Festival de San Sebastián 2022 (VII)

Llegamos a la que, para nosotros, quizá sea una de las mejores jornadas de este festival, comenzando el día con Hong Sang-soo, terminándolo con el debut de María Elorza y, entre medias, con los destellos de David Bowie y la nueva cinta de los hermanos Dardenne. Mientras tanto, se le entrega, de manos de Gaspar Noé y Viggo Mortensen, el Premio Donostia a David Cronenberg, quién, irónicamente, dedicó el premio al arte subversivo, «criminal».

Walk Up (Hong Sang-soo) – Sección Oficial

Hong Sang-soo presenta su segunda película del año (la primera tuvo su premier en la pasada en Berlinale) y se estrena en la Sección Oficial del festival español. En Walk Up, el director surcoreano continua con su depuración formal (aquí ya no hay zooms ni (casi) movimientos de cámara), mientras continua explorando sus temas habituales (el arte, la realidad, las relaciones humanas) con sus protagonistas de siempre (el alcohol y los directores de cine). Aquí, el realizador estructura la película en función del edificio, auténtico protagonista de la cinta, que le sirve como medio para la expresión de los personajes. Un pequeño nuevo giro en su filmografía sin que ésta cambie mucho. Jorge Sánchez.

Moonage Daydream (Brett Morgen) – Perlas

Como un sueño psicodélico, Brett Morgen, quién cuenta en su haber con varios documentales sobre rockeros históricos, se enfrenta a la figura de David Bowie. Ya desde su inicio se presentan las diferentes personalidades del músico bajo un paraguas único, el del genio extraterrestre y divino revelador. Una imagen caleidoscópica, mutante y avasalladora (que va de más a menos, todo sea dicho) canaliza el impulso creativo que fue el pilar de su vida y obra (en ese orden), haciendo de la imagen múltiple y del color sus principales armas para el tributo y generando un mosaico, un viaje visual digno del cantante. El carácter trascendental que busca imprimirle viene acompañado de no poca información, siempre al servicio de la narrativa creada por el propio Bowie y, por ello, dejando de lado otra mucha que bien podría haber servido para conformar un retrato más poliédrico e íntimo, aunque quizá no tan profundo. Un documental más para adorar que para informarse. Adoremos pues. Jorge Sánchez.

Tori y Lokita (Jean y Luc Dardenne) – Perlas

Fieles a su compromiso social, en esta ocasión los hermanos belgas apuestan por la historia de dos amigos, un niño y una adolescente africanos, convertidos en hermanos. Mientras tratan de conseguir dinero para que Lokita envíe a su familia, tratan de conseguir sus papeles. Con los dos hermanos se introduce el tema de la inmigración y el difícil proceso de obtención de la ciudadanía, que coloca en situación de vulnerabilidad a una infancia que no debe hacer lo posible por sobrevivir.

Casualmente una de las películas más oscuras y duras de su filmografía coincide también con aquella en la que es protagonista la negritud. No en contra del realismo necesario para denunciar esta realidad social, si el protagonista de El niño de la bicicleta tenía derecho a resucitar, la historia de los dos hermanos no merece la tragedia. El argumento es explícito, señalando la explotación infantil y su relación con el tráfico de drogas y la prostitución, no solo acercándose al tema sino zambulléndose en una pornografía emocional que surge de la empatía generada a través de la miseria. Por suerte, en Tori y Lokita, los Dardenne saben cuando cortar el plano, evitando en el momento justo mostrar ese dolor y humillación explícitos en la imagen —de los cuales, el colectivo negro está tan cansado de que sea la principal representación de sus cuerpos. En un thriller social asfixiante, emotivo y fiel al estilo de los realizadores (cámara en mano, plano secuencia), entristece que los personajes tengan algo menos aire de lo habitual, no se les permita tanto respirar en el plano y las escenas tengan más montaje de lo que acostumbran. A pesar del cuidadoso trabajo del guion y la representación de emociones y ansiedad de los protagonista, le falta algo para fluir con naturalidad, en especial cuando los dos hermanos quedan separados. Con buena intención de denuncia, la película mantiene el suspense y emociona y, aunque probablemente no sea la mejor de las obras de los cineastas, mantiene su estándar de calidad y el estilo que han forjado con los años. María Valdizán Cuende.

