Cerdita

Ficha técnica:

Título original:

Cerdita

Director: Carlota Pereda

Duración: 90 min.

País: España

Idioma: Español

Intérpretes: Laura Galán,

Claudia Salas, Camille Aguilar,

Pilar Castro, Carmen Machi,

José Pastor, Chema del Barco,

Julián Valcárcel, Irene Ferreriro,

Stéphanie Magnin Vella,

Fernando Delgado-Hierro

Filmax

Sinopsis: Para Sara, el verano solo significa tener que soportar las continuas burlas de las otras chicas de su pequeño pueblo. Pero todo terminará cuando un desconocido llegue al pueblo y secuestre a sus acosadoras. Sara sabe más de lo que dice, y tendrá que decidir entre hablar y salvar a las chicas, o no decir nada para proteger al extraño hombre que la ha salvado…

Crítica:

Cerdita antes que largometraje fue cortometraje. Concretamente, aquel que triunfó con galardón de Mejor Cortometraje de ficción en los Premios Goya de 2018. Un cortometraje de terror sobre una chica que sufre bullying excusado en gordofobia que maravilló por su potencia. Cuatro años después, el largometraje promete triunfar tanto como el corto: estreno en Sundance y ovaciones en los Festivales de San Sebastián y Sitges, en el cual además ha recibido el premio Méliès de Oro e incluso Edgar Wright ha alagado su fantástica realización e interpretación.

Hay cierta tendencia actual en el cine español de que las primeras o segundas obras se refugien en un cortometraje previo. La hija de un ladrón (Belén Funes, 2019), Lucas (Alex Montoya, 2021) y Ane (David Pérez Sañudo, 2020) dan buena prueba de ello o Ama (Júlia De Paz Solvas, 2021) y A la cara (Javier Marco), en el caso de segundas películas son algunos ejemplos. Cerdita también entra dentro de esta categoría. Las posibilidades de la historia que planteaba Pereda en 2018 eran muy grandes y dejaba ganas de más; tanto que podemos pensar que el cortometraje se hizo ya pensando en el largometraje, con una función de búsqueda de apoyo y financiación. La ambigüedad que planteaba el corto (también debido a su duración) dejaba muchas incógnitas a resolver pero, sobre todo, se echaba en falta conocer a la protagonista, que se presentaba como sujeto pasivo.

El corto se ha convertido en largo, satisfaciendo el deseo de conocer más a Sara. En un pueblo extremeño, rodado entre lo pop y el costumbrismo, la protagonista pasa su verano estudiando, ayudando en la carnicería familiar y escondiéndose. Sara se esconde de sus pares que en vez de amistades, son acosadores; pero también se esconde de sus padres. Tras un acoso extremo en la piscina, donde Sara casi se ahoga, un desconocido secuestra a sus agresoras en un furgoneta. Ante esta situación, Sara se enfrenta a una dicotomía: denunciar lo que ha visto o no. Pero, ¿por qué iba a hablar? ¿Qué implica alertar de la situación? Puede que esas chicas reciban lo que se merecen, al fin y al cabo, han convertido el verano de Sara en una pesadilla. También puede que hablar signifique revelar lo que había sucedido en la piscina, lo que conllevaría en ella un proceso de revictimización. Y, tras posponer la denuncia, ocultando lo sucedido, puede que hablar suponga que la responsabilidad y la culpa de lo que pudiera haber ocurrido recayera sobre su persona. Ese desconocido surge de la nada para satisfacer los deseos más profundos de Sara, no solo librarse de sus acosadoras, si no que sufran tanto como ella. Una especie de mcguffin del que no sabemos nada y que convierte a Sara lentamente en un sujeto activo. A Sara le suceden cosas, y su máxima reacción es huir y callar, sin motivar los cambios de su propia historia. Con la llegada del desconocido, ella comienza a investigar y finalmente, el destino de sus agresoras pasa a ser suyo. El hombre anónimo forma parte de las debilidades del guion, cuyas motivaciones e historia no se desarrollan, complicando en exceso el relato, pero que, sin embargo, como elemento oscuro y misterioso resulta demasiado visible y concreto.

Con una primera parte potentísima —eco del cortometraje— refleja los desagradables experiencias que tienen que sufrir las personas gordas (particularmente desde el enfoque de las mujeres jóvenes). A pesar del desgarrador realismo de algunas secuencias del inicio, Pereda se refugia en los géneros. Como película de terror, mantiene el suspense y aprovecha sus códigos para trasladar el sufrimiento del bullying y las dificultades de la etapa adolescente. Y como comedia —responsable de que la película se gane al público— es donde están sus mayores aciertos, los elementos satíricos y los irónicos se apoderan de la cinta, suavizando y agravando la situación al mismo tiempo, incidiendo en la crueldad de los hechos, pero ofreciendo distancia al espectador. Reuniendo una retahíla de comentarios tópicos y a través de la caricatura de los personajes, se apropia de las humillaciones señalando su absurdidad y falta de humanidad, en una reivindicación por el respeto.

La gordofobia es el tema central de la cinta junto con el bullying —perfectamente extrapolable a otros ámbitos como el racismo o la LGTBfobia— y, aunque estemos ante una clara denuncia, en ocasiones Pereda decide quedarse en la superficie, algo similar a su tratamiento estético. De esta manera, en vez de un tratamiento profundo de las cuestiones sociales, se centra en las emociones de la protagonista, su ansiedad, su miedo y su sensación de asfixia (subrayada gracias a un gran uso del formato en 1,33:1 por parte de Rita Noriega), aprovechando la magistral interpretación de Laura Galán. Como retrato del acoso y la adolescencia nos recuerda a cierta película(s) basadas en la primera novela del genio del terror: es imposible eludir algunos parecidos entre Carrie y Cerdita (aunque el referente más explícito sea La Matanza de Texas). Un acoso no solo psicológico, si no físico que llega a límites extremos; una relación complicada con la madre; el tratamiento del despertar sexual a través de una figura masculina que no conviene a la protagonista; y la sed venganza que culmina en un viscoso tercer acto. No obstante, si bien ambas se construyen en torno al acoso y esa venganza que surge del mismo, la cineasta madrileña opta por otros caminos. Bajo la cuestión del bullying subyace la pregunta sobre la perpetuación de la violencia. La venganza, pulsión totalmente comprensible en situaciones como estas (a veces extremas), se convierte en un impulso inevitable para las víctimas. En este sentido, Carlota Pereda toma deliberadamente el camino contrario que pudimos observar en Un pequeño mundo (también presente en San Sebastián en la anterior edición), señalando la necesidad de la ruptura del círculo de la violencia, con optimismo y sin excusarse en el tópico del agresor agredido.

El primer largometraje de Pereda logra un equilibrio asombroso entre terror y comedia, revelando las posibilidades de los géneros para la denuncia social. Cerdita es un thriller rural donde lo más terrorífico no sucede en la oscuridad, si no a pleno sol, como sucede, día a día, en la realidad de nuestro mundo. A pesar de algunas decisiones de guion que resultan forzadas o, por el contrario, poco desarrolladas y de una primera parte que destaca respecto al resto, logra un discurso claro y realista en torno a la gordofobia. Ahondando en los miedos adolescentes, Carlota Pereda seduce al público, lo hace reír y sufrir con una denuncia a la crueldad del bullying, que a pesar de todo, arroja esperanza.

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