidos del siglo XXI, marcado por el 11S, la crisis financiera y una brecha generacional cada vez más aguda; sobre la mesa, se colocan temas como la ruptura de pareja, los sueños, la religión, las enfermedades, la muerte, y, cómo no, la familia y el hogar, cuestionándose qué son, qué representan y qué lugar ocupan en nuestra sociedad.

Quizá la película reciente con más elementos en común sea El Padre (2020) de Florian Zeller. Sendas obras son óperas primas basadas en una obra de teatro que realizó previamente el cineasta; ambas son la crónica de una crisis existencial; ambas tratan el tema de las relaciones familiares; ambas están localizadas en un único apartamento que, por momentos, se vuelve un personaje más o un modo de expresión de la psicología de los personajes; ambas cuentan con una puesta en escena similar que busca, a través de la composición y el juego con los espacios —la entrega de Karam en cada plano y en cada corte, si bien no siempre da frutos maduros, es admirable, pues la factura visual es absolutamente impecable—, alejarse de la teatralidad de la propuesta para aventurarse en formas más cinematográficas, combinando lo mejor de cada arte; y ambas son dramas que pueden llegar a considerarse cine de terror.

En el caso de The Humans esto se hace más explícito a través de algunos jumpscares que proporciona el silencioso, crujiente y laberíntico apartamento; pero donde alcanza mayor fuerza es en su tratamiento expresionista del espacio, con momentos que recuerdan a algunos pasajes del Orson Welles de Campanadas de medianoche (1952) y otros al Ari Aster de Hereditary (2017). Las composiciones oprimen a los personajes contra las paredes desnudas del piso o contra el resto de la familia y acentúan su soledad. Esta es una película, como dice el propio título, sobre la humanidad, sobre nuestra fragilidad, sobre lo desnudos que estamos ante la existencia; pero también sobre los aspectos más positivos de ésta. Es una película sobre los espacios entre personas y lo difícil que es cruzarlos.

La opera prima de Stephen Karam es un obra que puede hacerse farragosa, porque es una película encerrada sobre sí misma, que crece poco a poco, visionado a visionado, que está estructurada de forma extraña —la obra de teatro se define como «de un solo acto»— y que desvela sus cartas de forma sutil. Sin embargo, la conclusión siempre estuvo delante de nuestros ojos, desde el inicio de la cinta, quizá el momento más explícito fue el email que la abuela escribió durante los primeros pasos del Alzheimer: la familia —escogida o no—, contradicciones incluidas. Es una obra de un profundo nihilismo y de un pesimismo inevitable; no obstante, Karam deja una linterna encendida incluso en los momentos más oscuros, cuando la angustia se aferra a los huesos; y, al final, siempre, alguien de tu familia te abre una puerta.

Filmin

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