A woman (Wang Xao) – Oficial

Kong Xiu (en su título original) no es la única película de esta edición que tiene nombre de una protagonista femenina, más concretamente de una mujer sufriente — se enmarcan en esta descripción Jeong-Sun, Nagisa, Vicenta B e incluso si aceptamos apodo en vez de nombre, también Cerdita o la película sorpresa del festival Blonde. En el caso de la película china, una joven madre que no quería casarse y cuyo marido resulta un maltratador, esconde el sueño frustrado de ser escritora. Similar en argumento a Girasoles Silvestres aunque radicalmente opuesta en forma y registro, se presenta la lucha de una mujer frente a sus parejas maltratadores y el cuidado de sus hijos, así como el deseo de ambas protagonistas de formarse y mejorar sus posibilidades profesionales. Basándose en la novela autobiográfica «Sueño» de la novelista Zhang Xiu Zen, el director recrea la China de los 60 hasta los 80, señalando la fortaleza de las mujeres trabajadoras que responsables de la revolución y sustento de su país. Con el sonido del tren como símbolo de progreso no solo industrial sino personal y con la dirección de fotografía de Li Chun-yu —que regala al espectador algunos encuadres maravillosos—, se presenta un bello relato de la pesadilla de una mujer para lograr su independencia. María Valdizán Cuende.

R.M.N. (Cristian Mungiu) – Perlas 

Un niño deja de hablar tras ver algo en el bosque que le ha aterrado. Su padre, Matthias, que estaba trabajando fuera del pueblo, vuelve al pueblo, tratando de averiguar qué asustó a su hijo, pero sobre todo, enseñarle a ser un hombre. Lo que en un comienzo parece ser una historia sobre la masculinidad tóxica, se torna rápidamente en otro tipo de violencia, la xenofobia. La fábrica de pan del pueblo, busca financiación europea a través de la incorporación de unos trabajadores de Sri Lanka a su plantilla, lo que encierra más egoísmo que buena voluntad. Ese padre y su exnovia y amante Csilla son los personajes principales que funcionan por oposición y son, respectivamente, cómplice del racismo y apoyo incondicional de los nuevos trabajadores. Comparten protagonismo con el pueblo frío y gris que, en su carácter de conjunto, funciona como un personaje más, donde los microracismos derivan rápidamente en actos violentos.

Como en una larga e incómoda escena en la que asistimos en un plano fijo a una asamblea para discutir la expulsión de los trabajadores de Sri Lanka, Mungiu demuestra su maestría como guionista y director, donde concentra el proceso de pensamiento xenófobo y su hipocresía en un gran guion, permitiéndose guiños de humor negro que inciden en la gravedad del asunto. Los vecinos no quieren aceptar a los trabajadores ceilandeses a pesar de que sus propios parientes son inmigrantes en Alemania. El joven francés que realiza una investigación sobre la población local de osos apoya apoya a los nuevos trabajadores, pero justifica la deportación de gitanos a Rumanía llevada a cabo por su país. Cristian Mungiu hace una resonancia mágnetica —al igual que se le hace al padre del protagonista— de un pueblo de Transilvania que ha desarrollado una terrible metástasis, pero que también es extrapolable al país y al continente. De hecho, con el conflicto de Ucrania resuena esta realidad, la de una Europa racista y xenófoba. Ningún país se salva, España tampoco. María Valdizán Cuende.

A los libros y a las mujeres canto (Maria Elorza) – New directors 

En los últimos años, el documental español ha eclosionado como terreno de realización experimental con una gran presencia de los colectivos y con independencia económica (en muchos casos, rozando las películas familiares), del uso de material de archivo y con temáticas como la memoria y la identidad. En esa tendencia se inscribe la ópera prima de María Elorza, A los libros y las mujeres canto.

Con mucho material de archivo (propio y ajeno), tanto de fotografías como pinturas, y películas (¡la gran cantidad de cine mudo que se citan, principio de deconstrucción!) y otras imágenes rodadas ex profeso (¡los zooms!), construye una película tan literaria (esa voz en off, esos marmolados, esas citas bibliográficas, esos capítulos y esos rótulos) como cinematográfica (ese dinamismo que se consigue a través de un montaje veloz) para reflexionar sobre las bibliotecas personales como forma de expresión individual, empoderando a las lectoras/espectadoras. Con esa tendencia (¡tan de Pratchett!) a no entender la poesía y el humor como cajones estancos, sino viendo el humor como una forma de poesía y viceversa, la directora teje una reivindicación del papel de las lectoras a través de la Historia. Cabe recordar que, a día de hoy, las mujeres son quienes más van al cine y quienes más leen; sin embargo, el espectador hegemónico sigue siendo masculino, de clase media-alta y blanco. Jorge Sánchez.

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